Posted tagged ‘futbol’

El fútbol como evasión ágora mexiquense primera quincena de junio 2010

15 junio, 2010

Como cada cuatro años la competencia mundial de fútbol permite, y la mayoría de las veces logra, evadirse al ciudadano común de los problemas cotidianos de su vida. Soñar con ganar en la copa mundial es compartido por todos los habitantes del planeta, que enfundados en sus características indumentarias, pueblan las gradas de los estadios y llenan cafés y bares por toda la geografía nacional de sus respectivos países.

No podemos negar que algunos juegos equivalen, si se vale la comparación, a ver al ballet Bolshoi; la mayoría, sin embargo, nos recuerdan al de Amalia Hernández. Lo más excelso de ese deporte y los individuos capaces de recrearnos con fabulosas jugadas están concentrados en Sudáfrica durante un mes. La verdad sea dicha, no todos los encuentros tienen la calidad que se supone una competencia mundial debe ofrecer. Ya para los cuartos de final creo que será cuando veamos las florituras y excelsitudes, pues es cuando los equipos que tienen potencial de campeones se enfrentan. Durante la primera etapa del campeonato, la de grupos, nos recetan soporíferos encuentros entre oncenas que, si somos honestos, van de vacaciones: Argelia-Eslovenia, Australia-Serbia o aquel que todo verdadero aficionado espera, Corea del Norte-Costa de Marfil. Estoy seguro que un partido de la liga de ascenso nacional triplica la emoción de cualquiera de los mencionados.

Lo que sí es palpable en la cotidianidad futbolera de este mes, es el nulo análisis deportivo que los aficionados, influenciados por los medios, sobre todo los electrónicos, manifiestan. Éstos apoyan sin más al equipo mexicano hasta que sean eliminados e, inmediatamente después, se ponen la camiseta de Brasil o España, equipos que para los conocedores del deporte sí tienen oportunidad de erigirse en campeones.

La evasión que, consciente o imbuida, que alimenta a un gran porcentaje de la población mundial tiene su razón de ser. Recordemos nuestra necesidad humana del espectáculo, se cual sea éste.

No hace mucho, tuvimos el macabro caso de la niña Paulette Gebara, espléndido caso para carroñeros. La miseria ajena me permite ponerle cierto interés a mi insignificante y ordinaria vida. De no ser por el evento deportivo de marras, el desastre ecológico del Golfo de México sería noticia de ocho columnas todos los días, pero como hay fútbol, los mismos medios de comunicación lo han mandado a la página cuatro.

La evasión nos permite asumirnos como mejores y soñar con conquistas, que de no haber eventos trascendentales, no pasarían de ser utopías o sueños guajiros. Bien dijeron en una emisión de la serie Discutamos México, moderada por Juan Villoro, los invitados Roberto Zamarripa, Roberto Gómez Junco y Javier Aguirre que no se es mejor mexicano por echarle porras a México durante el mundial o ser considerados traidores los individuos a los cuales les tiene sin cuidado el deporte de las patadas.

Si el equipo mexicano gana, pierde o empata, los problemas nacionales no cambiarán de rumbo. El campeonato mundial de fútbol es, como su nombre lo dice, una competencia deportiva y ya. Sin demeritar la importancia deportiva y por ende la económica que reditúa a los patrocinadores, nuestro deporte nacional por excelencia no es artífice para paliar los inmensos problemas que nos aquejan.

Saltar como orangutanes y dar vueltas cual perros en galgódromo a la glorieta o su similar en cualquier ciudad del país bebiendo y vilipendiando al perdedor y simultáneamente magnificando las proezas deportivas equiparándolas con eventos de la historia nacional me parece francamente aberrante. El nacionalismo ramplón que viste a todo ignorante de la historia nacional lo explica a la perfección el siguiente correo que reprodujo Roberto Velázquez Bolio en su columna de La Afición el pasado domingo después del empate entre Inglaterra y Estados Unidos: “Maldito portero inglés, con su error le regaló el empate a Estados Unidos. Ahora apoyemos a Eslovenia, no podemos permitir que los gringos nos superen en el único deporte en el que nosotros somos mejores”. Éramos, ya no lo somos; ellos nos superaron y los resultados deportivos lo avalan.

