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Brasil fue un fracaso para México

4 julio, 2014

Ahora que el equipo mexicano de futbol, más conocido como El Tri, dejó de competir en el campeonato mundial de la especialidad que se lleva a cabo en Brasil, vale la pena comentar sobre el papel jugado por el equipo en los pasados 15 días. No en balde lo que más llamó la atención a nivel mundial sobre México no se refirió a los jugadores, pues fue el famoso cántico de “puto” al despejar de meta el portero rival y en segundo lugar las formas exageradas de festejar los goles mexicanos el folklórico entrenador Miguel El Piojo Herrera. En tercer lugar la destacada exhibición de un par de jugadores: las excelentes paradas del portero Memo Ochoa y la finura de juego que mostró Héctor Herrera en la media cancha mexicana.
Nuestra actitud de víctima que nos gusta asumir siempre que no logramos una victoria a nivel mundial no abona para cambiar a una mentalidad ganadora: que si el árbitro, que si el clima, que si la FIFA, que si la secretaria de la FMF, etc. Nos negamos a asumir nuestra responsabilidad como país y sociedad. Los deportes no son más que una manifestación de la sociedad y si nuestro futbol no logra el famoso quinto partido tendríamos que analizar los problemas internos y no achacar nuestro fracaso a cuestiones exógenas. Para ganar un mundial se requiere anotar más goles que el rival, sobreponerse a los errores arbitrales, soporta las inclemencias del clima y hasta hacer oídos sordos a las voces contrarias. Para ganar un partido se requiere estar atento y enfocado los 90 minutos más el tiempo de compensación. Eso no lo logró hacer el equipo nacional; jugó como nunca durante 88 minutos, pero los últimos cinco se desdibujó y les dejó a los holandeses la iniciativa.

Miguel El Piojo Herrera festeja un gol mexicano

Miguel El Piojo Herrera festeja un gol mexicano

La meta, como lo ha sido desde 1930, era llegar al quinto partido, situación que no se dio. Por ello es un fracaso. El equipo “jugo como nunca y perdió como siempre” nos remonta a la misma cantaleta que escucho desde hace más de 20 años. No tenemos el esquema ni la formación para ello, es más que evidente. El otrora gigante de Concacaf dejo su puesto a Costa Rica, equipo que logró clasificar en primer lugar de su grupo compuesto por tres ex campeones: Uruguay, Italia e Inglaterra. De haber sido parte de ese grupo, ¿cómo creen que le hubiera ido a México?
El discurso patriotero que asume que la FIFA no quiere que México sea campeón no tiene sustento. De ser así, no hubiéramos organizado ya dos campeonatos: 1970 y 1986. En La Bombonera de Toluca, Italia nos goleó 4 a 1 en 1970 a pesar de ir ganando y en 1986 perdimos frente a Alemania por el mismo marcador.
Tres eventos extra deportivos en que participaron mexicanos fueron noticia y se siguieron en redes sociales: primero, el robo de cervezas en un estadio por algunos aficionados nacionales que vestían la camiseta verde; segundo, el salto de un aficionado que se tiró del barco en que viaja a alta mar; tercero, la detención de cuatro mexicanos, entre los cuales hay dos destacados panistas capitalinos, acusados de abusar de una mujer y golpear a su acompañante.
Resultó que infinidad de políticos se tomaron la foto frente a la televisión mientras miraban los distintos partidos de El Tri. Desde Peña Nieto, ya sea con su familia, equipo de trabajo y amigos de los hijos en Los Pinos o el hangar presidencial. Siguió el gobernador mexiquense Eruviel Ávila rodeado de diputados mexiquenses en la plaza principal de Atlacomulco. Fue una forma muy subjetiva de hacerse publicidad. La Plaza de los Mártires tuvo su pantalla gigante para que los toluqueños pudieran disfrutar de los juegos. Claro, con un agradecimiento de los mismos al gobernador por apoyar el evento. ¿Habrá tenido que ver con la eliminación la llamada de Peña Nieto a El Piojo para felicitarlo y esperar que llegaran a la final?
Todos los patrocinadores de la selección se han unido para felicitar al equipo porque jugo decorosamente sus cuatro partidos y la inversión que aquellos hicieron les reportó millones de pesos en ganancia. Pero manda un mensaje de mediocridad. La meta era un quinto partido, no se logró, por ende la participación de México en Brasil equivale a un fracaso por donde quiera que se le vea.
Entre el “ya merito” que repetimos cada cuatro años desde que tengo uso de razón no tiene sustento lógico. Se requiere hacer cambios drásticos en el futbol mexicano y dejar que sea el aspecto económico lo único que les interese a los dueños del balón (Televisa, TV Azteca, Azcárraga, Grupo Pachuca, Salinas Pliego y Carlos Slim por mencionar a un puñado).
Nuestra eliminatoria fue patética y si bien jugamos tres partidos muy bien, ello no quiere decir que nuestro deporte del balompié vaya por buen camino. Desde 1994 en el mundial de Estados Unidos hemos pasado a octavos de final con el mismo resultado: perdemos ese partido decisivo. No olvidemos que equipos más chicos que nosotros nos eliminaron en esta fase: Bulgaria nos ganó en penales en 1994 y Estados Unidos nos ganó 2 a 0 en 2002.
Cuando vislumbras que lo que estás haciendo no da los resultados que esperas, lo lógico sería cambiar, sin embargo los dirigentes mexicanos del futbol no han entendido. Si en seis campeonatos (1994, 1998, 2002, 2006, 2010 y 2014) no has logrado superar la barrera del quinto juego y llegar a cuartos de final es que algo se está haciendo muy mal, pero nos negamos a cambiar las formas. Dentro de cuatro años en Rusia nos sucederá lo mismo. Al tiempo.

