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Nuestra paupérrima educación. Punto # 243 de octubre 18, 2012

19 octubre, 2012

La educación en este país está envuelta en mucha hipocresía y poca ética. Educar implica trasmitir los conocimientos necesarios para llevar a cabo una tarea, sea esta comprensión de lectura, manejo de una adecuada sintaxis, capacidad de propiciar un razonamiento abstracto, pero sobre todo formar entes críticos y racionales que a la postre logren los cambios requeridos por el país para un mejor desarrollo de sus habitantes. En otras palabras la educación debe ser un catalizador social y cultural y no, como la que recreamos, configuración de actitudes y formas sociales anquilosadas, desfasadas y contrarias a la realidad en la que se encuentran nuestros adalides políticos la quieren imbuir.

Por desgracia los encargados de esta tarea carecen de los instrumentos para desarrollarla. Y cuando hablo de instrumentos, considero la infraestructura educativa así como las carencias técnicas que tienen nuestros “maistros” (me niego a llamarlos maestros. Un maestro es aquel individuo que después de su licenciatura estudia de dos a tres años más a nivel de posgrado en una universidad). Nivel educativo que, salvo contados de ellos, logran alcanzar, pero más que nada influir con esos conocimientos en el conglomerado estudiantil nacional.

La mayoría de los egresados de las normales es analfabeto funcional.  De ser el magisterio un gremio pensante y estudioso, la industria editorial mexicana estaría boyante. Me explico: si suponemos que dentro del magisterio hay alrededor de millón y medio de individuos que directa o indirectamente laboran en ese gremio a nivel nacional, es un requerimiento mínimo de vital importancia profesional, leer al menos un libro al mes (y no hablo de los panfletos de Cuauhtémoc Sánchez). De lograr esa base intelectual lectora podríamos “matar varios pájaros de un solo tiro”, pues ello nos daría un gran total de más de 12 millones de libros vendidos al año en este país sólo considerando a los mentores, que la ser un grupo lector se trasmitiría el gusto por la lectura. Por decreto no se logra que cambiar ese pasmo intelectual y desprecio por la lectura que nos caracteriza. Imaginemos un magisterio lector donde todo maestro trajera bajo el brazo alguna novela, antología o libro técnico sobre su profesión y durante los recreos los vieran sus alumnos leyendo bajo un árbol o sentados al escritorio tomando notas de ellos. La lectura se inculca mediante el ejemplo y no mediante la imposición de decretos y cantidades exorbitantes de recursos monetarios, humanos y de infraestructura. La ausencia de bibliotecas adecuadas y bien ubicadas es otro gran problema, pero es un asunto que he tratado en otras entregas.

De existir esta dinámica es obvio que los “letrados profesores” trasmitirían a sus educandos el gusto y buen hábito de la lectura. Pero no. Nuestros profesores se dedican a demostrarnos que Atila y los Hunos siguen entre nosotros en pleno siglo XXI y si no me creen, ahí están las manifestaciones de franco primitivismo que tenemos que presenciar y soportar de la CNTE y de las diversas secciones del SNTE, sin faltar por supuesto los nuevos egresados de las normales rurales y urbanas (para muestra, las acciones de los normalistas de Michoacán), así como los sindicatos magisteriales estatales que no le piden nada al nacional en cuanto a muestras de vandalismo y mayúsculo desprecio por la legalidad y la academia. ¿Las conocerán? Es pregunta. Los problemas en Oaxaca entre las secciones 22 y 59, las constantes manifestaciones porriles de los egresados de normales que al no recibir “un hueso” del gobierno por haber terminado sus ¿estudios? pedagógicos exigen mediante acciones dignas de hordas bárbaras entrar a medrar del presupuesto o el cinismo y desfachatez de nuestros “maistros” que lo único que les interesa es llegar a la jubilación sin tomar en cuenta el gran daño que le hacen al país cuando olvidan educar para corromper y depredar a nuestros niños y jóvenes.

De darse la utopía lectora que propongo líneas arriba no sólo el magisterio mejoraría su nivel intelectual a velocidades nunca antes vistas sino que a la par, la población bajo su influencia, niños y adolescentes en edad escolar, que alcanza casi los cuarenta millones, incrementaría su nivel cultural y su comprensión lectora se multiplicaría. México con casi 120 millones de habitantes tiene menos de quinientas librerías mientras que las ciudades de Buenos Aires o Barcelona tienen más librerías cada una que el todo el México. Concatenemos la educación a la lectura, pero no mediante decretos, sino con el diario ejemplo de un profesor que bajo el brazo traiga siempre un libro y a la menor provocación, sus alumnos lo vean devorando página tras página, para después trasmitir esos conocimientos a sus alumnos. El simple hecho de leer abre infinidad de puertas que si se las damos a nuestros educandos otro sería el deplorable estado en que se encuentra el país.

El ejemplo es el mejor trasmisor de actitudes, hábitos y hasta vicios. Nos quejamos de la violencia imperante en nuestras escuelas sin visualizar que proviene de actitudes aprehendidas de los propios mentores y por desgracia de los propios padres de familia (como si tener hijos nos volviera por ese simple hecho sabios respecto a todo lo relacionado a la educación y futuro de nuestros vástagos. Ser padres no es garantía de cultura y preparación). Hasta la forma de manifestarse de estos maistros (con todos mis respetos al gremio constructor que se comporta mucho más civilizado que el liderado por Elba Esther Gordillo) sería diferente si leyeran. La lectura es un catalizador de la imaginación y la inteligencia que por desgracia nuestros adalides de la educación no conocen y cuando se la presentan huyen de ella.

