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Egregios demiurgos I. Punto # 158 de enero 27, 2011

27 enero, 2011

Cuatro y media de la madrugada. Uno de mis más fieles acompañantes, el insomnio, hace rato se ha posado al pie de mi cama. Decido emprender un largo camino para encontrar el capítulo de mi biografía donde se jodió mi existencia. No busco la página o capítulo específico donde se desestructuró mi yo, porque ello, por obvias razones, maduró durante largos años para desembocar en lo que soy. ¿Por qué he de culpar a alguien por carecer de los más elementales sentimientos humanos para convivir con mi prójimo y no odiarlo y despreciarlo, sensación, debo admitir que me causa harto placer? En igual magnitud, la imbecilidad e ignorancia de mis congéneres revitaliza mi repulsa hacia ellos. Es como el primer cigarrillo al despertar. Inhalas y el cuerpo entero, tras recibir la fresca bocanada de humo, comienza a reaccionar.

Lo único que quiero saber – como humano, soy curioso – es, ¿qué sucedió para después de tantos años haber devenido en lo que soy? Soy, como en toda novela, un personaje marcado por los eventos y por otros personajes y, conforme avanza la lectura, el lector ubica las escenas determinantes para delinear mi personalidad y relación con los demás personajes. En alguna ocasión, hace muchas lunas, un querido amigo me presentó como “un personaje de novela”. Todo un halago ser considerado como personaje novelesco, más que persona. ¿Quién trasciende en la humanidad con mayor fuerza, el autor o su creación? ¿Cervantes o El Quijote? ¿Benedetti o Avellaneda? ¿Süskind o Jean-Baptiste Grenouille? ¿Melville o Bartleby?

Son tantas las carencias y contadas las virtudes. Porque en algún pasaje del libro, en alguna página de la biografía, algo debió suceder para que termine mis últimos años de vida siendo solamente feliz al escribir. Nunca tuve el valor de hacerlo y ahora ya en el otoño de mi vida encuentro en la escritura un gran aliado para paliar la falta de interlocutores. Tal vez sea mi incapacidad para entenderlos; la inmensa mayoría son demasiado normales y difieren radicalmente de mi interpretación de la vida. Hago una lectura de ella bastante disímil y frecuentemente opuesta a la que ellos hacen de la misma. Aun los mismos eventos que pueden resultar triviales los analizo y archivo de forma harto especial.

Todo ser vivo experimenta cuatro fases o funciones elementales en la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. Todos pasamos por ellas durante nuestra existencia, salvo la tercera que no es obligatoria. Sin embargo algunos lo hacemos de forma sumamente complicada y en ocasiones bastante poco gratificante. De ahí que soy, sea un sobreviviente. Un sobreviviente de mi propia biografía. Un sobreviviente de mí mismo. Hablo de sobrevivir, ya que pocos seres asumimos que debemos convivir con acompañantes poco gratificantes; más bien, enemigos declarados de mi buen juicio, a la par de ser veneno intelectual para mi mente. Durante mi biografía algo marcó al biografiado y escribiendo encontraré la respuesta; mi vida tiene ya muy pocos capítulos que leer, pero mi biografía infinidad de capítulos que tengo que escribir. El final, una vuelta de tuerca, vaticino. La escritura será mi gran compañera en el diálogo constante con mis demiurgos.

¿Para qué sirvo?, me pregunto.  Para nada, me contestó el aciago demiurgo, a través de Emil Cioran. Tengo que afrontar mi realidad: Nunca sembré nada, así que no hay nada que cosechar. Ni familia, ni amigos, ni hijos, ni dinero, ni casa, ni coche, ni trabajo; tan sólo poseo y soy dueño absoluto de mis odios, resentimientos y desprecios. ¡Ah!, poseo también una tenue luz en mi corazón y un par de neuronas en mi cerebro, que como colofón a mi vida, alumbrarán todas esas virtudes que nunca saqué por temor a mí incapacidad de aquilatar adecuadamente mi valía como ser humano y hacerles caso a los nefastos habitantes de mi mundo fantasmal y lúgubre. Aunado a ello la catarsis que me invade al plasmar estas líneas. Escribir sin pensar en el lector, escribir para sacar mis demiurgos, mis demonios, mis miedos…

Demiurgo contemplando su obra (miguelhernandezvirtual.com)

Todos tenemos demonios; para mi han sido amigos entrañables que nunca me han abandonado; no lo hacen porque no pueden. Son yo y yo soy ellos. Sin mi son nada. Yo les doy vida y ellos corresponden de igual forma. Somos aliados vitales. Nuestras existencias dependen uno del otro. Los odio, pero he tenido que aprender a convivir con ellos. Ya sea en América, África o Europa, país donde fijo mi residencia, nunca me abandonan. Son fieles a más no poder. Sin ser políglotas me susurran al oído en idiomas que solamente nosotros entendemos.

Y cómo no voy a ser poco común si tengo como cimientos de mi existencia elementos que a la inmensa mayoría no les dice nada. A diferencia de los mortales comunes que sustentan su vida en tres ejes inamovibles y poco racionales, para mí, yo no le doy valor alguno esos tres pilares: la familia, el país y la religión. Me recuerda a La Falange española: Dios, Patria y Hogar. Fascismo puro, según mi lectura muy personal.

