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Cómo ganarle a los “gringos”. Punto # 236 de agosto 30, 2012

30 agosto, 2012

A raíz del equívoco, emboscada o franca “pendejez” de los elementos adscritos a la policía federal que se escenificó en el tramo Tres Marías-Huitzilac en el estado de Morelos, quise saber, aunque de forma basta superficial y limitada por la información que trascendió, qué sucedió; motivo por el cual leí casi todos los artículos que sobre el evento se publicaron en los principales periódicos nacionales y algunos extranjeros, donde todos inferían, pero ninguno realmente informaba qué sucedió. Después de más o menos conocer los incidentes, tuve la curiosidad de zambullirme en los comentarios y opiniones que los diversos lectores publican al final de cada artículo.

Lo que me resultó impactante, aparte de la deplorable sintaxis y franca ignorancia de la mayoría, fue que en un inmenso porcentaje de los comentarios, cerca de 90%, saltaban a la vista infinidad de faltas de ortografía y nulo conocimiento del idioma español. No es mi intención en esta entrega criticar las característica mencionadas, tan arraigada en el país, sino enfocarme al contenido y al nulo conocimiento de cómo viven y entienden su realidad nuestros vecinos del norte.

Camioneta diplomática baleada en el tramo Tres Marías-Huitzilac por la policía federal

Desde el desdén por una vida humana por el simple hecho de ser “pinches gringos de mierda” y justificar la acción de nuestros “heroicos guardianes del orden” – cuando les conviene – hasta la clásica ley del talión, pasando por los nacionalismos exacerbados y patrioterismos que consideran a todo extranjero enemigo de México. La mayoría de las opiniones consideraban que al ser agentes de la CIA, de la DEA o del FBI y ser miembros de alguna corporación de inteligencia foránea fuera justificación lógica para ametrallar el vehículo en que viajaban, sin descontar que también viajaba un miembro de la Marina Armada mexicana. Si aplicar ley del talión fuera justificable, entonces los centroamericanos tendrían total razón para matar mexicanos, pues nosotros asesinamos, extorsionamos, violamos y robamos a cuanto habitante de esa región pasa por México.

Ya sea por cuestiones históricas, sociales o económicas, los norteamericanos son, para la mayoría de los mexicanos los enemigos de la nación, hasta en futbol, porque en otros deportes nos dan las buenas y las malas (natación, atletismo, basquetbol, etc.). Me intriga que ninguna de las opiniones tuviera como eje lo más simple: conoce a tu enemigo. La premisa para poder vencer es: conoce a tu enemigo. Si es verdad que los “gringos” son nuestros enemigos, pues así vislumbramos al norteamericano en lo particular y a Estados Unidos en lo general, lo que deberíamos hacer es adentrarnos en su cultura, valores y, como elemento primordial, su idioma.

Somos reacios a aprenden inglés y pertenecemos un país monolingüe por antonomasia, pues consideramos esa lengua una intromisión a nuestros valores e idiosincrasia. No descarto tampoco el hecho que no tenemos las herramientas suficientes para hacer de nuestra población al menos bilingüe; ya no se diga trilingüe. Seguimos con la franca estupidez de calificar el inglés como “lengua extranjera”. Si así fuera, entonces el castellano debería ser considerado bajo la misma óptica y serían el náhuatl, el maya, el otomí y otras lenguas prehispánicas los idiomas nacionales. Dejando de lado el aspecto lingüístico, tampoco somos capaces de leer a los grandes autores norteamericanos, aún en traducciones al castellano: Washington Irving, Mark Twain, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Edgar Allan Poe, Emily Dickinson, Ernest Hemingway, Henry James, John Steinbeck, Walt Whitman, Ezra Pound, Paul Bowles, F. Scott Fitzgerald o William Faulkner por mencionar una docena de ellos.

Tampoco veo que los mexicanos nos tomemos el tiempo de leer algunas de las publicaciones de izquierda que se editan en Estados Unidos, donde existen más revistas y periódicos de esa tendencia que en México. Los invito a hojear The Nation, Mother Jones, Dissent o Cineaste por mencionar un puñado de ellas; también es recomendable leer los ensayos y artículos del más famoso crítico norteamericano de Estados Unidos, Noam Chomsky, quien por cierto no es considerado traidor a su patria por sus despiadadas críticas como suele suceder en México, donde los cuestionadores y censores del quehacer, la cultura e idiosincrasia nacionales son tildados de antimexicanos. Tampoco veo a nuestros connacionales, rápidos en descalificar el “gringo” por imperialista, capitalista, racista y explotador, interesados en leer y conocer los orígenes de ese país. Si deseas vencer a tu enemigo, lo primero que se requiere es entenderlo y para ello es requisito sine qua non conocer de dónde proviene y su génesis.

