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Religión y legalidad Punto # 45 de septiembre 11, 2008

11 septiembre, 2008

Religión y legalidad

Luis Recillas Enecoiz

A raíz de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminó a favor de la constitucionalidad, en el caso del Distrito Federal, de la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas de gestación, se ha iniciado un sistemático ataque a las instituciones republicanas del país por parte de la Iglesia Católica y grupos conservadores avalados por el gobierno federal, al no poner un alto a los vociferantes corifeos “yunquistas”. Cuidado con que alguien critique la organización eclesiástica católica o a sus miembros, pues se escudan en lo sagrado y divino de su labor, pero ellos no se detienen en insultar a cuanto mortal no concuerde con sus dictámenes. De asesinos, violadores de las leyes divinas, libertinos, antinaturales y un largo etcétera hemos sido adjetivados todos los que estamos a favor de que la mujer decida sobre su cuerpo.

Según los impolutos líderes eclesiásticos, donde sobresale por méritos propios Onésimo Cepeda, quien por cierto prefirió jugar golf que aburrirse en el faraónico día de Enrique Peña Nieto, vaticinó que México se convertirá en “un pueblo de asesinos” (Milenio, 8 septiembre 2008). Resulta ahora que aquellas mujeres y hombres que no comulgan con las ideas del cardenal somos unos asesinos. Supongo que los asesinatos cometidos por gobiernos dictatoriales con el aval de la iglesia católica, Argentina y Chile, son considerados daño colateral o algún nuevo eufemismo. Si invirtieran la décima parte en tiempo y dinero que dilapidan para evitar la legalización del aborto, lo aplicaran para sacar a los niños de la calle de esa realidad abominable, ya nacidos y bien vivos, no tendríamos ese lastre social. Y para su información, señores del CEM los más de cinco millones de desayunos escolares para evitar la desnutrición infantil son distribuidos por los tres niveles de gobierno. Es de todo mundo conocido que la Iglesia Católica se ha enfocado a la educación de las élites, social y económica.

Dios es muy grande para caber en una sóla religión

Dios es muy grande para caber en una sóla religión

Otra joya declarativa proviene del papable Norberto Rivera quien en su homilía del pasado domingo exteriorizó que “nunca será suficiente la insistencia que debemos hacer para respetar la libertad de conciencia … pero eso no quita nuestra responsabilidad de proclamar la verdad y de invitar con insistencia al bien obrar” (Milenio, 8 septiembre 2008). Para empezar, me causa extrañeza que el concepto universalmente aceptado de libertad de conciencia, y a nivel individual objetor de conciencia, sólo lo aplica el prelado en beneficio propio y no respete al objetor de conciencia adverso a sus principios. Resulta ahora que los objetores de conciencia de otras esferas conceptuales de la vida, como Católicas por el derecho a decidir, creyentes de otras religiones, agnósticos o ateos no existimos. Remata don Norberto con inocular a todo ser humano contra cualquier otra verdad que no sea la suya. En pleno siglo XXI don Norberto se ha atribuido el monopolio de la verdad. Cualquier otra visión o concepto humano divergente al católico es mentira, según sus dogmas. Sigue la franquicia vaticana en México creyendo que con excomuniones logrará evitar su debacle. Ya a mediados del siglo XIX mostró su talante al pretender excomulgar a todo aquél diputado que osara firmar la Constitución de 1857. (Daniel Cosío Villegas, La Constitución de 1857 y sus críticos)

Es inaceptable que una institución con tanto arraigo en el pueblo mexicano promueva cínicamente desechar las decisiones que el máximo tribunal del país tomó. Como no les gusta la decisión descalifican a los ministros de la corte. Argumentan que las leyes humanas están supeditadas a las leyes divinas y sagradas. Pues si ese es el problema dejen que aquellas mujeres que decidan interrumpir su embarazo y hombres que las ayuden sean juzgados en el tribunal de Dios y no aquí. ¿Por qué están tan preocupados por los humanos que violamos las leyes sagradas? Al final de nuestras vidas tendremos que enfrentarnos al máximo juez, según ellos, para dar cuenta de nuestras vidas. Si somos condenados por cometer esa falta, que en nuestra legislación no esta condenada, ¿por qué la iglesia y los conservadores se rasgan las vestiduras? Mujeres y hombres que opten por interrumpir, las primeras, su embarazo, y ayuden, los segundos, a lograrlo, seremos, según las leyes divinas condenados. No entiendo la fijación de estos grupos en evitar la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas si, de acuerdo a sus propios dogmas, los que hagamos uso de este derecho seremos quemados en el infierno. Ya tendremos toda una eternidad para reconsiderar nuestro terrible equivocación, siempre y cuando exista el susodicho tribunal divino. ¿Por qué no se preocupan el ala conservadora y “yunquista” por los miles de curas que abusan de menores de edad, vivos de entre siete y catorce años de edad que en la mayoría de los casos han tenido que continuar sus vidas con huellas imborrables que los marcaron, pero como no estaban en el vientre de sus madres, recibieron nula ayuda de parte suya? Con que le inviertan un porcentaje muy pequeño de tiempo y dinero, estoy seguro que se podría, sino erradicar, sí evitar en lo más posible. No sean hipócritas, preocúpense por los que ya viven, pero en situación de franca miseria y nulo futuro. Yo estoy de acuerdo con la vida, pero con la vida digna y que tenga un futuro. Ya bájenle a su cantaleta de que la vida de los pobres y miserable llena de carencias es el camino para llegar a Dios.