 

Los países que lograron integrarse al concierto de las naciones dentro de un mundo globalizado fueron aquellos que apostaron por la educación. Corea del Sur, Taiwán, Irlanda o Singapur, por mencionar un puñado, supieron cómo invertir su dinero de forma inteligente y hoy sus pueblos disfrutan de un estándar de vida muy superior al nuestro. Esos países reclutan a sus profesores entre los mejores alumnos de sus universidades y les pagan excelentes sueldos. ¿Cuándo desapareceremos las inefables normales  que nos han demostrado sus limitaciones educativas e integramos los programas de licenciatura en educación primaria a las universidades? Ya la UPN (Universidad Pedagógica Nacional) tiene esa licenciatura pero es apenas el inicio de lo que tiene que llevarse a cabo para tener un verdadero país de personas cultas. Con una población donde el  promedio educativo es de siete u ocho años de escolaridad es impensable que al emigrar a otro país, los mexicanos que huyen de nuestra muy soberana y nacionalista miseria, que según el propio gobierno federa se incrementó en seis millones sólo en el rubro de pobreza alimentaria, accedan a trabajos decorosos y bien pagados. Nos quejamos de que los mexicanos realizan los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit), sin considerar que con nuestros niveles de educación y cultura difícilmente podremos integrarnos a una economía globalizada y extremadamente competitiva. ¿Acaso los cubanos que emigran a los Estados Unidos laboran en el campo, las cocinas y los servicios de limpia? Claro que no y la razón tiene mucho que ver con su nivel educativo y cultural, sin dejar de considerar que su status migratorio es diferente al de nuestros connacionales.

Mientras sigamos sin evaluar a los normalistas que tienen la responsabilidad de educar a nuestros alumnos y regalemos puestos de profesor a individuos sin el más mínimo profesionalismo (las normales de Michoacán son un buen ejemplo de imbecilidad en el aula, basado en lo sucedido el pasado fin de semana en ese estado) no habrá solución y el futuro del país va a ser una debacle.

Aquí en el Estado de México se vive una situación como la descrita en los párrafos arriba citados y a mi entender reviste un problema para la viabilidad como nación. Desgraciadamente el mensaje en el ámbito educativo a nivel estatal es una apuesta al continuismo de formas ya demostradas inoperantes y desfasadas, y mantener el statu quo es privilegiado por el gobierno mexiquense. Enrique Peña Nieto en franco contubernio con los liderazgos sindicales de educadores, los ha premiado con diputaciones en los congresos local y nacional. La tan cacareada importancia que la educación tiene, en la práctica se resume en premiar las adhesiones grupales en aras de llegar a la presidencia, dejando de lado la calidad con que se difunde el conocimiento. Comprensible es esta política, pues de tener una sociedad educada y pensante dudo mucho que políticos de la calaña y calidad que tenemos, tuvieran oportunidad de asumir cualquier puesto de elección popular. La educación es requisito sine qua non para la creación de una sociedad de ciudadanos y la democracia se sustenta en la ciudadanía. Por desgracia en México no poseemos ninguna de las dos y nuestro apolíneo y analfabeto funcional, amén de monolingüe presidente electo no le interesa en lo más mínimo la educación salvo cuando se toma la foto o busca el apoyo del sindicalismo charro magisterial. ¿Y la calidad educativa, ‘apá?, parafraseando un anuncio. La educación y la creación de entes pensantes y propositivos que ayuden a que el país progrese y permita elevar nuestro ya de por sí desgastado tejido social no está dentro de las prioridades del ejecutivo estatal. ¿Si a nivel estatal existe este entramado de intereses ajenos a la calidad educativa, se imaginan mis contados lectores lo que sucederá de llegar a gobernar todo el país?

¡Extra! ¡Extra! Durante la feria del alfeñique, los puestos instalados en los portales tienen prohibido vender cualquier producto relacionado con Halloween bajo el argumento que no es una tradición mexicana. Supongo que durante las fiestas navideñas, será delito promover a Santa Claus en Toluca.

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Soltar el lastre educativo. Punto # 206 de enero 26, 2012

26 enero, 2012

A raíz del divorcio, separación, rompimiento o desunión que acaba de darse entre el Partido Nueva Alianza propiedad de la inefable Elba Esther Gordillo y el Partido Revolucionario Institucional para la elección presidencial de este año se han elucubrado infinidad de interpretaciones y considerado varias razones para ello.

Varias interpretaciones se han venido manejando para explicar el rompimiento: que si el precio político para el PRI era muy alto ya que le otorgaba al Panal cuatro senadurías y 24 diputaciones, más lo que se fuera apilando; que si fue una alianza hecha por Moreira y cualquier tufo al ex gobernador les cobraría factura debido a los problemas que ocasionó cuando gobernaba Coahuila con la inmensa deuda que dejó; que si fue un rompimiento pactado de forma amigable por ambos institutos políticos por convenir a sus respectivos intereses; que si el rompimiento triplicará la votación a favor del Panal según su presidente Luis Castro; que si la decisión la tomó el presidente del PRI Pedro Joaquín Coldwell o el candidato de facto Enrique Peña Nieto para borrar cualquier relación “anormal”, según calificaron la alianza varios comentaristas; que si el aporte al PRI de alrededor de 4 por ciento de votos no valía lo que exigía la multimillonaria dirigente sindical o lo que quieran inferir o interpretar mis contados lectores. Más allá de la razón esgrimida o la real, el hecho es que la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación convertido en partido político tendrá que nadar sola en la próxima elección y perderá el poder chantajista que utilizó con Vicente Fox y Felipe Calderón.

Elba Esther Gordillo y Enrique Peña Nieto cuando eran felices (Foto: Vanguardia.com.mx)

Todo analista político ha escrito sobre el rompimiento, pero lo más trascendental del evento es que, ya sea por costos políticos o desavenencias entre los ex aliados, deja al PRI con camino libre para lograr cambios reales en la educación nacional de llegar a la presidencia. El pago que tuvieron que dar a la Gordillo Fox y Calderón no será repetido por Peña Nieto. Resulta hasta incongruente que un candidato poco ducho en las artes de la lectura y el razonamiento intelectual, digno alumno de la Gordillo, busque llegar a la presidencia sin apoyo del magisterio. Tampoco es descabellado que, a raíz del divorcio con el Panal, el sindicato magisterial se dedique a boicotear cualquier intento del PRI de cambiar la educación.

