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Peña Nieto a la historia patria. Punto # 139 de agosto 26, 2010

26 agosto, 2010

Similar a las emitidas por los héroes que nos dieron patria y pronta a encontrar su lugar en la historia nacional es la frase célebre de nuestro apolíneo gobernador, quien sintiéndose prócer en el cabalístico año centenario, nos endilgo una máxima para la posteridad: “No temo por mi vida.” En la mejor tradición de Pedro María Anaya o Miguel Fernández Félix, éste último mejor conocido como Guadalupe Victoria, el gobernador mexiquense no le importa convertirse en mártir y verter su sangre en suelo patrio para “brindarle seguridad pública a toda la población.” El primero, defensor de Churubusco, soltó al momento de la rendición su famosa locución: “si tuviéramos parque no estaríais aquí.” El primer presidente que tuvo México también tiene su consigna y durante una batalla contra los realistas en Oaxaca explotó: “Va mi espada en prenda, voy por ella.”

Considero que en pleno siglo XXI ofrecer la vida por la patria esta más que desfasado y me suena a rancio nacionalismo decimonónico; a patrioterismo ramplón y a ser émulo de Juan Escutia, pero sin bandera con la cual envolverse. Y como escribió Víctor Hugo Michel en Milenio el 21 de agosto: “Hoy, la idea de morir por la Patria no sólo suena anticuada, demodé, sino que resulta horrible. En un mundo cada vez más globalizado e integrado, en el que las fronteras se borran y todo apunta, a largo plazo, hacia una gran confederación mundial, sentencias como ‘La Patria es primero’ o, peor aún, ‘Patria o muerte’, suenan a hueca demagogia reaccionaria cuando no a necrofilia pura.” La balandronada sobre no temerle a la muerte violenta bajo el argumento, por cierto bastante pueril, de “que en el desempeño de cualquier actividad del orden político, existen riesgos…” suena vacuo y sin sustento. Supongo que al emitir esta opinión no tuvo en mente a sus tres hijos, pues la expresión del gobernador peca de egoísmo.

Emitir tal despropósito parece más orientado a ganar votos y quedar bien, pues es un año donde celebramos los inicios de la Independencia y Revolución e inmolarse por la patria todavía repercute positivamente. En un país donde la historia brilla por su carencia de seriedad y nos guiamos por mitos y leyendas o aún peor, por la historia oficial. La historia de bronce como la llamó el gran historiador mexicano don Luis González y González.

Aunado al reproche nacional que nuestro Secretario de Educación Pública Alonso Lujambio nos endilgo – qué lejos se ven José Vanconcelos, Agustín Yáñez o Jaime Torres Bodet – por no sentir y aplaudir los festejos como el gobierno en turno quisiera, ahora nuestro gobernador se sube al camión del nacionalismo ramplón, el que gusta a las multitudes por no tener sustento histórico alguno y nos hace partícipes de una de las frases más vacuas y frívolas que haya dicho en su corta carrera política. En fin, en un país con niveles educativos de segundo de secundaria, las frases tipo telenovela histórica siempre tendrán receptores adecuados, sobre todo a los creen que el Pípila y los niños héroes existieron.

 ¡Extra! ¡Extra! El pasado lunes Enrique Peña Nieto publicó un artículo en El Universal titulado Jornadas escolares completas (http://www.eluniversaledomex.mx/toluca/nota6488.html). Siendo que soy un acre crítico del gobernador, estoy totalmente de acuerdo con él en los puntos que manifiesta en su escrito. Peña Nieto considera que México debe “pasar de ser una economía maquiladora a una economía basada en el conocimiento.” Para ello expone una serie de puntos como las jornadas de ocho horas de escuela “para que los alumnos desarrollen habilidades artísticas, deportivas y digitales; aprendan inglés y fortalezcan sus conocimientos en las materias que se les dificulten o que despierten su interés.” Apuntala sus dichos con estadísticas internacionales que ponen a México en una situación crítica respecto a la competitividad, niveles educativos y porcentajes del PIB que cada país gasta en educación. Por desgracia en el susodicho escrito, nuestro gobernador no toca ni con el pétalo de una rosa a los inefables y corruptos sindicatos magisteriales; ni el que tiene como dueño a Elba Esther Gordillo, ni al estatal, mercado electoral preferente del priismo mexiquense. Si no se desmantelan los sindicatos y se construye un verdadero andamiaje educativo con universitarios y no normalistas, todo quedará en utopía. Primero hay que educar a los “maistros” para que dejen de rebuznar y aprendan a comprender una lectura y a escribir una serie de ideas o situaciones de manera coherente.

La divulgación del quehacer histórico La calle de octubre 3, 2009

3 octubre, 2009

 

La divulgación del quehacer histórico 

Con esta entrega inicio mis colaboraciones semanales para el cotidiano La calle donde me dedicaré a la divulgación de aspectos históricos de México. Con motivo de las efemérides centenarias que celebraremos el año entrante: bicentenario del inicio de la independencia y centenario del comienzo de la revolución, los amantes de Clío, musa de la historia, tendremos cabida en muchas publicaciones periódicas. 

