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Negociar: una mala palabra. ágora mexiquense, segunda quincena de octubre 2011

30 octubre, 2011

Las declaraciones de Calderón a una entrevista que el New York Times publicó hace pocos días causaron que lo priistas se desgañitaran y rompieran las vestiduras al no saber leer un entrevista. Qué si Calderón pecó de cándido, es más que probable, sin embargo su dicho no deja de tener sustento y ha sido hasta externado por connotados priistas de la vieja guardia. Sócrates Rizzo lo dejo muy claro y está documentado: que durante los gobiernos del tricolor fue común pactar con los narcos. Pero más allá de la declaración me causa pavor que el PRI, partido que quiere regresar a gobernar el país, ahora enarbola un discurso lleno de intolerancia por unas declaraciones. Hasta se fueron al Trife a levantar un acta contra el presidente por actos anticipados de campaña. Resulta ridículo el bozal que los propios partidos se pusieron.

(Foto: Susana González para The New York Times)

Como somos un país monolingüe, sólo un puñado de interesados se dio a la tarea de buscar la entrevista original en la página web del New York Times* y leer la entrevista en inglés sin descontextualizar fragmento alguno. De haber hecho ese simple ejercicio se hubieran dado cuenta que la batería calderoniana estaba enfocada a criticar las acciones o falta de ellas del gobierno norteamericano y no al PRI. En realidad la pregunta y respuesta en la que se comenta sobre los supuestos narco-pactos son periféricas a la entrevista central: México y Estados Unidos frente al problema de seguridad y narcotráfico. Pero no. Los priistas, en su mayoría monolingües, no hicieron su tarea y solo repitieron lo que sus adalides les indicaron. Pues ahora resulta que la piel de dinosaurio que cubre al priismo es demasiado delgada.

Todos salieron a exigir pruebas de los dichos, pero ninguno ha propuesto alguna alternativa si llegan a la presidencia. Quiero saber qué van a hacer Peña Nieto o Beltrones, si se ganan la rifa del tigre y alguno de ellos toma posesión el 1 de diciembre de 2012 como Presidente de la República, respecto al problema que van a heredar. Les guste o no la “guerra contra el crimen organizado” que inició Calderón, va a ser una de las herencias más pesadas que recibirá el próximo jefe del ejecutivo. Como ciudadano me interesa saber qué acciones concretas harán los diversos aspirantes al puesto para revertir los estragos que una política errada ha ocasionado al país.

Algunas consideraciones que esperan respuestas concretas se agolpan en mi mente: ¿Qué políticas y programas se implementarán para motivar a hacer carrera policial? Recordemos que hay un déficit de policías en México; no es bien visto socialmente ser policía. ¿Cómo, cuándo y bajo qué parámetros se irá disminuyendo el involucramiento del ejército y la marina en menesteres policiales? ¿Con quiénes se va a sustituir a los soldados y marinos que regresarán a sus cuarteles? ¿Qué harán respecto a la muy probable y alta posibilidad de una incursión de sectas terroristas al país o con la conversión paulatina hacia el terrorismo urbano que muestra el crimen organizado en México? ¿Cuáles son las propuestas para incluir a la juventud mexicana en un proyecto de país con sustentabilidad social, económica y política? ¿Cuáles son las propuestas sociales para contrarrestar la influencia del crimen en la juventud y cuánto están dispuestas a invertir en los jóvenes? ¿Cuándo terminarán de implementar los juicios orales? ¿Qué cambios consideran hacer con los ministerios públicos para hacerlos para cercanos al ciudadano? Así como las anteriores se pueden elucubrar decenas de preguntas directas y concretas que ningún candidato ha contestado, ya sean panistas o de izquierda. Se la pasan repitiendo frases insulsas sin contenido alguno. La vacuidad y lo trivial como ejes del discurso político.

Candidatos de un partido u otro no han contestado qué harán respecto a la situación que vive el país, salvo caer en lugares comunes: “lucha frontal y profesionalización de los cuerpos policiacos”, “depuración de policías y capacitación de las mismas”, “aplicación irrestricta de los derecho humanos por parte de las fuerzas del orden” y demás frases sin profundidad ni compromiso. Se necesita que todos los candidatos, más qué decirnos qué van a hacer, no digan cómo lo van a hacer.

Ponerse a negociar en condiciones de debilidad invita a perder todo y no recibir nada a cambio. Así se encuentra el gobierno de Calderón. No se puede dar el lujo de negociar en desventaja. Se negocia cuando se tiene la sartén por el mango y se pueden obtener ciertas ventajas en la negociación. En la situación actual sería un suicidio que el gobierno negociara o pactara con el crimen. Todo se negocia en la vida, pero bajo ciertas circunstancias. Bajo las actuales el vocablo resulta una mala palabra.