Aquellos fieles seguidores de mis cuitas literarias sabrán que me es imposible concebirme dentro de una familia. Los antecedentes maternos que ya publiqué, junto con algunas aventuras con la familia Recillas Enecoiz – vaya que si tienen su historia – impiden que conforme una familia, sino feliz, al menos propositiva y sin resentimientos y odios. Nunca “mamé” la esencia familiar. Nunca tuve de dónde aprehender lo que es una familia. Siempre fui un paria, o al menos así me hicieron sentir. La percepción es vital para una adecuada lectura del entorno. No le puedes pedir a alguien que se crió con familias extremadamente disfuncionales que sepa cómo formar una familia donde no haya problemas que acarrea uno desde la más tierna infancia y a la postre los que pagan los platos rotos son tus hijos. Preferí no joderle la existencia a una familia, en especial si esa familia iba a ser la mía. Habría sido un infierno para aquellos que tuvieran la mala fortuna de convivir conmigo y mis demiurgos.

El país, ¿qué es y qué significa? Tengo la rara cualidad de no ser considerado de ningún lugar geográfico. Me explico. No importa dónde me encuentre, siempre me preguntan de dónde soy. Aún siendo trilingüe y hablar español, inglés y francés casi a la perfección, siempre ha existido un dejo de acento cuando me expreso verbalmente. Cuando hablo español pronuncio la letra r de forma gutural, por lo que me preguntan mi procedencia. Cuando viví en Francia, por no haber hablado francés en varios años, cuando lo volví a practicar tuve un leve acento español y por lo regular me preguntaban si era yugoslavo. Cuando hablo inglés y estoy en Estados Unidos me preguntan si soy australiano o súbdito inglés; cuando estoy en Gran Bretaña, inquieren que de qué parte de Estados Unidos soy. Y ya no se diga de otras geografías más ajenas a mis orígenes. Así pues, por más que he deseado un terruño, un lugar donde me consideren como autóctono, ni donde nací, Marruecos, ha sucedido. Friedrich Katz, excelso historiador del pasado mexicano, resumió en una frase lo que yo no hubiera podido expresar mejor: “Se estudia lo que se ama.” Y yo siempre he estudiado a México y en especial el cine mudo mexicano.

Por lo que respecta a la religión, me cuesta mucho trabajo entender la necesidad del hombre en adorar seres supra naturales. Entiendo el rol de la fe en la formación del nacionalismo mexicano y la fe de millones de seres que requieren una deidad para paliar sus miserables y humanas vidas, en especial cuando viven en la más absoluta pobreza material e intelectual. En mi caso he sustituido las necesidades teológicas con arte, literatura, música y otras manifestaciones artísticas que muestran la magnificencia del hombre. Escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven; admirar un cuadro de van Gogh; leer cualquier novela de Humberto Eco.

Por ello es que me designo como “un solitario, ateo, apátrida, occidental, con una concepción del mundo judeo-cristiana y estudio al mundo de forma aristotélica-tomista, en otras palabras, sigo el método científico.”

¡Extra! ¡Extra! Según un mail que circuló en días pasados, “Tardó más el gobernador Enrique Peña Nieto en presumir ante el presidente Felipe Calderón el ‘clima de paz y tranquilidad que se vive en el Estado de México’, que en obtener respuesta de los seguidores de redes sociales como Twitter, en donde, con toda clase de comentarios, los usuarios consideraron su declaración como ‘la más desafortunada’ de este viernes.”

Religión y ciencia

6 agosto, 2009

 

RELIGIÓN Y CIENCIA

Luis Recillas Enecoiz

De todas las contiendas espirituales, la más antigua, vasta, profunda e importante es la sostenida entre la religión y la ciencia.

Herbert Spencer 

 

¿Existe en verdad una contradicción insuperable entre religión y ciencia? ¿Puede la ciencia suplantar a la religión? A lo largo de los siglos, las respuestas a estas preguntas han dado lugar a considerables polémicas y, más aún, a luchas denodadas. Sin embargo, no me cabe duda alguna de que una consideración desapasionada de ambas cuestiones sólo puede llevamos a una respuesta negativa. Lo que complica la cuestión es, sin embargo, el hecho de que mientras la mayoría coincide fácilmente en lo que se entiende por «ciencia», suele diferir en el significado de «religión».

Respecto a la ciencia, podemos muy bien definirla para nuestros propósitos como “la ciencia es un intento para descubrir (producir o reproducir), por medio de la observación y el razonamiento basado en la observación, los hechos particulares acerca del mundo que conectan los hechos entre si, y que hace posible predecir los acaeceres futuros” (Russell: 1984). La ciencia produce de modo inmediato conocimiento y de modo indirecto medios de acción. Lleva a la acción metódica si previamente se establecen objetivos definidos. Pero la función de establecer objetivos y de definir juicios de valor trasciende sus funciones. Si bien es cierto que la ciencia, en la medida en que capta conexiones causales, puede llegar a conclusiones importantes sobre la compatibilidad o incompatibilidad de objetivos y valoraciones, las definiciones independientes y fundamentales respecto a objetivos y valores quedan fuera de su alcance.

En el análisis de la ciencia, Malinowski trata de demostrar que los integrantes de las sociedades primitivas tienen un tipo de conducta separada de la magia y basada en el conocimiento científico y en el uso de la lógica, con unas leyes tradicionales conocidas por la comunidad y puestas a menudo a prueba, en contra de aquellos que consideran a la mente primitiva como prelógica e incapaz de distinguir causa de efecto o sustancia de atributo. Así, el éxito de la agricultura, la pesca, la ganadería o el comercio se debe a la combinación del conocimiento de las condiciones naturales necesarias para llevar a buen fin un trabajo adecuado, serio y apoyado en unos métodos. Esto nos lleva a poder afirmar que en la cultura primitiva existe un conocimiento que, aunque rudimentario, puede ser considerado como científico (Malinowski: 1998).