Anuncios

Fútbol y nada más ágora mexiquense primera quincena octubre 2009

15 octubre, 2009

Fútbol y nada más

Cuando hace algunos meses todo parecía indicar que México no asistiría a la máxima confrontación de fútbol a nivel global, el liderazgo de Javier Aguirre aunado a la vergüenza deportiva de los futbolistas cosechó frutos, pues ya somos uno más de los países invitados a la justa. La presencia del equipo mexicano de fútbol en el próximo mundial de la especialidad a efectuarse en Sudáfrica el siguiente año nos permite olvidar por un par de días nuestros cotidianos problemas, desde los económicos hasta los de inseguridad, pero sobre todo nos dará varios meses para soñar. Soñar que ahora sí vamos a jugar el famoso e infausto quinto partido y, para aquellos que todavía creen en milagros, ser campeones del mundo, tal y como lo fueron los muchachos de la sub 17 hace cuatro años. Gratificante ha sido que un representativo del país haya dado un respiro a sus ciudadanos quienes viven agobiados por la cantidad de reveses que a diario tienen que enfrentar. Siempre es bienvenida una victoria que sabe a gloria para los aficionados al deporte de las patadas. 

Los que deben estar de llenos de gozo y no por el resultado deportivo, sino por lo que representa para las aspiraciones del pueblo son nuestros políticos. Me explico, si nos atenemos al milenario lema de “pan y circo”, ahora que millones de mexicanos no poseen los recursos mínimos para satisfacer sus necesidades primarias, entre ellas comer, siempre es un respiro para nuestros dirigentes saber que la mayoría de los habitantes de nuestra geografía se colgarán del sueño mundialista. En adición a ello está demostrado que la producción industrial se incrementa cuando los equipos nacionales obtienen victorias significativas, así que los miembros de las diversas asociaciones patronales estarán de manteles largos, en especial las dedicadas a la comunicación. A falta de alimentos siempre quedará el circo y en pleno siglo XXI son los deportes, en especial el fútbol, los sustitutos del Atayde hermanos.

34e2e91e-aa54-496f-841b-270e069205cd_330x250

Reconozcamos también que la importancia dada al fútbol, mucho tiene que ver la forma en que los medios de comunicación, en especial Televisa y TV Azteca, han manipulado ese deporte. Lo primordial para el duopolio son las entradas económicas derivadas de la venta de publicidad, y al asistir el representativo mexicano al campeonato mundial es más que obvio que su interés es pecuniario y no deportivo, ya que salvo al fútbol, no transmiten o apoyan otro deporte nacional. ¿Cuántos juegos a nivel nacional de béisbol, básquetbol o natación transmiten las dos televisores de señal abierta? Lo que transmiten son los juegos de la Major League Baseball o los de NFL en Estados Unidos y la Fórmula uno de automovilismo, por mencionar algunos. Sólo es cosa de mirar sus noticieros deportivos; más bien son anuncios continuos para “apoyar el equipo de todos” y “ponerte la verde”. Me suena como la cantaleta de los nacionalistas con su repetitivo y vacuo slogan de que “el petróleo es de todos los mexicanos”.  

Garantizo que todos los politiquillos se colgarán de la clasificación del seleccionado nacional. Desde Calderón hasta el último presidente municipal. Tanto jugadores como cuerpo técnico serán invitados a cuanto evento puedan para engalanar a los inútiles que nos gobiernan. Y no se diga de las empresas mercantiles. Todos los integrantes del equipo tendrán algún producto que vender y su imagen será cotizada alta en el mercado. Desafortunadamente sólo los deportistas son utilizados como arquetipos a seguir, ya que otros mexicanos destacados no son tomados en cuenta para promover productos. La mercadotecnia no los cotiza de igual forma y menos al mismo precio. 