Para leer la entrevista en el NYT: http://www.nytimes.com/2011/10/16/world/americas/calderon-defends-militarized-response-to-mexicos-drug-war.html?_r=1&scp=2&sq=interview%20Felipe%20Calderon&st=cse

100 días y 2 años Punto # 57 de diciembre 4, 2008

4 diciembre, 2008

100 días y 2 años

Luis Recillas Enecoiz

            Recién se cumplieron dos plazos, uno impuesto por las circunstancias de inseguridad que privan en el país, otro por llegar Felipe Calderón al primer tercio de su sexenio.

Hace un poco más de tres meses todos los integrantes del gobierno y de los tres poderes, así como varios representantes de la sociedad civil firmaron un acuerdo que ponía límites cronológicos a las metas para incrementar la seguridad en nuestras ciudades. A cien días de ese faraónico evento donde el empresario Alejandro Martí profirió su ya anecdótico “si no pueden, renuncien.” Bueno, pues nadie renunció, y lo peor, nuestras autoridades de manera tajante e inobjetable han mostrado que son incapaces de afrontar la problemática que aqueja al país.

Caricatura tomada de "Base Norte"

Caricatura tomada de "Base Norte"

La percepción ciudadana no ha mejorado respecto a la impunidad que impera dentro de las agencias policiacas y para acabar de alimentar nuestro pesimismo, el mes que acaba de concluir ha sido el más sangriento en lo que va de la “guerra” contra el crimen organizado con más de 700 muertos. Los daños colaterales, que conforme avanza la cruenta lucha, comienzan a afectar a los inocentes. Y en el país del gerundio sagrado, todos nuestros políticos están trabajando, analizando, promoviendo, auscultando, reuniendo, pero lo que más se la pasan haciendo es pendejeando.

A dos años de iniciado el sexenio calderonista la situación del país pende de un hilo. Los análisis al interior de las fuerzas armadas, la carta abierta de don Juventino Castro aparecida en Milenio el lunes pasado donde advierte de los peligros reales y latentes para un desmembramiento del estado y el colapso como nación, la aceptación presidencial de que le fue entregado un país en franca crisis no ayudan a tener la esperanza que Calderón quiso transmitir durante su periplo por los medios de comunicación para informar a los mexicanos de cómo va el estado ganando la guerra a los malos. La verdad no sé con que tipo de elementos se esté ganado nuestra bélica aventura, que sin tener que ir a invadir algún país exótico y matar a sus nativos, los hacemos aquí y con mucho más eficiencia que en el Oriente Medio. En lo que va del año  se han matado a más mexicanos en México que americanos en Irak. Al menos en algo les ganamos a los gringos.

Tener al enemigo dentro de las instituciones que se supone las deben de combatir, además de cooptar a las policías municipales, nuestros mafiosos han logrado penetrar hasta lo más alto en las estructuras de la PGR, la SIEDO, la SEDENA, etc. La cuestión es que las fuerzas enemigas le están ganando a las fuerzas amigas, aunque el parte de guerra que nos quieren endilgar nuestros Clausewitz autóctonos más parece claudicación y rendición ante el enemigo, claro muy bien matizado para que no parezca que sacaron la bandera blanca.

Siendo el título del artículo una paráfrasis, 100 días y 2 años, no hacen alusión alguna a la bella canción de Sabina 19 días y 500 noches salvo que, sin querer, los plazos se dieron y tuvimos dos, sí dos, vencimientos. Para ambos, los resultados se pueden enumerar de la siguiente manera sin exagerar en los detalles:

  1. Nada
  2. Nada
  3. Nada
  4. Nada
  5. Nada
  6. Nada
  7. Nada
  8. Nada
  9. Nada
  10. Nada
  11. Nada
  12. Nada
  13. Nada
  14. Nada
  15. Nada

Así resumo los avances que los involucrados han tenido. Incluyo a los tres niveles de gobierno, a los tres poderes, y a todos aquellos que de una forma u otra afectan mi seguridad por no hacer su trabajo. Y yo repito “si no pueden, renuencien.”

                                                                       derchak54@yahoo.com.mx

Despenalizar la marigüana Punto # 51 de octubre 23, 2008

23 octubre, 2008

Despenalizar la mariguana

Luis Recillas Enecoiz

            La propuesta del legislador de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal Víctor Hugo Círigo de despenalizar la mariguana en la capital catapultó una avalancha de descalificativos contra la persona y contra la propuesta. Incluso de sus propios correligionarios, en especial Marcelo Ebrard y Alejandra Barrales.