Es raro leer en la literatura política mexicana de las postrimerías de la colonia o inicios del México independiente, principios como los que desarrollaron Alexander Hamilton, James Madison y John Jay en The Federalist, conjunto de 85 ensayos que marcaron el devenir de ese país y sentaron las bases para crear su Constitución. Como ejemplo del pensamiento norteamericano para comprender de dónde vienen y qué los une, el siguiente fragmento muestra una de las razones por la cual se sienten el pueblo elegido:

Se ha remarcado con frecuencia, que parece que se ha reservado para el pueblo de este país, por su conducta y ejemplo, a decidir una cuestión importante, si las sociedades de hombres son capaces o no de establecer un buen gobierno como reflejo y decisión de ellos mismos, o si para siempre están destinados a depender, por sus constituciones políticas, en un accidente y el uso de la fuerza.

Portada del volumen II de The Federalist

Tampoco se leen análisis sobre obras mayúsculas de la cultura e idiosincrasia norteamericana como lo son Letters from an American Farmer de Hector St. John de Crèvecoeur, obra escrita durante el periodo colonial inglés, donde este inmigrante francés discute en qué consiste la cultura e identidad norteamericanas. Y menos todavía conocemos a dos de sus más paradigmáticos autores: Benjamin Franklin y Thomas Paine. El primero, de cuya pluma salió The Autobiography of Benjamin Franklin considerada como esencial en el devenir de ese país. El segundo, con una obra simiente del pensamiento allende el río Bravo: Common Sense, panfleto de trascendencia internacional, así como Rights of Man, obra que todavía en el siglo XXI sigue vigente.

Ya para mediados del siglo XIX, dos filósofos políticos, Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau; autores, el primero de Nature y el segundo de Walden, que dejaron constancia que los ejes centrales de su pensamiento, el cual se orienta hacia una tendencia radical del individualismo en el carácter norteamericano en oposición a una sociedad gregaria y organizada. Por obvias razones estas dos obras son consideradas utopías.

Tampoco podemos ignorar la obra cumbre del francés Alexis de Tocqueville, personaje que viajó por casi todo el territorio norteamericano y plasmó sus experiencias sobre los sistemas político y social estadounidenses en una obra – equivalente de alguna forma a Ensayo político del virreinato de la Nueva España que Alexander von Humbolt publicó en 1811 sobre el México colonial – que a todas luces marcó cómo el resto del mundo verían a Estados Unidos, Democracy in America, escrita entre 1835 y 1840.

Así como la Constitución de Estados Unidos de América se convirtió en un documento que hasta los fundadores del México independiente copiaron, se debe considerar al Bill of Rights como adenda significativa para comprender a los estadounidenses. El título aglutina las primeras diez enmiendas adicionadas a su Constitución y ratificadas en 1791 por iniciativa de James Madison. Entre estas, se contemplan varias libertades que los norteamericanos consideran esenciales y parte innata a su idiosincrasia y el American way of life. Entre ellas están las libertades de expresión, de prensa y de reunión contempladas en la primera enmienda o la controversial segunda enmienda que autoriza a tener y portar armas, enmienda que ha causado divergencias dentro de Estados Unidos y reproches del gobierno mexicano. Ello no quiere decir que no se pueda suprimir, pues nuestro vecino es el único país del primer mundo que contempla requerimientos mínimos para la adquisición de armas de fuego, por más letales que estas sean. Otras enmiendas ven por la protección al ser detenido o ser cateado sin orden expresa de un juez. También se considera que no es obligatorio acuartelar tropas salvo con consentimiento del propietario, tener un juicio imparcial y no ser juzgado dos veces por el mismo crimen, además del derecho a un juicio civil con un jurado y que éste sea público, expedito y a contar con un defensor de oficio.

Así que para ganarle al monstruo que habita allende el Bravo, hiedra de mil cabezas con intereses en todo el mundo y que se autodesignó policía mundial, debemos encontrar su talón de Aquiles, y para ello lo primero que debemos hacer es estudiarlo y no solamente descalificarlo a priori sin razonamientos bien sustentados.

¡Extra! ¡Extra! Las contradictorias noticias sobre un enfrentamiento entre bandas del crimen organizado en Luvianos el pasado fin de semana nos muestra la nula coordinación entre las instancias que deben salvaguardar a los mexiquenses. De entrada se publicó en varios diarios nacionales que la refriega dejó cerca de 30 muertos y heridos; después que no era cierto según el responsable de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, Salvador Neme Sastre;  enseguida que sí hubo balazos, pero sin heridos; para terminar con Eruviel Ávila, “gobernador municipal” del estado de México, dándonos una verdadera perla declarativa al considerar que “debemos ser más responsables todos, quienes somos servidores públicos; no sé qué instancia haya sido, pero quien lo haya hecho, yo le invitaría a que mejor sigamos coordinados, como a la fecha lo estamos, para poder combatir la inseguridad pública” (las cursivas son mías).