Resulta de una inocencia, rayana en el infantilismo concebir nuestras efemérides centenarias mediante el bautizo de calles, hospitales, viaductos, parques, escuelas, libramientos, arcos y cuanta obra se construye en el país con el apelativo de bicentenario. Nada más falta tener un paso peatonal bicentenario. Llegará el momento que existan tantas obras bicentenarias que no sabremos a cual nos referimos. Menudo favor le hacemos a la historia de México celebrando de modo tan ramplón nuestro pasado. Maduremos y reconsideremos nuestro pasado como adultos y no como niños de primaria. Mejor homenaje se le hace a un prócer estudiando su biografía e imitando su magnificencia que nombrando construcciones de toda índole. El Dr. Mario Molina se enorgullecería mucho más de proceder el gobierno estatal a elevar los niveles educativos y tener otro mexicano merecedor del Premio Nobel, que bautizando alguna escuelita con su nombre como lo es el inefable CBT No. 2 Dr. Mario José Molina Enríquez (sin h).

La historia nacional, materia desdeñada por antonomasia por nuestros egregios líderes, recupera algo de su importancia dada la trascendencia de la fecha. No por ello esta columna será repetidora de mitos y leyendas, y menos todavía de la historia de bronce, como la llamara uno de los más ilustres historiadores mexicanos del siglo XX, el michoacano don Luis González y González, autor de Pueblo en vilo, donde plasma la historia de su matria – término acuñado por su intelecto – el pueblo de San José de Gracia y obra génesis de nuestra micro-historia nacional. 

don Luis González y González durante su ingreso al Colegio Nacional

don Luis González y González durante su ingreso a la Academia Mexicana de Historia

Cuestionaré en las próximas entregas las necedades históricas que nuestros libros de texto gratuito repiten sin pudor alguno sobre nuestros héroes, cual si fueran santos impolutos y pertenecieran a un santoral cívico donde la perfección los caracteriza. Por otro lado matizaré a los antihéroes o “aguilas caídas” como los nombra otro gran historiador y literato mexicano, Héctor Aguilar Camín, a cuya pluma se debe La frontera nómada: Sonora y la Revolución Mexicana. Personajes éstos, harto difíciles de clasificar y contrarios a los anteriores, pues son enviados al cadalso histórico sin análisis biográfico alguno, verbigracia Hernán Cortés, Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Maximiliano I, Porfirio Díaz, Plutarco Elías Calles y varios más. Y que quede muy claro, mi intención al asumir esta tarea de divulgación histórica, no es justificar la que la derecha ha propuesto, sino ubicar en su verdadero contexto histórico las filias y las fobias que como cualquier ser humano tuvieron.

Héctor Aguilar Camín

Héctor Aguilar Camín

También nuestros héroes deben ser estudiados con todas sus debilidades y fortalezas, empezando por Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, el infaltable Benito Juárez García, Francisco Ignacio Madero o Lázaro Cárdenas por mencionar un puñado de ellos. 

Es menester ampliar nuestra visión histórica y concentrar nuestra atención en los eventos y los hechos que los influyeron en la toma de las decisiones que a la postre afectaron la vida nacional hasta nuestros días. Debemos contextualizar adecuadamente la trascendencia achacada a estos egregios personajes, “buenos” y “malos”, que por sus actos definieron el rumbo del país. Requerimos redefinir nuestra historiografía y asumir nuestra mayoría de edad histórica dejando de lado los extremismos biográficos que han caracterizado nuestra historia patria. No todos los héroes patrios son perfectos ni todos los traidores y enemigos de México fueron engendros del diablo. 

La misión que me he impuesto es atacar la forma como estudiamos nuestra historia para desmitificar y analizar personajes, eventos, tendencias, interpretaciones e historiografías que, ahora que celebremos nuestros centenarios, deberíamos cuestionar y repensar, para desde unos cimientos sólidos y una nueva perspectiva histórica, poder crecer como país, dejando de lado nuestra infantiloide manía nacional de achacar todos nuestros males a los “otros”, ya sean éstos españoles, franceses, los odiados gringos y el enemigo de moda en este inicio del siglo XXI: la globalización. 

Mural de Diego Rivera

Mural de Diego Rivera

Es necesario también, desempolvar a decenas y tal vez hasta centenares de individuos que por no estar en los libros de texto, han sido casi olvidados por la historia nacional, salvo para los especialistas. Dentro de este grupo existen infinidad de personajes del período colonial que por desgracia no son estudiados ni someramente. Durante nuestra independencia hubo cientos de héroes y sin duda enemigos de ella. Y no se diga de nuestras cruentas guerras civiles: la Reforma y el segundo imperio. También los conservadores tuvieron héroes, Miguel Miramón y el hijo de Morelos, José Nepomuceno Álvarez, que si bien fueron enemigos del México decimonónico, no por ello debemos olvidar que al estudiarlos y analizarlos en su justo contexto histórico, obtendremos una visión más completa de nuestro país.  Nuestra revolución fue más una guerra intestina entre hermanos que una unión entre ellos contra un enemigo común. 

Como mexicanos, somos hijos del Popol Vuh y del Chilam Balam, pero no desdeñemos que también lo somos de las Cántigas de Alfonso X, el sabio y del poema del Mío Cid. Dejemos atrás el complejo de la Malinche y asumamos nuestra herencia hispana. Cuando nos independizamos continuamos hablando castellano; apellidándonos García, Peña e Hidalgo y adorando al dios que nos trajeron. En 1821 no se retomaron las costumbres precolombinas.