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La patria no la representan once futbolistas Punto # 129 de junio 17, 2010

17 junio, 2010

Resulta ahora que todos los analistas, editorialistas y plumas invitadas de los diversos medios impresos se han subido al tren del fútbol. Que los medios electrónicos nos quieran vender la ilusión de que somos el equipo histórico que ganará, ahora sí, el mundial me resulta de una supina ignorancia deportiva. Escribir sobre algo que no tenga al balompié como soporte temático parece herejía hoy en día. La debacle ecológica por la que atraviesa el sur de Estados Unidos y que casi seguro tocará costas mexicanas en un par de meses parece ser información para ser refundida en la página cuatro de los periódicos; no se diga en los noticieros de los consorcios televisivos mexicanos, Televisa y TV Azteca.

Entendible es que los aficionados a este deporte apoyen y vitoreen a sus respectivos equipos nacionales, pero considerar que once jugadores tengan a la patria sobre sus hombros demuestra nuestro ramplón nacionalismo. Ser buen mexicano actualmente significa “ponerse la verde”. En otras palabras sólo puedo mostrar mi amor a la patria mediante una acrítica sumisión a la ola futbolera que aqueja al mundo entero y en especial a México.

Me avergüenza vivir en un país donde once jóvenes son considerados los representantes de la patria. Ignorantes y analfabetos funcionales tipo Cuauhtémoc Blanco o el Bofo Bautista son considerados los arquetipos de nuestra nación, sin reparar en que son representantes de lo más zafio e irreverente que nos caracteriza: el chovinismo. Representan lo que realmente somos: patrioteros de quinta sin pizca de cultura y nula capacidad para distinguir entre un genuino equipo de fútbol, con posibilidades de ofrecer un digno espectáculo y dar satisfacciones a la afición y, un equipo de segunda, cuya gran virtud es exaltar lo mexicano en todos aquellos oriundos del sur del Río Bravo, pero obligados a emigrar al norte de éste, pero con gran poder adquisitivo para esquilmarlos de algunos dólares.

Desgraciadamente nuestro pueblo, que no ciudadanía, se deja llevar cada cuatro años por los sueños de grandeza deportiva que paulatinamente son incrustadas en el inconsciente colectivo con agresivas campañas publicitarias.

 Claro, también habitan en México unos cinco o seis millones de compatriotas que sí saben quién fue Octavio Paz y tal vez hasta lo hayan leído, pero la inmensa mayoría de mis compatriotas son individuos sin un ápice de interés por la lectura y son fácilmente domesticados y manipulados para engordar las cuentas bancarias de los patrocinadores. ¡México, México, México! es la cantaleta que todo producto, desde una cuenta bancaria hasta un pan de caja, cincelan los publicistas en los posibles y futuros compradores. Éstos carecen de defensas intelectuales y son fácilmente engatusados por las cadenas televisivas y los medios de comunicación escrito.