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Se va, se va, se va…se fue Pascual. Punto # 166 de marzo 24, 2011

24 marzo, 2011

El embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual presentó su renuncia a continuar en el puesto para evitar que la relación bilateral se siga deteriorando. El documento, según el Departamento de Estado norteamericano fue a título personal y la dependencia asegura que no fue removido.

Entre WikiLeakes y Felipe Calderón lograron la remoción del diplomático, personaje que nunca fue bien visto en el gobierno mexicano por su perfil de individuo especializado en “estados fallidos”, término que revuelve el estómago al presidente y sus acólitos, perdón, su gabinete.

Carlos Pascual

Según divulgó WikiLeakes, entre los documentos desclasificados hubo varios reportes de la pluma del embajador al Departamento de Estado que lidera Hillary Clinton. Carlos Pascual criticó acremente a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), al calificarlos de poco efectivos y tibios al enfrentar al enemigo; mientras tanto a la Secretaría de Marina (Semar) sí utilizó de forma adecuada la información que les proporcionó la inteligencia americana. También tildó al sistema de justicia y sus aplicadores de corruptos y mal entrenados, para terminar pintando a los panistas con tonos grises.

Los cables difundidos no repiten sino lo que los mismos diarios mexicanos y las charlas de café confirman. Indefinición del ejército frente un activismo más notorio de la armada. Descontrol y poca organización en la susodicha guerra contra el crimen organizado. Y sobre los panistas sólo hay que ver a su cabeza más visible, Felipe Calderón Hinojosa, para estar de acuerdo con la visión carente de colorido que expresa el ex embajador.

Los mismos diplomáticos mexicanos hacen exactamente lo mismo que hizo Pascual: enviar cables y opiniones sobre el acontecer político, económico y social de los países en donde residen y donde representan al Estado Mexicano. Así pues, la renuncia de Pascual, donde se acentúa que es a título personal, pues Obama y Clinton lo alabaron sobremanera y sostienen que quien sea el próximo embajador hará exactamente lo mismo que el recién salido: “evaluaciones francas”, como las califica el gobierno americano, de la situación que aqueja al país.

Dos eventos colmaron la paciencia de los ultranacionalistas que a la menor provocación se envuelven con el lábaro patrio. Primero la famosa y desastrosa incursión llamada “Rápido y furioso” que permitió introducir armas para saber mediante su paradero, al cartel al que iban dirigidos, sin embargo se perdieron cerca de dos mil armas de fuego y no saben a ciencia cierta quién las tiene o dónde están. Segundo, fue la nota del New York Times que describe los vuelos no tripulados sobre suelo nacional de aeronaves gringas. Alejandro Poiré, secretario técnico de Seguridad Nacional y Patricia Espinosa, Canciller minimizaron el incidente al argumentar que el control lo tiene personal mexicano. Dudo que los gringos hayan capacitado a sus contrapartes mexicanas sobre el uso de esa tecnología.

La clase política al unísono pidió su separación del cargo acusándolo de injerencista y violador de la soberanía nacional al emitir opiniones sobre el acontecer interno de México. Bajo esa óptica, José Sarukhán Casamitjama, embajador de México en Washington, viola constantemente la soberanía de Estados Unidos al manifestar que se requiere una reforma migratoria para los mexicanos avecinados al norte del Bravo. Todo diplomático tiene como función principal luchar por los intereses del país al que representa.

Lo que resulta risible es el bochornoso nacionalismo ramplón que corroe las entrañas de nuestra clase política. Qué si Pascual violó la soberanía nacional; pues todos los embajadores y cónsules hacen lo mismo. Qué no tiene tacto y distorsiona la realidad, según sus detractores. Por principio de cuentas el personaje no tenía porque ser diplomático y políticamente correcto al escribir sus reportes para su jefa, Hillary Clinton.

Resulta ahora que el nuevo representante puede tardar un buen tiempo en llegar a ocupar el lugar que deja vacante Carlos Pascual. Bien puede ser que debido a que se avecinan elecciones presidenciales en ambos países se mantenga el statu quo hasta finales de 2012 y no designen a nuevo embajador. No es lo más adecuado para limar las asperezas entre las dos administraciones, pero dadas las circunstancias, el próximo embajador deberá ser alguien más en la tónica de Josephus Daniels que en la John D. Negroponte.

¡Extra! ¡Extra! Semana de decisiones políticas a nivel estatal. El PRI tendrá candidato en próximos días. Esperemos que dicen los aliancistas del PAN-PRD.