Una nueva historia nacional ágora mexiquense segunda quincena septiembre 2009

30 septiembre, 2009

Una nueva historia nacional 

El año próximo celebraremos nuestros doscientos años de los inicios de la independencia y los cien de la revolución. Bueno, ¿y qué significan estas efemérides? El ritualismo del cuales somos rehenes nos ha impedido tener una verdadera historia crítica y creadora de ciudadanos pensantes. Somos infantiloides históricos: nuestros héroes son impolutos y cuidado con aquel que cuestione sus virtudes. Por algo tenemos un altar a la patria que no deja lugar a dudas del tufo religioso que invade continuamente nuestra historia.

Hidalgo

Nuestros héroes tienen aspectos sumamente cuestionables empezando por el padre de la patria, pues de haber realizado Miguel Hidalgo la toma de la alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, no en 1810 sino en 2010, éste sería acusado y juzgado por crímenes de lesa humanidad. Recomiendo dos obras para entender a este ínclito héroe: una del liberal José María Luis Mora, los tres tomos de México y sus revoluciones; otra del conservador Lucas Alamán, testigo del evento, Historia de Méjico (con jota).

Contrario a ello, para nuestras “águilas caídas” como los llama Héctor Aguilar Camín a los antihéroes, la historiografía nacional no permite otra lectura salvo aquella que los denosta y envía al cadalso de la historia. Enemigos por antonomasia de la nación, tales como Hernán Cortés, Antonio López de Santa Anna o Porfirio Díaz, por mencionar tres de los arquetipos indignos de una memoria áurea. 

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Para mostrar nuestra mayoría de edad histórica debería develarse una estatua de Hernán Cortés en el paseo de la Reforma de la ciudad de México, dado que en 1821, cuando nace este país de forma independiente, no se regresó a vivir como en 1521. México no es la continuación del mundo prehispánico, sino fusión de éste con el español. Cuando se fueron los europeos continuamos hablando castellano, orando a un dios traído por ellos y llamándonos García, Sandoval, Peña o Hidalgo. Tan hijos del Popol Vuh y del Chilam Balam, como de las Cántigas de Alfonso X y el poema del Mío Cid. Pero como nos gusta sentirnos conquistados, continuamos con el mito de que “España conquistó México”. Recordemos que sin la ayuda de los miles de indígenas sojuzgados por los aztecas, los cerca de quinientos españoles hubiesen sucumbido ante el embate de los nativos. El enemigo de mi enemigo es mi amigo reza un antiquísimo proverbio, situación que Cortés aprovecho a las mil maravillas. No fue gratuito que los tlaxcaltecas fueran los primeros a quienes se les recompensó al respetar su terruño y dotárlos de célula real, y hasta la fecha es el patronímico de uno de nuestros estados de la república. Para una mejor comprensión de Hernán Cortés remito a mis lectores a sus extraordinarias Cartas de relación y a la excelente biografía escrita por José Luis Martínez. 

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Otro de nuestros “judas” por antonomasia es Antonio López de Santa Anna, que si bien era un acomodaticio político, estuvo en la presidencia del país poco menos de ¡cinco años! Así es, si sumamos la totalidad de meses que ocupo la silla presidencial durante sus once presidencias. Si bien es responsable de muchos males durante la guerra contra Estados Unidos, no debemos soslayar las rencillas internas y casi nulo apoyo que tuvo por parte de varios estados, entre ellos el de México, que negó el envío de tropas en defensa de la geografía nacional. Para entender a este personaje del México decimonónico recomiendo la monumental obra de Enrique González Pedrero, País de un solo hombre: el México de Santa Anna editada por el FCE, de la cual ya se pueden consultar los primeros dos tomos. 

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Una tercer “águila caída” de nuestra historia es sin duda Porfirio Díaz, personaje harto difícil de calificar ya que fue héroe de la Reforma y estuvo en Puebla bajo las órdenes de Ignacio Zaragoza. Seguimos manejando el mito de que la revolución fue para acabar con la dictadura del oaxaqueño, sin embargo para el momento en que inicio el período de mayor lucha, el octogenario estadista ya vivía en Francia y Madero era Presidente. La realidad es que ni fue tan malo, como tampoco fue un santo. Para este personaje recomiendo los dos volúmenes de la obra Hacia el México moderno: Porfirio Díaz de Ralph Roeder también editado por el FCE. 

En conclusión, utilicemos el año 2010 no para inaugurar y bautizar viaductos, puentes, arcos, parques, hospitales, escuelas, estadios, libramientos y cuanta edificación se construya con el apelativo de bicentenario, sino para repensar nuestro pasado y dejar de transmitir mitos y leyendas a nuestros niños y jóvenes estudiantes. Asumamos nuestra mayoría de edad histórica con una nueva interpretación de nuestro pasado. Ni todos los héroes son níveos, ni todos los enemigos son infaustos. Como todo ser humano, están dentro del rango de los grises, poseedores de virtudes y defectos.