Ya quisieran los escritores, pintores o escultores tener la fortuna de mercantilizar bienes de consumo masivo; no son siquiera valorados para la promoción de bienes exclusivos o exquisitos. ¿Se imaginan a Carlos Chimal, Nahum Zenil o Fernando Cano, artistas mexiquenses, ser la imagen comercial de algún producto de consumo masivo? Pero esta utopía no será posible, lo sé muy bien. Ya no se diga de algún científico o profesionista exitoso.

tv-azteca_logo

No tengo nada contra los deportistas, sin embargo, son contados aquellos que pueden concatenar tres oraciones sin cometer errores de sintaxis y no se diga su imagen. Recuerdo a Juan Villoro, excelente escritor y gran conocedor de fútbol a la par de ser aficionado al Necaxa, ser invitado por una de las televisoras de señal abierta para acompañar a los disléxicos comunicadores que borbotan idiotez tras idiotez; los evidenció de tal forma que dudo lo vuelvan a invitar. Fue una delicia intelectual constatar que existen intelectuales que saben hablar de deportes. 

Volviendo a la “hazaña” de nuestros futbolistas que vencieron a los poderosos equipos de El Salvador y Honduras mantener la misma calidad cuando enfrenten a España, Alemania o Brasil. Ahí sí se vera de que están hechos nuestros deportistas. Pero para entonces las televisoras se habrán forrado de billetes, su única y mayor motivación. ¿Cree alguno de mis contados lectores que estoy equivocado?

Patrioterismo futbolero Punto # 91 de agosto 20, 2009

20 agosto, 2009

Patrioterismo futbolero

Luis Recillas Enecoiz

Aficionados en el Ángel de la Independencia después de golear México a Estados Unidos y ganar la Copa Oro (www.jornada.unam.mx)

Aficionados en el Ángel de la Independencia después de golear México a Estados Unidos y ganar la Copa Oro (www.jornada.unam.mx)

El nacionalismo es algo intrínsecamente malo por dos motivos. Primero por creer que unas personas son, por su pertenencia a un grupo, mejores que otras. Segundo, porque cuando el problema es el otro, la solución implícita de este problema siempre será el otro.
Ryszard Kapuściński

La semana pasada el país entero se cubrió de gloria: los deportistas nacionales se han batido como dignos patriotas para defender el honor mexicano. Se venció a los Estados Unidos de Norteamérica dos goles a uno en partido clasificatorio al mundial de futbol a escenificarse en Sudáfrica el año entrante.

Hace algunas semanas, después de la fenomenal goliza por 5-0 que nuestro equipo B le endilgo al equipo C de los Estados Unidos, no faltaron los patrioteros que envalentonados por unos tequilas repudiaron al diferente o despreciaron la otredad. Formas poco civilizadas para cimentar nuestra endeble falta de legitimidad existencial como nación.

El acoso a que fue sometida una familia holandesa, así como otros turistas, que por curiosidad husmearon por el Ángel de la Independencia después de la victoria futbolera se llevaron una probada de racismo mexicano. Por más que insistieron en que no eran gringos, por el hecho de ser blancos fueron víctimas de la estupidez humana. Insultados, vejados y hasta golpeados – un par de madrazos, diría un chavo – estos extranjeros sufrieron actos, que de haber sucedido al revés, hubieron sido noticia de ocho columnas: “Cinco mestizos mexicanos vejados por turba blanca en Chicago” se leería en Reforma o Milenio, políticamente muy correctos. Acaso esperábamos algo distinto. Por desgracia seguimos creyendo que el nacionalismo y amor a la patria se manifiesta mediante insultos al otro. Peor fue la actitud de los mexicanos en el estadio el domingo: insultando y aventando objetos a los jugadores gringos. Y después nos quejamos de no ser aceptados en los Estados Unidos.

