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Explicar la crueldad Punto # 88 de julio 30, 2009

30 julio, 2009

Explicar la crueldad

Luis Recillas Enecoiz

“La antropología mexicana no ha entendido que la prohibición de los cultos paganos de sacrificio, incluyendo el sacrificio humano, desestructuró por completo la cultura de los pueblos prehispánicos.”
Extravíos de la antropología mexicana de Host Kurnitzky
 

Las ideas expuestas en esta columna son una extensión de un artículo menor de previa publicación. De entrada, en aquél, quise dar un somero panorama de la crueldad que permea nuestra sociedad. En ésta me extenderé para cuestionar de dónde provienen y si tiene solución. Claro está, sin pretender tener las respuestas, sino aportar una visión sobre la realidad en que vivimos.
La crueldad como síntoma de descomposición social se ha vuelto parte de nuestra vida cotidiana. Los actos a los que me refiero, francamente de sociedades con una disfuncionalidad cuasi congénita, exteriorizan lo que nadie quiere ver: La absoluta carencia de valores humanos en una buena parte de la sociedad mexicana. No hablo de los tradicionales valores cristianos, sino aquellos que sustentan una sana convivencia social. Lo que muestran estos actos es nuestra predisposición a la crueldad. El ser humano es de suyo cruel y la educación nos ayuda a aprehender a convivir y reprimir nuestros instintos animales. Por eso somos considerados seres pensantes, porque podemos canalizar emociones negativa e instintos animales de forma positiva. Sin embargo, la ferocidad con que actúan las bandas criminales y muchas comunidades en el país me hace pensar que nuestra herencia prehispánica se ha apoderado de muchos de nuestros coterráneos.
Las humillaciones, maltratos, robos, violaciones, chantajes y asesinatos que son sometidos los emigrantes centroamericanos en México durante su tránsito a Estados Unidos; las mutilaciones que ejercen los secuestradores a sus víctimas para presionar a los familiares a pagar los rescates; las torturas que los criminales profesan en los rivales previo a su ejecución son dignas de cualquier manual de los Schutzstaffel nazis; las decapitaciones y cercenaduras que los cuerpos inertes o, en ocasiones varias, con vida que son presa los rivales y policías; la quemazón de seres vivos por parte de chusmas enardecidas compuestas por amas de casa, adolescentes y niños que linchan a raterillos o policías; la violencia ejercida entre alumnos de secundaria y hasta de primaria. Todas las anteriores son muestras fehacientes de retroceso social y humano.
La impiedad e inhumanidad mostradas resultan en una descomposición social que va asentándose en el país hace ya varios años. Las noticias de deterioro en la sociedad ya no asombran. Se han vuelto algo cotidiano en nuestras vidas. Que nuestros hijos se desayunen viendo escenas dantescas en la televisión no asombra, al contrario, entre más sanguinario el escenario más atracción conlleva para el espectador. No hemos aprendido a repugnar actos y manifestaciones de franca barbarie.