 En lo que respecta a la religión, por otra parte, suele haber acuerdo general de que su campo abarca objetivos y valoraciones y, en general, la base emotiva del pensamiento y las acciones de los seres humanos, en la medida en que no estén predeterminados por la inalterable estructura hereditaria de la especie. La religión aborda la actitud del hombre hacia la naturaleza en su conjunto, estableciendo ideales para la vida individual y comunitaria, y para las mutuas relaciones humanas. Y la religión intenta alcanzar esos ideales ejerciendo una influencia educadora en la tradición por la elaboración y difusión de determinados pensamientos y narraciones fácilmente accesibles (epopeyas y mitos) capaces de influir en la valoración y la acción dentro del marco de los ideales afectados.

Es este contenido mítico, o más bien simbólico, de las tradiciones religiosas el que suele chocar con la ciencia. Ocurre esto siempre que este conjunto de ideas religiosas contiene afirmaciones dogmáticamente establecidas sobre ternas que pertenecen al campo de la ciencia. Es de vital importancia, en consecuencia, para preservar la verdadera religión, que se eviten tales conflictos cuando surjan en temas que, en realidad, no son esenciales para la consecución de los objetivos religiosos.

 En el siglo XVII cuando la ciencia empieza a desarrollarse, muchos científicos (Kepler, Bacon y Newton entre otros) creían que el progreso científico apoyaría el sentimiento religioso del ser humano: efectivamente el conocimiento del Universo ensalza la obra de su creador y por lo tanto el progreso de la ciencia acerca a la humanidad hacia Dios. Newton, por ejemplo estaba convencido que profundizando en la ciencia se conseguía entender mejor a Dios, es decir, no veía conflicto entre la Revelación y la Naturaleza.

 Sin embargo, en la actualidad a ojos de una gran parte de la población este progreso ha jugado un papel esencial en el olvido creciente de la religión, e incluso algunos científicos señalan también que religión y ciencia son completamente incompatibles e incluso hay quien considera a la religión el enemigo de la ciencia. Evidentemente no existen pruebas de esta aseveración. Probablemente este declive de la religión no sea un problema eminentemente científico sino que responde a diferentes factores entre los que los cambios tecnológicos, económicos, sociales y políticos tienen también un papel importante.

 Ciertos grupos religiosos han sido especialmente críticos con la ciencia e incluso han impedido su avance. Son conocidas las posturas de la Iglesia Católica Romana frente a científicos de la talla de Galileo, Darwin e incluso más recientemente Teillhard de Chardin.

 La religión proporciona tradicionalmente a la humanidad unas comunidades con valores sociales, éticos y morales, como aspectos de la experiencia humana que la ciencia no puede ni debe ofrecer, por lo tanto en un principio religión y ciencia coexisten y han de ser complementarios para el bien de la humanidad; sin embargo esta coexistencia y complementariedad han sido utilizadas por los científicos para tender un puente ente religión y ciencia y hacer una interpretación religiosa de ésta última y en definitiva para integrar una con otra. Todos estos intentos no han conseguido solucionar los tópicos más importantes de la frontera entre religión y ciencia, como por ejemplo en el mundo médico la forma en que las diferentes religiones tratan temas como la clonación, la terapia génica, e incluso la eutanasia o la buena muerte. 

La gente común permanece en su mayoría inconsciente de las teorías y pruebas científicas actuales, y sólo a medias consciente de las justificaciones religiosas de las respuestas a estas cuestiones. La división sigue; el ataque de ambos lados contra la muralla prosigue casi sin espectadores, mientras que de hecho ellos son el almohadón, el amortiguador. Apenas se sienten presionados para cambiar de ideas. La religión significa para la mayoría de ellos simple ritual sin información, y sólo ecos de los argumentos de sus santos líderes les llegan, en un lenguaje que no entienden y que los hace pensar en “cambiar el canal”. La ciencia tiene aún menos alcance, a causa del lenguaje y del tratamiento que generalmente se da a la ciencia en los medios (usualmente una mezcla de sensacionalismo, citas fuera de contexto y malas interpretaciones, salpicadas de comentarios de gente que no sabe nada del tema, incluyendo líderes religiosos). Por lo tanto, la gente queda en el medio, y no les importa.

 Por supuesto que hay mucha gente que realmente sí tiene una posición fuerte de un lado u otro. Muchos están familiarizados con la ciencia, los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos, y pueden ver cuándo algo está siendo exagerado o subestimado. Muchos otros están verdaderamente interesados en su religión, y no encajan en el tipo ritualista; prestan atención durante las discusiones de temas importantes, y frecuentemente opinan. Todos tenemos una opinión; y esta opinión puede ser personal y sin base (aun la de los no religiosos). Pero los no religiosos generalmente no tienen poder para presionar en los medios o en el Congreso; y la opinión personal de los creyentes no cuenta, a menos que refleje la actual interpretación del dogma, en cuyo caso los líderes religiosos los usan como soporte.

 Lo peor de todo esto es que la mayoría de los grupos religiosos parecen interesados no sólo en imponer sus puntos de vista sobre los creyentes reconocidos, sino también sobre el resto de la población. A nadie se le da oportunidad de pensar distinto. A la gente-amortiguador, a los creyentes ritualistas y nominales (es decir, los que pertenecen a la religión únicamente porque fueron criados dentro de ella) no se les ofrece elección ni pruebas. La religión no las tiene, y los grupos antirreligiosos militantes son demasiado bruscos para un público general con un sustrato mayoritariamente supersticioso y religioso.

 Neurocientíficos, como Eugene D’Aquilli y Andrew Newberg, analizando cerebros de monjes con imágenes de resonancia magnética, han llegado a la conclusión de que existe un sistema neurológico cuya función es provocar las creencias religiosas en los seres humanos. Nadie ha podido explicar científicamente, sin embargo, cómo es que ha aparecido la religión en las sociedades humanas y por qué razón está presente en todas las culturas desde los primeros momentos de nuestra especie. Las religiones han aprovechado estas dudas de la ciencia para ofrecer respuestas basadas en los más antiguos sistemas de creencias, a las cuestiones que la ciencia ha renunciado a considerar. Bertrand Russel lo reconocía con esta frase: La actitud religiosa moderna prospera gracias a las confusiones del intelecto.

El integrismo religioso forma parte de esta reacción religiosa, que ha sido denominada por Gilles Kepel como “La revancha de Dios” título de uno de sus libros. Este integrismo religioso lo encontramos en algunas de las formas del terrorismo actual, así como en las cruzadas para imponer obligatoriamente la oración en las escuelas de Estados Unidos, donde la mitad de la población no cree en la evolución

 Las inteligencias perspicaces, que no los pueblos, percibieron primero la falsedad de la magia, y después la idéntica falsedad de las religiones. Se perdió, pues, fe en la magia cuando la mayoría comprendió que no manejaba a placer las fuerzas de la naturaleza que decía dominar, como se está perdiendo la fe en la religión en Europa, a partir del siglo XVIII, cuando el Estado dejó de ser Iglesia, y ambos de imponer teocracias sagradas. Recuerden que magia y religión han tenido éxito cuando se las creía causas de que soplasen los vientos, relampaguearan los rayos, o retumbaran los truenos; las que habían construido nuestro planeta, y todo el universo; las que alimentaban a hombres, animales y aves; las que fertilizaban el suelo, hacían surgir las selvas, brotar manantiales, infundir vida mediante soplos en las narices de un muñeco de barro, o evitar hambres, pestilencias y guerras.

 Religión y magia han sido siempre sumisión humana a divinidades o conjuros inventados por el hombre, siendo estos inventores sacerdotes o magos. Y ambas se han desprestigiado cuando algunos hombres pensantes descubrieron sus falacias, y la mayoría de los pueblos pasaron de creyentes a críticos, con peligro de muerte para los pensadores, pues en realidad los crédulos pueblos han sido siempre más fanáticos, y numerosos, que las Iglesias y sectas mágicas. Recuerden que incluso los esenios, coinventores del cristianismo, creían ayudar al sol a que saliese con sus oraciones, igual que muchos coetáneos, y posteriores, creían que el sol salía cuando ellos encendían una vela; o que surgía la primavera cuando se vestían de verde.

Una simplificación infantil

Una simplificación infantil

Para finalizar quiero referirlos al debate entre el cardenal alemán Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, el guardián de la fe y uno de los teólogos más importantes dentro de la Iglesia Católica, con uno de los más grandes filósofos seculares de nuestro tiempo, sino es que el más grande, el también alemán Jürgen Habermas que se dio hace un poco más de un año en Baviera, Alemania. A propósito, este episodio es una nueva versión del diálogo que mantuvo en el Siglo de las Luces otro papa, Benedicto XIV, con el filósofo más célebre de su época, el francés Voltaire.

La distancia resulta en apariencia abismal si decimos que Habermas se considera un “ateo metódico” que piensa que el cristianismo y en general la religión no puede ser el fundamento último de la libertad, conciencia, derechos humanos y democracia, elementos fundacionales de la civilización occidental moderna. Además, Habermas ha mostrado su más decidido apoyo a la ratificación de la Constitución Europea y ha expresado en múltiples ocasiones firmes posturas a favor de la libertad de elección en temas relacionados con la manipulación genética, al respecto afirma, por ejemplo, que “los hombres deben decidir”. Por su parte, Ratzinger siempre ha manifestado un total rechazo a estos temas, en especial a la conformación de una Unión Europea no cristiana.

  

Bibliografía y fuentes:

Kepel, Gilles, La Revanche de Dieu: Chrétiens, juifs et musulmans à la reconquête du monde, Paris, Seuil

Malinowski, Bronislaw, Magia, Ciencia y Religión, Planeta-Agostini, Barcelona, 1998

Russel, Bertrand, Religión y ciencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1984

http://www.angelfire.com/ego/pdf/sp/lp/ciencia-y-religion.html

http://www.nouvelobs.com/articles/p2094_95/hebdo.html

http://www.kath-akademie-bayern.de/

Religión y legalidad Punto # 45 de septiembre 11, 2008

11 septiembre, 2008

Religión y legalidad

Luis Recillas Enecoiz

A raíz de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminó a favor de la constitucionalidad, en el caso del Distrito Federal, de la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas de gestación, se ha iniciado un sistemático ataque a las instituciones republicanas del país por parte de la Iglesia Católica y grupos conservadores avalados por el gobierno federal, al no poner un alto a los vociferantes corifeos “yunquistas”. Cuidado con que alguien critique la organización eclesiástica católica o a sus miembros, pues se escudan en lo sagrado y divino de su labor, pero ellos no se detienen en insultar a cuanto mortal no concuerde con sus dictámenes. De asesinos, violadores de las leyes divinas, libertinos, antinaturales y un largo etcétera hemos sido adjetivados todos los que estamos a favor de que la mujer decida sobre su cuerpo.

Según los impolutos líderes eclesiásticos, donde sobresale por méritos propios Onésimo Cepeda, quien por cierto prefirió jugar golf que aburrirse en el faraónico día de Enrique Peña Nieto, vaticinó que México se convertirá en “un pueblo de asesinos” (Milenio, 8 septiembre 2008). Resulta ahora que aquellas mujeres y hombres que no comulgan con las ideas del cardenal somos unos asesinos. Supongo que los asesinatos cometidos por gobiernos dictatoriales con el aval de la iglesia católica, Argentina y Chile, son considerados daño colateral o algún nuevo eufemismo. Si invirtieran la décima parte en tiempo y dinero que dilapidan para evitar la legalización del aborto, lo aplicaran para sacar a los niños de la calle de esa realidad abominable, ya nacidos y bien vivos, no tendríamos ese lastre social. Y para su información, señores del CEM los más de cinco millones de desayunos escolares para evitar la desnutrición infantil son distribuidos por los tres niveles de gobierno. Es de todo mundo conocido que la Iglesia Católica se ha enfocado a la educación de las élites, social y económica.

Dios es muy grande para caber en una sóla religión

Dios es muy grande para caber en una sóla religión

Otra joya declarativa proviene del papable Norberto Rivera quien en su homilía del pasado domingo exteriorizó que “nunca será suficiente la insistencia que debemos hacer para respetar la libertad de conciencia … pero eso no quita nuestra responsabilidad de proclamar la verdad y de invitar con insistencia al bien obrar” (Milenio, 8 septiembre 2008). Para empezar, me causa extrañeza que el concepto universalmente aceptado de libertad de conciencia, y a nivel individual objetor de conciencia, sólo lo aplica el prelado en beneficio propio y no respete al objetor de conciencia adverso a sus principios. Resulta ahora que los objetores de conciencia de otras esferas conceptuales de la vida, como Católicas por el derecho a decidir, creyentes de otras religiones, agnósticos o ateos no existimos. Remata don Norberto con inocular a todo ser humano contra cualquier otra verdad que no sea la suya. En pleno siglo XXI don Norberto se ha atribuido el monopolio de la verdad. Cualquier otra visión o concepto humano divergente al católico es mentira, según sus dogmas. Sigue la franquicia vaticana en México creyendo que con excomuniones logrará evitar su debacle. Ya a mediados del siglo XIX mostró su talante al pretender excomulgar a todo aquél diputado que osara firmar la Constitución de 1857. (Daniel Cosío Villegas, La Constitución de 1857 y sus críticos)

Es inaceptable que una institución con tanto arraigo en el pueblo mexicano promueva cínicamente desechar las decisiones que el máximo tribunal del país tomó. Como no les gusta la decisión descalifican a los ministros de la corte. Argumentan que las leyes humanas están supeditadas a las leyes divinas y sagradas. Pues si ese es el problema dejen que aquellas mujeres que decidan interrumpir su embarazo y hombres que las ayuden sean juzgados en el tribunal de Dios y no aquí. ¿Por qué están tan preocupados por los humanos que violamos las leyes sagradas? Al final de nuestras vidas tendremos que enfrentarnos al máximo juez, según ellos, para dar cuenta de nuestras vidas. Si somos condenados por cometer esa falta, que en nuestra legislación no esta condenada, ¿por qué la iglesia y los conservadores se rasgan las vestiduras? Mujeres y hombres que opten por interrumpir, las primeras, su embarazo, y ayuden, los segundos, a lograrlo, seremos, según las leyes divinas condenados. No entiendo la fijación de estos grupos en evitar la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas si, de acuerdo a sus propios dogmas, los que hagamos uso de este derecho seremos quemados en el infierno. Ya tendremos toda una eternidad para reconsiderar nuestro terrible equivocación, siempre y cuando exista el susodicho tribunal divino. ¿Por qué no se preocupan el ala conservadora y “yunquista” por los miles de curas que abusan de menores de edad, vivos de entre siete y catorce años de edad que en la mayoría de los casos han tenido que continuar sus vidas con huellas imborrables que los marcaron, pero como no estaban en el vientre de sus madres, recibieron nula ayuda de parte suya? Con que le inviertan un porcentaje muy pequeño de tiempo y dinero, estoy seguro que se podría, sino erradicar, sí evitar en lo más posible. No sean hipócritas, preocúpense por los que ya viven, pero en situación de franca miseria y nulo futuro. Yo estoy de acuerdo con la vida, pero con la vida digna y que tenga un futuro. Ya bájenle a su cantaleta de que la vida de los pobres y miserable llena de carencias es el camino para llegar a Dios.

                                                           derchak54@yahoo.com.mx

Aborto, sexualidad y nudismo Punto # 43 de agosto 28, 2008

28 agosto, 2008

Aborto, sexualidad y nudismo

Luis Recillas Enecoiz

            Resulta interesante que nuestra conservadora sociedad, liderada por políticos cuya ideología pareciera más adecuada al siglo XIX que al actual, se asuste del cuerpo humano y considere pernicioso toda aquella conducta que no sea avalada por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) o por los gobernantes emanados del inexistente, según sus miembros, ultraderechista Yunque.