Y la semana pasada fue igual, la glorieta del ángel o el águila en Toluca llena de patrioteros imbéciles que confunden ondear banderas tricolores con amor a la patria y muy machos le escupen y le mientan la madre al blanco en general y al gringo en particular. Recuerda amable lector que nuestro “pueblo” es analfabeto y ágrafo por lo que la xenofobia tiene amplio caldo de cultivo en él. Igual sucede cuando nuestros compatriotas se aventuran por tierras extrañas siguiendo al mediocre equipo nacional de futbol, dando de que hablar en cualquier evento por su mal comportamiento y formas de convivencia bastante ortodoxas, por decir lo menos.

Manejar estereotipos donde todo lo blanco es sinónimo de gringo muestra la ignorancia supina de un pueblo. Esto se llama racismo a la inversa. Justifico mi racismo hacia el blanco, porque el blanco me colonizó y por ende todo blanco es un colonizador. Opuesto, por cierto, lo mestizo es puro y bueno. “Por mi raza hablará el espíritu” reza el lema de la UNAM. ¿Te imaginas esta máxima a la entrada de la Universidad de Berlín?

Pero como pueblo adolescente que somos, tenemos que culpar al otro de las desgracias que nos asolan. El gringo nos explota y discrimina, pero el país que nos vio nacer es incólume y limpio. Que este remedo de país que lo expulsó, un país que no tiene la capacidad si quiera de educar a sus ciudadanos, de cuidar su seguridad y la de sus bienes, de deparar una adecuada atención en servicios de salud, etc. no tenga responsabilidad alguna. Todos odian a los gringos, pero al emigrar en busca de un bienestar que México le negó escogen los Estados Unidos; ¿cuántos mexicanos se van en busca del sueño cubano? Probablemente un puñado y no más. La casi totalidad de los emigrantes mexicanos terminan con el Tío Sam. Al menos que los mexicanos tengan una predisposición al martirio y al masoquismo, su diáspora al norte redunda en una mejor calidad de vida.

Insisto el amor a la patria se demuestra respetando la legalidad, trabajando, estudiando, pagando impuestos, siendo tolerante con el diferente y sobretodo aportando algo en beneficio de la humanidad. ¿Cuántos mexicanos realmente aman este país? Los mexicanos son como aquellos maridos golpeadores, quienes piensan que entre más maltratan a su mujer más le demuestran su amor. Vejar al extranjero reafirma al mexicano una inexistente base existencial. Además son tan imbéciles que no se dan cuenta que México depende de los Estados Unidos: primero, nos compran la casi totalidad de nuestra producción petrolera; segundo, las remesas que mandan los emigrantes son sostén económico de millones de personas en este país; y tercero, 85% del turismo proviene del país del norte.

Así que en lugar de querer erradicarlos de la faz de la tierra, pongámonos a pensar mejor que vamos a hacer cuando el “imperialismo yanqui” haya desaparecido y no tengamos a quien asirnos para no zozobrar. Pero no creo en ese día: es mucho más probable y posible que México desaparezca del planeta. Un estado que no se preocupa por su gente no tiene razón de ser y sólo se extermina.

Si se trata de demostrar quien es más patriota en un país de patrioteros debemos comenzar por actuar como ciudadanos. Supongo que cuando nos colgamos de la luz somos muy patriotas; cuando le damos una mordida al policía por pasarnos un alto demostramos nuestro amor al país; cuando en lugar de dedicarse a educar, nuestros “maistros” andan más en la grilla sindical, es una forma muy peculiar de mostrar su amor a la cultura; cuando para agilizar algún trámite damos dádivas a los burócratas; cuando actos de corrupción son la gasolina que mueve al país no le hacemos un favor a la nación, vamos paulatinamente socavando su viabilidad. La lista puede llegar a ser interminable de continuar enumerando las taras sociales y culturales que padecemos.

Como colofón la respuesta del crítico literario tijuanense Heriberto Yépez, arquetipo del mexicano post moderno, a una pregunta en la entrevista que Milenio Semanal publica esta semana:

El gran problema de México es que no sabe actualizarse y, en cambio, condena a los que piden el cambio, los ironiza y aplasta. A México no le quedan muchas décadas. Tomó las decisiones equivocadas, es un Estado terminal.

