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El fútbol como evasión ágora mexiquense primera quincena de junio 2010

15 junio, 2010

Como cada cuatro años la competencia mundial de fútbol permite, y la mayoría de las veces logra, evadirse al ciudadano común de los problemas cotidianos de su vida. Soñar con ganar en la copa mundial es compartido por todos los habitantes del planeta, que enfundados en sus características indumentarias, pueblan las gradas de los estadios y llenan cafés y bares por toda la geografía nacional de sus respectivos países.

No podemos negar que algunos juegos equivalen, si se vale la comparación, a ver al ballet Bolshoi; la mayoría, sin embargo, nos recuerdan al de Amalia Hernández. Lo más excelso de ese deporte y los individuos capaces de recrearnos con fabulosas jugadas están concentrados en Sudáfrica durante un mes. La verdad sea dicha, no todos los encuentros tienen la calidad que se supone una competencia mundial debe ofrecer. Ya para los cuartos de final creo que será cuando veamos las florituras y excelsitudes, pues es cuando los equipos que tienen potencial de campeones se enfrentan. Durante la primera etapa del campeonato, la de grupos, nos recetan soporíferos encuentros entre oncenas que, si somos honestos, van de vacaciones: Argelia-Eslovenia, Australia-Serbia o aquel que todo verdadero aficionado espera, Corea del Norte-Costa de Marfil. Estoy seguro que un partido de la liga de ascenso nacional triplica la emoción de cualquiera de los mencionados.

Lo que sí es palpable en la cotidianidad futbolera de este mes, es el nulo análisis deportivo que los aficionados, influenciados por los medios, sobre todo los electrónicos, manifiestan. Éstos apoyan sin más al equipo mexicano hasta que sean eliminados e, inmediatamente después, se ponen la camiseta de Brasil o España, equipos que para los conocedores del deporte sí tienen oportunidad de erigirse en campeones.

La evasión que, consciente o imbuida, que alimenta a un gran porcentaje de la población mundial tiene su razón de ser. Recordemos nuestra necesidad humana del espectáculo, se cual sea éste.

No hace mucho, tuvimos el macabro caso de la niña Paulette Gebara, espléndido caso para carroñeros. La miseria ajena me permite ponerle cierto interés a mi insignificante y ordinaria vida. De no ser por el evento deportivo de marras, el desastre ecológico del Golfo de México sería noticia de ocho columnas todos los días, pero como hay fútbol, los mismos medios de comunicación lo han mandado a la página cuatro.

La evasión nos permite asumirnos como mejores y soñar con conquistas, que de no haber eventos trascendentales, no pasarían de ser utopías o sueños guajiros. Bien dijeron en una emisión de la serie Discutamos México, moderada por Juan Villoro, los invitados Roberto Zamarripa, Roberto Gómez Junco y Javier Aguirre que no se es mejor mexicano por echarle porras a México durante el mundial o ser considerados traidores los individuos a los cuales les tiene sin cuidado el deporte de las patadas.

Si el equipo mexicano gana, pierde o empata, los problemas nacionales no cambiarán de rumbo. El campeonato mundial de fútbol es, como su nombre lo dice, una competencia deportiva y ya. Sin demeritar la importancia deportiva y por ende la económica que reditúa a los patrocinadores, nuestro deporte nacional por excelencia no es artífice para paliar los inmensos problemas que nos aquejan.

Saltar como orangutanes y dar vueltas cual perros en galgódromo a la glorieta o su similar en cualquier ciudad del país bebiendo y vilipendiando al perdedor y simultáneamente magnificando las proezas deportivas equiparándolas con eventos de la historia nacional me parece francamente aberrante. El nacionalismo ramplón que viste a todo ignorante de la historia nacional lo explica a la perfección el siguiente correo que reprodujo Roberto Velázquez Bolio en su columna de La Afición el pasado domingo después del empate entre Inglaterra y Estados Unidos: “Maldito portero inglés, con su error le regaló el empate a Estados Unidos. Ahora apoyemos a Eslovenia, no podemos permitir que los gringos nos superen en el único deporte en el que nosotros somos mejores”. Éramos, ya no lo somos; ellos nos superaron y los resultados deportivos lo avalan.

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Por qué vamos a fracasar en Sudáfrica ágora mexiquense segunda quincena de mayo 2010

30 mayo, 2010

El deplorable papel que hará el conjunto mexicano en el inminente mundial de fútbol a jugarse en Sudáfrica en junio tiene sus orígenes en la forma que se maneja ese deporte en México.