            Esta semana comienzan los debates en la Suprema Corte de Justicia del país en torno a la constitucionalidad referente a la despenalización del aborto durante las primeras doce semanas de gestación que actualmente se practica en el Distrito Federal. Los argumentos que se conocen a la fecha, y que son favorables a revertir la constitucionalidad de la ley, provienen del ministro Salvador Aguirre Anguiano, quien defiende la vida desde la concepción sin que exista sustento científico alguno para considerarlo así. Mediante una intensa campaña de desinformación, las huestes retrógradas y machistas – Provida, la Iglesia Católica, la Unión Nacional de Padres de Familia, el PAN – manejan un discurso engañoso a más. Según estas ilustres y muy católicas instituciones, cuyo lema es en México decimos sí a la vida, olvidan lo esencial de la democracia, la pluralidad, y en México, como en cualquier nación del mundo, existen diversas visiones acerca de la vida y la muerte, por lo que se debe respetar la conciencia de los que no son católicos o aquellos que no creen en entes supranaturales. Yo tengo el derecho a no creer en dioses. ¿Acaso los que promovieron la ley, la Asamblea Legislativa del D.F. y las miles de mujeres que se han practicado un aborto no son mexicanos? Supongo que vienen de Marte o son extranjeros con ideas exóticas. Nadie promueve que la interrupción del embarazo sea practicado por mujeres cuyos principios vayan en contra de dicha medida, lo que está en juego es la pluralidad de visiones que proliferan en el país. ¿Por qué tenemos todos que vivir de acuerdo a los preceptos cristianos, aun siendo agnósticos o ateos? ¿No se supone que en un país plural todas las ideologías y valores deben ser equitativamente considerados y respetados? En una inserción pagada y aparecida en varios diarios de circulación nacional el pasado lunes y firmada por alrededor de 180 organizaciones, en su mayoría católicas, se lee lo siguiente en uno de sus puntos: Ratificamos nuestra firme convicción de que la vida inicia desde el momento de la concepción y termina con la muerte natural, no inducida. Ahora resulta que sin sustentar su dicho con evidencias científicas estos grupúsculos, característicos del período anterior a la Reforma, tienen convicciones que esperan que todos compartamos, sin considerar que existen múltiples valores y principios sobre la vida y la muerte. Es preocupante que de las organizaciones firmantes del desplegado, sólo existan once organizaciones cuyo firmante es una mujer, el resto, cerca de 170, tienen a un hombre como responsable. Supongo que las mujeres adherentes a estas organizaciones requieren de hombres para defender sus derechos. El aborto es decisión de la mujer por lo que es patético que en un asunto donde la figura femenina debería ser centro de atención, las organizaciones firmantes estén lideradas por hombres. ¿Acaso las mujeres pertenecientes a estas organizaciones no tienen voz en las decisiones que atañen a su sexualidad? ¿Por qué no toman las riendas ellas y no las delegan en sus pares masculinos; o será, y esto sería catastrófico, que los líderes masculinos impiden a las mujeres tomar el liderazgo? Al igual que sucede con la despenalización para el consumo de drogas, donde la miopía gubernamental no quiere verlo como un problema de oferta y demanda, de mercado pues, el aborto no sea considerado como un problema de salud pública y sí de moral y teología. Dejemos que cada ser humano decida sobre su cuerpo, en particular si es mujer.

Fotografía de Spencer Tunick tomada en el zócalo de la ciudad de México

Fotografía de la sesión con Spencer Tunick en el zócalo de la ciudad de México

            En la Secretaría de Educación Pública que encabeza Josefina Vázquez Mota, pero que en realidad es propiedad de Elba Esther Gordillo, se impidió la distribución del libro de sexualidad Tu futuro en libertad. Por una sexualidad y salud reproductiva con responsabilidad editado por el gobierno del la Ciudad de México, bajo el pueril argumento de que no podía ser distribuido en las escuelas públicas dependientes de la SEP por no haber sido evaluado por las autoridades competentes, a la par que, al tener al Ángel de la Independencia en la portada y una misiva del Jefe de Gobierno capitalino, contenía propaganda política. Se unió a la diatriba contra el libro de marras la muy decente y honorable Unión Nacional de Padres de Familia, que como apéndice del desaparecido Santo Oficio, predica conceptos morales decimonónicos. Afortunadamente la UNAM decidió utilizarlo en sus cinco planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades y pidió 60 mil para su distribución al considerar que el material es pertinente. Según Rito Terán Olguín, Director General de los CCH, el hecho de que aparezcan referencias al gobierno capitalino no descalifica el contenido, pues “[s]omos cuidadosos y serios en cuanto a este tipo de materiales y lo que nos importa es el contenido, la rigurosidad en el tratamiento de los contenidos, no tanto en las formas. Nos tiene sin cuidado que aparezca el logo del Ángel de la Independencia o el nombre de algún funcionario. Partimos de los sustancial que es el contenido adecuado, necesario y útil, eso es lo prioritario” (Reforma, 25/VIII/08). Supongo que ahora la SEP va a descalificar a la UNAM, pero antes de hacerlo, recuerden que el sistema federal de educación esta reprobado, tanto alumnos como maestros, mientras que la UNAM está catalogada entre las mejores universidades a nivel mundial.

            Por último, una noticia que de no tener antecedentes preocupantes, nos motivaría a la risa. Resulta que en tierras de Vicente Fox, León, Guanajuato, se clausuró un campo nudista y de acuerdo a su dueño, Ramón Martínez, “León es muy mocho y de doble moral. La sociedad debe tomarlo con madurez; tarde o temprano esta va a llegar a León, porque ya está en todo el mundo” (Milenio Diario, 25/VIII/08). Agradezcamos a las autoridades municipales y al ilustre gobernador Oliva que sigan los dictados del arzobispado respecto a la vestimenta femenina y las violaciones y ataques sexuales contra mujeres sean historia a partir de ahora en este bastión de la ultraderecha trasnochada y mocha.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

Educación religiosa Punto # 4 de octubre 7, 2007

7 octubre, 2007

Educación religiosa

Luis Recillas Enecoiz

            Varios eventos que tienen que ver con la Iglesia Católica se mezclaron en las últimas semanas. El quinceavo aniversario del reinicio de relaciones diplomáticas con El Vaticano, la ya vieja demanda de educación religiosa en las escuelas y los tiempos judiciales del juicio que por solapar pederastas se le sigue a Norberto Rivera. Pero hoy, la CEM (Conferencia Episcopal Mexicana) adereza sus demandas con la consabida “libertad religiosa” que implica la ya mencionada educación religiosa, la propiedad y uso de medios masivos de comunicación y ser electos a puestos de elección popular entre otras cosas. A todo esto debemos agregar ahora el protagonismo del purpurado capitalino, quien temeroso de ser agredido y hasta baleado, ha exigido, pues no pedido, seguridad para su persona, la cual en boca del inefable portavoz del arzobispado, Hugo Valdemar, fue malinterpretado por la fuente y lo que realmente quiso decir fue que la seguridad era para la catedral y los feligreses que domingo a domingo asisten a misa. Es cierto que en las democracias avanzadas, la nuestra esta en gestación, las limitantes al clero no son similares a las impuestas en México, también es cierto que la Iglesia Católica mexicana no se ha preciado de ser muy patriota y más parece la enemiga a vencer, al menos durante nuestra vida independiente. Pero más allá de estos aspectos que han salido a la luz pública en los últimos meses, quiero hacer alto en un aspecto del debate: la educación.

Cartucatura tomada de Michoacano.com.mx

Cartucatura tomada de Michoacano.com.mx

            Lo que sobre educación religiosa externaron Luis González de Alba en su columna “La Calle” del pasado lunes 15 en Milenio edición nacional donde argumenta contra la educación religiosa en las aulas, pero bajo unas premisas bastante originales y dignos de polémica y por otro lado, el mismo día, pero en la edición del Estado de México del mismo rotativo, en un artículo firmado por Mónica Ramírez,  el vicario de la diócesis de Toluca, Guillermo Fernández Orozco, insulta nuestra inteligencia con un comercial digno de universidad privada y católica.

            Transcribo a Luis González de Alba: “Toda educación religiosa en la infancia es un abuso. Nada, ni la  participación en redes de pornografía infantil, produce más severos y permanentes daños que aterrar a los niños con imágenes de un Ser que exige sufrimientos y sacrificios, condena  a la humanidad a padecer en esta vida y más en la eterna por el pecado de desobediencia más bobo imaginable…” y, para terminar, el último párrafo del artículo publicado el pasado lunes, “…Por eso las diversas iglesias nos quieren imponer la educación religiosa desde los primeros grados: saben que después, cuando la persona ya piensa, es demasiado tarde: la clientela no llega”. Demos la voz al vicario de  Toluca: “…no se trata de imponer la religión, sino la cuestión de los valores y de los principios humanistas, y así como hay instituciones públicas de muy buen nivel también hay escuelas privadas que son patito” o “hay incluso gente que no profesa la misma fe y se tiene que ser respetuoso en ese sentido, pero hay una serie de valores que sí se enseñan, sin olvidar los valores patrióticos y académicos”.

            Que yo sepa las instituciones educativas de donde egresan las mentes más privilegiadas del planeta: Politécnico de Zurich, Cal Tech, Oxford, The London School of Economics, Cambrigde, Harvard, El Colegio de México y un largo etcétera no incluyen en sus programas aspectos teológicos o religiosos para capacitar y preparar a sus alumnos, los cuales en su mayoría se integrará a labores y roles de liderazgo. Considerar la educación religiosa católica como requisito para convertirse en ciudadano de bien deja ver el nulo respeto y total desconocimiento que tiene el vicario de la educación en ámbitos que no sean los religiosos o conventuales.

            ¿Qué más atroz que atormentar la mente de un niño con fuegos eternos? Coartar la libertad de la niñez mediante argucias de fe me parece abominable. ¿Qué defensa intelectual tiene un niño para contrarrestar los mitos y leyendas católicos o en su caso los de cualquiera religión? Para enseñar valores no se requiere una religión. La religión no garantiza crear sociedades con valores: ahí esta nuestro país donde la corrupción y la tranza son moneda corriente en la vida cotidiana y donde la religión católica es mayoría. “Muy católicos pero bien tranzas”, diría algún Pito Pérez del siglo XXI. La enseñanza que Max Weber proponía en su Ética protestante es mucho más formativa que cualquier decálogo religioso porque, en el fondo, es una ética del trabajo. Suponer que la educación religiosa es garantía de rectitud humana es un despropósito que no conduce a nada positivo, pues en el fondo, descalifica todo aquel conocimiento que no tenga origen divino. Más que rezar, asustar con mitos o limitar la vida sexual de sus devotos, que es lo que en el fondo busca la educación religiosa, sobre todo la Católica, se requiere instruir a las nuevas generaciones el conocimiento científico: matemáticas, física, biología y química y no el Génesis, Deuteronomio o el Cantar de los cantares.

derchak54@yahoo.com.mx

El derecho a no creer

24 agosto, 2007

El derecho a no creer

Luis Recillas Enecoiz

            Y ahora resulta que los jerarcas de la iglesia mayoritaria en el país y que se ostentan como corresponsales exclusivos de Dios en la tierra amén de las políticas mundanas del Vaticano, quieren que México retroceda al status quo previo a la guerra de Reforma. Entre las limitaciones que cacarean los ministros de culto a través de todos los medios de comunicación (escritos y electrónicos), y que están plasmadas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, están la restricción a la libertad de expresión y reunión, que no se les reconozcan sus derechos políticos, que les prohíban  poseer o administrar medios masivos de comunicación, que la educación pública rechace la educación religiosa y finalmente la controvertida objeción de conciencia.

            En su edición de esta semana, Desde la Fe, órgano informativo de la Arquidiócesis de México, publicó unas declaraciones del Cardenal Norberto Rivera Carrera sobre las limitaciones que la Constitución establece para los religiosos. Retomo un par de respuestas del prelado para comentarlas. A la pregunta de si consideraba necesario modificar o ampliar el concepto de libertad religiosa plasmado en la legislación actual mexicana respondió: “Es una necesidad imprescindible si queremos que México vaya creciendo y madurando en su itinerario democrático. Lo propio de una democracia es la participación de todas las personas y las instituciones en la toma de decisiones y en la forma como se quiere que camine la sociedad.” Estoy totalmente de acuerdo con don Norberto. En una democracia todas las personas y las instituciones deben participar en la toma de decisiones, por ende los ateos tenemos todo el derecho de opinar, pero lo primordial es que también tenemos el derecho a no creer. Y si no creo, no tengo porque seguir los lineamientos que los líderes religiosos quieren imponer a toda la sociedad. Así como un católico debe respetar y ser fiel seguidor de los preceptos que inculca su religión, un ateo no tiene porque vivir de acuerdo a ellos. Ambos, el creyente y el ateo, deben atenerse a la ley, que no hace distingos entre credos.

Autobus ateo

¿Autobus ateo?

            A la pregunta ¿qué opinión tiene del artículo 29 fracción X que se refiere a la infracción porque los Ministros de Culto manifiesten su oposición a las leyes del país o a sus instituciones en reuniones públicas?, el purpurado respondió: “…Cuando una ley es intrínsecamente injusta todo ciudadano tiene derecho a oponerse a ella. Aquí cabe también la figura de la objeción de conciencia. Se trata, en la objeción de conciencia, de una defensa del individuo ante el poder estatal y su abuso que menoscabarían a la persona respecto de sus convicciones morales o religiosas…” Es tan singular la concepción que el clero tiene de la objeción de conciencia, pues la utilizan para confrontar al estado y sus leyes más no la entienden de forma opuesta. Acaso no tengo el derecho de objetar la mitología cristiana. ¿Acaso no tengo el derecho a objetar el concepto del soplo divino, a desdeñar a la pareja conformada por Adán y Eva en aras de la teoría darwiniana de la evolución? ¿Qué, no existen objetores de conciencia fuera del gremio católico? La objeción de conciencia no es monopolio del catolicismo. Una mujer que aborta en la Ciudad de México no comete delito alguno, aunque para la iglesia esté en pecado mortal. No confundamos pecado con delito. Don Norberto pidió a los médicos, adscritos a hospitales dependientes del gobierno del Distrito Federal, a ejercer su derecho a la objeción de conciencia, y negarse a interrumpir embarazos en aquella mujer que, ejerciendo un derecho que la ley le da, desgraciadamente, tiene que recurrir al aborto. Esa mujer no tiene el mismo derecho que el cardenal otorga al médico, el de la objeción de conciencia. Esa mujer no tiene, para el cardenal, el derecho a objetar conscientemente dogmas y ritos que carecen del más mínimo sustento científico, en tanto, el médico sí tiene todo el derecho a ejercer la objeción de conciencia defendiendo creencias particulares de una religión. El mismo respeto que exige la Iglesia Católica a sus creencias, exigimos los ateos a las nuestras, por más que éstas sean opuestas a las de la puta de Babilonia, nombre que acuñaron los albigenses para referirse a la Iglesia con sede en Roma y que ahora Fernando Vallejo retoma al titular así su último libro.

            Fomentar el conocimiento sobre las religiones es muy diferente a enseñar religión. ¿Por qué no tenemos dentro de los programas educativos del sistema público materias sobre religión? Pero sobre todas, las extintas y las que gozan de cabal salud, sobre todo financiera. Sería muy gratificante que nuestros jóvenes leyeran los tres tomos de Historia de las creencias y las ideas religiosas de Mircea Eliade de editorial Paidós (hay una versión abreviada a un volumen en editorial ERA) o El hecho religioso de Jean Delumeau en Siglo XXI.

            Respecto a que los religiosos ostenten derechos políticos y puedan ser votados, dudo mucho que el pueblo mexicano elija a algún cura para presidente municipal. El pueblo mexicano no es religioso, es ritualista. Respecto a poseer y administrar medios de comunicación, a menos que los curas se arremanguen las sotanas y jueguen futbol como brasileños, o que las monjas las vistan o desvistan como en las telenovelas, está bastante difícil que el rating los favorezca. Traer a Benito XVI al Azteca ya no garantiza tampoco los llenos que en tiempos del “boom mediático celestial” lograba su antecesor.

derchak54@yahoo.com.mx


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