Hidalgo y Allende según J. M. Luis Mora Punto # 94 de septiembre 10, 2009

10 septiembre, 2009

Hidalgo y Allende según J. M. Luis Mora

Dos informes a la ciudadanía hubo durante la primera semana de septiembre: el primero por parte de Calderón y el segundo por Peña Nieto. En conclusión: tres años más de statu quo calderonista  a nivel nacional, y aquí en Toluca como epicentro, pero de intensidad estatal, el establecimiento oficial del “día del gobernador”. Ambos invitan a sus cuates y funcionarios para tener público ad hoc y cero cuestionamientos. Sé que la mayoría de las plumas locales han enfocado sus baterías a analizar estos dos eventos, que si bien son sumamente importantes para el futuro político del país según analistas y académicos, yo no creo en su trascendencia. No dejan de ser alocuciones sin sustento, llenas de buenos deseos, no obstante poseer una tenue autocrítica. Me llama más la atención la forma; sólo faltó que ambos personajes desfilaran en auto convertible bajo una lluvia de confeti multicolor; aquél por avenida 20 de noviembre y éste por avenida Hidalgo. Dicho lo anterior, mi visión de historiador se impuso a la del periodista o analista político y por ello es que preferí dedicar mi columna a quehaceres más del ámbito de Lorenzo de Zavala que de Fernández de Lizardi.

Más por azahar que por amor patrio en este mes septembrino lleno de efemérides ritualistas, tomé del librero el tomo III de México y sus revoluciones del periodista e historiador liberal don José María Luis Mora. Hace años lo leí como parte de mis lecturas universitarias obligatorias y no recordaba en su totalidad las descripciones de Miguel Hidalgo e Ignacio Allende. La dureza salta a la vista, y viniendo de uno de los insurgentes más insignes, contemporáneo del cura de Dolores y que lo conoció personalmente, tiene un valor histórico innegable. Reproduzco un par de párrafos tomados de la edición de 1977 de editorial Porrúa, pp. 20-22: (Las negritas son mías)

El cura Hidalgo era hombre de una edad avanzada, pero de constitución robusta, había hecho sus estudios en Valladolid de Michoacán con grandes créditos de famoso escolástico. El deseo que lo devoraba de hacer ruido en el mundo le hizo sacudir, más Hidalgopor espíritu de novedad que por un verdadero convencimiento, algunas de las preocupaciones dominantes en su país y propias de su estado, así es que leía y tenía algunas obras literarias y políticas prohibidas severamente por la Inquisición y desconocidas para el común de los mexicanos. Esta libertad lo hizo entrar en relaciones íntimas con el obispo Queipo y el intendente Riaño, que eran de las mismas ideas, y por sólo esta razón buscaban naturalmente el trato de personas que las tuvieren, aunque o fuesen por otra parte de un mérito superior, el de Hidalgo era muy mediano, como lo demostró después la experiencia por toda la serie de sus operaciones. En efecto este hombre ni era de talentos profundos para combinar un plan de operaciones, adaptando los medios al fin que se proponía, ni tenía un juicio sólido y recto para pesar los hombres y las cosas, ni un corazón generoso para perdonar los errores y preocupaciones de los que debían auxiliarlo en su empresa o estaban destinados a contrariarla; ligero hasta lo sumo, se abandonó enteramente a lo que diesen de sí las circunstancias, sin extender su vista ni sus designios más allá de lo que tenía de hacer el día siguiente; jamás se tomó el trabajo, y acaso ni aun lo reputó necesario, de calcular el resultado de sus operaciones, ni estableció regla ninguna fija que las sistemase.

Allende era de un carácter enteramente opuesto a Hidalgo; no Ignacio Allendetenía la reputación de éste ni sus relaciones, su educación había sido descuidada, y se ignora cuáles fuesen sus talentos y disposiciones mentales; pero su resolución era capaz de las mayores empresas; su perseverancia era inalterable en llevar a efecto lo resuelto, sin que nada pudiese distraerlo de lo que había emprendido; incansable en el trabajo, jamás lo arredraron los obstáculos ni resistencias, y lograba vencerlo todo su actividad y firmeza; siempre en movimiento y ocupado de sus designios que jamás perdía de vista, no daba paso ninguno que no se dirigiese a lograrlos; valiente hasta el grado de temerario se exponía a todos los riesgos, no sólo los de de la campaña, los menos difíciles de arrostrar, sino los de declarar su opinión y modo de pensar tal vez hasta con indiscreción. No se le acusa de vengativo, cruel o sanguinario, ni puede serlo un hombre que, puesto al frente de una empresa tan grande, se ocupa de ella come debe, pues no tienen cabida en él las pequeñeces de estos vicios vergonzoso. 

Resulta interesante la descripción del Dr. Mora, dado que recién se dio un debate sobre la excomunión del cura Hidalgo. Que para la historiografía de México, país que se asume laico en su educación, sea trascendental si el héroe pertenecía o no a la iglesia Católica, muestra la fuerte influencia que todavía ejerce el clero en las autoridades del país. Conocido es el capítulo donde Hidalgo es despojado del mando por sus aires de grandeza e irresponsabilidad. De haber existido el concepto de derechos humanos que hoy día permea en la sociedad, la toma de la Alhóndiga de Granaditas, la posterior masacre de peninsulares y saqueo de la ciudad de Guanajuato se hubiesen considerado igual a la matanza de Acteal. 