Abrir cualquier periódico nos muestra actos de una iniquidad y sadismo que ya creíamos superados. Las atrocidades que tanto en foto como en video nos endilga la televisión cada noche, unidas a las descripciones y crónicas periodísticas de cada día, calan menos hondo. Nos hemos acostumbrado a ello. Conforme más confrontaciones existen entre el crimen organizado y las fuerzas de la ley, ya sean policías o el ejército, más insensible nos volvemos. El salvajismo con que se exterminan y la brutalidad mostrada me crean muchas dudas sobre la viabilidad de país.
Una sociedad permeada por la brutalidad y barbarie no cuenta con cimientos de humanismo adecuados para llevar una convivencia sana. Nuestra sociedad se ha contagiado de una crueldad pocas veces visto. No conformes con erradicar al enemigo, las muestras de crueldad son indicio de una grave enfermedad social. De no atacar el problema con seriedad, esta situación puede devenir en un verdadero infierno.
La génesis de este comportamiento tiene sus raíces en la falta de educación y trasmisión de valores a nuestra población. Ya no satisfechos con matar al enemigo o adversario, ahora los matones y asesinos torturan, mutilan, cercenan o decapitan a sus ejecutados. Y no se diga de las bravuconadas de uno y otro lado: nuestro Secretario de Gobernación echado pa’ delante y los malosos (Zedillo dixit) adornan pasos de peatones con mantas amenazantes.
No veo en el horizonte cercano una tregua a la barbarie. Al contrario, la incivilidad de nuestra sociedad se agudizará. Sin futuro, nuestra población continuará sacando lo peor que tiene. Jóvenes sin trabajo y sin escuelas (uno de cada cuatro jóvenes entre 15 y 19 años no tiene cupo en instituciones de educación media superior) son caldo de cultivo para las bandas criminales. Es fácil engatusarlos y venderles la idea de hacerse ricos rápido. Lo peor es su predisposición a cometer atrocidades características de la Baja Edad Media.
Pero la pregunta que me hago es muy sencilla y hasta lógica. ¿Dónde radica la línea que marca la diferencia entre los sádicos y los piadosos, por bautizarlos de algún modo? ¿Acaso los sicarios, mutiladores, secuestradores, narcos y demás fauna no son en muchos casos nuestros vecinos? ¿Acaso no fueron a las mismas escuelas y leyeron los mismos comics como cualquier niño? ¿Acaso no fueron bautizados e hicieron la primera comunión al igual que 88 por ciento de la población? ¿Será que vienen de algún otro país o de un planeta bizarro donde las virtudes son defecto?
Los individuos que ejecutan estos actos provienen de nuestro propio entorno social. No son seres incubados en otro planeta, son parte del pueblo; son integrantes de nuestra sociedad. Son producto de ella, se quiera o no. Como sociedad hemos parido entes absolutamente incapaces de integrarse a una sociedad. Son creación de un pueblo que nunca ha querido asumir que proviene de unos ascendientes que practicaban los sacrificios humanos. ¿Será qué la cultura del mexicano tiene integrada una predisposición a la crueldad, asumida como herencia genética por un pueblo para el cual nunca ha sido un secreto, y por el contrario, ha sido un acicate para lograr sobrevivir? No lo creo, pues los nazis eran muy arios y los yugoslavos se masacraron entre ellos durante la pasada década.
La crueldad mostrada por estos pseudo humanos es proporcional a la incapacidad de nuestra sociedad para generar seres propositivos e integrados a ella. Su ignorancia e incapacidad son caldo de cultivo para en un futuro devenir en millones de Mr. Hyde. Conforme pasa el tiempo muy improbable será encontrar algún Dr. Jekyll.
No queda más que esperar que la crueldad e iniquidad que ha caracterizado a nuestra sociedad vaya decreciendo hasta desaparecer. La espera, sin embargo, va a ser muy larga. No se ve luz al fondo del túnel. Civilizar a un pueblo contagiado de morbo resulta una tarea titánica, si no es que imposible de llevar a cabo. ¿Será que a diferencia de hace casi 500 años, en que se desestructuró la mentalidad prehispánica, hoy está volviendo a estructurarse? Claro, sin por ello ser conscientes del cambio.
Alguna explicación debe proveer el ámbito académico: sociólogos, psicólogos o historiadores requieren responder a las interrogantes del presente escrito. Más que respuestas, quedan infinidad de dudas conforme avanza la debacle social, humana, educativa, ecológica, hacendaria, cultural, laboral, hídrica, laboral, científica más lo que se acumule durante la semana. México se sostiene con alfileres; por desgracia están a punto de caerse y con ellos el país. La visión catastrófica del país tiene un serio y firme sustento. Los cimientos de este país están a punto del derrumbe. Y una última pregunta, ¿existe algo en este país que sí funcione correctamente? Lo dudo. De encontrar alguno de mis contados lectores algún rubro en que México lidere de forma positiva, favor de enviar la noticia al correo electrónico escrito en la parte inferior.
¡Extra, Extra! Sin menospreciar la victoria del equipo panbolero nacional sobre el segundo equipo de los Estados Unidos por goliza de 5-0, será hasta el 12 de agosto cuando se verá si tienen los tamaños necesarios para asistir al mundial del año entrante.

