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Ratzinger, Maciel y las bodas gay ágora mexiquense primera quincena de marzo 2010

15 marzo, 2010

En las últimas semanas se han ventilado dos asuntos relacionados con la pederastia dentro de la iglesia católica. El primero y más sonado, por su cercanía con México, es el relativo a la denuncia pública que los hijos de Marcial Maciel hicieron en un programa de Carmen Aristegui, donde denunciaron que fueron abusados por su padre biológico, el propio Marcial Maciel.

Los hermanos Ratzinger: Georg y Joseph

La tinta que ha corrió por ello, abarca un abanico de intereses: la Curia Vaticano, el CEM, los Legionarios de Cristo, los descendientes de Maciel, el Regnum Christi, el aparato judicial, en fin, tal vez a toda la sociedad, pues no olvidemos que de la Universidad Anáhuac egresan que por su perfil familiar, económico o político influyen en asuntos torales de la república. Salvo Excélsior, todos los medios impresos han dado espacio privilegiado al asunto.

El segundo evento relacionado con pederastia se dio en Alemania donde el hermano del papa, Georg Ratzinger, mientras fungió como director del coro de voces blancas de Ratisbona entre 1964 y 1993, solapó abusos sexuales en el colegio. Según él nunca supo de ellos, sin embargo sí refiere el trato duro y violento que ejercía el director.

El pasado 11 de marzo se efectuaron las primeras cinco bodas gay en la ciudad de México y la iglesia católica, mediante su portavoz, Hugo Valdemar Romero, como de costumbre, las descalificó mediante argumento dignos de los tiempos de la Colonia, época en la cual el papado era dueño único de vidas y haciendas en toda la Nueva España. No entiendo porque la Iglesia Católica se preocupa sobre los posibles niños que puedan adoptar las parejas gay recién casadas en el Distrito Federal y no mueven un dedo por erradicar la podredumbre que impera en su organización.

¿Por qué los obispos y líderes católicos no ponen el grito en el cielo cuando de abusos sexuales contra niños se trata? La cantaleta cotidiana que repiten sin cesar sobre la gran pena y consternación que sufren por los crímenes contra los infantes y el perdón que, como buen cristiano, se les debe conceder a los violadores y pederastas choca con la transparencia que como institución debe propalar. Pero ya sabemos, la iglesia todo lo hace a escondidas y por debajo del agua.

El discurso, bastante torcido, nos indica que a pesar de haber sido un consumado criminal Marcial Maciel, se le debe venerar por la obra que dejó: los Legionarios de Cristo. Si por esta lógica nos guiamos entonces que los narcotraficantes y miembros del crimen organizado deben ser beatificados por todas las obras que donan a diversas poblaciones de México, en especial en la frontera norte.

Caricatura por Helguera

La hipocresía que caracteriza a los prelados les permite recibir donaciones millonarias del hampa y ni quien diga nada. ¿Se acuerda de la reunión entre los hermanos Arellano Félix con monseñor Prigione durante el sexenio de Salinas de Gortari? Ahora salen con un discurso completamente opuesto al inicial, pues previamente consideraban al clérigo autor de abusos como un simple pecador y lo mandaban a expiar sus culpas a un recóndito pueblo hasta que se olvidara el asunto; ahora resulta que sí, son criminales y como tales hay que denunciarlos y llevarlos ante la justicia civil.

Hace unos días Marcelo Ebrard, jefe de gobierno de la ciudad de México, manifestó que las razones por las que la Iglesia Católica se opone a los matrimonios homosexuales son dignas de la Edad Media. La respuesta, una perla que rebuznó el portavoz eclesiástico, Valdemar, no tiene desperdicio: “los políticos no leen, porque en esa época la Iglesia salvó las universidades y la cultura.” Parece ser que el que no lee es él. Le recomendaría leer cualquier libro de Jacques Le Goff, Henri Pirenne o de perdida el digesto de divulgación histórica que elaboró Isaac Asimov sobre la alta Edad Media.