Me explico. Bien sabemos que aparte de los puestos en el Congreso, el Panal tenía en la Subsecretaría de Educación Básica en el SEP nada menos que al yerno de la “maistra”, Fernando González. La realidad es que, como bien ha mostrado el sindicato magisterial, convertido en partido político, a éste le importa un carajo la educación. Para Elba Esther Gordillo lo suyo es el poder y el dinero. Así que al no tener el PRI que negociar con esta nefasta, cínica, amoral,  poco ética y carente de principios lideresa manda un mensaje positivo. Al no tener negociación con el Panal, el PRI de Peña Nieto muestra que puede existir una renovación en la educación. Según declaró el apolíneo ex gobernador mexiquense, “Quiero el apoyo de los maestros, no de Elba”. ¿Tendrá Peña Nieto, de llegar a la grande, los tamaños para iniciar su sexenio descabezando al SNTE o al menos meterlos en cintura para que se dediquen a educar, actividad que pocos de sus afiliados realizan? ¿Se portará el electorado a la altura para que el Panal, el PT y Convergencia – o como se llame este partidito – pierdan su registro? Porque en el fondo no representan a nadie y más que instituciones serias con proyectos nacionales son remedos de partido. Por desgracia el negocio familiar PVEM podrá tener a su primer gobernador si llega Manuel Velasco a gobernar Chiapas. Pero eso es otra historia.

El PRI con Peña Nieto como su representante tiene todo para realmente impulsar las reformas educativas que requiere el país sin lastres ni chantajes. De tener la voluntad política para limitar el poder de los “maistros” y sus líderes, este país dará un salto en conocimientos y cultura. Con una revolución educativa, México puede lograr no solo matar dos pájaros de un tiro, sino hasta una docena. Elevar el nivel educativo de los niños y jóvenes mexicanos abona en una pléyade de beneficios: desde culturales hasta productivos, pasando por cívicos. Una sociedad educada y con niveles elevados de escolaridad mantiene una relación de civilidad con sus congéneres y vecinos.

¡Extra! ¡Extra! Ahora resulta que el abanderado priísta, Peña Nieto, tiene hijos fuera del matrimonio. Se califica como católico, que leyó la Biblia, aunque no toda, que estudió en escuelas del Opus Dei, pero en el fondo actúa ajeno a los principios bajo los cuales fue educado.

 

El escándalo educativo. Punto # 173 de mayo 19, 2011

21 mayo, 2011

La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

Noam Chomsky en Armas silenciosas para guerras tranquilas

No es un secreto que nuestros niveles educativos distan años luz de convertirse en lo que todos los mexicanos queremos que sean. Evaluaciones académicas van y vienen y a pesar del cambio democrático que hubo en el 2000, nuestros alumnos son incapaces de elevar su nivel académico. Nuestros maestros, más preocupados por lides sindicales que por aspectos pedagógicos, siguen utilizando su peso político como arma para doblegar a las autoridades educativas del país. Tenemos un sindicato magisterial en manos de una lideresa corrupta e ignorante rodeada por una pandilla de depredadores sociales.

Este mes la revista nexos, dirigida por Héctor Aguilar Camín, dedica su número 401 a la educación y la portada reza El escándalo educativo e inmediatamente bajo el título la suma 2+2=5 en clara alusión al blanco de los gises de cal de mi niñez. En la sección introductoria se destaca que “bajo la coordinación de [Gilberto] Guevara Niebla hemos reunido en nexos a un grupo selecto de especialistas para abordar las distintas facetas del escándalo en marcha: su proyecto actual, su crisis conceptual, la gravitación del sindicato sobre las decisiones educativas, la urgencia de calidad que muestran todas las evaluaciones conocidas, un par de perfiles del magisterio y una reflexión sobre lo que debe cambiar en la educación mexicana.”

Entre los diversos ensayos y artículos que componen el tema medular de la revista destaca el análisis introductorio que Gilberto Guevara Niebla titula El rumbo perdido y cuyo eje central es recapitular los hecho hasta la fecha, así como lo omitido durante los últimos cuatro lustros. Su ensayo parte de otro publicado hace casi veinte años, también en nexos: México, país de reprobados.

Leticia Juárez González  en su ensayo Insatisfacción nos muestra los resultados de una encuesta realizada en 2010 sobre el quehacer educativo en México. La opinión pública de padres de familia y población en general sobre diversos aspectos de la educación: calidad, satisfacción, obstáculos, representatividad, liderazgo magisterial y SNTE se muestra en gráficas bastante elocuentes sobre nuestra debacle educativa. Los resultados son desalentadores ya que sobresalen por su porcentaje las respuestas mala/muy mala, pésimo, poco, nada, insuficiente, etc.

Los resultados de la prueba PISA son analizados por Carlos Muñoz Izquierdo y Manuel I. Ulloa en su artículo Últimos en la prueba PISA. Desalentadores y muy pesimistas son las lecturas que emanan de este examen. Ni en comprensión lectora, ni en matemáticas y tampoco en ciencias estamos a media tabla. Somos los sotaneros entre los 34 miembros de la OCDE a nivel educativo en las tres materias medidas (español, matemáticas y ciencias), y mientras otros países tienen adelantos sobresalientes, México apenas y puede ganar tres o cuatro puntos porcentuales. De un total de 65 países que presentaron el examen PISA fuimos el 49 en lectura y el 51 en matemáticas y ciencias.

En Brechas y puentes, artículo de la pluma de David Calderón leemos que los exámenes aplicados a jóvenes de 14 y 15 años “indican que 50% de alumnos está abajo del mínimo aceptable. Tras nueve años de escolaridad formal, la mitad de los alumnos mexicanos muestra carencias educativas que le impiden seguir progresando.”

El Subsecretario de Educación Básica de la SEP y yerno de Elba Esther Gordillo nos quiere ver la cara de ingenuos en su escrito La reforma en marcha. En él nos muestra un proyecto educativo que según su muy personal visión va viento en popa. Será que por ser parte del engranaje oficial tiene que ver el vaso medio lleno y no como lo percibimos millones de mexicanos: medio vacío. Como botón de muestra de su desbordante optimismo esta perla:

“Para cambiar el paradigma del apostolado educativo a la educación para la sociedad del conocimiento no basta con echarle ganas, importa, desde luego, pero no es suficiente. Necesitamos, al menos, brindar a poco más de 25 millones de niñas, niños y adolescentes servicios educativos en condiciones semejantes o superiores a los que reciben sus pares de otros países, con los que estaremos estrechamente vinculados en el siglo XXI.” (Lo subrayado es mío).