Ya en anteriores artículos he propugnado por un alto en la historiografía mexicana para redefinir la veracidad de ella. Me refiero en específico a los mitos y leyendas con que esta tapizada nuestra historia oficial. De héroes impolutos y enemigos execrables esta llena nuestra historia. Los perdedores siempre héroes, los victoriosos, de por vida traidores.

 El bicentenario debe ser tomado como un alto en el camino y no solamente como sustantivo para cuanta obra de infraestructura se construye en el país: todavía no llega el 2010 y ya tenemos hospitales, carreteras, escuelas, libramientos, refinería, plaza, torres, etc.

 FG6585Para mostrar nuestra mayoría de edad histórica debería de inaugurarse una estatua de Hernán Cortés en el paseo de la Reforma de la ciudad de México. En 1821, cuando nace este país de forma independiente, no se regresó a vivir como en 1521. México no es la continuación del mundo prehispánico, sino fusión de éste con el español. Cuando se fueron los europeos continuamos hablando castellano, orando a un dios traído por ellos y llamándonos García, Sandoval, Peña o Hidalgo. Tan hijos del Popol Vuh y del Chilam Balam, como de las Cántigas de Alfonso X y el poema del Mío Cid. Pero como nos gusta sentirnos conquistados, continuamos con el mito de que “España conquistó México”. 

Varios “traidores” de nuestra historia oficial requieren ser estudiados por nosotros los historiadores: Cortés, Santa Anna, Iturbide, Miramón, Díaz, Maximiliano y otros de secundaria importancia. Así mismo, varios héroes no pasan el examen de la historia y deben ser bajados de sus pedestales, o al menos matizar sus virtudes. Pero como los vencedores de la revolución de 1910-1921 escribieron su historia del país, crearon su propio panteón cívico a modo y semejanza.

 Para adentrarse en las tierras de Clío les recomiendo algunas obras. Dos excelentes libros desmitificadores de la historia oficial son Las mentiras de mis maestros de Luis González de Alba y Contra la historia oficial de José Antonio Crespo. Ambos verdaderos digestos históricos y no meras apologías sin sustento.  La mejor y más completa historia nacional es la conformada originalmente por cuatro y ahora dos tomos de la Historia general de México o la Nueva historia mínima de México, ambas editadas por el Colegio de México.

¡Extra! ¡Extra! En Costa Rica, después de un par de años sin poder demostrarlo, los futbolistas mexicanos se cubrieron de gloria. El honor patrio esta a salvo y Televisa y Azteca pueden comenzar a soñar. 

¡Extra! ¡Extra! ¡Extra! En mi colaboración de la pasada semana le adjudiqué pertenecer al Partido de la Revolución Democrática a Gerardo Fernández Noroña; actualmente pertenece al Partido del Trabajo y bajo esas siglas es legislador. Una disculpa a mis lectores.

El petróleo no es la nación Punto # 29 de mayo 22, 2008

22 mayo, 2008

El petróleo no es la nación

Luis Recillas Enecoiz

                A raíz del debate nacional que todos los mexicanos hemos seguido como testigos sin voz en el Congreso de la Unión nos hemos percatado que es un diálogo de sordos. Considerar que el petróleo es la nación y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos un libro sagrado que no acepta cambios muestra que el susodicho intercambio de ideas realmente es un encontronazo de ideales imposibles de conciliar.

            De los debates de la semana pasada me pareció que las intervenciones de Lorenzo Meyer, Carlos Elizondo Mayer-Serra y Héctor Aguilar Camín son las más realistas. No con ello avalo la totalidad de sus argumentos, pero sí me es interesante escuchar opiniones saludables y poco escuchadas.

            Me es muy difícil entender porque el petróleo mexicano es diferente al de Cuba, Venezuela o Brasil, por mencionar naciones hermanas de Latinoamérica, países en los cuales la industria de los hidrocarburos permite alianzas, sociedades o joint ventures con compañías extranjeras. Nadie niega que nuestra historia es diferente de la de los tres países citados, pero para ese efecto resultaría que cada país tendría industrias petroleras diametralmente distintas, cosa que no sucede. Salvo México y Corea del Norte, que no permiten injerencia alguna de particulares, todos aquellos otros estados con riqueza petrolera han asumido que en un mundo globalizado jugar en solitario no es el mejor camino a seguir.  Aquellos fanáticos del inmovilismo consideran que cambiar las leyes que nos rigen es una traición a la patria. La Constitución de 1917 tiene alrededor de 450 cambios o parches que la han desvirtuado de su génesis original y nadie se desgarra las vestiduras. Artículos de la Constitución hay que nadie obedece o sigue; el tercero es un ejemplo:

Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado – federación, estados, Distrito Federal y municipios –, impartirán educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria

Ahora bien, todos sabemos que el proyecto de preescolar no se va a aplicar sino hasta el año escolar 2009-2010 si bien nos va, pues no hay presupuesto, escuelas ni personal adecuado para esa función. En las secundarias no hay suficiente lugar para que todos los niños y adolescentes de entre 12 y 16 años estudien ese nivel, sin dejar de mencionar que un porcentaje importante de estos muchachos tendrá que dejar sus estudios para trabajar y ayudar a sus familias económicamente. Respecto al nivel de primaria, si bien es el rubro donde más cobertura existe, no todos los niños de México van a la escuela. Mi pregunta: ¿Hay acaso un debate nacional sobre la pertinencia o constitucionalidad del artículo 3º? Estamos violando este artículo y nadie se preocupa. Al grado que le Subsecretario de Educación Básica a nivel federal, Fernando González, yerno de Elba Esther Gordillo, recomendó no publicitar las inscripciones a preescolar para evitar confrontaciones con los legisladores, más sí aceptar a niños sin haber cursado el primer año de ese ciclo.