Así como se desgarran las vestiduras, un día sí y otro no, para evitar a toda costa el matrimonio entre personas del mismo sexo y, peor todavía, que quieran adoptar infantes, los prelados católicos deberían emplear la misma enjundia para sanear de enfermos sus instituciones. Aducir que en todos los ámbitos laborales existen pederastas, no minimiza su responsabilidad. La Iglesia Católica quiere curarse en salud con un discurso harto pueril e infantil: “como mi vecino es criminal, pues yo también lo soy, pero si me quieres condenar, primero hazlo con mi vecino.”

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Los matrimonios gay ágora mexiquense segunda quincena de enero 2010

31 enero, 2010

A raíz de los cambios ejercidos en el código civil del Distrito Federal por parte de la Asamblea Legislativa de esa entidad política para autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y el derecho de estas parejas a adoptar, se ha desatado una polémica que hasta la fecha no tiene visos de acabar. El ala ultra conservadora de la sociedad mexicana liderada por la Iglesia Católica y otras denominaciones se ha unido para tachar de inconstitucional la nueva ley. 

Los miembros de la industria de la salvación, léase Iglesia Católica, aliados con la ortodoxa y otras denominaciones cristianas han emprendido una cruzada para erradicar las “uniones anti-natura” que según ellos, al no tener como finalidad la procreación, no pueden tener valor alguno. Antonio Chedraui, arzobispo de la iglesia ortodoxa llegó al grado de tildarlas de inmorales y en franco deterioro de la moral mexicana. 

El más insigne y líder de los cruzados por “las buenas costumbres” ha sido el siempre mediático cardenal Rivera Carrera, cabeza de la arquidiócesis de México. Según este prelado católico, las uniones matrimoniales de personas homosexuales no pueden ser comparadas con un matrimonio heterosexual dado que no tienen como finalidad la procreación. Pues el celibato tampoco tiene esa finalidad y no escucho a cura alguno discutir la pertinencia de desaparecer esta regla absurda.

Respecto a la adopción de menores por parte de estas parejas, nos ilustran las razones esgrimidas por el ala conservadora, el nulo conocimiento científico que tienen sobre el tema y razonan más con las vísceras que con el cerebro. Según ellos un niño que sea criado por dos personas del mismo sexo padecerá de innumerables taras y se convertirá en un ente antisocial con muchas carencias. No toman en cuenta que lo que un infante requiere es amor y comprensión y no es importante la preferencia sexual de los otorgantes. Pensar que por tener padres homosexuales carecerá el niño de las bases emocionales nos muestra la poca noción científica de estos individuos. Por otro lado, estos grupúsculos ultra conservadores, manejan estereotipos bastante irreales, al creer que todos los homosexuales llevan su vidas basadas en la genitalidad. Argumentan que los niños de estas parejas padecerán discriminación y acoso por parte de los compañeros de escuela. A los que debemos educar es a los padres heterosexuales de estos infantes para que les eduquen en la tolerancia, pues es ésta la que causa infinidad de ataques contra “los diferentes”, ya sean homosexuales, negros o musulmanes. Nuestra sociedad, con notables carencias educativas y civilizatorias, no es capaz de ilustrar a sus miembros sobre la conveniencia de incluir al diferente entre nosotros y la riqueza que aporta al desarrollo de un conglomerado humano.

 Hasta la PGR presentó una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para invalidar los cambios proyectados en el Distrito Federal. Hasta Felipe Calderón, quien debe ser presidente de todos los mexicanos sin distinción alguna, les hace el juego a la jerarquía católica. Dudo mucho que prospere la controversia dado el resultado que tuvo la referente al aborto, donde los magistrados avalaron la constitucionalidad de la ley que otorga el derecho a las mujeres a abortar antes de las doce semanas de gestación.