En Maestros: Autorretrato, Sylvia B. Ortega Salazar nos pinta de cuerpo entero el perfil del maestro mexicano. Está basado en la Encuesta de Opinión de los Docentes de Educación Básica del 2006 y una réplica levantada en 2010. A mí me resulto en algunos momentos hilarante la forma en que describe a nuestros “egregios maistros”.

En Camarillas, Carlos Ornelas desmenuza la forma en que el SNTE ha logrado mediante el corporativismo agenciarse de un poder inconmensurable. Un poder sindical que tiene en el Partido Nueva Alianza su brazo político; algo inimaginable en cualquier sociedad moderna y actualizada.

El ensayo final, también de la pluma de Gilberto Guevara Niebla, se titula Para desmontar el dinosaurio y sirve como colofón para redondear el análisis que a través de una docena de artículos y ensayos hizo la revista nexos del lugar que ocupa actualmente nuestro sistema educativo. Para ponerse a llorar.

¡Extra! ¡Extra! Con casi 30 puntos porcentuales de ventaja sobre su más cercano perseguidor, Eruviel Ávila del PRI se perfila como el ganador de la carrera por la gubernatura mexiquense. Alejandro Encinas del PRD y Luis Felipe Bravo Mena del PAN ni para un “round de sombra” le servirán. A menos que suceda una verdadera catástrofe el estado de México seguirá siendo gobernado seis años más por el partido tricolor. El mejor aliado de Peña Nieto ha sido López Obrador.

Peña Nieto a la historia patria. Punto # 139 de agosto 26, 2010

26 agosto, 2010

Similar a las emitidas por los héroes que nos dieron patria y pronta a encontrar su lugar en la historia nacional es la frase célebre de nuestro apolíneo gobernador, quien sintiéndose prócer en el cabalístico año centenario, nos endilgo una máxima para la posteridad: “No temo por mi vida.” En la mejor tradición de Pedro María Anaya o Miguel Fernández Félix, éste último mejor conocido como Guadalupe Victoria, el gobernador mexiquense no le importa convertirse en mártir y verter su sangre en suelo patrio para “brindarle seguridad pública a toda la población.” El primero, defensor de Churubusco, soltó al momento de la rendición su famosa locución: “si tuviéramos parque no estaríais aquí.” El primer presidente que tuvo México también tiene su consigna y durante una batalla contra los realistas en Oaxaca explotó: “Va mi espada en prenda, voy por ella.”

Considero que en pleno siglo XXI ofrecer la vida por la patria esta más que desfasado y me suena a rancio nacionalismo decimonónico; a patrioterismo ramplón y a ser émulo de Juan Escutia, pero sin bandera con la cual envolverse. Y como escribió Víctor Hugo Michel en Milenio el 21 de agosto: “Hoy, la idea de morir por la Patria no sólo suena anticuada, demodé, sino que resulta horrible. En un mundo cada vez más globalizado e integrado, en el que las fronteras se borran y todo apunta, a largo plazo, hacia una gran confederación mundial, sentencias como ‘La Patria es primero’ o, peor aún, ‘Patria o muerte’, suenan a hueca demagogia reaccionaria cuando no a necrofilia pura.” La balandronada sobre no temerle a la muerte violenta bajo el argumento, por cierto bastante pueril, de “que en el desempeño de cualquier actividad del orden político, existen riesgos…” suena vacuo y sin sustento. Supongo que al emitir esta opinión no tuvo en mente a sus tres hijos, pues la expresión del gobernador peca de egoísmo.

Emitir tal despropósito parece más orientado a ganar votos y quedar bien, pues es un año donde celebramos los inicios de la Independencia y Revolución e inmolarse por la patria todavía repercute positivamente. En un país donde la historia brilla por su carencia de seriedad y nos guiamos por mitos y leyendas o aún peor, por la historia oficial. La historia de bronce como la llamó el gran historiador mexicano don Luis González y González.

Aunado al reproche nacional que nuestro Secretario de Educación Pública Alonso Lujambio nos endilgo – qué lejos se ven José Vanconcelos, Agustín Yáñez o Jaime Torres Bodet – por no sentir y aplaudir los festejos como el gobierno en turno quisiera, ahora nuestro gobernador se sube al camión del nacionalismo ramplón, el que gusta a las multitudes por no tener sustento histórico alguno y nos hace partícipes de una de las frases más vacuas y frívolas que haya dicho en su corta carrera política. En fin, en un país con niveles educativos de segundo de secundaria, las frases tipo telenovela histórica siempre tendrán receptores adecuados, sobre todo a los creen que el Pípila y los niños héroes existieron.

 ¡Extra! ¡Extra! El pasado lunes Enrique Peña Nieto publicó un artículo en El Universal titulado Jornadas escolares completas (http://www.eluniversaledomex.mx/toluca/nota6488.html). Siendo que soy un acre crítico del gobernador, estoy totalmente de acuerdo con él en los puntos que manifiesta en su escrito. Peña Nieto considera que México debe “pasar de ser una economía maquiladora a una economía basada en el conocimiento.” Para ello expone una serie de puntos como las jornadas de ocho horas de escuela “para que los alumnos desarrollen habilidades artísticas, deportivas y digitales; aprendan inglés y fortalezcan sus conocimientos en las materias que se les dificulten o que despierten su interés.” Apuntala sus dichos con estadísticas internacionales que ponen a México en una situación crítica respecto a la competitividad, niveles educativos y porcentajes del PIB que cada país gasta en educación. Por desgracia en el susodicho escrito, nuestro gobernador no toca ni con el pétalo de una rosa a los inefables y corruptos sindicatos magisteriales; ni el que tiene como dueño a Elba Esther Gordillo, ni al estatal, mercado electoral preferente del priismo mexiquense. Si no se desmantelan los sindicatos y se construye un verdadero andamiaje educativo con universitarios y no normalistas, todo quedará en utopía. Primero hay que educar a los “maistros” para que dejen de rebuznar y aprendan a comprender una lectura y a escribir una serie de ideas o situaciones de manera coherente.