La inmensa mayoría de los mexicanos se “pone la verde” y cree que si no apoyas al equipo representativo nacional eres traidor a la patria. Pues para su información mis equipos favoritos son España, Holanda y Alemania, pues basado en los resultados obtenidos a últimas fechas y su forma de jugar, estoy seguro que uno de ellos será el campeón. Me puedo equivocar en mi vaticinio para campeón, pero de lo que sí estoy más que seguro es que el equipo mexicano no pasará de la fase de grupos y, de lograr calificar a octavos de final, perderá su partido.

Todos estamos conscientes de las graves carencias que aquejan al país: un deplorable sistema de justicia, una ausencia total de seguridad para los ciudadanos, unos ínfimos niveles en educación, unos cuestionables servicios de salud,  una paupérrima economía, una miope y convenenciera clase empresarial o ser gobernados por una miserable y cínica clase política. ¿Acaso el fútbol debería ser excepción? Los resultados deportivos siempre van a la par de lo pequeñez o grandeza del país. Además no podemos dejar de lado la filosofía pecuniaria que caracteriza a los dueños del balón, o sea a los que se llenan los bolsillos de millonarias cantidades a cambio de espectáculos dignos de carpas pueblerinas. Nos venden espejitos y nosotros, cual mansos entes les seguimos el juego. No es culpa de ellos, sino nuestra, por no exigir un mínimo de calidad. Y después nos quejamos que la selección nacional no haga papeles dignos en competencias internacionales. ¡Vaya desfachatez!

La competencia no es más que un evento deportivo y no ser rehén de la estulticia mediática no me hace menos mexicano, o todavía peor, traidor a la patria. Carajo, si de ser buen mexicano se trata, entonces existen varias otras formas de demostrarlo: pagar mis impuestos, no tirar basura en la calle, no corromper a las autoridades, respetar las señales de tránsito, no dedicarme a linchar individuos como sucede cotidianamente en cualquier barrio o pueblo del país, erradicar de mi vida la frase “el que no transa no avanza”, leer al menos un libro al mes, hacer bien mi trabajo, dejar de ser prisionero de la vacuidad televisiva, etc.

¡Extra! ¡Extra! Como de costumbre, ya sacamos el cobre. Un mexicano fue arrestado en Sudáfrica por ponerle un sombrero de charro a la estatua de Nelson Mandela, acto considerado allá una ofensa. Seguimos siendo un conglomerado de nacos que no sabemos comportarnos cuando viajamos a otro país. Recordemos a otro connacional que orinó sobre la llama perpetua que brilla bajo el Arco del Triunfo durante el mundial de Francia en 1998. ¡Damos pena ajena!

Por qué vamos a fracasar en Sudáfrica ágora mexiquense segunda quincena de mayo 2010

30 mayo, 2010

El deplorable papel que hará el conjunto mexicano en el inminente mundial de fútbol a jugarse en Sudáfrica en junio tiene sus orígenes en la forma que se maneja ese deporte en México.

¿Cómo queremos ser competitivos si nuestra liga profesional privilegia el aspecto económico sobre el deportivo? Somos el único país afiliado a la FIFA que aplaude la mediocridad dándole oportunidad a equipos de media tabla para, si ligan un par de partidos aceptables, puedan coronarse campeones. A diferencia de ligas que sí se respetan, Justino Compeán y Decio de María, realmente empleados de Televisa, más que presidente y secretario general de la Federación Mexicana de Fútbol, buscan llenar las arcas con harto billete verde sin importarles un comino el aspecto futbolístico.

El problema es que la afición mexicana se traga la basura que nos ofrecen estos mercanchifles del deporte, sin ápice de crítica y sigue llenando los estadios. Qué diferencia con las ligas serias (España, Inglaterra o Italia) donde el equipo que más puntos hace es el que se erige como campeón.