                                                           derchak54@yahoo.com.mx

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El derecho a no creer

24 agosto, 2007

El derecho a no creer

Luis Recillas Enecoiz

            Y ahora resulta que los jerarcas de la iglesia mayoritaria en el país y que se ostentan como corresponsales exclusivos de Dios en la tierra amén de las políticas mundanas del Vaticano, quieren que México retroceda al status quo previo a la guerra de Reforma. Entre las limitaciones que cacarean los ministros de culto a través de todos los medios de comunicación (escritos y electrónicos), y que están plasmadas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, están la restricción a la libertad de expresión y reunión, que no se les reconozcan sus derechos políticos, que les prohíban  poseer o administrar medios masivos de comunicación, que la educación pública rechace la educación religiosa y finalmente la controvertida objeción de conciencia.

            En su edición de esta semana, Desde la Fe, órgano informativo de la Arquidiócesis de México, publicó unas declaraciones del Cardenal Norberto Rivera Carrera sobre las limitaciones que la Constitución establece para los religiosos. Retomo un par de respuestas del prelado para comentarlas. A la pregunta de si consideraba necesario modificar o ampliar el concepto de libertad religiosa plasmado en la legislación actual mexicana respondió: “Es una necesidad imprescindible si queremos que México vaya creciendo y madurando en su itinerario democrático. Lo propio de una democracia es la participación de todas las personas y las instituciones en la toma de decisiones y en la forma como se quiere que camine la sociedad.” Estoy totalmente de acuerdo con don Norberto. En una democracia todas las personas y las instituciones deben participar en la toma de decisiones, por ende los ateos tenemos todo el derecho de opinar, pero lo primordial es que también tenemos el derecho a no creer. Y si no creo, no tengo porque seguir los lineamientos que los líderes religiosos quieren imponer a toda la sociedad. Así como un católico debe respetar y ser fiel seguidor de los preceptos que inculca su religión, un ateo no tiene porque vivir de acuerdo a ellos. Ambos, el creyente y el ateo, deben atenerse a la ley, que no hace distingos entre credos.

Autobus ateo

¿Autobus ateo?

            A la pregunta ¿qué opinión tiene del artículo 29 fracción X que se refiere a la infracción porque los Ministros de Culto manifiesten su oposición a las leyes del país o a sus instituciones en reuniones públicas?, el purpurado respondió: “…Cuando una ley es intrínsecamente injusta todo ciudadano tiene derecho a oponerse a ella. Aquí cabe también la figura de la objeción de conciencia. Se trata, en la objeción de conciencia, de una defensa del individuo ante el poder estatal y su abuso que menoscabarían a la persona respecto de sus convicciones morales o religiosas…” Es tan singular la concepción que el clero tiene de la objeción de conciencia, pues la utilizan para confrontar al estado y sus leyes más no la entienden de forma opuesta. Acaso no tengo el derecho de objetar la mitología cristiana. ¿Acaso no tengo el derecho a objetar el concepto del soplo divino, a desdeñar a la pareja conformada por Adán y Eva en aras de la teoría darwiniana de la evolución? ¿Qué, no existen objetores de conciencia fuera del gremio católico? La objeción de conciencia no es monopolio del catolicismo. Una mujer que aborta en la Ciudad de México no comete delito alguno, aunque para la iglesia esté en pecado mortal. No confundamos pecado con delito. Don Norberto pidió a los médicos, adscritos a hospitales dependientes del gobierno del Distrito Federal, a ejercer su derecho a la objeción de conciencia, y negarse a interrumpir embarazos en aquella mujer que, ejerciendo un derecho que la ley le da, desgraciadamente, tiene que recurrir al aborto. Esa mujer no tiene el mismo derecho que el cardenal otorga al médico, el de la objeción de conciencia. Esa mujer no tiene, para el cardenal, el derecho a objetar conscientemente dogmas y ritos que carecen del más mínimo sustento científico, en tanto, el médico sí tiene todo el derecho a ejercer la objeción de conciencia defendiendo creencias particulares de una religión. El mismo respeto que exige la Iglesia Católica a sus creencias, exigimos los ateos a las nuestras, por más que éstas sean opuestas a las de la puta de Babilonia, nombre que acuñaron los albigenses para referirse a la Iglesia con sede en Roma y que ahora Fernando Vallejo retoma al titular así su último libro.

            Fomentar el conocimiento sobre las religiones es muy diferente a enseñar religión. ¿Por qué no tenemos dentro de los programas educativos del sistema público materias sobre religión? Pero sobre todas, las extintas y las que gozan de cabal salud, sobre todo financiera. Sería muy gratificante que nuestros jóvenes leyeran los tres tomos de Historia de las creencias y las ideas religiosas de Mircea Eliade de editorial Paidós (hay una versión abreviada a un volumen en editorial ERA) o El hecho religioso de Jean Delumeau en Siglo XXI.

            Respecto a que los religiosos ostenten derechos políticos y puedan ser votados, dudo mucho que el pueblo mexicano elija a algún cura para presidente municipal. El pueblo mexicano no es religioso, es ritualista. Respecto a poseer y administrar medios de comunicación, a menos que los curas se arremanguen las sotanas y jueguen futbol como brasileños, o que las monjas las vistan o desvistan como en las telenovelas, está bastante difícil que el rating los favorezca. Traer a Benito XVI al Azteca ya no garantiza tampoco los llenos que en tiempos del “boom mediático celestial” lograba su antecesor.

derchak54@yahoo.com.mx


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