            Las descalificaciones a priori, sin el más mínimo análisis científico, pero lleno de prejuicios permeó la iniciativa. Creer que la “guerra” contra el narcotráfico se va a ganar es como creer en Santa Claus. El motivador del narcotraficante es estrictamente pecuniario, en otras palabras, es un negocio. Tratar de atacarlo desde una óptica moralista redunda en una incapacidad de enfrentar al enemigo, pues no leemos bien sus intenciones. Si de erradicar drogas se trata, los solventes y pegamentos que se pueden adquirir en cualquier tlapalería deberían ser retirados del mercado, pues son mucho más nocivos que la mariguana.

XII Copa de la Marihuana

XII Copa de la Marihuana

            Rompamos con paradigmas. El alcohol es legal y no por ello todos los mexicanos lo consumen. Lo mismo sucede con los cigarrillos, y la nicotina es mucho más adictiva que el cannabis. Se despenalizó el aborto antes de las doce semanas de gestación en el Distrito Federal y, no por ello, todas las mujeres están pidiendo interrumpir su embarazo. Despenalizar la mariguana no incide en un mayor consumo de la misma, como lo demuestra una encuesta de María de las Heras (Milenio Edomex 20/X/08). Al menos no existe data que lo confirme. Más bien es al revés. Durante la prohibición del alcohol en los años veinte en los Estados Unidos los niveles de alcoholismo se dispararon. Y si viviera hoy, Al Capone sería un respetable empresario cervecero o dueño de alguna empresas tequileras del país. Más niños mexicanos morirán debido a las deficientes políticas alimenticias de la SEP que permite la venta de “comida chatarra” en las escuelas del país. Más mexicanos morirán por comer todas esas porquerías que por consumir drogas. Ilógico.

            El concepto de enfermo que se le achaca al fumador de “mota” contrasta con la aceptación social del bebedor social que ingiere un par de tragos en las bodas o quince años. ¿Acaso un fumador social de cannabis es un enfermo, porque los fines de semana se fume un churro? Preocupémonos por la obesidad que mata a muchos más mexicanos que todas las drogas juntas. Cerca de ocho mexicanos de cada diez esta propenso a sufrir enfermedades vinculadas con el sobre peso: Diabetes o problemas cardiovasculares, por mencionar dos de ellas.

Supongamos que alrededor de 4 por ciento de la población del país consume alguna sustancia ilegal significa que requerimos construir cárceles para albergar a 5 millones de personas. Imposible. Por otro lado, las narco tienditas son atendidas por familias; así como esta la abuelita, se encuentran niños, adolescentes y simples amas de casa. ¿Vamos a encarcelar a los 400 mil vendedores de droga al menudeo? Y de dónde sale la cifra, pues muy sencillo. Si consideramos que existen 80 mil puntos de venta al menudeo de drogas ilegales y cada uno es atendido por cuatro a cinco miembros de una familia, se llega fácilmente al total antes mencionado.

Los prejuicios llegan a niveles de franca ignorancia cuando escucho que algunas personas creen que si te fumas un “churro”, mañana te vas a inyectar morfina en la yugular o que por consumir hongos vas a terminar cocainómano. Tarde o temprano es la única opción viable si es que queremos volver a vivir en paz. La mayor parte del presupuesto de seguridad se gasta en confrontar al narco, siendo que a la prevención se le asigna una magra porción. La política seguida por el gobierno no traerá nada bueno, más bien parece un catalizador de violencia y sangre. Una guerra para la cual no estamos preparados, ni en equipo, ni en espíritu.

También es preocupante la utilización del Ejército y Armada para enfrentar al narco. Su entrenamiento y razón de ser chocan con las misiones que actualmente se le encomiendan. El brazo tentador del poder económico del crimen organizado logrará infiltrarse en las fuerzas armadas. Los soldados y oficiales no son inmunes a “cañonazos” de miles de pesos y es altamente probable que paulatina pero constantemente se vaya degradando el ejército. A la par de lo anterior, la cantidad de recomendaciones que la CNDH a enviado a la SEDENA y a la SEMAR, muestra que no fueron entrenados para ser policías. Su función es erradicar al enemigo, exterminarlo. Los narcos, por más que no nos guste, son delincuentes y deben enfrentar un juicio. No se trata de matarlos, se trata de arrestarlos para que enfrenten al aparato legal.

Ataquemos el negocio. Y el negocio esta en la venta de drogas en el mercado negro. De lograr desmantelar el negocio, legalizando el consumo, se logrará un avance significativo en la erradicación de la violencia. Es utópico pensar que sucederá, teniendo en cuenta que nuestro vecino del norte no aplaude esta decisión. A larga es la única solución, pues estar en guerra de por vida no reditúa en beneficio alguno para los involucrados.