También somos el único país donde cinco equipos pertenecen a las empresas televisoras: América, Necaxa y San Luis a Televisa; Monarcas y Jaguares a TV Azteca. ¿Por qué lo permite la FIFA? Según Joseph Blatter, mandamás del organismo supranacional, no hay problema mientras no existan quejas de los demás equipos. Bien sabemos que los ingresos por transmisiones por televisión de los juegos representan pingües ganancias para los clubes. Así que nadie va a patear al cochinito.

Tampoco tenemos un verdadero proyecto con fuerzas básicas, ya sean éstas infantiles o juveniles. Lo hecho por la selección sub 17 en Perú hace cinco años fue, aunque nos duela, “un churro”, tal y como fue el campeonato europeo que gano Grecia. Siempre habrá una excepción a la regla. Para competir con equipos de primer nivel, se requiere crear una liga similar a la de esos países. Que alguien me explique cómo Holanda, con una población de 16 millones y medio de habitantes, ha logrado conjuntar equipos ganadores desde hace más de treinta años. Recordemos la famosa naranja mecánica de Johan Cruyff o la actual oncena del tulipán que en el juego de hace unos días nos dio un “baile” y ni siquiera alineó a todos sus titulares. México con 110 millones de habitantes no encuentra once matalotes que puedan jugar fútbol al menos con la mitad de calidad que lo hacen los holandeses. Con España, donde su población ronda los 46 millones, sucede igual. Ya no mencionemos Italia, Alemania o Inglaterra.

El famoso draft, donde los futbolistas son tratados como mera mercancía, que año tras año se efectúa para beneplácito de los carroñeros, tampoco abona para elevar nuestro nivel competitivo. Junto con lo anterior tenemos un “pacto de caballeros” entre los presidentes de clubes para cerrar las puertas a cualquier futbolista que no se doblegue a las arbitrariedades de los “dueños del balón”.

La de México, fue la única selección que competirá en Sudáfrica, que se concentró con tanta antelación a la justa, ¿y para qué? Pues para jugar partidos de medio pelo en Estados Unidos y llenar las arcas de millones de dólares; obvio que no fue para prepararnos para el mundial. Pues a pocos días de que inicie el “circo” nadie sabe a ciencia cierta cuál es el equipo titular mexicano. Yo creo que ni Javier Aguirre, técnico nacional, lo sabe.

Claro, el duopolio televisivo, sigue vendiendo al equipo nacional entre los pamboleros, cual si fuera a hacer historia. Sí, la misma historia de siempre: Perdimos, pero con la frente en alto. Y nosotros, aficionados a ese deporte, no exigimos los mínimos estándares de calidad a todos los involucrados: futbolistas, directivos, patrocinadores y dueños.

Al igual que casi todas nuestras instituciones nacionales, tales como las que imparten justicia, las responsables de los ínfimos niveles en educación o las que velan por nuestra salud, ¿por qué el fútbol mexicano debería ser diferente? Éste está a la par en deficiencias y nulo futuro. Claro soñar se vale, pero también existen las pesadillas.

Sueños mundialistas ágora mexiquense primera quincena de diciembre 2009

15 diciembre, 2009

El 4 de diciembre pasado tuvo lugar en Sudáfrica el sorteo de grupos del próximo Campeonato Mundial de Fútbol avalado por la FIFA. Los 32 equipos invitados al evento fueron divididos en ocho grupos de cuatro naciones cada uno.

A México lo acompañarán el país anfitrión, Sudáfrica, Francia y Uruguay. Más allá de si el equipo nacional puede o no pasar a la siguiente ronda del certamen, mi escrito versa sobre la psicología que nutre al imaginario colectivo mexicano, caracterizado por un comportamiento harto repetitivo y cíclico que alimenta nuestro inconsciente.

Todos los aficionados al fútbol en el mundo “echan numeritos” para predecir el lugar en que quedará su equipo. Varios, sin pudor alguno, imaginan a su equipo disputando la final: brasileños, ingleses, argentinos, alemanes, franceses, italianos u holandeses pueden sustentar sus sueños futboleros en hechos tangibles realizados por sus selecciones en campeonatos previos. Son equipos con un bagaje futbolero que posee trascendencia histórica y deportiva. En cuanto torneo son invitados o al que clasifican, continuamente ocupan los primeros lugares. Son selecciones que han disputado finales de Copa del Mundo y, por meritos propios, son serios contendientes a ser campeones del mundo.