Malos profesores y pésima educación Punto # 121 de abril 22, 2010

22 abril, 2010

En un reportaje de Nayeli Roldán publicado en Milenio el pasado sábado resalta la escasa o nula preparación de los profesores; me niego a llamarlos maestros. Maestro es aquel individuo que después de haber terminado una licenciatura donde invirtió entre cuatro y cinco años de su vida, siguió estudiando un par de años más y tras haber creado un documento original de investigación, obtiene el título de maestro. Luego tendrá que seguir un par de años más y plasmar una verdadera investigación para llegar a ser Doctor. Lo que me inquieta sobremanera: el mencionado reportaje da unas cifras escalofriantes para el sistema educativo nacional. 39 por ciento de los alrededor de millón y medio de profesores que hay en el país reprobaron el Examen General de Conocimientos para Educación Primaria del año pasado. Esto quiere decir que cuatro de cada diez profesores no tiene la capacitación mínima para ejercer la docencia, sin embargo siguen al frente de sus alumnos. Bueno eso no es noticia, lo opuesto lo sería. Tanto las normales públicas como las privadas tuvieron magros resultados y no parecen que vayan a mejorar.

La prueba aplicada a los futuros profesores consta de 200 reactivos donde 51 por ciento de los alumnos de las normales públicas contestaron correctamente tan sólo entre 0 y 118 reactivos. En otras palabras lo reprobaron. Aún siendo estudiantes de sexto semestre de la carrera de la licenciatura en educación preescolar sus herramientas cognitivas y su desarrollo de habilidades distan años luz del mínimo requerido para sacar a México del tobogán educativo en que se metió.

El Presidente dio el banderazo de salida para la aplicación del Examen Nacional de Logro Académico en los Centros Escolares (ENLACE) que se aplicará a más de 15 millones de niños y adolescentes. Entre los varios exámenes para evaluar el desempeño de los niños de primaria y adolescentes de secundaria están la evaluación internacional PISA y la nacional ENLACE. En ambas los resultados arrojados por nuestros educandos son francamente deplorables. Qué si no toman en cuenta el ámbito rural contra el urbano; que no es lo mismo ser maestro en Malmo, Suecia que en Ixtlahuaca, México; que si implementar media hora de educación física les resulta imposible porque la currícula no puede cambiar, etc. etc.  

Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo muestran candorosamente su cinismo y desprecio por la educación en México

En base a los resultados obtenidos por los profesores, dudo mucho que los resultados de los alumnos sean algo de lo que se deba escribir a casa. Los resultados de los últimos años nos muestran una crónica incapacidad de los mentores por mejorar sus habilidades profesionales. El examen tomo como ejes las materias de español y matemáticas y, por ser el 2010 un año de egregios y fastuosos festejos por los centenarios que celebramos, se incluirá historia. Espero con ansia los resultados para corroborar el nulo conocimiento histórico que manejan nuestros educandos.

Seguimos privilegiando la memorización sobre la comprensión y aplicación de los conocimientos adquiridos. Nuestros “maistros” con trabajos logran leer y menos escribir. Para ello sólo es necesario leer algún oficio escrito por algún normalista perteneciente al SNTE o su bizarro hermano menor, el SMSEM, para atestiguar la nula sintaxis y paupérrima semántica que usa. No es gratuito que la ignorante y depredadora lideresa del gremio magisterial a nivel nacional no conozca el lema de la UNAM y le cueste enorme trabajo pronunciar palabras de más de tres sílabas.

Ahora resulta que, si los inefables profesores hacen su trabajo por el cual ya les pagamos con nuestros impuestos, los vamos a gratificar con bonos si sus alumnos logran incrementar sus evaluaciones. ¿Por qué no descontamos 50 por ciento al salario y lo reducimos a la mitad para ese ejército de vividores analfabetas funcionales cuando los alumnos a su cargo no logren los mínimos requeridos para pasar? Porque yo no entiendo esa lógica, pues el mensaje es nefasto. Aún sin realizar el trabajo para el que les pagamos y que a todas luces no llevan a cabo, ahora los vamos a premiar por ello. ¡La patente de corzo en todo su esplendor! Somos un país donde la mediocridad y la pereza son recompensadas por la sociedad. ¡Así queremos salir del atolladero educativo en que nos metieron una institución, la SEP, y un sindicato, el SNTE! Si en realidad queremos salir avante y tener un pueblo pensante y lector cancelemos las prebendas que los “maistros” disfrutan sin merecimiento alguno y reconstruyamos el sistema educativo para crear seres críticos del país, involucrados con su entorno, capacitados para la competencia, innovadores para los usos de la tecnología, honestos con los valores sociales y democráticos, etcétera.

¡Extra! ¡Extra! Entre agentes del FBI y asesores españoles que les hacen la chamba, ¿para qué carajos sirve la mentada Procuraduría General de Justicia del Estado de México y el responsable de ella, Alberto Bazbaz? ¿Acaso no poseemos la tecnología y personal idóneo para investigar el caso de una niña discapacitada que primero desapareció y luego apareció muerta al pie de su cama? Si todas las instancias de gobierno en el estado funcionan como la procuraduría estamos realmente jodidos.

¿Para qué pagamos impuestos? Punto # 102 de noviembre 5, 2009

8 noviembre, 2009

Nuestros egregios representantes legislativos y senatoriales nos acaban de asestar un verdadero madrazo financiero al bolsillo de los causantes cautivos de doña Lolita, la de hacienda.