El PAN capitalino llegó incluso a encuestar a los habitantes de la capital sobre la nueva ley. Sin embargo el tiro les salió por la culata, pues más de la mitad de los encuestados está de acuerdo en la unión matrimonial de personas del mismo sexo. Casi 70 por ciento no está de acuerdo con la adopción de menores por parte de parejas homosexuales. Vuelve a salir a flote nuestra ignorancia y mentalidad decimonónica y reaccionaria al no tomar en cuenta los estudios científicos realizados por especialistas sobre el tema. No existe daño alguno o deficiencia emocional en un infante que es criado por dos personas del mismo sexo. Lo más probable es que los enemigos de esta ley piensen que todos los homosexuales son como Marcial Maciel y se dedican a abusar sexualmente de niños y niñas. 

La cruzada retrógrada, liderada por la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas, que inunda al país continúa con la creencia que la mayoría de los mexicanos somos iguales. Olvidan la multiculturalidad, la diversidad étnica, la proliferación de credos, la orientación sexual y la libertad individual de los ciudadanos que habitamos México. Habemos muchos en este país que aplaudimos las decisiones progresistas y de equidad que la capital del país ha comenzado a gestar.

El aborto en México Punto # 105 de noviembre 26, 2009

27 noviembre, 2009

Recién se aprobó en Veracruz la ley que promueve “la vida desde la concepción”, o sea se penaliza el derecho de toda mujer a la interrupción del embarazo, al aborto. Siguiendo las premisas católicas, los legisladores veracruzanos le hacen el trabajo sucio al episcopado. Lo peor del asunto es que son hombres, el sector masculino el que decide las políticas públicas de las mujeres mexicanas. Y las mujeres mexicanas no dicen absolutamente nada sobre el asunto. El hecho habla muy mal de nuestros “machos” legisladores, pero habla pestes, por su nula reacción del atentado al sector femenino que se materializa en las mujeres mexicanas, que de tener conciencia social y de género saldrían a las calles a clamar por un derecho que les corresponde únicamente a ellas. ¿Y dónde están? Salvo contados grupos, la mayoría de la población en México no ha reaccionado, y digo la mayoría pues en nuestra nación hay más mujeres que hombres según el INEGI, 51 contra 49 por ciento.

La idea juarista de la separación entre estado e iglesia que se promulgó, por cierto en Veracruz, hace 150 años se viene a tierra. La laicidad del estado mexicano se ha ido al caño. El PRI en voz del mandatario estatal Fidel Herrera envió el proyecto de ley a la legislatura local y los jarochos se suman a la andanada conservadora que considera a la mujer menor de edad e incapaz de decidir sobre su propio cuerpo. Para quedar bien con el episcopado ya van 17 estados que han habilitado candados legales para evitar que se legisle a favor de la interrupción del embarazo.

¿Y qué sucede con los millones de mexicanos que no profesamos religión alguna? Entiendo que aquellos que se dicen católicos asuman los preceptos religiosos de sus líderes espirituales. Válido y aplaudo la decisión. Si eres católico y estás de acuerdo con no abortar, pues tan sencillo, no lo hagas, pero de allí a querer y creer que todos los mexicanos somos guadalupanos y católicos existe un océano.

Desgraciadamente a las únicas que afectan estas leyes decimonónicas y retrógradas es a las mujeres humildes. Pues las clases medias y altas, las que tienen los recursos para viajar a Estados Unidos, Europa o a la ciudad de México tienen alternativas que las más pobres no poseen. La “contrarreforma mexicana” como la llama Roberto Blancarte tiene como fin conculcar los derechos femeninos bajo el debatible “derecho a la vida desde la concepción”, argumento que incita al debate y a rebatirse e impide una sana e independiente discusión sobre el tema. Imponer una visión única del concepto va en franco retroceso al ideal que como sociedad deseamos instaurar en México. ¿Dónde quedó la idea de ser un país aglutinador de ideas divergentes, diversas y multicultural y dónde la libertad de elección religiosa? Resulta incongruente que un partido, el PRI que se dice laico y republicano emanado de la Revolución Mexicana, sea el principal interlocutor de los designios de la curia vaticana y de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Todavía más reprobable es que la presidenta de ese partido, Beatriz Paredes, ni se inmute.