            Mientras no tengamos una visión realista sobre lo que queremos hacer con nuestros hidrocarburos nos será imposible conciliar intereses que aglutinen la mayoría de las inquietudes que aquejan a las diferentes corrientes ideológicas. “El petróleo no se vende” es el grito de guerra de los nacionalistas recalcitrantes. Pues para su información lo que hacemos es venderlo, pero muy barato a la India o Estados Unidos para después comprarles gasolina cara que el gobierno debe subsidiar. Dentro del territorio nacional Pemex esta impedida de asociarse con empresas privadas, ya sean nacionales o extranjeras, pero en Texas tenemos una refinería donde se les da trabajo a texanos y no a mexicanos. Nuestro nacionalismo “petrolero” basado en el nacionalismo revolucionario no lo podemos erradicar de nuestra idiosincrasia. De continuar con esta política, a mediados de siglo nuestro nacionalismo se basará en que “el uranio no se vende” o, si algún día comenzamos a aplicar tecnologías alternativas, la eólica por mencionar una, para la producción de energía, el slogan será “el viento no se vende”.

            En los debates de la semana pasado me pareció muy inteligente la postura de Carlos Elizondo, quien sustenta que debemos primero saber qué queremos hacer con nuestro petróleo y en consecuencia hacer los cambios necesarios a la Constitución y a las leyes secundarias. Ya en un artículo previo argumenté que sin bienestar, la soberanía es irrelevante. Lorenzo Meyer, sin arroparse en banderas tricolores, expuso con diáfana claridad las lecciones históricas que la industria petrolera nos ha dejado, mostrándose cauteloso respecto a las reformas propuestas, sin embargo no comulga totalmente con los argumentos defendidos por el FAP o sus adalides. Y como corolario, Héctor Aguilar Camín lo escribió y sentenció, el petróleo no es más que una materia prima y Pemex no es más que una empresa y no México.

derchak54@yahoo.com.mx

Una historia para el siglo XXI Punto # 9 de noviembre 29, 2007

29 noviembre, 2007

Una historia para el siglo XXI

Luis Recillas Enecoiz

                      “Un pueblo que no conoce su verdadera historia, no solo esta condenado a repetir sus errores, sino que no es un pueblo.”

                                                           Antonio Gala (historiador español)

            Ahora que estamos iniciando los festejos de los centenarios históricos mexicanos: Centenario del inicio de la Revolución Mexicana y Bicentenario del inicio de la Independencia. Con una comisión creada ex profeso y puesta bajo la dirección de Rafael Tovar y Teresa, quien ya mostró dotes de liderazgo dentro de las élites intelectuales del país al dirigir el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) durante los sexenios de Salinas de Gortari y Zedillo, es primordial recuperar un mínimo de crítica hacia nuestra historia. Ojala que Tovar y Teresa aglutine para las efemérides del 2010 todas las interpretaciones y tendencias que conforman la pluralidad de puntos de vista que conformar nuestra historiografía y no solamente la oficial de libro de texto gratuito.

Clío, musa de la Historia

Clío, musa de la Historia (Instituto de Investigaciónes Estéticas de la UNAM)

            Ya la Universidad Nacional Autónoma de México inicio los festejos centenarios a través del Instituto de Investigaciones Históricas al publicar un par de volúmenes que incluyen las ponencias presentadas durante el Coloquio del Bicentenario que se llevo a cabo durante marzo. Aunque el precio de la obra es prohibitivo para el 99% de los mexicanos es digno de alabo el contenido, pero eso es harina de otro costal. Al grano: la historia oficial y la enseñanza de la historia en las escuelas han distorsionado los acontecimientos, fomentado el caudillismo y hecho apología de la violencia, todo lo cual va en contra del ejercicio crítico y reflexivo que implica la democracia. Por ello se hace necesaria una revisión que se proponga destacar valores como la paz, el diálogo y el entendimiento.

            Lo que nos falta dentro de nuestra endeble democracia es acercarnos a nuestra historia con un espíritu crítico y racional, no con un afán reivindicatorio. Entre las múltiples cuestiones que permita a nuestra ciudadanía llegar a la madurez es requerimiento sine qua non iniciar una revisión sobre qué y cómo enseñamos nuestra historia. Nuestra historia está llena de gestas heroicas que implican siempre sangre, asonadas, golpes de estado, guerras y batallas. Nuestra historia esta repleta de violencia; pocas veces hemos plasmado la paz como una gesta heroica que merezca cupo en la historiografía nacional.       

            Ejemplos sobran; ahí están la guerra de Independencia, la de Reforma y la Revolución de 1910, por mencionar los tres momentos más emblemáticos de nuestra historia patria. En segundo lugar pero no muy lejos de las gestas antes mencionadas encontramos la guerra de 1847 contra los Estados Unidos, la guerra de castas en Yucatán y la docena de pronunciamientos, asonadas, planes y demás ínclitos momentos que nos han marcado hasta la fecha, pero eso sí, todos llenos de sangre y violencia.

            Ya durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y siendo secretario de educación pública Ernesto Zedillo Ponce de León se trataron de reformar los programas de historia en los planes educativos de la SEP, pero no pasó la propuesta por la cerrazón del sindicato  magisterial, siendo que historiadores de la talla de Enrique Florescano, Lorenzo Meyer y Héctor Aguilar Camín estuvieron detrás de la reforma.   

            Nuestra historia promueve el separatismo no la integración. Nos han condicionado a dudar de todo aquello que provenga del extranjero. Nuestro himno nos remite al “extraño enemigo”, el inglés es “lengua extranjera” (supongo que el español ya se hablaba antes de la llegada de los españoles). Nuestra historia distorsiona y hasta omite pasajes que nos avergüenzan. La omisión y el ocultamiento no ayudan a ser mayores de edad. Todo país tiene eventos de los cuales no se siente muy orgulloso y no por ello es aceptable borrarlos o tergiversarlos. Imaginemos a un joven alemán cursando el Gimnasium, el equivalente a la prepa en México, y que en su clase de historia se salten o maticen el período nazi (1933-1945). 

            A punto de celebrar efemérides centenarias en el país, dos siglos del inicio de nuestra Independencia y un siglo de la Revolución, es menester hacer una lectura más acorde con los tiempos que estamos viviendo. En un mundo globalizado y sumamente competitivo debemos imbuir en nuestra juventud una visión de nuestro pasado  donde la democracia este presente, aunque sea implícitamente. 

            ¿Por qué no mostramos la historia de una forma lúdica? Un acercamiento al fenómeno histórico desde un punto de vista literario o cinematográfico sería maravilloso. Propongo que hagamos leer a nuestros alumnos algunas novelas históricas. Entre las propuestas literarias podríamos incluir las siguientes:

  •   Noticias del Imperio de Fernando del Paso
  •    El atentado, Los pasos de López y Los relámpagos de agosto   de  Jorge Ibargüengoitia
  •     Las trampas de la fe de Octavio Paz
  •     El águila y la serpiente y La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán
  •      Moctezuma II de Sergio Magaña
  •      Los recuerdos del porvenir de Elena Garro
  •      Su alteza serenísima de Ireneo Paz
  •      Crónicas de la intervención de Juan García Ponce
  •      Los de abajo de Mariano Azuela
  •     El seductor de la patria de Enrique Serna 

            Por otro lado, también podemos utilizar la cinematografía para acercar a nuestra juventud a la historia. Nuestro cine ha sido prolífico en temas históricos. Un cine club itinerante que mostrara películas con temática histórica podría incluir: 

  1. El automóvil gris (1919) de Enrique Rosas
  2. El compadre Mendoza (1933) y Vámonos con Pancho Villa (1935) de Fernando de Fuentes
  3. Frida, naturaleza viva (1983) y Reed, México insurgente (1970) de Paul Leduc
  4. Janitzio (1934) de Carlos Navarro
  5. Canoa (1975) de Felipe Cazals
  6. La sombra del caudillo (1960) de Julio Bracho
  7. La cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez
  8. México de mis recuerdos (1948) de Juan Bustillo Oro
  9. Memorias de un mexicano (1950) de Carmen Toscano
  10. Como agua para chocolate (1992) de Alfonso Arau
  11. El grito (1968) de Leobardo López Aretche
  12. Cabeza de Vaca (1990) de Nicolás Echevarría 

            Tanto las lecturas propuestas como la asistencia a las proyecciones  tendrían necesidad de una orientación o al menos una introducción al tema. ¿No serían los profesores los más adecuados para ésta tarea?

derchak54@yahoo.com.mx

Hidalgo vs. Iturbide Punto # 5 de noviembre 1, 2007

1 noviembre, 2007

Hidalgo vs. Iturbide

Luis Recillas Enecoiz

            Imbuidos de fervor nacionalista, nuestras autoridades nos recuerdan entre vítores a los héroes que nos dieron patria, las heroicas gestas cuyos centenarios celebraremos en el 2010: Bicentenario de la Independencia y Centenario del inicio de la Revolución. Sin quitarles mérito alguno a Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende, Juan Aldama, Nicolás Bravo, Francisco Javier Mina, Mariano Matamoros, Hermenegildo Galeana,  Miguel Domínguez y Josefa Ortiz de Domínguez, Manuel Gómez Pedraza, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Juan Álvarez, José Mariano Jiménez, Andrés Quintana Roo, Leona Vicario, Pedro Celestino Negrete, Anastasio Bustamante e Ignacio López Rayón, siempre me han intrigado e interesado más los personajes incómodos, por utilizar un vocablo muy en boga hoy en día, de la historia nacional: Hernán Cortés y Doña Marina, Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Maximiliano y Carlota y Porfirio Díaz por mencionar a los más egregios.

            Lo que nos falta dentro de nuestra endeble democracia es acercarnos a nuestra historia con un espíritu crítico y racional, no con un afán reivindicatorio. Entre las múltiples cuestiones que permitan a nuestra ciudadanía llegar a la madurez se requiere iniciar una revisión sobre qué y cómo enseñamos nuestra historia. Ésta esta llena de gestas heroicas que implican siempre sangre, asonadas, golpes de estado, guerras y batallas. Nuestra historia esta repleta de violencia; pocas veces hemos plasmado la paz como virtud que merezca cupo en la historiografía nacional.

            Ejemplos sobran; ahí están la guerra de Independencia, la de Reforma y la Revolución de 1910, por mencionar los tres momentos más emblemáticos de nuestra historia patria. En segundo lugar pero no muy lejos de las gestas antes mencionadas encontramos la guerra de 1847 contra los Estados Unidos, el imperio de Maximiliano y la guerra de castas en Yucatán y la docena de pronunciamientos, asonadas, planes y demás eventos que nos han marcado hasta la fecha, pero eso sí, todos llenos de sangre y violencia.

            Nuestra historia promueve el separatismo no la integración. Nos han condicionado a dudar de todo aquello que provenga del extranjero. Nuestro himno nos remite al “extraño enemigo”, el inglés es “lengua extranjera” (supongo que el español ya se hablaba antes de la llegada de los españoles). Nuestra historia distorsiona y hasta omite pasajes que nos avergüenzan. La omisión y el ocultamiento no ayudan a que los mexicanos lleguemos a la mayoría de edad. Todo país tiene eventos de los cuales no se siente muy orgulloso y no por ello es aceptable borrarlos o tergiversarlos. Imaginemos a un joven alemán cursando el Gimnasium, el equivalente a la preparatoria en México, y que en su clase de historia se salten o maticen el período nazi (1933-1945).

            A punto de celebrar efemérides centenarias en el país, dos siglos del inicio de nuestra Independencia y un siglo de la Revolución, es menester hacer una lectura más acorde con los tiempos que estamos viviendo. En un mundo globalizado y sumamente competitivo debemos imbuir en nuestra juventud una visión de nuestro pasado  donde la democracia y la paz estén presenten, que la negociación y el diálogo suplan a la revolución y la violencia.

              Quiero transcribir un par de párrafos  de la Dra. Josefina Zoraida Vázquez (1):

En este contexto surgió un plan independentista dentro de las filas realistas. Su autor, Agustín de Iturbide, un militar criollo nacido en Valladolid, simpatizaba con la autonomía pero había rechazado el curso violento del movimiento insurgente. Desde1815 había expresado la facilidad con la que podría lograrse la independencia de unirse los americanos de los dos ejércitos beligerantes”…”lo familiarizó con los diversos puntos de vista de los novohispanos, mismos que fue conjugando en un plan para consumar de manera pacífica la independencia.(negritas mías)

Para lograr el consenso, Iturbide había fundamentado el plan sobre tres garantías: religión, unión e independencia, que resumían los empeños criollos de 1808 y los de los insurgentes; la de unión buscaba tranquilizar a los peninsulares. El 24 de febrero de 1821, en Iguala, se proclamó el plan.”

            Sin disminuir ni matizar en lo más mínimo el papel que Agustín de Iturbide jugó dentro de la historia nacional, no podemos olvidar que, sin haber disparado una sola bala, logró lo que Hidalgo, Morelos y demás insurgentes, once años antes, con levantamientos, asonadas, sitios, batallas, masacres y rapiña no obtuvieron: la Independencia de  México.

Agustín de Iturbide

Agustín de Iturbide

            Su gran virtud fue saber aprovechar el momento histórico que se vivía en España y la realidad que privaba en la Nueva España. El hecho de haber logrado mediante la negociación, la integración, el diálogo y la unión de criollos, mestizos, peninsulares e indígenas (al menos por un tiempo), Iturbide merece ser recordado como alguien que sin violencia obtuvo finalmente la anhelada independencia.

            De actuar como nuestros héroes de 1810, los cincuenta o sesenta millones de connacionales que viven en la pobreza o en plena miseria, sería entendible, más no justificable. A los grupos antagónicos al sistema político mexicano se les propone siempre actuar a través de los canales democráticos que implican la negociación y el diálogo; la asonada, la violencia, la toma de universidades o ciudades o la revolución no son medios, que actualmente sean considerados adecuados como medio para mostrar inconformidad. En otras palabras, la historiografía nacional, aún en pleno siglo XXI, continúa aplaudiendo y haciendo apología de la violencia, tal como sucedió en 1810, como medio de transformación social. Pero lo que en realidad necesita el país es seguir el ejemplo de 1821 que significa negociar, dialogar, tolerar, respetar y unificar. Por haber logrado la independencia de México sin disparar un solo tiro, Agustín de Iturbide debería ser emulado. Qué después, el personaje dejó mucho que desear, es innegable, pero como todo humano tuvo virtudes y vicios, errores y aciertos. Así debemos de releer el actuar del oriundo de Valladolid.

            No se trata de quitar a uno para poner al otro. En ningún momento propongo desmontar a Hidalgo del pedestal histórico que se ganó como iniciador de la Independencia y Padre de la Patria, pero sí es pertinente incluir a Iturbide como el consumador de nuestra Independencia. Incluirlo no tanto por consumarla, sino por la forma en que lo hizo.

(1) Vázquez, Josefina Zoraida, De la independencia a la consolidación republicana en Nueva historia mínima de México, Colegio de México, México, 2007, p. 147

 

                                                                                              derchak54@yahoo.com.mx


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