El bodrio o engendro confeccionado por nuestros representantes con el incremento de uno por ciento al IVA y dos por ciento al ISR para quedar el primero en 16% y el segundo en 30%, así como la disminución para el pago de impuesto al deposito en efectivo que quedó en 15 mil pesos cuando anteriormente estaba en los 20 mil no resuelve el gran problema fiscal que padecemos; es un paliativo, tal y como sería darle un analgésico a un canceroso. No resuelve nada, pues el entuerto va creciendo y nadie quiere entrarle a resolverlo porque nuestra clase política es miope y  lo único que le interesa es la siguiente elección; ¿cómo van a pagar los costos políticos que acarea transformar la situación fiscal de la nación?

Se han escrito infinidad de notas sobre la porquería que se construyó para recaudar nuevos impuestos. El acuerdo fiscal fue avalado por la mayoría en el senado con la anuencia tácita del PRI – los priístas abandonaron la sala de sesiones del senado para evitar el costo político – acto que la panista Beatriz Zavala calificó acertadamente como “cobarde y mariconamente”.

Pero lo que deseo en esta columna es cuestionar la razón por la cual pagamos impuestos. En los países civilizados, porque nosotros no lo somos, aceptémoslo, el pago de impuestos es sumamente alto y la recaudación obtenida de ello es parte importante del PIB. El porcentaje de lo pagado mediante impuestos va de 24% a cerca de 50% y tiene la ventaja de redituar al ciudadano servicios que aquí ni por asomo tenemos. Así mismo la forma de recaudación privilegia el gasto: a más gasto más impuesto. En otras palabras es el IVA el grueso de la recaudación y se basa en cobrar al que más gasta y no como en México, donde se recauda y gravan los ingresosa o sea lo que ganamos. Además se supone que pagamos impuestos para recibir varios servicios y beneficios de nuestro gobierno, tal como seguridad, salud y educación por mencionar los elementales. Dejemos para otra ocasión los servicios secundarios como tener calles sin baches, carreteras transitables, aeropuertos y estaciones de camión dignas, parques públicos limpios, museos y archivos organizados y promotores del conocimiento, etc.

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De seguridad se ha hablado hasta la saciedad: nuestros gobernantes no han tenido ni la capacidad ni el deseo para darnos ese beneficio. Más bien nos endilgan una policía de quinta donde proliferan más hampones que cuidadores de nuestra vida y nuestros bienes. Sólo es cosa de encontrarse con uno de esos energúmenos que a la primera provocación te asaltan, sino es que hasta te asesinan. Es cosa de pasearse por cualquier colonia de cualquier ciudad de México para constatar que hasta el más humilde negocio tiene que enrejar su mostrador o invertir en seguridad privada —  igual de nefasta que la oficial – para proteger sus bienes.

En aras de combatir el narcotráfico el Estado Mexicano ha conculcado nuestros más elementales derechos ciudadanos. Si no es la policía, es el ejército, que como ente autónomo y sin límite alguno han asesinado, torturado o desaparecido a cientos de mexicanos. Recordemos acciones donde familias enteras han sido asesinadas cobardemente por nuestro ejército por “no detenerse en un retén”. Aquí vale el viejo dicho atribuido a Villa, “fusílenlos que luego averiguamos”. ¡Para eso pagamos impuestos!

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La salud de los mexicanos es otro aspecto donde la incapacidad gubernamental es patente. Todos aquellos que han requerido atención médica y no poseen los medios para acceder a instituciones privadas deben padecer el pésimo servicio que los nosocomios de corte gubernamental otorgan. Conocido es el periplo que implica asistir a cualquier hospital o servicio de salud del gobierno federal o estatal. Es un verdadero via crusis. Carecen de personal suficiente, el servicio es deplorable y la mayoría de las veces no tienen las medicinas que necesita el enfermo.

Y no se diga de aquellos que no son derechohabientes del IMSS, ISSSTE, ISSEMyM u otro organismo de salud estatal. El tan cacareado seguro popular te da la opción de tomarte un analgésico si tienes algún dolor o enyesarte el brazo si te lo rompiste, sin embargo ¿cubre los costos y atiende al individuo que requiere quimioterapia por ser canceroso, provee los medios para atender a aquellos que padecen Alzheimer, surte de medicamentos especiales a los invadidos de SIDA? Por algo somos un país lleno de chamanes, brujos y demás charlatanes que sustituyen al doctor y se aprovechan de esas lagunas, más bien océanos, en que se han convertido los servicios de salud nacionales. Pago impuestos para ser tratado de mala manera, recibir atención médica de quinta y tener que pagar mis propias medicinas porque las farmacias oficiales no tienen el producto en sus inventarios.

No tenemos la infraestructura para combatir la influenza A/H1N1 y todavía peor, nuestra incapacidad tecnológica y científica nos mostró que somos incapaces de desarrollar una vacuna para paliar esa enfermedad y, a precios exorbitantes, debemos comprarla a otros países y a laboratorios extranjeros. Tampoco tenemos las suficientes camas para atender a miles de mexicanos que, de propagarse el mal, requerirían hospitalización. ¿Y para eso pagamos impuestos?

Y no se diga nada acerca de las guarderías, allí está el lamentable ejemplo de lo sucedido en Hermosillo, Sonora donde casi medio centenar de niños murieron calcinados o asfixiados y el Seguro Social y las instancias para la promoción de la legalidad, llámese PGR o sus similares a nivel estatal, siguen buscando a quien achacar la responsabilidad. En este país nunca suceda nada. Pero eso sí, cuidado si no pago impuestos, inmediatamente el SAT envía a la PGR para obligarme a hacerlo, sin embargo yo como ciudadano no tengo con quien acudir para exigir que con el pago de mis impuestos se me otorguen servicios acorde con el pago. La verdad es un robo en despoblado.

educacion-un-peligro

Por lo que respecta a la educación, pagamos impuestos para mantener a un ejército de imbéciles que carecen de las herramientas para leer y escribir castellano con propiedad. Nuestros “maistros” son los responsables de tener un país habitado por analfabetos funcionales, castrados intelectualmente e impedidos mentalmente para ser productivos. Un gobierno incapaz tan sólo de alimentar adecuadamente a la población, llena de niños y jóvenes desnutridos imposibilitados de adquirir los conocimientos mínimos para integrarse a la sociedad vigésimoprima (vocablo acuñado por un servidor para referirme al siglo XXI). Un sistema educativo que no promueve el pensamiento crítico y la inventiva intelectual, ya que los encargados de él no tienen el más mínimo interés en enseñar; su finalidad es lucrar y obtener dádivas del gobierno en turno mediante chantajes laborales y de poder – Elba Esther Gordillo del SNTE y Espiridión Sánchez Pompa del SMSEM — olvidándose de capacitar a nuestra población para ejercer sus derechos más elementales. Reto a cualquiera de ellos a sentarse conmigo y decirme a mi cara que los agremiados a su sindicato hacen bien su trabajo. No son más que unos ineptos mantenidos con nuestros impuestos para transmitir mitos, leyendas y una serie de tabúes sociales y castrar cualquier intento de independencia mental mediante su inefable normatividad. Normatividad que sólo ha servido para perpetuar un rezago educativo que impide el desarrollo integral de los niños y jóvenes mexicanos.