Las políticas públicas las han convertido en actos confesionales de índole católico. La embestida católica, avalada por gobiernos panistas, priístas y en algunos casos hasta perredistas no abona a cimentar un entramado legal donde todas las creencias tengan cabida. La unificación de preceptos que atropella toda visión discrepante no es característica de una sociedad democrática.

Lo que resulta insultante es el nulo respeto a cualquier visión divergente que tengamos dentro de la sociedad mexicana sobre el tema. No todos los mexicanos seguimos los lineamientos católicos y habemos millones que profesamos otra religión o de plano somos agnósticos o ateos. ¿Acaso un ateo debe seguir los dogmas católicos? La visión que la derecha y el conservadurismo tienen de la vida cae por su propio peso. Están inmersos en una doble moral y un hipócrita comportamiento. Como la iglesia católica requiere de pobres y jodidos para sustentar su existencia al igual que el Estado Mexicano, pues que sigan proliferando muertos de hambre al fin y al cabo cuando mueran, claro, de manera natural, Dios lo estará esperando para redimirlos. Somos ya más de treinta millones de muertos de hambre, pobreza alimentaria la llaman nuestros gobernantes, lo que no impide que sigamos con políticas públicas que si bien respetan el derecho a la vida se les olvidan del derecho a una vida “digna”, donde los mexicanos accedamos a los mínimos niveles de bienestar. Que nazcan al fin y al cabo después los matamos de hambre, de inanición. ¿Acaso se mete a la cárcel a los funcionarios y políticos que en base a sus decisiones mantienen a la mayoría de la población mexicana al borde de la extinción? Pues poco falta para que estemos al nivel del África subsahariana. La hipocresía y el cinismo que caracteriza a nuestra clase política que no busca el bienestar de los ciudadanos sino quedar bien con la oligarquía católica son los catalizadores de la contrarreforma mexicana.

Hay que quedar bien con el clero para así tener el apoyo de la jerarquía católica que bien sabemos todavía ejerce un maléfico poder y distorsionada influencia en la mayoría de los mexicanos. Sin dejar de lado la educación, pues a más educación menos capacidad tiene ésta para manipular e influir sobre las decisiones personales. Pero con el cuento de que Dios da y quita la vida, hemos olvidado que los humanos tenemos el derecho a decidir sobre nosotros mismos. Supongo que Dios quiere que vivamos en franca depauperación.

Se desprende de un par de entrevistas a diputadas locales que el tema del aborto está en la agenda legislativa mexiquense. Según las legisladoras Flora Martha Antón Paz del PRI y Yolitzi Ramírez Trujillo de Nueva Alianza el debate debe darse a nivel local pues más del diez por ciento de las mujeres que han recurrido al aborto legal en el Distrito Federal provienen del Estado de México, sobre todo del municipio de Ecatepec. Lo mismo sucede con las mujeres fronterizas que cruzan a los Estados Unidos y sin problema alguno acuden a clínicas donde de forma segura e higiénica lograr interrumpir un embarazo no deseado. Dudo mucho que el debate se materialice pues no es ningún secreto que nuestro gobernador fue educado en la Universidad Panamerica, enclave educativo del Opus Dei y su formación sigue los dictados de Escrivá de Balaguer.