                                                                       derchak54@yahoo.com.mx

Ya nos cayó el “chahuistle” Punto # 49 de octubre 9, 2008

9 octubre, 2008

Ya nos cayó el “chahuistle”

Luis Recillas Enecoiz

            Al inicio del sexenio de Felipe Calderón la violencia achacada a la delincuencia organizada estaba focalizada en la franja fronteriza con Estados Unidos y en Sinaloa con algunas otras regiones diseminadas por la geografía nacional, pero perfectamente localizadas, y los polos de violencia eran ajenos al Estado de México. Inició la escalada de violencia en el estado con acciones en los municipios sureños de la entidad colindantes con Guerrero. Sin ser un experto en seguridad nacional, el conflicto bélico que inició Calderón iba a tener que llegar a nuestro estado. Similar a la guerra en Irak, aventura que George Bush impuso a su país mediante mentiras, el gobierno actual nos metió en una guerra en la cual no sabe cómo actuar, además de no tener los insumos necesarios para ganarla, tanto humanos como armamentistas.

Paulatina ha sido la escalada de violencia en el Estado de México y la muerte del edil de Ixtapan de la Sal, Salvador Vergara Cruz, muestra de forma inequívoca que ya llegó la “guerra” a nuestro estado. Cuando presidentes municipales son cooptados por el crimen, ya sea mediante dádivas económicas o amenazas a su integridad o a la de sus familias, el problema se convierte en una crisis de gobernabilidad.

En el país existen cerca de dos mil quinientos ayuntamientos y es inviable proveer de seguridad a cada edil. Sumado a la seguridad que requiere todo funcionario federal y estatal, ahora resulta que los presidentes municipales y sus familiares necesitan seguridad personal, pues de lo contrario pueden sufrir algún atentado como el perpetrado en Coatepec de Harinas el fin de semana pasado.

A los mexiquenses y al gobernador Enrique Peña Nieto nos llegó el primer “parte de guerra” de la aventura bélica calderonista. Hará cosa de un año en Veracruz, los agentes encargados de la seguirdad de sus hijos fueron acribillados y ahora un amigo personal fue asesinado. La desestabilización que el crimen produce impide que la función primaria del Estado, proveer seguridad al ciudadano promedio, sea una realidad. Si las autoridades son arteramente atacadas y asesinadas por no entrarle al negocio ilegal, que será de los simples mortales que no tenemos acceso a una guardia personalizada. La oligarquía: políticos, empresarios, artistas, etc. tienen el poder económico para contratar seguridad privada, pero qué pasa con los millones de habitantes del país, que carentes de una posición económica boyante no pueden darse el lujo de contratar guardia personal?

La peregrinación a Viricota, arte huichol

La peregrinación a Viricota, arte huichol

La ingobernabilidad está latente en el imaginario colectivo y la falta de confianza en las autoridades, a la larga, puede poner en jaque las instituciones, y por ende, la seguridad de la ciudadanía. Ahora resulta que los encargados de gobernar el núcleo donde más relación tenemos los que habitamos México, o sea los municipios, son carne de cañón para las bandas delictivas. Los poderes federal y estatal no son órdenes de gobierno que sean de manera frecuente requeridos por la ciudadanía. Es con el ámbito municipal que un alto porcentaje de los habitantes tiene relación. Ya sea el pago de agua, de predial, abrir un negocio, pagar multas de tránsito y muchos otros trámites que son atribución directa de los municipios. Resulta preocupante que los encargados del despacho a ese nivel sean presa de la delincuencia, pues como daño colateral todos los habitantes de algún municipio resultaremos afectados. De crisis nacional, considero, es el problema que los municipios enfrentan.

            Varios presidentes municipales han denunciado haber sido amenazados y según un trascendido en el periódico Milenio Edomex (6/X/08) el edil de Tonatico, municipio colindante con Ixtapan de la Sal, fue presa de la delincuencia, y su casa fue baleada hace un par de semanas sin que trascendiera el incidente para no inquietar a la población.

            Según las últimas pesquisas los sicarios que ultimaron a Vergara Cruz son jóvenes marginados de la misma comunidad, eufemismo que caracteriza a muchos desplazados y sin futuro. Tan en así que Marcelo Ebrard, jefe de gobierno en el D.F., considera que sólo en la capital del país hay cerca de 120 mil adolescentes y adultos jóvenes que ni estudian ni trabajan y son, por su perfil, blanco para el reclutamiento de bandas criminales. ¿Qué hacer con una generación que no tiene futuro alguno, sin oportunidades para estudiar, sin empleo decoroso que redunde en un salario digno, sin capacitación para integrarse a campo laboral, vamos, sin nada que perder al enrolarse en el crimen organizado? ¿Cuántos millones de mexicanos entre los 15 y 35 años están en esa situación? Previo a la crisis económica que vive Estados Unidos, la válvula de escape era irse de mojado, pero la válvula se cerró.