Las paradojas de la soberanía ágora mexiquense segunda quincena de julio 2010

31 julio, 2010

La nueva ley SB 1070 que el jueves 29 de julio se comenzó a aplicar en el estado de Arizona tiene varias aristas que se tienen que analizar. Los aspectos de discriminación y racismo que el nuevo ordenamiento legal conlleva ha sido profusamente denunciado y sus implicaciones sociales y culturales discutidas en varios medios y foros. En el rubro económico también ha corrido tinta para evaluar el costo que tendrá en las remesas que envían los connacionales. La diáspora que se inició hacia otros estados, sobre todo Nuevo México y California es noticia que aumenta el desasosiego de miles de inmigrantes arizonianos. No se puede negar que la dichosa ley tiene tintes discriminatorios y hasta racistas, pero no es muy diferente a la ley mexicana.

Me interesa analizar esta ley desde la perspectiva que representa la soberanía nacional avalada por tratados internacionales. Soberanía que en nuestro país es bandera que ante el mínimo embate de cualquier intervención por parte de gobiernos extranjeros sacamos a relucir con embravecido nacionalismo y envueltos en la bandera nacional.

El concepto de soberanía se remonta al Siglo XVI  cuando Jean Bodin en su obra Los seis libros de la República la definió como “el poder absoluto y perpetuo de una República”. Desde esa lejana fecha varios pensadores y filósofos han ahondado en el tema, entre ellos Hobbes, Rousseau, Montesquieu y Hegel. Ahora bien la soberanía nacional es un concepto ideológico de la teoría política liberal, que puede remontarse a Locke y Montesquieu (finales del siglo XVII en Inglaterra, siglo XVIII en Francia).  No intento profundizar más en él, salvo dejar un antecedente sobre sus orígenes históricos y aplicaciones. Ahora bien, la definición de soberanía nacional, según la RAE (Real Academia Española) es “la que reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos.”

El problema que considero prioritario para entender su aplicación es entender que la ley de marras, nos guste o no, corresponde exclusivamente al ámbito estadounidense. Ya Francisco Rojas, coordinador de los diputados del PRI en el Congreso comentó, “La Ley Arizona es un problema interno de la Unión Americana, por tratarse de un asunto de la federación de los estados norteamericanos, pues la migración es un asunto federal y la de Arizona es una ley estatal y no sé hasta dónde el gobierno mexicano deba meterse en asuntos internos de la política americana.”

Si el gobierno americano insinúa que se debería privatizar el sector energético de México, inmediatamente salimos con la bagatela de que no interfieran con nuestras leyes e invocamos la soberanía nacional. Lo mismo sucede cuando algún policía texano o californiano osa pisar territorio mexicano. Supongamos que 20 o 30 mil centroamericanos indocumentados (cantidad fácilmente verificable) desfilaran por Paseo de la Reforma en la ciudad de México enarbolando sus respectivas banderas (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua o Cuba) exigiendo los mismos derechos que tenemos los mexicanos e inmigrantes legales del país, estoy más que convencido que serían abucheados y tal vez hasta masacrados por los enardecidos nacionalistas chovinistas.

Alegorïa sobre la soberanía nacional

La ley SM 1070 no criminaliza la inmigración sino la estancia ilegal en ese estado. En cualquier nación del mundo requieres permiso de sus autoridades para tu estancia, de otra manera serás considerado como ilegal o indocumentado. Mientras traigas alguna identificación o documento que demuestre tu legal estancia en ese país no vas a tener problemas (en México lo son la FM-3 y FM-2). Exigimos lo que no otorgamos, ya que aquí en el Estado de México la policía y el INM hacen redadas en la estación del ferrocarril de Tultitlán y los centroamericanos arrestados (asegurados, según la terminología políticamente correcta) los remitimos a alguna de las 48 estaciones migratorias que hay en el país en espera de su repatriación. Además los fichamos, les tomamos fotografías y huellas dactilares. Según el Reglamento de la Ley General de Población de la Secretaría de Gobernación, en el Capítulo Séptimo, Sección I, el artículo 139: http://www.inm.gob.mx/index.php?page/Marco_Juridico_Reglamentos

“Los extranjeros y extranjeras sólo podrán dedicarse a las actividades expresamente autorizadas por la Secretaría, y cuando así proceda o se estime necesario, se señalará en la autorización correspondiente el lugar de su residencia. En los casos que lo requiera el interés público, la Secretaría por medio de disposiciones administrativas de carácter general, podrá establecer restricciones al lugar de residencia o tránsito de los extranjeros y extranjeras, o cualquier modalidad respecto de las actividades a que éstos se dediquen.”

La ley SB 1070 pide exactamente lo mismo que las autoridades mexicanas le exigen a cualquier extranjero que quiera trabajar o vivir en México. Tenemos que canalizar nuestro enojo, energía y enjundia que nos ha causada esta ley  hacia el interior, hacia México, y cambiar este país para que no hubiese mexicanos que tengan que emigrar a Estados Unidos para lograr un empleo y un salario dignos.


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