¡Extra! ¡Extra! Todos los elementos que trabajaban en las aduanas del país fueron removidos y sustituidos por nuevos elementos, limpios y profesionales, que ahora sí cumplirán con su deber y, las fronteras del país dejarán de ser un remedo de queso gruyere. ¿No podríamos hacer lo mismo con el país y sustituir a 95% de la población actual por verdaderos ciudadanos?

 

Hablemos de futbol y política ágora segunda quincena junio 2009

30 junio, 2009

Hablemos de futbol y política

Luis Recillas Enecoiz

El miércoles 24 de junio se llevaron a cabo dos juegos de fútbol, uno en Estados Unidos y el otro en Sudáfrica. El primero tuvo como rivales a México y Venezuela y fue un simple juego amistoso de cara a la Copa Oro que el primero tendrá que jugar durante julio; el segundo tuvo como contrincantes a Estados Unidos y España y fue una de las semifinales jugada en Sudáfrica, previo al mundial del año próximo dentro de la Copa Confederaciones.

Ya todos sabemos los resultados. México apabulló a la “vino tinto” por goleada: 4-0 y la “furia española” fue batida 2-0 por los yanquis. Ahora bien, la diferencia estriba en que mientras los norteamericanos le ganaron al mejor equipo del mundo hoy en día, nosotros le ganamos a uno de media tabla, Venezuela es la selección 56 dentro del ranking mundial de FIFA y a nivel Conmebol cabalga en la parte trasera de la clasificación con muy pocas probabilidades de asistir al mundial del 2010.

Lo interesante de la victoria de los norteamericanos radica en la forma en que encaran la adversidad. Iniciaron la competencia perdiendo ante Italia por marcador de 3-1, aunque iniciaron ganando el partido. Ante Brasil fueron materialmente barridos con un 3-0. Sin embargo fieles a sus principios tácticos y futbolísticos continuaron jugando como siempre los hacen y lograron ante Egipto ganar por 3-0 y, combinado con el resultado del otro juego, lograron colarse a la semifinal de la Copa Confederaciones para enfrentarse a España. Salvo ellos, los norteamericanos, dudo que algún aficionado a nivel mundial hubiese apostado por los yanquis.

Nuestro futbol (jugadores, entrenadores, directivos, periodistas, televisoras) carece de algo tan elemental como es creer en uno mismo. Ahí tenemos un anuncio donde varios mexicanos pronostican que un jugador con camiseta nacional no va anotar un penalti. Tenemos el síndrome del famoso quinto partido en algún mundial que nunca hemos jugado. Salvo la hombrada de los chavos de la sub 17 que lograron el campeonato frente a Brasil hace dos o tres años, nunca hemos sido protagonistas globales en futbol.

Contando con un puñado de jugadores capaces de brillar en Europa, continente donde se juega el futbol de mayor calidad, es poco lo que como equipo ha podido demostrar México en competiciones internacionales. Salvo el campeonato de la Confederaciones de 1999 escenificado en México no tenemos nada más que presumir.

Los futbolistas, al igual que los políticos, siempre nos prometen que darán todo dentro de la cancha. Desde ese primer mundial de Uruguay en 1930 hasta el de Alemania en el 2006 nunca hemos pasado del cuarto partido. Siempre nos lo prometen y nunca llega.

En política sucede exactamente igual. Nuestros “jugadores”, o sea nuestra clase política, son igual de inoperantes e ineficaces que nuestros futbolistas. Nos prometen que ahora sí, vamos a ir al mundial y llegar a semifinales y siempre sucede lo mismo: nunca hemos jugado ese quinto partido. Es como una maldición.

Nuestros políticos, cual futbolistas en un mundial, nos prometen lo que bien sabemos nunca cumplirán. Nos siguen viendo la cara, y nosotros seguimos creyendo en ellos. Ahora sí va a crecer el empleo, los índices de inseguridad se contraerán, la educación será de calidad, nuestros servicios de salud sí serán universales para toda la población y así ad nauseum todas las deficiencias y necesidades que requerimos para realmente crecer como país.