            ¿Cuántos municipios en el Estado de México, y por lógica sus autoridades, han sido amenazadas por el crimen? Con una población rondando arriba de los 14 millones, más los 9 del Distrito Federal, el Estado de México es coto para cualquier comerciante, ya sea de productos legales como ilegales. ¿Quién no quiere hacer negocios con China y con sus  mil 300 millones de habitantes? Pues igual sucede en nuestro caso. Es casi un cuarto de la población nacional el que habita en esta región y si nos atenemos a las estadísticas que considera un 5 por ciento de los habitantes del país adictos a una sustancia ilegal, entre el Estado de México y el Distrito Federal, hay un mercado de alrededor de millón y medio de consumidores. ¿Acaso no es un mercado muy tentador?

            La realidad cotidiana que padecemos, me obliga a ser, tal vez no catastrofista, pero sí muy pesimista. Y nuestro futuro, para ponerlo de forma coloquial es que “ya nos cayó el chahuistle”.

derchak54@yahoo.com.mx

Iluminemos México Punto # 46 de septiembre 18, 2008

18 septiembre, 2008

Iluminemos México

Luis Recillas Enecoiz

            La marcha convocada por un grupo de organizaciones de la sociedad civil para exigir mayor seguridad en el país y que se escenificó hace un par de semanas en la Ciudad de México y en varias ciudades, dentro y fuera del país, me dejó un buen sabor de boca, sin embargo me creó una serie de dudas, las cuales plantearé aquí.

            Ya en dos ocasiones la sociedad ha salido a las calles a demandar mayor seguridad: la primera, durante el gobierno de Ernesto Zedillo, en 1997 y la otra hace cuatro años, con Vicente Fox en la presidencia, y no sucedió absolutamente nada que nos mostrara que el Estado haya entendido el mensaje. ¿Por qué ahora sí he de creerles a nuestras autoridades que sí les importa nuestra seguridad? Así mismo, escuchar al Presidente de la República que está del lado de los manifestantes muestra una falta de ubicación. Felipe Calderón es uno de los muchos responsables del deterioro actual que sufrimos los habitantes de este país. Como jefe del ejecutivo y comandante en jefe de las fuerzas armadas del país y de las policías federales no puede ni debe mimetizarse entre los marchistas que se manifestaron en varias ciudades del país hace un par de semanas, él es uno de los principales actores de la dramática realidad que padecemos.

            Una segunda cuestión que me inquieta es respecto a la responsabilidad del Estado. ¿Acaso no es el sustento primario para la creación de un Estado la seguridad de sus ciudadanos? Resulta ahora que los vecinos y la sociedad civil requerimos coadyuvar en la lucha contra el crimen. En mi faceta de ciudadano no me veo enfrentando al crimen que pulula en mi colonia. ¿Por qué debo yo, un simple ciudadano, exponerme física y psicológicamente a situaciones donde mi persona y familia puedan sufrir alguna represalia por parte de individuos carentes de escrúpulos y decencia? Ahora resulta que nosotros, contribuyentes del fisco, debemos fungir como policías y, bajo argumentos bastante rebatibles, esperan que denunciemos al vecino que vende mota o a los mozalbetes que se roban auto partes, sin garantía alguna de que a la larga no voy a tener que enfrentar a los denunciados o sus secuaces. El cinismo es mayúsculo cuando el mismo Estado, al menos en algunas delegaciones del D.F. promueve cursos entre la ciudadanía para enfrentar la violencia y evitar su ingreso a las estadísticas sobre criminalidad y violencia.

            Una tercera inquietud tiene que ver con la forma en que se está enfrentando el Estado con el crimen organizado. ¿Bajo qué lógica es que el Estado enfrenta el narcotráfico con todo el poder que posee, hablo del ejército y armada nacionales, pero el secuestro se deja en manos de las policías locales? Qué alguien consuma alguna droga ilícita no repercute en la sociedad tanto como cuando algún miembro de la familia es secuestrado. Supongo que si denuncio a un par de chavos que estén fumando mota en la esquina de mi casa tendrá por epílogo la llegada de una centena de soldados y agentes de la PFP, pero en caso de denunciar el secuestro de mi esposa o hijo, atenderán la emergencia un par de judiciales mal encarados que para iniciar la investigación me extorsionarán exigiendo alguna dádiva por hacer el trabajo para el cual ya les pagamos un sueldo. Maravillosa forma de enfrentar al crimen. Las últimas detenciones de secuestradores, aunque realizadas por la policía federal, siguen siendo competencia de las policías locales.