Nuestro sistema educativo para el cual se canaliza el mayor porcentaje del PIB y por ende de mis impuestos carece de una instancia donde poder quejarme por el deplorable servicio que otorga. La prepotencia de los normalistas y “maistros” que detentan la patente única para educar carece de una oficina para exigir calidad educativa.

Estos castradores del intelecto promueven los más rancios y reaccionarios principios para lograr mantener al pueblo mexicano inerme y totalmente domesticado. Pago impuestos para mantener a individuos que, aún reprobando el examen de su especialidad, continúan ejerciendo el magisterio. Pago para mantener a idiotas que ni siquiera fueron a la escuela, pero como son hijos de algún profesorcillo se les otorga la facultad de enseñar. Imaginemos a los doctores con un derecho similar: hijos de galenos heredan la plaza de doctor y operan a tus hijos sin haber si siquiera pisado la facultad de medicina de la universidad. ¿Cuántos de los “maistros” que mantenemos con nuestros impuestos ni siquiera fueron capacitados para ejercer la docencia, sin embargo cobran un sueldo que sale de nuestros impuestos y nosotros ni nos inmutamos como sociedad? Basta ya de pagar impuestos para recibir nefastos servicios o de plano no recibir nada a cambio.

Inseguridad, deplorable salud e ignorancia. La esencia misma del estado es que debe otorgar a los habitantes o ciudadanos de su país los mínimos servicios acorde con la calidad que impone las normas internacionales.

En México pagamos impuestos para mantener a una clase política voraz, depredadora, ajena a nuestros problemas e insensible a más no poder. Incluyo también a la burocracia ignorante y mal llamada servidores públicos, pues para lo único que sirven es para medrar del erario.

 

Nuestra paupérrima educación manifiesto # 462 de octubre 28, 2009

28 octubre, 2009

La educación en este país está envuelta en mucha hipocresía y poca ética. Educar implica trasmitir los conocimientos necesarios para llevar a cabo una tarea, sea esta comprensión de lectura, manejar una adecuada sintaxis, ser capaz de propiciar un razonamiento abstracto, pero sobre todo formar entes críticos y racionales que a la postre logren los cambios requeridos por el país para un mejor desarrollo de sus habitantes. En otras palabras la educación debe ser un catalizador social y cultural y no, como la que recreamos, configuración de actitudes y formas sociales anquilosadas, desfasados y contrarias a la realidad en la que se encuentran nuestros adalides políticos la quieren imbuir. 

Por desgracia los encargados de esta tarea carecen de los instrumentos para desarrollarla. Y cuando hablo de instrumentos, considero la infraestructura educativa así como las carencias técnicas que tienen nuestros “maistros” (me niego a llamarlos maestros. Un maestro es aquel individuo que después de su licenciatura estudia de dos a tres años más a nivel de posgrado en una universidad). Nivel educativo que, salvo contados de ellos, logran alcanzar, pero más que nada influir con esos conocimientos en el conglomerado estudiantil nacional. 

Elba Esther Gordillo y Enrique Peña Nieto, matrimonio por conveniencia

Elba Esther Gordillo y Enrique Peña Nieto, matrimonio por conveniencia

La mayoría de los egresados de las normales es analfabeta funcional.  De ser el magisterio un gremio pensante y estudioso, la industria editorial mexicana estaría boyante. Me explico: si suponemos que dentro del magisterio hay alrededor de millón y medio de individuos que directa o indirectamente laboran en ese gremio a nivel nacional, es un requerimiento mínimo de vital importancia profesional, leer al menos un libro al mes (y no hablo de los panfletos de Cuauhtémoc Sánchez); logrando esa base intelectual lectora podríamos “matar varios pájaros de un solo tiro”, pues ello nos daría un gran total de 12 millones de libros vendidos al año en este país sólo considerando a los mentores, que la ser un grupo lector se trasmitiría el gusto por la lectura. Por decreto no se logra que cambiar ese pasmo intelectual y desprecio por la lectura que nos caracteriza. Imaginemos un magisterio lector donde todo maestro trajera bajo el brazo alguna novela, antología y libro técnico sobre su profesión y durante los recesos los vieran sus alumnos leyendo bajo un árbol o sentados al escritorio tomando notas de ellos. La lectura se inculca mediante el ejemplo y no mediante la imposición de decretos y cantidades exorbitantes de recursos monetarios, humanos y de infraestructura. La ausencia de bibliotecas adecuadas es otro gran problema, pero asunto que trataré en futuras entregas. 

De existir esta dinámica es obvio que los “letrados profesores” trasmitirían a sus educandos el gusto y buen hábito de la lectura. Pero no. Nuestros profesores se dedican a demostrarnos que Atila y los Hunos siguen entre nosotros en pleno siglo XXI y si no me creen, ahí están las manifestaciones de franco primitivismo que tenemos que presenciar y soportar de la CNTE y de las diversas secciones del SNTE, sin faltar por supuesto los nuevos egresados de las normales rurales y urbanas, así como los sindicatos magisteriales estatales que no le piden nada al nacional en cuanto a muestras de vandalismo y mayúsculo desprecio por la legalidad y la academia. ¿Las conocerán? Es pregunta. Los problemas en Oaxaca entre las secciones 22 y 59, las constantes manifestaciones porriles de los egresados de normales que al no recibir “un hueso” del gobierno por haber terminado sus ¿estudios? pedagógicos exigen mediante acciones dignas de hordas bárbaras entrar a medrar del presupuesto o el cinismo y desfachatez de nuestros “maistros” que lo único que les interesa es llegar a la jubilación sin tomar en cuenta el gran daño que le hacen al país cuando olvidan educar para corromper y depredar a nuestros niños y jóvenes.