Pero no. Así como nuestros futbolistas nunca ganan el partido clave, nuestros políticos nunca le encuentran la cuadratura el círculo. La clásica expresión “juegan como nunca y pierden como siempre” se aplica a la perfección a nuestros políticos. Ejemplos sobran de individuos, que como candidatos nos bajan las nubes y nos prestan hasta a su hermana o hermano, pero ya en el poder no hay cambio alguno, salvo en sus cuentas bancarias.

La pregunta que me viene a la mente es ¿si nuestros políticos son igual a nuestros futbolistas, por qué hemos de creer que las cosas van a cambiar, si nunca han jugado el quinto partido?

derchak54@yahoo.com.mx

FIFA vs. OCDE Punto # 74 de abril 23, 2009

23 abril, 2009

FIFA vs. OCDE

Luis Recillas Enecoiz

            Durante las vacaciones de semana santa hubo dos cambios de timón en un par de instituciones emblemáticas del país: la Secretaría de Educación Pública y la selección nacional de futbol. Sin embargo los dos relevos no crearon la misma expectación, y mucho menos tuvieron la misma resonancia nacional. De hacerse una encuesta a nivel nacional el Javier “Vasco” Aguirre, nuevo director técnico del tri” pambolero, le llevaría la delantera a Alonso Lujambio, flamante heredero de la silla que inauguró Vanconcelos, en cuanto a popularidad. No deja de ser sintomático del interés nacional que hubiese similar número de periodistas cubriendo la visita a México de Barack Obama que con la presentación de Aguirre como nuevo técnico. No está mal para un entrenador deportivo tener el mismo rating que el presidente de los Estados Unidos.

            La posible, aunque poco probable, ausencia de México al próximo mundial en Sudáfrica el año próximo y, por ende, la enorme pérdida de ganancias en publicidad para Televisa y Televisión Azteca, verdaderos dueños del equipo nacional de futbol, causó la caída del técnico sueco Sven Göran Ericsson. Dos derrotas y una victoria orillaron a llamar al Javier Aguirre, tal y como sucedió en 2001 previo al mundial de Corea-Japón.

            De debacle nacional fueron las derrotas frente a Estados Unidos y Honduras al inicio de la fase clasificatoria, pues se han jugado tres encuentros y, aún hay mucho tiempo y puntos que disputar para pensar que México va a ir al mundial. ¿Y a qué carajos queremos ir al mundial? Por qué si con los equipos de Centro América hacemos el ridículo, ya me imagino frente a España, Inglaterra o Argentina.

Los gringos se pusieron a trabajar en la creación de infraestructura y en capacitar niños y jóvenes y en sólo una generación, hoy se juega “soccer” en la mayoría de las escuelas y universidades de ese país. Cerca de una veintena de jugadores de la selección de Estados Unidos juega en Europa.

Los once futbolistas de la selección, que a todas luces muestran sus limitaciones intelectuales y cuyas victorias abrevan un nacionalismo ramplón y patriotero, se volvieron tema de emergencia nacional. ¿Cómo es que México pueda estar en peligro de no asistir a un mundial siendo que somos los gigantes del área geográfica? Programas de televisión, columnistas deportivos y de otras áreas informativas se dedicaron a analizar a conciencia la debacle de la selección. Hasta se rumoró que Calderón habló con Aguirre para convencerlo de que la “patria es primero”, digo la selección es primordial para elevar la autoestima del mexicano. En total, la totalidad de los mexicanos estuvimos al pendiente del desenlace pambolero. Supongo que si México gana el mundial a su regreso se escribirá con letras de oro en el Congreso de la Unión el nombre de Javier “Vasco” Aguirre.

El otro nombramiento tuvo lugar el lunes de semana santa cuando Josefina Vázquez Mota fue remplazada por Alonso Lujambio. A diferencia de la presentación de Aguirre, la de Lujambio, quien fue presentado por el mismísimo Calderón no tuvo ni los reflectores ni el interés, y menos la presencia mediática.