Iluminemos México por Magú

Iluminemos México por Magú

            Ahora una incongruencia: la marcha que inició en el Ángel de la Independencia y terminó en el zócalo de la Ciudad de México culminó con la entonación del Himno Nacional. Los miles de hombres, mujeres, niños, adolescentes y ancianos que marcharon exigiendo seguridad en el país entonan uno de los himnos más belicosos que existen en el planeta. Bajo los acordes de “mexicanos al grito de guerra” y “más si osare un extraño enemigo” y demás versos apologéticos de la violencia es que pedimos paz. Queremos paz en el país, pero a nuestros estudiantes les enseñamos que nuestra historia esta llena de hechos violentos y sangrientos. Ahora vienen los festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución y vamos a escuchar en todos los balcones del país a nuestros gobernantes gritar desgañitándose acerca de los héroes que con su sangre nos dieron patria. Queremos paz en el país, pero magnificamos los hechos sangrientos de nuestra historia. ¡Vaya paradoja!

            No tenemos el personal adecuado para hacer la chamba. Me refiero al policía de a pie. La mayoría son analfabetas funcionales y provienen de los estratos sociales más débiles académicamente y de menor ingreso económico. Es como construir un castillo con tabique blanco y no con mármol. Darle un rifle de asalto a un individuo que con trabajos terminó la secundaria es igual que dárselo a un criminal. Al igual que los profesores que gradúan analfabetos funcionales, nuestra policía es el resultado de esas deficiencias educativas, y por ende no cumplen con las obligaciones que el puesto demanda ¿Quién en sus cabales quiere ser policía, a menos que tenga en mente utilizar su poder para extorsionar a la ciudadanía?

            Sin dejar de ser solidario con las familias Martí y Vargas, me incomoda que sus casos sean ventilados a diestra y siniestra dado el poder económico y social que ostentan, siendo que existen muchos casos más de personas secuestradas, aunque sin el poder que tienen los mencionados arriba. El dolor de unos padres por la pérdida de un hijo es indescriptible, ya sean ricos o pobres.

            Por último la cuestión toral que me tiene indefenso ante el Estado. ¿Qué sucederá si los responsables de nuestra seguridad no acometen su trabajo con la debida seriedad y honradez? ¿Cómo, un ciudadana de a pie, podrá exigirle al presidente, gobernador o alcalde que no dé el ancho para el puesto que fue elegido y por el cual devenga un sueldo, que deje el puesto? ¿Con qué herramientas legales podemos correr al funcionario que no haga su trabajo? Que yo sepa no tenemos ninguna. ¡Pobre México!

                                                                       derchak54@yahoo.com.mx

¿Acaso somos igual a ellos? Punto # 41 de agosto 14, 2008

14 agosto, 2008

¿Acaso somos igual a ellos?

Luis Recillas Enecoiz

Como secuela de la ola de inseguridad que padecemos a nivel nacional y que la muerte del joven Fernando Martí  la sociedad externó una muy comprensible ira, pero ello no explica el razonamiento social que justifica la aplicación irrestricta de la ley del talión. Consulta Mitofsky publicó los resultados de una encuesta donde 95 por ciento de la población está a favor de aumentar las penas a los criminales; 89 por ciento a hacerse justicia por propia mano y 87 por ciento por la cadena perpetua, (Milenio, 12 agosto, 2008). Es escalofriante la numeralia.

A la primera pregunta sobre endurecer las penas para crímenes de alto impacto, especialistas en estos menesteres alzaron la voz en contra de tal medida, argumentando que no es la aplicación de condenas más largas lo que va a inhibir al crimen, sino la aplicación de las leyes y códigos actuales que permitirán erradicar la impunidad y la corrupción en las agencias policiales de todo nivel. El problema no radica en la cantidad de años de encierro, de por sí pocos para los pocos que son condenados, sino en la impunidad que acompaña al crimen. La probabilidad de que un trasgresor de la ley termine tras las rejas es mínima, por ende delinque. Igual sucede con la aplicación de la cadena perpetua. Se cree, y el discurso presidencial y de todo político políticamente correcto así lo demuestra, que gritar a los cuatro vientos por el endurecimiento de las penas es vendible, al menos para un importante sector poblacional, pero primero hay que encontrar a los malosos (Zedillo dixit), segundo arrestarlos, luego enjuiciarlos, para finalmente condenarlos. Durante este periplo legal las probabilidades de que salgan libres son muy altas.

