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Nuestra paupérrima educación. Punto # 243 de octubre 18, 2012

19 octubre, 2012

La educación en este país está envuelta en mucha hipocresía y poca ética. Educar implica trasmitir los conocimientos necesarios para llevar a cabo una tarea, sea esta comprensión de lectura, manejo de una adecuada sintaxis, capacidad de propiciar un razonamiento abstracto, pero sobre todo formar entes críticos y racionales que a la postre logren los cambios requeridos por el país para un mejor desarrollo de sus habitantes. En otras palabras la educación debe ser un catalizador social y cultural y no, como la que recreamos, configuración de actitudes y formas sociales anquilosadas, desfasadas y contrarias a la realidad en la que se encuentran nuestros adalides políticos la quieren imbuir.

Por desgracia los encargados de esta tarea carecen de los instrumentos para desarrollarla. Y cuando hablo de instrumentos, considero la infraestructura educativa así como las carencias técnicas que tienen nuestros “maistros” (me niego a llamarlos maestros. Un maestro es aquel individuo que después de su licenciatura estudia de dos a tres años más a nivel de posgrado en una universidad). Nivel educativo que, salvo contados de ellos, logran alcanzar, pero más que nada influir con esos conocimientos en el conglomerado estudiantil nacional.

La mayoría de los egresados de las normales es analfabeto funcional.  De ser el magisterio un gremio pensante y estudioso, la industria editorial mexicana estaría boyante. Me explico: si suponemos que dentro del magisterio hay alrededor de millón y medio de individuos que directa o indirectamente laboran en ese gremio a nivel nacional, es un requerimiento mínimo de vital importancia profesional, leer al menos un libro al mes (y no hablo de los panfletos de Cuauhtémoc Sánchez). De lograr esa base intelectual lectora podríamos “matar varios pájaros de un solo tiro”, pues ello nos daría un gran total de más de 12 millones de libros vendidos al año en este país sólo considerando a los mentores, que la ser un grupo lector se trasmitiría el gusto por la lectura. Por decreto no se logra que cambiar ese pasmo intelectual y desprecio por la lectura que nos caracteriza. Imaginemos un magisterio lector donde todo maestro trajera bajo el brazo alguna novela, antología o libro técnico sobre su profesión y durante los recreos los vieran sus alumnos leyendo bajo un árbol o sentados al escritorio tomando notas de ellos. La lectura se inculca mediante el ejemplo y no mediante la imposición de decretos y cantidades exorbitantes de recursos monetarios, humanos y de infraestructura. La ausencia de bibliotecas adecuadas y bien ubicadas es otro gran problema, pero es un asunto que he tratado en otras entregas.

De existir esta dinámica es obvio que los “letrados profesores” trasmitirían a sus educandos el gusto y buen hábito de la lectura. Pero no. Nuestros profesores se dedican a demostrarnos que Atila y los Hunos siguen entre nosotros en pleno siglo XXI y si no me creen, ahí están las manifestaciones de franco primitivismo que tenemos que presenciar y soportar de la CNTE y de las diversas secciones del SNTE, sin faltar por supuesto los nuevos egresados de las normales rurales y urbanas (para muestra, las acciones de los normalistas de Michoacán), así como los sindicatos magisteriales estatales que no le piden nada al nacional en cuanto a muestras de vandalismo y mayúsculo desprecio por la legalidad y la academia. ¿Las conocerán? Es pregunta. Los problemas en Oaxaca entre las secciones 22 y 59, las constantes manifestaciones porriles de los egresados de normales que al no recibir “un hueso” del gobierno por haber terminado sus ¿estudios? pedagógicos exigen mediante acciones dignas de hordas bárbaras entrar a medrar del presupuesto o el cinismo y desfachatez de nuestros “maistros” que lo único que les interesa es llegar a la jubilación sin tomar en cuenta el gran daño que le hacen al país cuando olvidan educar para corromper y depredar a nuestros niños y jóvenes.

De darse la utopía lectora que propongo líneas arriba no sólo el magisterio mejoraría su nivel intelectual a velocidades nunca antes vistas sino que a la par, la población bajo su influencia, niños y adolescentes en edad escolar, que alcanza casi los cuarenta millones, incrementaría su nivel cultural y su comprensión lectora se multiplicaría. México con casi 120 millones de habitantes tiene menos de quinientas librerías mientras que las ciudades de Buenos Aires o Barcelona tienen más librerías cada una que el todo el México. Concatenemos la educación a la lectura, pero no mediante decretos, sino con el diario ejemplo de un profesor que bajo el brazo traiga siempre un libro y a la menor provocación, sus alumnos lo vean devorando página tras página, para después trasmitir esos conocimientos a sus alumnos. El simple hecho de leer abre infinidad de puertas que si se las damos a nuestros educandos otro sería el deplorable estado en que se encuentra el país.