Imponer una percepción o punto de vista único sobre lo que es la vida va en sentido contrario a lo que una sociedad que se dice democrática busca. Querer aglutinar a todos los mexicanos bajo un punto de vista único tiene tufo fascista. No abogo por el aborto per se, sino por que cada mujer tenga el derecho a elegir sobre su cuerpo. La idea que un cigoto es un ser humano equivale a comparar una nuez con un nogal. Bajo esos argumentos cualquier adolescente que se masturbe está atentando contra la vida, al igual que una mujer que utilice pastillas anticonceptivas. ¿Por qué no prohíben también las pastillas y métodos anticonceptivos en las legislaturas locales? Al paso que vamos nada más falta es que se prohíban los métodos anticonceptivos salvo el del ritmo, único avalado por la curia vaticana.

Resulta también poco entendible que políticas que provienen de gobiernos extranjeros tengan tanta repercusión en nuestro país. Porque las políticas antiaborto no tienen su origen en México sino en el Estado Vaticano. Nos rasgamos las vestiduras cuando algún gobierno que no sea el mexicano trata de influir en las decisiones locales, sin embargo cuando se trata del Vaticano aplicamos nuestra muy autóctona doble moral.

¡Extra! ¡Extra! Para documentar nuestro optimismo (Monsiváis dixit) la carta de Peña Nieto a Navarrete donde dice “los recursos que destina el Estado de México a Comunicación Social se ejercen en estricto apego al artículo 134 de la Constitución, y no como usted lo afirma, para promoción personal”. Podrá ser cierta la afirmación, sin embargo, ¿dónde quedó la ética política de nuestro apolíneo gobernador? El hecho que la ley permita excesos publicitarios no impide que los mexiquenses nos demos cuenta de la forma descarada en que aparece el gobernador en cuanto medio de comunicación existe, tanto electrónicos como impresos.

Agustín de Iturbide La calle de octubre 12, 2009

12 octubre, 2009

Agustín de Iturbide

iturbide

Desde que el 5 de octubre de 1921 en que se borró del muro del salón de sesiones de la Cámara de Diputados – más bien se desprendieron las letras de oro – el  nombre de Agustín de Iturbide y Aramburo por iniciativa aprobada por una mayoría de 77 diputados y cinco en contra, la figura del que fuera artífice de nuestra independencia continúa en el cadalso de la historia nacional. 

Sin dejar de lado los aspectos cuestionables de su quehacer histórico, que por cierto son muchos, la figura de este criollo michoacano es fundamental para entender la génesis de nuestra historia nacional. Las razones esgrimidas para llevar a cabo la unificación de las diversas fuerzas que en su momento conformaban los liderazgos de la Colonia, fueron fundamentales para obtener nuestra independencia. Tuvo la suficiente destreza política para generar las condiciones que llevaron a conseguir, tras diez años de lucha, la consumación de la Independencia de México

Los hechos que aún hoy siguen siendo poco divulgados y no totalmente analizados por los seguidores de Clío son los siguientes: Fernando VII se vio obligado a jurar la constitución de Cádiz el 7 de marzo de 1820, hecho que detona un absoluto rechazo por parte del alto clero de la iglesia católica, ya que dicha constitución era de corte liberal y constituía una fuerte limitante de los fueros eclesiásticos y militares de corte absolutista. Y al igual que la jerarquía católica actual, pánico le tenían a la libertad de conciencia, de prensa, pero sobre todo a la división de poderes y a la democracia. No en balde durante todo el siglo XIX el Vaticano fustigó con la excomunión a los seguidores y luchadores de esas ideas. 

Por ello es que el canónico Matías de Monteagudo, cerebro del grupúsculo, organizó lo que se conoce como la Conspiración de la Profesa, ya que se reunían en esa iglesia actualmente en la esquina de Madero e Isabel la Católica en la ciudad de México. Convenció al virrey Juan Ruiz de Apodaca que Iturbide era el único capaz de vencer a los insurgentes, que para entonces se concentraban en la sierra guerrerense bajo el mando del último líder del movimiento, Vicente Guerrero Saldaña. 