Otros más, conscientes de las limitaciones logísticas, económicas, deportivas y sociales tienen que luchar contra las estadísticas y la historia para romper inercias futboleras. Equipos cuyas hazañas no pesan tanto y se consideran animadores de la justa deportiva y son poco viables a obtener el título: Uruguay, Nigeria, España, Paraguay, Portugal y México. Claro, siempre puede suceder algo que rompa con los cánones establecidos: Grecia, campeón de Europa hace unos años, Uruguay que derrota a Brasil en el Estadio de Maracaná en 1950, México que se erige en campeón del mundo sub 17 hace en 2005, la eliminación del campeón del mundo, Francia, en primera ronda en 2002 o alguna otra situación “ilógica” para los fanáticos que se dicen conocedores.

Otro grupo de aficionados está conformado por individuos que saben muy bien que las posibilidades de su equipo de salir campeón del mundo son mínimas y a lo más que aspiran es a apoyar a sus respectivas oncena durante la fase inicial y a pasar un buen rato y soñar con que los jugadores hagan sufrir un poco al adversario. Conscientes están de las limitaciones futbolísticas de los integrantes del equipo, motivo por el que circunscriben sus loas deportivas. Por lo general estos fanáticos siempre tienen a otro equipo, uno verdaderamente competitivo, con el cual sustituir sus aspiraciones campeoniles. Ejemplo de ello fue el total apoyo que recibió el equipo verde – amarelha de Brasil durante la Copa Mundial México 70 en la final ante Italia.

Apostar todas las cartas a equipos o jugadores incapaces de cumplir y llenar las aspiraciones deportivas del respetable son en automático reemplesadas por otras que sí podrán cumplir con el paquete. No es secreto, que necesitados de héroes deportivos los mexicanos en materia futbolera, siempre hemos tenido al equipo brasileño como sustituto del nuestro. Ni Argentina logra los niveles de aceptación que Brasil ha cosechado entre la afición mexicana. 

Identificarse con individuos que sobresalen y logran hazañas que el común de los mortales somos incapaces de emular es parte de nuestra defensa inconsciente. Subirse al mismo carro donde viaja el campeón o codearse con personas “ilustres” es el mejor antídoto para la mediocridad. Ser visto junto al político, deportista, actor o actriz, en fin, con una celebridad reduce nuestros índices derrotistas. Por ello es primordial que el equipo mexicano de fútbol haga un papel decoroso en Sudáfrica. Los niveles de desencanto y frustración que padecemos los mexicanos, sólo serán paliados, al menos durante un breve periodo, con las victorias que la selección mexicana logre el próximo año. A más victorias, menores sinsabores.

Por desgracia la publicidad que nos bombardea invita a todos los habitantes del país a “ponerse la verde” y a creer que la patria está en juego. Más que apoyar a los futbolistas, lo que se debe privilegiar es la educación y un amor a la patria sustentado en el conocimiento histórico y cultural del terruño. En la creación de un ente ciudadano y de civilización que nos permita sentirnos orgullosos por lo que somos como sociedad y no por las hazañas futbolísticas de un puñado de mexicanos. Debemos predicar por enaltecer a todos los mexicanos como un conglomerado maduro y exportador de cualidades sociales y no, como lo pregonan los medios de comunicación, responsabilizar a once legos de las peripecias o aciertos nacionales.

Gratifica, no lo niego, que un equipo representativo de México gane una competencia mundial, pero de allí a creer que once jugadores de fútbol tengan por obligación llevar a cuestas el honor y dignidad nacionales, dista mucho de lo que como país merecemos. Los sueños mundialistas, sin embargo, alimentarán a la mayoría de nuestros connacionales, hasta que, como siempre ocurre, seamos bajados de la nube en la que nos subimos, y aterricemos de bruces en nuestra realidad deportiva y retomemos nuestras intrascendentes vidas llenas de vicisitudes y comencemos el nuevo ciclo que cada cuatro años alimenta nuestro ego deportivo nacionalista. 

Faltan seis meses para que nuestro sueño se haga realidad o volvamos a nuestra cotidiana pesadilla. Por eso los sueños son alimento de nuestro espíritu.

México en el mundial de 2010 Punto # 107 de diciembre 11, 2009

11 diciembre, 2009

En esta entrega haré un poco de historia futbolística sobre los partidos que el equipo nacional de fútbol ha jugado a nivel inaugural y lo coincidente que resultó el grupo en que fue incluido. A raíz del sorteo efectuado en Sudáfrica la semana pasada y donde el equipo mexicano quedó ubicado en el grupo “A” junto con el anfitrión Sudáfrica, Uruguay y Francia, me tomé la libertad de recabar algunos datos sobre México en juegos de inicio durante los mundiales de la especialidad. 

De acuerdo a una encuesta de María de la Heras para el periódico deportivo La Afición, a pregunta expresa sobre el resultado del partido inaugural entre México y Sudáfrica, el país anfitrión, las respuestas fueron: 40 por ciento considera que México gana; 39 por ciento, que empata; 15 por ciento que pierde y 6 por ciento no sabe o no contestó. 

Pasemos a la información sobre los cuatro partidos que México ha jugado al iniciar un mundial. Tres de ellos se efectuaron en América: 1930 en Uruguay, 1950 en Brasil y 1970 en México. Solamente el partido de 1958 se efectuó en Europa. Invito a mis contados lectores a repasar la información y a aquellos ya entrados en años, a revivir esos cuatro partidos en que México fue protagonista del inició de un mundial. 

El 13 de julio de 1930 ante seis mil espectadores que se dieron cita en el Estadio Pocitos del Club Peñarol de Montevideo, México perdió ante Francia 4-1. El primer tiempo terminó 3-0 con goles de Lucien Laurent (19′), Marcel Langeller (40′), André Maschinot (43′). Para el segundo tiempo, el único gol marcado por México fue de Juan Trompito Carreño (70′) y el cuarto de Francia fue el segundo de André Maschinot (87′). México alineó al militar Óscar Yori Bonfiglio en la portería; Rafael Garza Gutiérrez Récord y Manuel Chaquetas Rosas en la defensa; Efraín Amezcua, Alfredo Viejo Sánchez y Felipe Diente Rosas en la media cancha; y Dionisio Nicho Mejía, Hilario Moco López, José Pepe Ruiz, Juan Trompito Carreño y Luis Pichojos Pérez en la delantera. El entrenador del equipo nacional fue el español Juan Luque de Serrallonga. México tuvo el privilegio de jugar el primer partido del primer mundial, pero también recibió el primer gol marcado en este tipo de competencias. Nunca más hemos vuelto a anotar un gol en partido inaugural de un mundial.   

Veinte años después, el 24 de junio de 1950, en un escenario totalmente diferente, el Estadio de Maracaná y ante cerca de 150 mil aficionados, México inauguró la cuarta copa del mundo ante el anfitrión Brasil donde el equipo que entrenó Octavio Vial perdió por un marcador de 4-0. Los goles los anotaron Ademir (30’), Jair (65’), Baltasar (71’) y cerró la cuenta con su segundo gol del juego, Ademir (79’). El equipo de México presentó una alineación francamente defensiva y fue la siguiente: Antonio Tota Carvajal de portero; José Antonio Roca, Felipe Zetter, Rodrigo Ruiz y Alfonso Montemayor de defensas; Carlos Septién, Guadalupe Velázquez, Héctor Ortiz y Mario Ochoa en la media cancha y Horacio Casarín y Mario Pérez como los únicos delanteros.

Dos mundiales después, en 1958, y bajo la dirección técnica de una dupla – Antonio López Herranz e Ignacio Trelles – resultó igual que en las dos ocasiones anteriores en que nos tocó jugar el partido inaugural. Ahora en Europa y ante el país sede de la copa del mundo, Suecia, el equipo mexicano perdió 3-0 ante 45 mil espectadores en el Estadio “Rasunda” de la ciudad de Solna, a pocos kilómetros de Estocolmo. Los goles fueron obra de Agne Simonsson (17’), Nils Liedholm de penal (57) y otra vez Simonsson (64’). Ese 8 de junio de 1958, México jugo en la cancha sueca con  [1] Antonio Tota Carvajal, [2] Jesús del Muro, [3] Jorge Romo, [4] José Jamaicón Villegas, [5] Alfonso Pescado Portugal, [6] Francisco Panchito Flores, [7] Alfredo Fello Hernández, [8] Salvador Chava Reyes, [9] Carlos Calderón de la Barca, [10] Crescencio Mellone Gutiérrez y [11] Enrique Loco Sesma.

La inauguración del mundial de 1970 ante la extinta Unión Soviética fue el 31 de mayo de 1970 en el Estadio Azteca ante más de 100 mil fanáticos y se empató a cero goles. Lo mejor del juego inaugural fueron la afición, que llenó el Estadio Azteca, y la monumental rechifla que se llevó Gustavo Díaz Ordaz, energúmeno presidente priista de México. El equipo nacional, al cual entrenaba Raúl Cárdenas, alineó con los siguientes jugadores: [1] Ignacio Cuate Calderón, [3] Gustavo Halcón Peña, [5] Mario Pichojos Pérez, [6] Guillermo Campeón Hernández, [10] Horacio López Salgado, [13] José Vantolrá, [14] Javier Kalimán Guzmán, [15] Héctor Pulido, [18] Mario Velarde, [19] Javier Cabo Valdivia, [21] y Javier Chalo Fragoso. Antonio Munguía con el número 8 entró de cambio al minuto 67 por Mario Velarde.

Cuatro juegos de inauguración mundialista – 1930, 1950, 1958, 1970 – y ahora 2010, año que también cierra una década . Los números no hablan muy bien del equipo: tres derrotas y un empate. Un gol a favor por once en contra y, lo más preocupante, desde 1930 no anotamos un gol en partidos que inician la competencia. Desde el torneo de 1970 que se efectuó en nuestro país, no hemos vuelto a tener ese privilegio. Después de cuarenta años, México vuelve a ser el protagonista de un juego de esta envergadura. Las cuatro ocasiones anteriores en que hemos jugado el primer juego, en dos de ellas, lo hicimos ante el equipo anfitrión o nosotros lo fuimos. Por segunda vez tendremos el honor de ser vistos por millones de espectadores a nivel mundial a través de la televisión en un partido inaugural, pues las primeras tres confrontaciones no tuvieron ese privilegio tecnológico. El primer juego de cualquier competencia internacional despierta mucho interés, aún entre los individuos poco duchos en el deporte, porque aparte del juego, se condimenta el partido con un espectáculo artístico y cultural, ya que es el comienzo del torneo.

Las coincidencias entre el torneo jugado en Inglaterra en 1966 y el del próximo año son asombrosas. En aquella competición fuimos ubicados en el grupo uno junto con el país sede, Inglaterra y nos enfrentamos a Francia y Uruguay. Para el campeonato del año entrante estaremos ubicados en el grupo uno junto con el país sede, Sudáfrica y nos enfrentaremos a Francia y Uruguay.

En aquella ocasión empatamos con Francia (1-1) con gol de Enrique Borja a los 48’ y con Uruguay (0-0). Perdimos con el anfitrión en el Estadio de Wembley 2-0 con un golazo de Bobby Charlton que disparó desde más de treinta metros de la portería de Ignacio Cuate Calderón. El otro gol fue obra de Roger Hunt en la segunda mitad. A la postre el equipo de la rosa sería campeón del mundo al vencer a Alemania Occidental. Las similitudes son francamente asombrosas y me remiten a un déjà vu futbolero. De repetirse la misma historia que hace 44 años, podemos despedirnos del mundial africano en la primera etapa. Empatamos con Francia y Uruguay y nos gana Sudáfrica. Las circunstancias y la evolución futbolística de todos los equipos participantes nos auguran, sin embargo, resultados poco previsibles. 

Con información tomada de:

  • La Selección Nacional, I. Con el orgullo a media cancha (1923-1970) de Carlos Calderón Cardoso, Editorial Clío, México, 2000.
  • La Selección Nacional, II. Por la senda del triunfo (1970-1999) de Greco Sotelo, Editorial Clío, México, 2000.
  • http://es.fifa.com/worldcup/archive/

¡Extra! ¡Extra! Esta semana saldrá el campeón de nuestro torneo local de fútbol: Cruz Azul y Monterrey son los finalistas. Ambos equipos, salvo en sus terruños, tienen muy poca afición a nivel nacional. Poco interés despierta una final con estos dos equipos; al menos para quien esto escribe.


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