El ejemplo es el mejor trasmisor de actitudes, hábitos y hasta vicios. Nos quejamos de la violencia imperante en nuestras escuelas sin visualizar que proviene de actitudes aprehendidas de los propios mentores y por desgracia de los propios padres de familia (como si tener hijos nos volviera por ese simple hecho sabios respecto a todo lo relacionado a la educación y futuro de nuestros vástagos. Ser padres no es garantía de cultura y preparación). Hasta la forma de manifestarse de estos maistros (con todos mis respetos al gremio constructor que se comporta mucho más civilizado que el liderado por Elba Esther Gordillo) sería diferente si leyeran. La lectura es un catalizador de la imaginación y la inteligencia que por desgracia nuestros adalides de la educación no conocen y cuando se la presentan huyen de ella.

 

Los países que lograron integrarse al concierto de las naciones dentro de un mundo globalizado fueron aquellos que apostaron por la educación. Corea del Sur, Taiwán, Irlanda o Singapur, por mencionar un puñado, supieron cómo invertir su dinero de forma inteligente y hoy sus pueblos disfrutan de un estándar de vida muy superior al nuestro. Esos países reclutan a sus profesores entre los mejores alumnos de sus universidades y les pagan excelentes sueldos. ¿Cuándo desapareceremos las inefables normales  que nos han demostrado sus limitaciones educativas e integramos los programas de licenciatura en educación primaria a las universidades? Ya la UPN (Universidad Pedagógica Nacional) tiene esa licenciatura pero es apenas el inicio de lo que tiene que llevarse a cabo para tener un verdadero país de personas cultas. Con una población donde el  promedio educativo es de siete u ocho años de escolaridad es impensable que al emigrar a otro país, los mexicanos que huyen de nuestra muy soberana y nacionalista miseria, que según el propio gobierno federa se incrementó en seis millones sólo en el rubro de pobreza alimentaria, accedan a trabajos decorosos y bien pagados. Nos quejamos de que los mexicanos realizan los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit), sin considerar que con nuestros niveles de educación y cultura difícilmente podremos integrarnos a una economía globalizada y extremadamente competitiva. ¿Acaso los cubanos que emigran a los Estados Unidos laboran en el campo, las cocinas y los servicios de limpia? Claro que no y la razón tiene mucho que ver con su nivel educativo y cultural, sin dejar de considerar que su status migratorio es diferente al de nuestros connacionales.

Mientras sigamos sin evaluar a los normalistas que tienen la responsabilidad de educar a nuestros alumnos y regalemos puestos de profesor a individuos sin el más mínimo profesionalismo (las normales de Michoacán son un buen ejemplo de imbecilidad en el aula, basado en lo sucedido el pasado fin de semana en ese estado) no habrá solución y el futuro del país va a ser una debacle.

Aquí en el Estado de México se vive una situación como la descrita en los párrafos arriba citados y a mi entender reviste un problema para la viabilidad como nación. Desgraciadamente el mensaje en el ámbito educativo a nivel estatal es una apuesta al continuismo de formas ya demostradas inoperantes y desfasadas, y mantener el statu quo es privilegiado por el gobierno mexiquense. Enrique Peña Nieto en franco contubernio con los liderazgos sindicales de educadores, los ha premiado con diputaciones en los congresos local y nacional. La tan cacareada importancia que la educación tiene, en la práctica se resume en premiar las adhesiones grupales en aras de llegar a la presidencia, dejando de lado la calidad con que se difunde el conocimiento. Comprensible es esta política, pues de tener una sociedad educada y pensante dudo mucho que políticos de la calaña y calidad que tenemos, tuvieran oportunidad de asumir cualquier puesto de elección popular. La educación es requisito sine qua non para la creación de una sociedad de ciudadanos y la democracia se sustenta en la ciudadanía. Por desgracia en México no poseemos ninguna de las dos y nuestro apolíneo y analfabeto funcional, amén de monolingüe presidente electo no le interesa en lo más mínimo la educación salvo cuando se toma la foto o busca el apoyo del sindicalismo charro magisterial. ¿Y la calidad educativa, ‘apá?, parafraseando un anuncio. La educación y la creación de entes pensantes y propositivos que ayuden a que el país progrese y permita elevar nuestro ya de por sí desgastado tejido social no está dentro de las prioridades del ejecutivo estatal. ¿Si a nivel estatal existe este entramado de intereses ajenos a la calidad educativa, se imaginan mis contados lectores lo que sucederá de llegar a gobernar todo el país?

¡Extra! ¡Extra! Durante la feria del alfeñique, los puestos instalados en los portales tienen prohibido vender cualquier producto relacionado con Halloween bajo el argumento que no es una tradición mexicana. Supongo que durante las fiestas navideñas, será delito promover a Santa Claus en Toluca.


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