derchak54@yahoo.com.mx

Crueldad nacional ágora segunda quincena julio 2009

30 julio, 2009

Crueldad nacional

Luis Recillas Enecoiz

La crueldad como síntoma de descomposición social se ha vuelto  parte de nuestra vida cotidiana. Estos actos a los que me refiero, francamente de sociedades con una disfuncionalidad cuasi congénita, exteriorizan lo que nadie quiere ver: La absoluta carencia de valores humanos en una buena parte de la sociedad mexicana. No hablo de los tradicionales valores cristianos, sino aquellos que exteriorizan una sana convivencia social. Lo que muestran estos actos es nuestra predisposición a la crueldad. El ser humano es de suyo cruel y la educación nos ayuda a aprehender a convivir y reprimir nuestros instintos animales. Por eso somos considerados seres pensantes, porque podemos canalizar emociones negativa e instintos animales de forma positiva. La  ferocidad con que actúan las bandas criminales y muchas comunidades en el país me hace pensar así.

Las humillaciones, maltratos, robos, violaciones, chantajes y asesinatos que son sometidos los emigrantes centroamericanos en México durante su tránsito a Estados Unidos; las mutilaciones que ejercen los secuestradores a sus víctimas para presionar a los familiares a pagar los rescates; las torturas que los criminales profesan en los rivales previo a su ejecución son dignas de cualquier manual de los Schutzstaffel nazis; las decapitaciones y cercenaduras que los cuerpos inertes o, en ocasiones varias, con vida que son presa los rivales y policías; la quemazón de seres vivos por parte de chusmas enardecidas compuestas por amas de casa, adolescentes y niños que linchan a raterillos o policías; la violencia ejercida entre alumnos de secundaria y hasta de primaria.

La impiedad e inhumanidad mostradas resultan en una descomposición social que va asentándose en el país hace ya varios años. Las noticias de deterioro en la sociedad ya no asombran. Se han vuelto algo cotidiano en nuestras vidas.

Una imagen vale más que mil palabras

Una imagen vale más que mil palabras

Abrir cualquier periódico nos muestra actos de una iniquidad y sadismo que ya creíamos superados. Las atrocidades que tanto en foto como en video nos endilga la televisión cada noche unidas a las descripciones y crónicas periodísticas cada día calan menos hondo. Nos hemos acostumbrado a ello. Conforme más confrontaciones existen entre el crimen organizado y las fuerzas de la ley, ya sean policías o el ejército, más insensible nos volvemos. El salvajismo con que se exterminan y la brutalidad mostrada me crean muchas dudas sobre la viabilidad de país.

Una sociedad permeada por la brutalidad y barbarie no cuenta con cimientos de humanismo adecuados para llevar una convivencia sana. Nuestra sociedad se ha contagiado de una crueldad pocas veces visto. No conformes con erradicar al enemigo, las muestras de crueldad son indicio de una grave enfermedad social. De no atacar el problema con seriedad, esta situación puede devenir en un verdadero infierno.

La génesis de este comportamiento tiene sus raíces en la falta de educación y trasmisión de valores a nuestra población. Ya no satisfechos con matar al enemigo o adversario, ahora los matones y asesinos torturan, mutilan, cercenan o decapitan a sus ejecutados. Y no se diga de las bravuconadas de uno y otro lado: muestro Secretario de Gobernación echado pa’ delante y los malosos (Zedillo dixit) adornan pasos de peatones con mantas amenazantes.

No veo en el horizonte cercano una tregua a la barbarie. Al contrario, la incivilidad de nuestra sociedad se agudizará. Sin futuro, nuestra población continuará sacando lo peor que tiene. Jóvenes sin trabajo y sin escuelas (uno de cada cuatro jóvenes entre 15 y 19 años no tiene cupo en instituciones de educación superior) son caldo de cultivo para las bandas criminales. Es fácil engatusarlos y venderles la idea de hacerse ricos rápido. Lo peor es su predisposición a cometer atrocidades ya consideradas superadas.

No queda más que esperar que la crueldad e iniquidad que ha caracterizado a nuestra sociedad vaya decreciendo hasta desaparecer. La espera, sin embargo, va a ser muy larga. No se ve luz al fondo del túnel.

derchak54@yahoo.com.mx

Dos Méxicos, el prehispánico y el actual Punto # 86 de julio 16, 2009

16 julio, 2009

Dos Méxicos, el prehispánico y el actual

Luis Recillas Enecoiz

Portada tomada de Letras Libres

La violencia que cubre la totalidad de nuestra vida cotidiana tiene su origen en nuestra cultura prehispánica, al menos esa la explicación que encuentro tras leer las tesis del antropólogo, filósofo y escritor alemán Horst Kurnitzky. Alguna explicación debe existir para encontrar la génesis de tanta barbarie, que un día sí y otro también, aparece en cuanto medio de difusión existe.

Su obra Extravíos de la antropología mexicana aparecida en Editorial Fineo hace tres años me ilustró en varios aspectos. Toda vez que el país esta inmerso en una violencia posmoderna el autor alemán propone una visión bastante crítica de nuestra antropología e historia, y nuestro México actual puede entenderse, tal vez mejor, leyendo algunas de las ideas de Kurnitzky. A continuación reproduzco varios pasajes del libro:

“El propósito de este ensayo es poner de manifiesto los extravíos de la antropología y la historia mexicanas del siglo XX, que, después de siglos, continúan aceptando acríticamente las valoraciones, descripciones y clasificaciones asentadas en las crónicas españolas…”

“A lo largo del siglo XX, la historia y la antropología mexicanas no procuraron aproximarse científicamente a la realidad pasada, sino que, como ideologías al servicio de la elaboración de la mitología nacional, se entregaron, cargadas de emocionalidad, a cumplir con su objetivo central: confeccionar un valioso y ‘único’ pasado, un pasado que se percibiese como propio y fuese admirado por todos los mexicanos con el fin de cohesionar y uniformar a la sociedad en torno a un mismo centro…”

“[L]a política española, con fines de dominación, unificó a los diversos pobladores designando a todos con el nombre de ‘indios’. Está política indiana fue continuada por el nacionalismo mexicano al hacer caso omiso de las diferencias regionales y locales y poner por encima de ellas a los ‘mexicanos’. En la actualidad, esta tendencia persiste en la antropología y la historia mexicanas, ya que continúan hablando de ‘indios’ e insisten en presentar la historia política, diplomática y militar del Estado mexicano como la historia de todos los mexicanos.”

“[L]os antropólogos mexicanos, apegados a ese mismo sentimiento cristiano que llevó a los españoles del siglo XVI a horrorizarse [de los sacrificios humanos], han minimizado su importancia o lo han constreñido al ámbito puramente religioso.”

“La antropología mexicana no ha entendido que la prohibición de los cultos paganos de sacrificio, incluyendo el sacrificio humano, desestructuró por completo la cultura de los pueblos prehispánicos.”

“Cuando una oligarquía y sus antropólogos e historiadores inventan un mito de origen y pretenden no descender de un pueblo con prácticas de sacrificio humano, de las cuales, en rigor, descendemos todos los seres humanos, lo único que demuestra es ignorancia.”

“’No puede ser lo que no debe ser’. De acuerdo con este principio trabajaron los cronistas españoles y trabajan hoy los antropólogos e historiadores mexicanos que interpretan los hechos conforme a principios morales muy adecuados para confirmar el cristianismo y el nacionalismo, pero estorbosos para la ciencia y el entendimiento de una cultura precristiana.”

“Todos los nacionalismos del mundo excluyen, sin excepción, a la crítica, porque se sustentan en mitos afirmativos y elogiosos al servicio de la cohesión de un pueblo. Por eso, no pueden ser científicas la antropología e historia mexicanas que han sido creadas por los mitólogos como artefactos útiles para defender un nacionalismo anacrónico y para obtener, con ello, empleos y distinciones.”

“El nacionalismo promueve el miedo o el rechazo de los mexicanos hacia lo extranjero y hacia la idea de comparar la cultura mexicana con otras culturas del mundo.”

“La exaltación de México como un país mágico que ‘los extranjeros no pueden entender’ y que produce en todo mexicano que se encuentra en el extranjero la nostalgia por su casa y su terruño, exime de cualquier comparación, porque ‘el hogar propio es siempre el mejor y el más hermoso’. Así, los antropólogos e historiadores mexicanos que no analizan y estudian otras culturas no sólo creen en la unicidad de su propia cultura, sino que esto les impide entenderla. En efecto, entender la propia cultura presupone, como conditio sine qua non, tomar distancia de ella.”

“Miguel León-Portilla ha lamentado la falta de fuentes primarias: ‘Desafortunadamente, ningún libro náhuatl prehispánico de contenido histórico ha llegado hasta nosotros’. Se abre, entonces, la interrogante de si una cultura cuyo concepto del tiempo era cíclico (en clara oposición al concepto de tiempo lineal y la esperanza de un paraíso final del cristianismo) tuvo o no libros de historia. Incomprensión esta que muestra también la incapacidad de los antropólogos de distinguir claramente entre una religión de orígenes históricos, como el cristianismo, y las religiones naturales mesoamericanas, es decir, regidas por el ritmo de las vegetación y las estaciones del año.”

“’Bautizarse entre los indígenas sería, después de la conquista, ser destruído’, escribe Margo Glantz refiriéndose a una nota de Mercedes de la Garza que dice: ‘preparad ya la batalla, si no queréis ser bautizados’, es decir, ser destruídos.”

“La búsqueda de estructuras conocidas, las latinas en este caso, en las lenguas prehispánicas simplemente imposibilitó la comprensión de la otra cultura.”

“Para entender e interpretar las llamadas obras poéticas de los aztecas se requeriría saber cómo sintieron, experimentaron y percibieron e mundo, conocer su propia estética, averiguar cuál era su relación con la naturaleza y conocer su psique.”

“La antropología mexicana se ha extraviado al desconocer o conceder escaso valor a las consecuencias que tuvo el que los españoles del siglo XVI fueran incapaces de comprender o, al menos, de salvaguardar las fuentes prehispánicas.”

“Aparte de la marginación del sacrificio y de la ceguera frente a una cultura teocrática en la cual la religión y sus sacrificiales constituían el centro social a partir del cual se definía todo lo demás, no es posible comprender por qué la antropología mexicana se resiste a investigar la relaciones de parentesco.”

“Los cronistas de la primera época…no percibieron la función económica del culto sacrificial ni su fuerza organizadora dentro de las comunidades prehispánicas.”

“En vez de una cultura real, la antropología ha presentado una cosmogonía fantástica y las relaciones de un mundo imaginado, y se ha olvidado de interpretar la proyección de la vida social prehispánica en la mitología.”

“De la religión surgen las formas de convivencia social entre sacerdote, caudillos religiosos y el común de la tribu; a partir de ella se establece el rol de las mujeres, las formas de relación entre los sexos y las relaciones sexuales prohibidas y permitidas, en especial, el lugar que ocupa la homosexualidad.”

“Si los aztecas tuvieron una estructura matrilineal organizada en gens, es poco probable que vivieran como familias monogámicas. Por eso, tras la conquista, a la iglesia católica le costó mucho trabajo convertir a la monogamia a la población indígena.”

“[S]e ha descartado el papel esencial del sacrificio y, en particular, del sacrificio humano como nudo central de la cultura azteca, pues se lo presenta renombrándolo como ‘ofrenda’ u ‘occisión ritual’, es decir, se vela, se menoscaba el hecho de que los mexicanos provienen de una sociedad que practicaba el sacrificio humano y de que éste es parte de su herencia.”

“Una trampa más que la propia antropología se ha fabricado y que impide la comprensión de las distintas culturas mesoamericanas, es haberlas agrupado y periodizado, a todas, en tres épocas: preclásico, clásico y posclásico. Reunir a culturas tan diversas como la olmeca, la maya, la mixteca, la teotihuacana, la mexica – aun cuando mantenían relaciones entre ellas e incluso algunas eran herederas de otras – y recurrir a una pretendida periodización univoca elimina por completo las diferencias específicas.”

“Cada cultura tiene una lógica propia y sigue su propia racionalidad. La antropología todavía no ha buscado la lógica interna, the inside view, de cada cultura prehispánica, de acuerdo con sus distintos momentos o épocas históricas.”

“Pero lo más preocupante de la antropología mexicana es su mitomanía, su imperturbable tendencia a contribuir al nacionalismo, su mito de origen y una cosmogonía que le permite moverse eternamente por los aires de un pasado pintoresco y heroico.”

“En México – a la manera de los nacionalismos europeos del siglo XIX –, el nacionalismo improvisó su invención con restos fragmentarios de los mitos prehispánicos, pero, sobre todo, fue el continuador de los mitos inventados por los criollos con la intención de apropiarse de los recursos humanos y naturales americanos. De lo indígena, el nacionalismo ha exaltado las creaciones de frailes y criollos de los siglos XVI y XVII: las lenguas, los usos y las costumbres, las fiestas del santo patrono, las indumentaria y aspectos periféricos como la preparación de los alimentos, algunos utensilios de cocina, las flores o adornos… pero se cuida mucho de no hablar de los cultos sacrificiales, del sistema de parentesco o de las prácticas sexuales reprobadas por la moral cristiana, particularmente, de la homosexualidad. Finalmente, el nacionalismo mexicano ha avalado el autoritarismo occidental junto el ‘tlatoanismo’, con ayuda de un mito de origen nacional inventado para unificar a los diversos grupos sociales y culturales en una nueva y alucinada ‘raza cósmica’”.

Tal vez la visión extranjera de este antropólogo alemán, que ve a México desde afuera, aporta respuestas bastante racionales a la idiosincrática violencia del mexicano.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

La doble moral del mexicano Punto # 58 de diciembre 11, 2008

11 diciembre, 2008

 

La doble moral del mexicano

 

Luis Recillas Enecoiz

            Resulta ahora que nuestros muy imbéciles políticos quieren implementar la pena de muerte a los secuestradores que mutilen o maten a sus víctimas, y algunos émulos del hombre de Neanderthal quieren ampliarla a los narcos, a los delincuentes de cuello blanco, violadores, etc. Al paso que vamos matemos a los que se pasan un alto y a los revendedores de boletos para la gran final del mediocre campeonato nacional de futbol. Final a jugarse en el mundialista estadio de “La Bombonera” donde toda nuestra clase política, encabezada por el líder en los sondeos de popularidad aparecidos en Milenio hechos por María de las Heras, Enrique Peña Nieto. Se dará su baño de pueblo, eso sí, en el palco del dueño del equipo, el infaltable miembro de las cúpulas empresariales nacionales, Valentín Díez Morodo, empresario cervecero que reza por que nunca se legalicen otras drogas, salvo la que el produce. ¿Acaso el alcohol no es una droga, aunque sea en cantidades moderadas?

¡Viva México cabrones!

¡Viva México cabrones!

            Peor regresemos al tema de la columna. Escuchar que la barbaridad propuesta por el Gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, tenga eco entre los líderes camarales del PRI, Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, quienes junto con un grupo de gobernadores proponen la discusión del tema a nivel nacional me causa estupor. Aunado a ellos debemos considera a un alto porcentaje de la población que está de acuerdo en impulsar cambios a la constitución para reinstalar la pena de muerte. ¿En que país vivo? ¿Cómo es posible que un gobernador, cuyos orígenes laborales están en el magisterio, proponga semejante estupidez? ¿O será precisamente porque es profesor y egresado de una normal por lo que borbota tanta pendejada, probablemente así sea?

            De los contados aciertos que tuvo Vicente Fox durante su sexenio estuvo la erradicación de la pena de muerte en México aún dentro de las fuerzas armadas. Para ello, México se adhirió y signo una serie de documentos a nivel internacional que obligan al Estado Mexicano dentro del respeto a los derechos humanos a no aplicar ese castigo.

            Hace poco se montó toda una campaña mediática encabezada por el gobierno mexicano y secundada por Televisa para evitar que 54 mexicanos acusados de diversos delitos fueron ejecutados en los Estados Unidos. La televisora siguió de cerca el caso un mexicano hasta el día de su ejecución, mostrándolo al teléfono hablando con su “madrecita” y arrepintiéndose de haber dado muerte, junto con otros camaradas, a dos adolescentes después de haberlas violado. Pero López Dóriga casi los hace santos y héroes nacionales al mostrarlos como seres indefensos, engañados por un sistema judicial desconocido para ellos y por ello iban a ser ejecutados en un país donde la civilización no había llegado. Aún más, el día de la ejecución, la televisora tenía a un enviado a Huntsville, prisión donde finalmente se llevó a cabo la sentencia: muerte por inyección letal.  Cacareamos por el mundo entero lo incivilizado del método, nuestro juez en la Corte Internacional, Bernardo Sepúlveda, presentó alegados para obligar a los americanos a volver a juzgar a muchos de los sentenciados por deficiencias a lo largo de sus juicios. Sin embargo Texas, aún a insistencia del gobierno federal americano de no ejecutar la sentencia, el gobernador texano Rick Perry hizo oídos sordos y ordenó llevar a cabo la ejecución.

            Lo salvaje y vengativo de Moreiro salió a flote cuando presumía que el legislativo local ya había avalado su

propuesta y que lo único que faltaba era ponerse de acuerdo en cómo matarlos, si por fusilamiento, degollarlos o algo light como la inyección letal. Vaya tipo de retrasados mentales que nos gobiernan. Yo propongo que a los políticos mexicanos les trepanemos el cerebro, porque han demostrado una y otra vez que no lo usan, salvo cuando se trata de obtener beneficios como esos descomunales bonos decembrinos que se regalan y que rondan los 700 mil pesos por ratero, perdón por legislador.

            Que alguien me explique cómo hace un poco más de un año nos unía el rechazo a aplicar la pena de muerte a medio centenar de mexicanos en Estados Unidos y ahora nos une lo opuesto, apliquemos la pena de muerte aquí en el país. Vivo en un país de hipócritas donde la doble moral es moneda corriente en la vida cotidiana del  mexicano. Desde los medios de comunicación hasta la clase política, pasando por las grandes masas de mexicanos analfabetos y desnutridos más muchos de clase media y alta propugnando por matar seres humanos, bajo argumentos banales y sin sustento lógico alguno.

            Me niego a convertirme en lo mismo que son ellos. Yo no soy igual a ellos. Yo no vivo bajo la ley del Talión, ni me rebajo a los niveles de salvajismo que muestran aquellos a quienes quieren aplicar la pena de muerte.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

El ciudadano y las falacias del spot Punto # 3 de septiembre 20, 2007

20 septiembre, 2007

El ciudadano y las falacias del spot

Luis Recillas Enecoiz

            Por primera vez veo a los dueños de los medios electrónicos unidos contra “las limitaciones a la libertad de expresión” que la nueva ley electoral impone a su otrora poder cuasi omnipotente. El duopolio televisivo y los grupos radiofónicos a través de sus corifeos (López Dóriga, Alatorre, Ferris, Chapoy y demás adláteres) han puesto el grito en el cielo por la “staliniana” ley, que según ellos, limitará, las de por sí millonarias ganancias que devengan. Las argucias que exteriorizan a los cuatro vientos, son más patadas de ahogado que razonamientos lógicos y estructurados. Los spots que cada partido político compra durante las elecciones y el dispendio en promoción de imagen y, algunas veces, obra, serán, la primera, responsabilidad del IFE a través del uso de los tiempos fiscales y oficiales y,  el segundo, prohibido. Que el IFE sea el que distribuya los tiempos que cada partido tenga en la televisión y radio afecta sobre todo a los concesionarios mientras que la limitación a la promoción de obra afecta a los gobernantes. Ya el gobernador de Coahuila, Héctor Moreira y el jefe de gobierno del D.F., Marcelo Ebrard vaticinan que la nueva ley no pasará en sus respectivos feudos.