Silla eléctrica en Sing Sing (Cortesía de la Casa George Eastman)

Silla eléctrica en Sing Sing (Cortesía de la Casa George Eastman)

La segunda me crea incertidumbre acerca de mis vecinos: resulta que nueve de cada diez mexicanos justifica que el hacerse  justicia por propia mano es muy civilizado y ejemplo a seguir por todo conglomerado humano. El linchamiento hecho política social para el solaz esparcimiento de nuestros niños y jóvenes tal y como sucedió en Tlahuac cuando Marcelo Ebrard fue destituido de la SSPDF durante el gobierno de López Obrador. Ya vislumbro a las muchedumbres, educadas al amparo de nuestras telenovelas, que al grito de la verdulera Eufrosina, al ver al par de raterillos robando 20 o 30 pesos de la venta, acaben atados a un poste y apedreados o la esposa despechada, que con hipócrita grito: “la del 8 sedujo a mi marido, es una puta” y con educativo performance vecinal, los niños y las niñas del inmueble serán invitados a tirar piedras a la puta y comprender mediante este eficaz método pedagógico que la mujer es siempre la culpable de las infidelidades, nunca el hombre. ¿Y estos irracionales individuos, dónde dejaron los valores y principios que caracterizan al ser humano? Y no quiero hablar de los valores cristianos o católicos que se supone más de 90 por ciento de mexicanos practican. ¿Dónde quedo el poner la otra mejilla o perdonar? Como sociedad incubamos un Frankenstein social: el alimento más consumido por mis vecinos es la venganza y el odio. Al menos eso me dice la encuesta. Las relaciones humanas y por extensión las sociales se basan en una ética, que a su vez se sustenta en valores y principios aceptados por la mayoría de los miembros de una comunidad para relacionarse entre sí. No se puede relativizar éstos, sin caer en una contradicción: lo que me hizo, justifica que yo le haga lo mismo. Al eliminar la racionalidad en el momento de castigar sería equivalente a aniquilar el humanismo que nos caracteriza y nos permite asombrarnos con un amanecer o enmudecer al escuchar una sinfonía. Yo me niego a pensar como mis vecinos, yo soy un ser humano y no voy a perder la esencia que me hace serlo. Aplicar la pena de muerte o justificar la tortura contra cierto tipo de criminales no nos enaltece como especie, nos condena a ser igual o peor que ellos. La ética se aplica en todos los casos, no sólo en los que nos conviene. Por ello es que en nuestra cultura el proverbio de ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón es tan socorrido. Robar consiste en sustraer sin el consentimiento de su dueño, algún bien suyo; en ningún lado hay matices para el robo. Si le robo a un rico o a un pobre; a un católico o a un judío; a alguien honesto o a un ladrón, es robo y soy un ladrón, no existen atenuantes; debo ser congruente conmigo mismo. Si estoy en contra, y no poseo una doble moral tan característica del ser humano, debo levantar la voz y protestar, y dejar de comprar discos y películas piratas. Ahora bien, porque no aplica la mayoría de la sociedad la misma congruencia. ¿Bajo que hipócrita valor o principio puedo justificar matar a alguien y simultáneamente pedir clemencia para un mexicano que fue ejecutado en Texas la semana pasada?

Se oyen también voces que piden la castración de los violadores y el ojo por ojo, diente por diente de origen bíblico es todos los delitos de alto impacto. Es comprensible que al calor de la situación actual, atizada por una campaña mediática, estemos obnubilados y bastante miopes al analizar lo que ha sucedido. Vayamos por partes, si al violador lo castramos, por qué no le sacamos los ojos al condenado por plagio literario o al ladrón le cortamos las manos; a los políticos que en campaña prometen las perlas de la virgen y ya instalados en el poder no cumplen, les cortamos la lengua. Al microbusero que atropella a un niño, le atropellamos a uno suyo para compensar.

Me preocupa vivir dentro de una sociedad tan irracional y propensa al linchamiento y a justificar la tortura. Me niego a seguir ese estúpido juego de querer matar al inadaptado social o al criminal serial. Nunca me rebajaré al nivel infrahumano de los asesinos, torturadores o secuestradores. ¿Acaso somos igual a ellos?

                                                           derchak54@yahoo.com.mx

¿Hasta cuándo? Punto # 40 de agosto 7, 2008

7 agosto, 2008

¿Hasta cuándo?

Luis Recillas Enecoiz

El secuestro y asesinato en la Ciudad de México del joven Fernando Martí y la masacre en Ciudad Guzmán, Jalisco de la familia Bautista Campos mostró en toda su magnitud la ineficiencia, corrupción, ineptitud, desprecio y deshumanización de las todas las autoridades – federal, estatal y municipal — que deberían brindar seguridad a los ciudadanos de México. La industria del secuestro esta a la alza, mientras la impunidad criminal permea sobre el tejido social y las autoridades, coludidas la mayoría de las veces con los hampones, no son garantía para la sociedad. La percepción de la sociedad y la justa indignación de ésta, es que el Estado fue rebasado por izquierda y derecha por el crimen organizado. La incapacidad de las autoridades para brindar mínimos estándares de seguridad a la población es patética y su desprecio para con los contribuyentes y sociedad en general es palpable por su incompetencia  para salvaguardarla.