¿Cómo queremos ser competitivos si nuestra liga profesional privilegia el aspecto económico sobre el deportivo? Somos el único país afiliado a la FIFA que aplaude la mediocridad dándole oportunidad a equipos de media tabla para, si ligan un par de partidos aceptables, puedan coronarse campeones. A diferencia de ligas que sí se respetan, Justino Compeán y Decio de María, realmente empleados de Televisa, más que presidente y secretario general de la Federación Mexicana de Fútbol, buscan llenar las arcas con harto billete verde sin importarles un comino el aspecto futbolístico.

El problema es que la afición mexicana se traga la basura que nos ofrecen estos mercanchifles del deporte, sin ápice de crítica y sigue llenando los estadios. Qué diferencia con las ligas serias (España, Inglaterra o Italia) donde el equipo que más puntos hace es el que se erige como campeón.

También somos el único país donde cinco equipos pertenecen a las empresas televisoras: América, Necaxa y San Luis a Televisa; Monarcas y Jaguares a TV Azteca. ¿Por qué lo permite la FIFA? Según Joseph Blatter, mandamás del organismo supranacional, no hay problema mientras no existan quejas de los demás equipos. Bien sabemos que los ingresos por transmisiones por televisión de los juegos representan pingües ganancias para los clubes. Así que nadie va a patear al cochinito.

Tampoco tenemos un verdadero proyecto con fuerzas básicas, ya sean éstas infantiles o juveniles. Lo hecho por la selección sub 17 en Perú hace cinco años fue, aunque nos duela, “un churro”, tal y como fue el campeonato europeo que gano Grecia. Siempre habrá una excepción a la regla. Para competir con equipos de primer nivel, se requiere crear una liga similar a la de esos países. Que alguien me explique cómo Holanda, con una población de 16 millones y medio de habitantes, ha logrado conjuntar equipos ganadores desde hace más de treinta años. Recordemos la famosa naranja mecánica de Johan Cruyff o la actual oncena del tulipán que en el juego de hace unos días nos dio un “baile” y ni siquiera alineó a todos sus titulares. México con 110 millones de habitantes no encuentra once matalotes que puedan jugar fútbol al menos con la mitad de calidad que lo hacen los holandeses. Con España, donde su población ronda los 46 millones, sucede igual. Ya no mencionemos Italia, Alemania o Inglaterra.

El famoso draft, donde los futbolistas son tratados como mera mercancía, que año tras año se efectúa para beneplácito de los carroñeros, tampoco abona para elevar nuestro nivel competitivo. Junto con lo anterior tenemos un “pacto de caballeros” entre los presidentes de clubes para cerrar las puertas a cualquier futbolista que no se doblegue a las arbitrariedades de los “dueños del balón”.

La de México, fue la única selección que competirá en Sudáfrica, que se concentró con tanta antelación a la justa, ¿y para qué? Pues para jugar partidos de medio pelo en Estados Unidos y llenar las arcas de millones de dólares; obvio que no fue para prepararnos para el mundial. Pues a pocos días de que inicie el “circo” nadie sabe a ciencia cierta cuál es el equipo titular mexicano. Yo creo que ni Javier Aguirre, técnico nacional, lo sabe.

Claro, el duopolio televisivo, sigue vendiendo al equipo nacional entre los pamboleros, cual si fuera a hacer historia. Sí, la misma historia de siempre: Perdimos, pero con la frente en alto. Y nosotros, aficionados a ese deporte, no exigimos los mínimos estándares de calidad a todos los involucrados: futbolistas, directivos, patrocinadores y dueños.

Al igual que casi todas nuestras instituciones nacionales, tales como las que imparten justicia, las responsables de los ínfimos niveles en educación o las que velan por nuestra salud, ¿por qué el fútbol mexicano debería ser diferente? Éste está a la par en deficiencias y nulo futuro. Claro soñar se vale, pero también existen las pesadillas.

Sueños mundialistas ágora mexiquense primera quincena de diciembre 2009

15 diciembre, 2009

El 4 de diciembre pasado tuvo lugar en Sudáfrica el sorteo de grupos del próximo Campeonato Mundial de Fútbol avalado por la FIFA. Los 32 equipos invitados al evento fueron divididos en ocho grupos de cuatro naciones cada uno.

A México lo acompañarán el país anfitrión, Sudáfrica, Francia y Uruguay. Más allá de si el equipo nacional puede o no pasar a la siguiente ronda del certamen, mi escrito versa sobre la psicología que nutre al imaginario colectivo mexicano, caracterizado por un comportamiento harto repetitivo y cíclico que alimenta nuestro inconsciente.