Marcha del magisterio oaxaceño en huelga

Marcha del magisterio oaxaqueño en huelga

De darse la utopía lectora que propongo líneas arriba no sólo el magisterio mejoraría su nivel intelectual a velocidades nunca antes vistas sino que, a la par la población bajo su influencia, niños y adolescentes en edad escolar, que alcanza casi los cuarenta millones, incrementaría su nivel cultural y su comprensión lectora se multiplicaría. México con más de cien millones de habitantes tiene menos de quinientas librerías mientras que las ciudades de Buenas Aires o Barcelona tienen más librerías cada una que el todo el país. Concatenemos la educación a la lectura, pero no mediante decretos, sino con el diario ejemplo de un profesor que bajo el brazo traiga siempre un libro y a la menor provocación, sus alumnos lo vean devorando página tras página, para después trasmitir esos conocimientos a sus alumnos. El simple hecho de leer abre infinidad de puertas que si se las damos a nuestros educandos otro sería el deplorable estado en que se encuentra el país. 

El ejemplo es el mejor trasmisor de actitudes, hábitos y hasta vicios. Nos quejamos de la violencia imperante en nuestras escuelas sin visualizar que proviene de actitudes aprehendidas de los propios mentores y por desgracia de los propios padres de familia (como si tener hijos nos volviera por ese simple hecho sabios respecto a todo lo relacionado a la educación y futuro de nuestros vástagos. Parir no es garantía de cultura y preparación). Hasta la forma de manifestarse de estos profesores o como los llama Carlos Marín los maistros (con todos mis respetos al gremio constructor que se comporta mucho más civilizado que el liderado por Elba Esther Gordillo) sería diferente si leyeran. La lectura es un catalizador de la imaginación y la inteligencia que por desgracia nuestros adalides de la educación no conocen y cuando se las presentan huyen de ella.

Los países que lograron integrarse al concierto de las naciones dentro de un mundo globalizado fueron aquellos que apostaron a la educación. Corea del Sur, Taiwán, Irlanda o Singapur, por mencionar solo tres, supieron como invertir su dinero de forma inteligente y hoy sus pueblos disfrutan de un estándar de vida muy superior al nuestro. Esos países reclutan a sus profesores entre los mejores alumnos de sus universidades y les pagan sueldos decorosos. ¿Cuándo desapareceremos las inefables normales  que nos han demostrado sus limitaciones educativas e integramos los programas de licenciatura en educación primaria a las universidades? Ya la UPN (Universidad Pedagógica Nacional) tiene esa licenciatura pero es apenas el inicio de lo que tiene que llevarse a cabo para tener un verdadero país de personas cultas. Con una población donde el  promedio educativo es de siete u ocho años de escolaridad es impensable que al emigrar a otro país, los mexicanos que huyen de nuestra muy soberana y nacionalista miseria, que según el propio gobierno federa se incrementó en seis millones sólo en el rubro de pobreza alimentaria, accedan a trabajos decorosos y bien pagados. Nos quejamos de que los mexicanos realizan los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit), sin considerar que con nuestros niveles de educación y cultura difícilmente podremos integrarnos a una economía globalizada y extremadamente competitiva. ¿Acaso los cubanos que emigran a los Estados Unidos laboran en el campo, las cocinas y los servicios de limpia? Claro que no y la razón tiene mucho que ver con su nivel educativo y cultural, sin dejar de considerar que su status migratorio es diferente al de nuestros connacionales.

 

Mientras sigamos sin evaluar a los normalistas que tienen la responsabilidad de educar a nuestros alumnos y regalemos puestos de profesor a individuos sin el más mínimo profesionalismo (la normal de Ayotzinapa es un buen ejemplo de imbecilidad en el aula) no habrá solución y el futuro del país va a ser una debacle. 

Aquí en el Estado de México se vive una situación como la descrita en los párrafos arriba citados y a mi entender reviste un problema para la viabilidad como nación. Desgraciadamente el mensaje en el ámbito educativo a nivel estatal es una apuesta al continuismo de formas ya demostradas inoperantes y desfasadas, y mantener el statu quo es privilegiado por el gobierno mexiquense. Enrique Peña Nieto en descarada alianza con el gremio magisterial, en franco contubernio con los liderazgos sindicales de educadores, los ha premiado con diputaciones en el congreso local y nacional. La tan cacareada importancia que la educación tiene, en la práctica se resume en premiar las adhesiones grupales en aras de llegar a la presidencia, dejando de lado la calidad en que se difunde el conocimiento. Comprensible es esta política, pues de tener una sociedad educada y pensante dudo mucho que políticos de la calaña y calidad que tenemos, tuvieran oportunidad de asumir cualquier puesto de elección popular. La educación es requisito sine qua non para la creación de una sociedad de ciudadanos y la democracia se sustenta en la ciudadanía. Por desgracia en México no poseemos ninguna de las dos y nuestro apolíneo gobernador no le interesa en lo más mínimo la educación salvo cuando cumple con alguno de los cientos de promesas “firmadas ante notario” y se toma la foto inaugurando algún tecnológico en cualquiera de nuestros recónditos municipios mexiquenses. ¿Y la calidad educativa, ‘apá?, parafraseando un anuncio. La educación y la creación de entes entes pensantes y propositivos que ayuden a que el país progrese y permita elevar nuestro ya de por sí desgastado tejido social no está dentro de las prioridades del ejecutivo estatal. ¿Si a nivel estatal existe este entramado de intereses ajenos a la calidad educativa, se imaginan mis contados lectores lo que sucederá de llegar a gobernar todo el país?

 


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