Cartón de Rapé del 8 de agosto de 2008 en Milenio (blogpopuliblogdei.wordpress.com)

Cartón de Rapé del 8 de agosto de 2008 en Milenio (blogpopuliblogdei.wordpress.com)

De por sí es atroz la industria del secuestro, que según María Elena Morera, Presidenta de la asociación México unido contra la delincuencia, se ha incrementado hasta en 35% a nivel nacional, pero adicionalmente nos percatamos que la actitud oficial sigue siendo la misma: el jefe de gobierno capitalino nos endilga un “es del más alto interés”  dar con los autores para aplicar todo el peso de la ley; Emilio Gamboa, líder camaral priísta borbota “merecen la pena de muerte”; la comisión permanente “guarda un minuto de silencio”,  pero lo espeluznante del asunto es que nadie está tomando acción alguna para proporcionarnos la seguridad que merecemos. Aunado al dolor que los familiares de los secuestrados padecen, debemos sumar la nula capacidad del estado por brindar seguridad a sus ciudadanos. La razón primaria para la creación del Estado es proporcionar seguridad a la población, tanto en su persona como en sus bienes, sin embargo las autoridades encargadas de dicha responsabilidad en México, no sólo no ejercitan la función para la que fueron creadas, sino que en ambos casos perpetrados la semana pasada, existen evidencias duras de que policías estaban coludidos con los secuestradores y asesinos. La cantaleta del Procurador General de la República Eduardo Medina-Mora de que “estamos ganando la guerra al narcotráfico aunque no lo parezca” es demagogia pura y una falacia para la sociedad, además de ser una “mentada de madre” para la familia Martí. Ahora resulta que es preferible que adolescentes y niños sean secuestrados y asesinados, siempre y cuando en el SEMEFO no encuentren residuos de droga en los cuerpos al hacer la autopsia de ley. ¡Fantástico, no estaban pachecos!

Gastamos millones de pesos y utilizamos miles de efectivos de las fuerzas armadas para evitar que la droga llegue a nuestros hijos, pero no se hace cosa alguna para evitar que policías en funciones … perdón secuestradores potenciales levanten, mediante retenes “pirata”, a esos mismos hijos, que el Presidente Calderón prometió cuidar, y evitar que las drogas los destruyan. Al joven Martí y a la familia Bautista no los destruyó la droga, los asesinaron ni piedad, los masacraron por dinero. Esa es la realidad. El área antisecuestros de la PGJDF aumentó veinte elementos a los setenta existentes para combatir el flagelo del secuestro. ¿Por qué para la guerra contra el narcotráfico utilizamos al ejército, pero para la convivencia pacífica de los ciudadanos la cantidad de elementos es mínima?

El dolor que un padre y una madre sufren por la pérdida de un hijo es inefable y carezco de vocabulario para describir el sentimiento, pero lo que sí sé es que, o el Estado nos empieza a brindar la seguridad por la que pagamos impuestos o dentro de poco tiempo el equilibrio social se desgajará.

Es necesario, para que la opinión pública se inconforme y la sociedad en su conjunto proteste, que sea el hijo de un acaudalado empresario la víctima egregia. De haber sido la víctima un “hijo de vecino” no habría tanta alharaca.  Sabemos que sólo una mínima parte de los secuestros es denunciada a las autoridades, uno de cada cuatro según algunos iniciados.

Salir con la estupidez de que debido al éxito en la lucha contra el narcotráfico, es que las bandas ahora se dediquen al secuestro, es insultante. Resulta ahora que los jóvenes ya no se drogan, que bueno, ahora los secuestran y asesinan; pero ni el joven Martí ni la familia Bautista estaban drogados. El estado mexicano quiere erradicar el consumo de drogas, siendo que el consumo es una decisión personal y a nadie se le obliga a consumir drogas, legales o ilegales, en tanto que el secuestro no es una decisión personal, a menos que sea un auto secuestro.

¿Cuántos jóvenes necesitan ser secuestrados y asesinados para que de verdad se aplique el “estado de derecho”? ¿Cuántos ilícitos nauseabundos y degradantes como los vividos la semana pasada se necesitan contabilizar para que nuestros heroicos cuerpos policiacos comiencen a funcionar y entreguen cuentas a la sociedad? El “carnal” Marcelo salió con la balandronada de crear un ejército de alrededor de 300 mil capitalinos para cuidar que la policía haga su trabajo. ¿No se supone que ellos nos deben cuidar a nosotros? Ahora resulta que yo, ciudadano de a pie, tengo que cuidar que la policía haga su trabajo por el cual le pagan.

Parafraseando a Marcelo Ebrard propongo un inmenso ejército de 100 millones de mexicanos que mande a chingar a su madre a toda esa runfla de vividores y desvergonzados gobernantes que como sociedad hemos parido, ya que lo único que verdaderamente los motiva es seguir royendo el hueso.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx


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