El ejército Trigarante entrando por la garita de Belen (Bastin)

El ejército Trigarante entrando por la Garita de Belén (Bastin)

Después de varios enfrentamientos donde las fuerzas realistas fueron superadas – por cierto uno de los vencedores de Iturbide fue Pedro Asencio, segundo en mando de Vicente Guerrero – el final bélico de la independencia se dio el 14 de marzo de 1821 en el pueblo de Teloloapan con el famoso abrazo de Acatempan entre Guerrero e Iturbide. Previo a ello, al no lograr su cometido de someterlo, opto por hacer un arreglo amistoso con él y orquestó el plan de Iguala firmado el 21 de Febrero de 1821 donde se declara la independencia con un régimen monárquico, así como la religión católica como oficial y única permitida, todo esto dando a su vez como resultado la firma de los tratados de Córdoba el 24 de agosto de 1821 entre Juan O’Donojú, último virrey de la Nueva España, e Iturbide sellando con esto la independencia de México. 

Así fue que el 27 de Septiembre de 1821 el ejército trigarante entro triunfal a la ciudad de México, firmándose al día siguiente el Acta de Independencia de México. Una anécdota acerca de la entrada triunfal del Ejército Trigarante es que para beneplácito de su amante, la famosísima Güera Rodríguez, Iturbide obligó a la columna a desviarse y pasar bajo su balcón.

 Otro detalle interesante sobre este personaje es que “Agustín de Iturbide convocó a la primera consulta popular que hubo en México. Ésta se realizó el 22 de marzo de 1822 y su finalidad principal fue saber si la gente quería vivir en una monarquía o en una república”, recuerda el historiador Rodrigo Borja, investigador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Méxicana (INEHRM). Por cierto, de los dieciocho distritos en que se dividía el país entonces, quince votaron por la monarquía.

Iturbide hoy en pleno siglo XXI, es el padre de la patria para la extrema derecha nacional, pues no es gratuito que sus restos sigan en la catedral. La iglesia católica sigue siendo enemiga de cualquier forma de independencia intelectual de la población. Se consideran los únicos que conocen la verdad e Iturbide, cual títere de los clérigos, tuvo el gran tino de aglutinar a nuestros padres fundadores, pero los cimientos en que se sustenta la esencia de este país tiene fisuras muy peligrosas para el resto de la construcción.

No hace mucho, se tuvo un debate sobre las excomuniones de Hidalgo y Morelos. Si bien fueron fusilados sin haberlas llevado a cabo, lo trascendental no es si fueron o no excomulgados, sino radica en el rol que los altos jerarcas de la iglesia y la institución como tal sostuvieron durante la mayor parte de la conflagración.

Y al igual que hace dos cientos años, ahora los prelados aspiran a ser tomados en cuenta en la redacción de leyes, que según entiendo en un país laico no deberían de intervenir, porque si invitamos a los católicos, no debemos menospreciar la posición judía, musulmana, protestante o de cualquier otra religión. No debemos asombrarnos de ello, pues los curas le deben lealtad y obediencia a un país extranjero, el Estado Vaticano y a su jefe, el Papa en turno, y no a las leyes mexicanas.

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En conclusión, Agustín de Iturbide fue el brazo armado de una conspiración orquestada desde lo más alto de la jerarquía católica, que si bien nos dio la independencia, lo hizo más por cuestiones innobles, que por crear un país de hombres libres. Nacimos como nación sustentado en valores de lo más retrógrado que existe. Similar episodio egoísta y sin altruismo alguno perpetraron los curas durante la invasión norteamericana en 1846-1848. Como cualquier rastrero, imploraron a los norteamericanos que los apoyarían a calmar los ánimos de la población mexicana a cambio de no imponer otra religión y respetar sus iglesias. Para tener una mínima idea de lo traidora a México que ha sido la iglesia católica y en especial su versión mexicana, invito a mis lectores a leer México ante dios de Francisco Martín Moreno.


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