Tampoco fue un tema de controversia nacional. Si de no ir al mundial se percató la casi totalidad de los mexicanos, dudo mucho que una minoría sepa que estamos reprobados en educación a nivel mundial. Las evaluaciones internacionales (PISA) y la nacional (ENLACE) nos colocan en último lugar de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico en el rubro educativo.

Nuestros niños y jóvenes no saben leer ni escribir. Tampoco pueden conceptualizar y menos tener abstracción mental. Medio comprendemos aritmética, pero de matemáticas no conocemos nada y menos en aplicación de las ciencias. Los analfabetos funcionales que egresan de las normales y después son aglutinados en sindicatos magisteriales corporativistas, ya sea el SNTE o algún símil estatal, donde más que dedicarse a la educación se privilegia la grilla, transmiten su inutilidad e ineficiencia, así como sus múltiples taras en detrimento de nuestros alumnos.

Leer, creen estos “apóstoles de educación” es poder descifrar las letras que conforman el nombre de la línea de camión que deben de tomar sus alumnos, pero cuando se les pregunta a los estudiantes de quince años sobre una lectura son incapaces de razonar lo leído momentos antes. Así sucede con la aplicación de las ciencias y la soluciones a problemas matemáticos.

  La posibilidad de no estar presentes en el próximo mundial organizado por la FIFA creó tal conmoción a nivel nacional que tuvo cobertura mediática y periodística inusual, sin embargo dudo mucho que la ausencia del “gigante” de Concacaf en Sudáfrica causé una catástrofe nacional. Es muy posible que Emilio Azcárraga y Salinas Pliego entristezcan un par de días, pero los mexicanos continuaremos viviendo nuestra cotidianeidad.

La OCDE no tiene la misma cantidad de miembros que la FIFA, pues es un club de países ricos. Dentro del grupo de treinta países afiliados México detenta el muy vergonzoso último lugar en educación. Sin dejar de mencionar que gastamos cerca de 6.5 por ciento del PIB en educación el 97 por ciento se va en gasto corriente, o sea en sueldos y prebendas para los sindicatos magisteriales. La famosa Alianza por la Calidad Educativa (ACE) se la han pasado por el arco del triunfo, y en el discurso oficial es maravilla pedagógica; Una lideresa sindical que es juez y parte en la política educativa del país, al grado de ser dueña de un partido político y tener enclavado en la SEP a su yerno.

En la OCDE no hay copas, ni partidos de final, sin embargo si seguimos reprobando en educación la viabilidad de país esta en juego. Un pueblo ignorante, analfabeto funcional, telenovelero, futbolero, infantiloide, dependiente y con niveles y calidad educativos que nos ha endilgado el Estado Mexicano son los responsables de que para el mexicano promedio sea prioridad nacional asistir a un mundial de FIFA. La verdadera prioridad para que el país comience a ganar mundiales es cambiar la mentalidad y para ello es requerimiento sine qua non refundar las políticas educativas. Pero que el pueblo considera a la FIFA más importante que la OCDE y al futbol como asunto de trascendencia nacional y de debacle patriótica no asistir al próximo mundial. Y para este pueblo el futbol siempre será vital. La educación un lujo. Ni modo Lujambio nunca tendrá el mismo rating que Aguirre, a menos que sea candidato por el PAN a la presidencia en el 2012.

¡EXTRA! ¡EXTRA! Entre el obispo de Durango que sabe donde vive el Chapo y el ex obispo, ahora presidente de Paraguay, que tiene hijos con menores de edad y hasta ahora acepta la paternidad, el CEM quiere orientar a su feligresía a votar con razonamiento. ¡Qué doble moral tan deleznable!