Todos los aficionados al fútbol en el mundo “echan numeritos” para predecir el lugar en que quedará su equipo. Varios, sin pudor alguno, imaginan a su equipo disputando la final: brasileños, ingleses, argentinos, alemanes, franceses, italianos u holandeses pueden sustentar sus sueños futboleros en hechos tangibles realizados por sus selecciones en campeonatos previos. Son equipos con un bagaje futbolero que posee trascendencia histórica y deportiva. En cuanto torneo son invitados o al que clasifican, continuamente ocupan los primeros lugares. Son selecciones que han disputado finales de Copa del Mundo y, por meritos propios, son serios contendientes a ser campeones del mundo.

Otros más, conscientes de las limitaciones logísticas, económicas, deportivas y sociales tienen que luchar contra las estadísticas y la historia para romper inercias futboleras. Equipos cuyas hazañas no pesan tanto y se consideran animadores de la justa deportiva y son poco viables a obtener el título: Uruguay, Nigeria, España, Paraguay, Portugal y México. Claro, siempre puede suceder algo que rompa con los cánones establecidos: Grecia, campeón de Europa hace unos años, Uruguay que derrota a Brasil en el Estadio de Maracaná en 1950, México que se erige en campeón del mundo sub 17 hace en 2005, la eliminación del campeón del mundo, Francia, en primera ronda en 2002 o alguna otra situación “ilógica” para los fanáticos que se dicen conocedores.

Otro grupo de aficionados está conformado por individuos que saben muy bien que las posibilidades de su equipo de salir campeón del mundo son mínimas y a lo más que aspiran es a apoyar a sus respectivas oncena durante la fase inicial y a pasar un buen rato y soñar con que los jugadores hagan sufrir un poco al adversario. Conscientes están de las limitaciones futbolísticas de los integrantes del equipo, motivo por el que circunscriben sus loas deportivas. Por lo general estos fanáticos siempre tienen a otro equipo, uno verdaderamente competitivo, con el cual sustituir sus aspiraciones campeoniles. Ejemplo de ello fue el total apoyo que recibió el equipo verde – amarelha de Brasil durante la Copa Mundial México 70 en la final ante Italia.

Apostar todas las cartas a equipos o jugadores incapaces de cumplir y llenar las aspiraciones deportivas del respetable son en automático reemplesadas por otras que sí podrán cumplir con el paquete. No es secreto, que necesitados de héroes deportivos los mexicanos en materia futbolera, siempre hemos tenido al equipo brasileño como sustituto del nuestro. Ni Argentina logra los niveles de aceptación que Brasil ha cosechado entre la afición mexicana. 

Identificarse con individuos que sobresalen y logran hazañas que el común de los mortales somos incapaces de emular es parte de nuestra defensa inconsciente. Subirse al mismo carro donde viaja el campeón o codearse con personas “ilustres” es el mejor antídoto para la mediocridad. Ser visto junto al político, deportista, actor o actriz, en fin, con una celebridad reduce nuestros índices derrotistas. Por ello es primordial que el equipo mexicano de fútbol haga un papel decoroso en Sudáfrica. Los niveles de desencanto y frustración que padecemos los mexicanos, sólo serán paliados, al menos durante un breve periodo, con las victorias que la selección mexicana logre el próximo año. A más victorias, menores sinsabores.

Por desgracia la publicidad que nos bombardea invita a todos los habitantes del país a “ponerse la verde” y a creer que la patria está en juego. Más que apoyar a los futbolistas, lo que se debe privilegiar es la educación y un amor a la patria sustentado en el conocimiento histórico y cultural del terruño. En la creación de un ente ciudadano y de civilización que nos permita sentirnos orgullosos por lo que somos como sociedad y no por las hazañas futbolísticas de un puñado de mexicanos. Debemos predicar por enaltecer a todos los mexicanos como un conglomerado maduro y exportador de cualidades sociales y no, como lo pregonan los medios de comunicación, responsabilizar a once legos de las peripecias o aciertos nacionales.

Gratifica, no lo niego, que un equipo representativo de México gane una competencia mundial, pero de allí a creer que once jugadores de fútbol tengan por obligación llevar a cuestas el honor y dignidad nacionales, dista mucho de lo que como país merecemos. Los sueños mundialistas, sin embargo, alimentarán a la mayoría de nuestros connacionales, hasta que, como siempre ocurre, seamos bajados de la nube en la que nos subimos, y aterricemos de bruces en nuestra realidad deportiva y retomemos nuestras intrascendentes vidas llenas de vicisitudes y comencemos el nuevo ciclo que cada cuatro años alimenta nuestro ego deportivo nacionalista. 

Faltan seis meses para que nuestro sueño se haga realidad o volvamos a nuestra cotidiana pesadilla. Por eso los sueños son alimento de nuestro espíritu.

México en el mundial de 2010 Punto # 107 de diciembre 11, 2009

11 diciembre, 2009

En esta entrega haré un poco de historia futbolística sobre los partidos que el equipo nacional de fútbol ha jugado a nivel inaugural y lo coincidente que resultó el grupo en que fue incluido. A raíz del sorteo efectuado en Sudáfrica la semana pasada y donde el equipo mexicano quedó ubicado en el grupo “A” junto con el anfitrión Sudáfrica, Uruguay y Francia, me tomé la libertad de recabar algunos datos sobre México en juegos de inicio durante los mundiales de la especialidad. 

De acuerdo a una encuesta de María de la Heras para el periódico deportivo La Afición, a pregunta expresa sobre el resultado del partido inaugural entre México y Sudáfrica, el país anfitrión, las respuestas fueron: 40 por ciento considera que México gana; 39 por ciento, que empata; 15 por ciento que pierde y 6 por ciento no sabe o no contestó. 

Pasemos a la información sobre los cuatro partidos que México ha jugado al iniciar un mundial. Tres de ellos se efectuaron en América: 1930 en Uruguay, 1950 en Brasil y 1970 en México. Solamente el partido de 1958 se efectuó en Europa. Invito a mis contados lectores a repasar la información y a aquellos ya entrados en años, a revivir esos cuatro partidos en que México fue protagonista del inició de un mundial. 

El 13 de julio de 1930 ante seis mil espectadores que se dieron cita en el Estadio Pocitos del Club Peñarol de Montevideo, México perdió ante Francia 4-1. El primer tiempo terminó 3-0 con goles de Lucien Laurent (19′), Marcel Langeller (40′), André Maschinot (43′). Para el segundo tiempo, el único gol marcado por México fue de Juan Trompito Carreño (70′) y el cuarto de Francia fue el segundo de André Maschinot (87′). México alineó al militar Óscar Yori Bonfiglio en la portería; Rafael Garza Gutiérrez Récord y Manuel Chaquetas Rosas en la defensa; Efraín Amezcua, Alfredo Viejo Sánchez y Felipe Diente Rosas en la media cancha; y Dionisio Nicho Mejía, Hilario Moco López, José Pepe Ruiz, Juan Trompito Carreño y Luis Pichojos Pérez en la delantera. El entrenador del equipo nacional fue el español Juan Luque de Serrallonga. México tuvo el privilegio de jugar el primer partido del primer mundial, pero también recibió el primer gol marcado en este tipo de competencias. Nunca más hemos vuelto a anotar un gol en partido inaugural de un mundial.   

Veinte años después, el 24 de junio de 1950, en un escenario totalmente diferente, el Estadio de Maracaná y ante cerca de 150 mil aficionados, México inauguró la cuarta copa del mundo ante el anfitrión Brasil donde el equipo que entrenó Octavio Vial perdió por un marcador de 4-0. Los goles los anotaron Ademir (30’), Jair (65’), Baltasar (71’) y cerró la cuenta con su segundo gol del juego, Ademir (79’). El equipo de México presentó una alineación francamente defensiva y fue la siguiente: Antonio Tota Carvajal de portero; José Antonio Roca, Felipe Zetter, Rodrigo Ruiz y Alfonso Montemayor de defensas; Carlos Septién, Guadalupe Velázquez, Héctor Ortiz y Mario Ochoa en la media cancha y Horacio Casarín y Mario Pérez como los únicos delanteros.

Dos mundiales después, en 1958, y bajo la dirección técnica de una dupla – Antonio López Herranz e Ignacio Trelles – resultó igual que en las dos ocasiones anteriores en que nos tocó jugar el partido inaugural. Ahora en Europa y ante el país sede de la copa del mundo, Suecia, el equipo mexicano perdió 3-0 ante 45 mil espectadores en el Estadio “Rasunda” de la ciudad de Solna, a pocos kilómetros de Estocolmo. Los goles fueron obra de Agne Simonsson (17’), Nils Liedholm de penal (57) y otra vez Simonsson (64’). Ese 8 de junio de 1958, México jugo en la cancha sueca con  [1] Antonio Tota Carvajal, [2] Jesús del Muro, [3] Jorge Romo, [4] José Jamaicón Villegas, [5] Alfonso Pescado Portugal, [6] Francisco Panchito Flores, [7] Alfredo Fello Hernández, [8] Salvador Chava Reyes, [9] Carlos Calderón de la Barca, [10] Crescencio Mellone Gutiérrez y [11] Enrique Loco Sesma.

La inauguración del mundial de 1970 ante la extinta Unión Soviética fue el 31 de mayo de 1970 en el Estadio Azteca ante más de 100 mil fanáticos y se empató a cero goles. Lo mejor del juego inaugural fueron la afición, que llenó el Estadio Azteca, y la monumental rechifla que se llevó Gustavo Díaz Ordaz, energúmeno presidente priista de México. El equipo nacional, al cual entrenaba Raúl Cárdenas, alineó con los siguientes jugadores: [1] Ignacio Cuate Calderón, [3] Gustavo Halcón Peña, [5] Mario Pichojos Pérez, [6] Guillermo Campeón Hernández, [10] Horacio López Salgado, [13] José Vantolrá, [14] Javier Kalimán Guzmán, [15] Héctor Pulido, [18] Mario Velarde, [19] Javier Cabo Valdivia, [21] y Javier Chalo Fragoso. Antonio Munguía con el número 8 entró de cambio al minuto 67 por Mario Velarde.

Cuatro juegos de inauguración mundialista – 1930, 1950, 1958, 1970 – y ahora 2010, año que también cierra una década . Los números no hablan muy bien del equipo: tres derrotas y un empate. Un gol a favor por once en contra y, lo más preocupante, desde 1930 no anotamos un gol en partidos que inician la competencia. Desde el torneo de 1970 que se efectuó en nuestro país, no hemos vuelto a tener ese privilegio. Después de cuarenta años, México vuelve a ser el protagonista de un juego de esta envergadura. Las cuatro ocasiones anteriores en que hemos jugado el primer juego, en dos de ellas, lo hicimos ante el equipo anfitrión o nosotros lo fuimos. Por segunda vez tendremos el honor de ser vistos por millones de espectadores a nivel mundial a través de la televisión en un partido inaugural, pues las primeras tres confrontaciones no tuvieron ese privilegio tecnológico. El primer juego de cualquier competencia internacional despierta mucho interés, aún entre los individuos poco duchos en el deporte, porque aparte del juego, se condimenta el partido con un espectáculo artístico y cultural, ya que es el comienzo del torneo.

Las coincidencias entre el torneo jugado en Inglaterra en 1966 y el del próximo año son asombrosas. En aquella competición fuimos ubicados en el grupo uno junto con el país sede, Inglaterra y nos enfrentamos a Francia y Uruguay. Para el campeonato del año entrante estaremos ubicados en el grupo uno junto con el país sede, Sudáfrica y nos enfrentaremos a Francia y Uruguay.

En aquella ocasión empatamos con Francia (1-1) con gol de Enrique Borja a los 48’ y con Uruguay (0-0). Perdimos con el anfitrión en el Estadio de Wembley 2-0 con un golazo de Bobby Charlton que disparó desde más de treinta metros de la portería de Ignacio Cuate Calderón. El otro gol fue obra de Roger Hunt en la segunda mitad. A la postre el equipo de la rosa sería campeón del mundo al vencer a Alemania Occidental. Las similitudes son francamente asombrosas y me remiten a un déjà vu futbolero. De repetirse la misma historia que hace 44 años, podemos despedirnos del mundial africano en la primera etapa. Empatamos con Francia y Uruguay y nos gana Sudáfrica. Las circunstancias y la evolución futbolística de todos los equipos participantes nos auguran, sin embargo, resultados poco previsibles. 

Con información tomada de:

  • La Selección Nacional, I. Con el orgullo a media cancha (1923-1970) de Carlos Calderón Cardoso, Editorial Clío, México, 2000.
  • La Selección Nacional, II. Por la senda del triunfo (1970-1999) de Greco Sotelo, Editorial Clío, México, 2000.
  • http://es.fifa.com/worldcup/archive/

¡Extra! ¡Extra! Esta semana saldrá el campeón de nuestro torneo local de fútbol: Cruz Azul y Monterrey son los finalistas. Ambos equipos, salvo en sus terruños, tienen muy poca afición a nivel nacional. Poco interés despierta una final con estos dos equipos; al menos para quien esto escribe.


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