            Los concesionarios en voz del presidente de la CIRT, pidieron que la nueva ley tuviera un referéndum nacional, siendo ellos, a través de la televisión y radio, quienes convocarían a la ciudadanía para el mencionado ejercicio cívico. El senado los bateó. Profundizar en las razones que los concesionarios esgrimen para no perder sus jugosas ganancias sería reiterativo. Por otro lado los argumentos de los políticos son más trascendentes y mucho más imaginativos y muestran, aunque usted no lo crea, cierto orden intelectual.

Muy pobre la oferta política que ofrecen los partidos políticos

Muy pobre la oferta política que ofrecen los partidos políticos

            Los políticos, ven en esta nueva ley, una limitación a informar a la ciudadanía de los avances que los gobiernos hacen respecto a las promesas hechas en campaña. Nada más falso y carente de lógica. De acuerdo a los políticos, de todos sabores y colores, es vital hacerle saber a la ciudadanía lo que los presidentes municipales, gobernadores, presidentes (legítimo y espurio) hacen en bien de la sociedad. Pero hay en este razonamiento una trampa.  Me explico. Las cantidades desorbitadas de dinero que gastan en medios de comunicación, dizque para hacernos partícipes de los avances económicos, sociales, culturales, educativos, comerciales, políticos y, hasta deportivos, requieren, desde el punto de visto del gobernante de una difusión por cuanto medio se pueda para que sepamos  qué, cómo, cuándo y por qué de tal o cual aporte a la comunidad. El engaño proviene de la mala lectura que tienen de lo que realmente es una ciudadanía.

            De ser verdaderamente una ciudadanía nuestra sociedad, no se necesitaría invertir millones de pesos en spots televisivos o radiofónicos para informarnos. Si fuéramos una robusta y madura ciudadanía, la sociedad mexicana, consciente de sus derechos, pero también de sus obligaciones, exigiría al gobernante más de los veinte segundos para saber de los logros del gobierno, pues con verter toda la información en las páginas de transparencia, tanto federal como estatales, el verdadero ciudadano, consciente de sus derechos, ingresaría a las páginas mencionadas para tener acceso a cualquier tipo de dato sobre cómo se ha gastado el dinero y en qué. ¿No se supone que toda dependencia tiene su propia página donde, nosotros, los ciudadanos, podemos y debemos investigar lo que hace nuestra clase gobernante? De ser una verdadera ciudadanía no se requiere que el gobernante nos insulte con spots de veinte a treinta segundos o páginas enteras en revistas y periódicos de circulación nacional o regional donde más que informar, promueven su imagen. ¿Es necesario que aparezca el político de marras en pantalla para saber que se entregaron una docena de computadoras o se asfaltaron 1500 m2 de algún camino vecinal  del más remoto municipio del país?

            Hará una semana o semana y media, el Lic. Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México y fuerte aspirante a la candidatura  presidencial del PRI para el 2012, apareció con Adriana Pérez Cañedo en el noticiero nocturno de Canal 11 dependiente del Instituto Politécnico Nacional para comentar sobre su segundo informe de gobierno y, a pregunto expresa de la conductora respecto a los gastos en divulgación institucional o sea difusión de objetivos y obra alcanzados, el ejecutivo estatal contesto que se gasta mucho menos a nivel estatal que municipal y que se invierte para que la ciudadanía mexiquense esté adecuadamente informada sobre los avances y los compromisos adquiridos por la administración. ¿Por qué en lugar de gastar millones de pesos en desplegados y apariciones en televisión no nos informa mediante la sencilla inclusión de toda la obra, así como las gastos en que se incurrió, en la página oficial del gobierno del Estado de México www.edomex.gob.mx o en la página del ITAIPEM  www.itaipem.org.mx y así canalizar esos dineros a proyectos mucho más productivos?

            El spot no es el medio adecuado para transmitir un mensaje político a la ciudadanía porque ésta, si realmente es crítica, requerirá una mayor información. Los veinte o treinta segundos en televisión o radio no podrán satisfacer a un ciudadano que busca encontrar opciones más acorde con sus convicciones políticas, sociales y culturales. Obtener votos mediante un jingle ingenioso no abona para desarrollar una verdadera sociedad pensante y crítica. De querer continuar siendo una sociedad manca el spot es un excelente fertilizante.

derchak54@yahoo.com.mx


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