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

Futbol y mediocridad Punto # 28 de mayo 15, 2008

15 mayo, 2008

Futbol y mediocridad

Luis Recillas Enecoiz

            No es un secreto que el futbol se ha convertido en el deporte más practicado en el mundo y el que mayor afición tiene. La tecnología nos permite mirar en vivo partidos de futbol de la Premiere League de Inglaterra, del calcio italiano o la liga española. Juegos que nos tienen al borde de la butaca. El campeonato inglés se definió en la última fecha, sucederá igual con el torneo italiano. El Manchester United y el Chelsea en Gran Bretaña definieron al campeón el fin de semana pasado, mientras que la Roma y el Inter en el país de la bota se juegan el scudetto el próximo fin de semana. En España el Real Madrid es bicampeón faltando tres jornadas para el final del torneo. En Holanda, el Ayax y el PSV llegaron a la última jornada para definir al campeón del torneo. Al tener una docena de jugadores mexicanos prestando sus servicios deportivos en equipos de Europa ha resultado que las televisoras locales transmitan juegos que de otra forma no serían redituables. Pero mi interés en el deporte de las patadas va más allá de lo deportivo.

Estado en que se encuentra el futbol mexicano

Estado en que se encuentra el futbol mexicano

            A raíz de que comienza la liguilla en el torneo mexicano quisiera exteriorizar algunos conceptos que vienen a cuento. Como menciono en el párrafo anterior los torneos futbolísticos en Europa consisten en todo un año donde se juegan cerca de 30 a 38 partidos dependiendo del país y la cantidad de equipos involucrados. En Argentina tenemos dos torneos, el apertura y el clausura, igual que aquí, sin embargo el campeón es aquel equipo que logre la mayor cantidad de puntos. Ahora bien, cuando en una competición deportiva se permite a equipos que no tienen la calidad ni el coraje a continuar en sus aspiraciones campeoniles lo único que se logra es transmitir una apología de la mediocridad. Si un equipo hizo la mayor cantidad de puntos en el torneo, ¿por qué tiene que jugar otro pequeño campeonato para salir vencedor? La única respuesta posible es que a los dueños de los equipos es el dinero lo que los mueve. El futbol no es su prioridad.

            Supongamos que el padre del alumno que siempre tuvo calificaciones de nueve y diez recibe un boletín de la escuela de su hijo donde se le conmina al muchacho a una batería de exámenes extras para evaluar quién será el mejor alumno del grupo. Y supongamos que el maestro decide que todos aquellos estudiantes que tienen promedios superior o igual a siete son candidatos al examen extra y por ende a obtener el primer lugar en aprovechamiento, siendo que durante todo el año fueron unos alumnos mediocres con promedios de siete, pero por el sistema “apologético de la mediocridad” que impera en la escuela el estudiante que siempre cumplió y obtuvo un promedio de nueve, resulta que por cuestiones ajenas a él no sale bien en los exámenes o cuestiones del destino (le duele el estómago o no durmió bien la noche anterior) y no sale bien en el examen, perdiendo por lo tanto el primer lugar de su grupo. Así sucede con el deporte nacional, el balompié; el equipo que más contundencia y consistencia tuvo no es el campeón, sino solo uno más de los diez o doce equipos que entrarán a la liguilla final. Los demás equipos, que más mal que bien lograron mediocremente terminar el torneo de competencia, pueden mediante cierta buena suerte y con dos o tres juegos bien jugados lograr ser campeones.

En otras palabras el torneo de futbol en este país privilegia la mediocridad y no la excelencia. No dudo que muchos niños u jóvenes mexicanos consideren que si en el deporte la mediocridad paga porqué no en la vida diaria: la familia, la escuela, los amigos, etc. El moraleja, salpicada de dinero, es que no importa que seas el mejor sino que logres  no ser tan malo, aunque nunca seas bueno. Y después no logramos entender porque nuestro futbol nunca consigue triunfo alguno a nivel internacional (la sub-17 fue la excepción a la regla).

Los deportistas y en especial los futbolistas son ejemplo para la niñez y la juventud y no se vale que promuevan la mediocridad como forma válida para obtener un campeonato.

                                                           derchak54@yahoo.com.mx


A %d blogueros les gusta esto: