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México en Juegos Olímpicos Punto # 42 de agosto 21, 2008

21 agosto, 2008

México en Juegos Olímpicos

Luis Recillas Enecoiz

            El vergonzoso y patético espectáculo que los deportistas mexicanos han mostrado durante los XXIX Juegos Olímpicos de Pekín no me extraña.  La miserable medalla de bronce que ganó la dupla conformada por Paola Espinosa y Tatiana Ortiz en la competencia de clavados sincronizados en la plataforma de 10 metros no logra borrar el escepticismo del pueblo mexicano respecto a nuestros atletas. De no lograr otro triunfo nuestro medallero quedará como en 1960 en Roma, 1964 en Tokio o 1996 en Atlanta, donde se consiguió únicamente una medalla de bronce. En  tres otras competencias olímpicas se ganó también una medalla, pero ésta de plata: 1952 en Helsinki, 1972 en Munich y 1992 en Barcelona.

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            Es en 1923 cuando México es aceptado como miembro del Comité Olímpico Internacional y al año siguiente asiste por primera vez a una competencia olímpica. Tanto en los juegos de 1924 como en los de 1928 el país no logra obtener medalla alguna. Es en 1932 en Los Angeles cuando México gana por primera vez medallas en Juegos Olímpicos, dos de plata; una en box con Francisco Cabañas y otra en tiro con Gustavo Huet. Durante los juegos de Berlín obtenemos tres bronces: en box con Fidel Ortiz, en polo y, aunque usted no lo crea, en basket ball. En dieciocho participaciones, sin contar la actual, el país ha ganado 10 medallas de oro, 18 de plata y 23 de bronce, siendo la XIX Olimpiada escenificada en la Ciudad de México donde se cosechó la mayor cantidad de medallas con nueve, tres de cada metal. Los oros fueron en natación con Felipe “tibio” Muñoz, hoy inepto directivo del deporte nacional, y en boxeo con Ricardo Delgado y Antonio Roldán. Las platas se las adjudicaron el famoso “sargento” Pedraza en caminata, Álvaro Gaxiola en clavados y Pilar Roldán en esgrima. Los bronces fueron para los pugilistas Joaquín Rocha y Daniel Zaragoza y para la nadadora María Teresa Ramírez. Después de los juegos de la Ciudad de México es en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948 con Humberto Mariles y en los de 1984 en Los Angeles con Raúl González y Ernesto Canto, ambos en marcha, donde el deporte mexicano obtiene dos medallas de oro. De quedar el medallero sin cambio, tendremos, después de nuestra vigésima novena participación en las justas olímpicas, una más de bronce. ¡Maravilloso!

            Nuestros máximos ganadores olímpicos son el clavadista Joaquín Capilla quien ganó cuatro medallas: bronce en 1948 en Londres, plata en 1952 en Helsinki y oro y bronce en 1956 en Melbourne. El militar Humberto Mariles montando a Arete y a Parral logra en 1948 obtener dos oros y un bronce en las pruebas de equitación individual y en equipo. Sólo cuatro deportistas mexicanos han subido al podio más de una vez durante los Juegos Olímpicos: Capilla ganó cuatro (1 de oro, 1 de plata y 2 de bronce); Mariles, tres (2 de oro y 1 de bronce); Raúl González, dos (1 de oro y 1 de plata); y Joaquín Pérez de las Heras en equitación (2 bronces). Y es Capilla el único en ganar medalla en tres diferentes juegos. Los otros tres las obtuvieron asistiendo a sólo una Olimpiada.

La disciplina deportiva donde mayor cantidad de triunfos se han obtenido es el boxeo con 13 medallas, (2 de oro, 3 de plata y 7 de bronce), mientras que en atletismo hemos conseguido 10 medallas (3 de oro, 5 de plata y 2 de bronce), la tercera disciplina son clavados con 9 medallas (1 de oro, 4 de plata y 4 de bronce).

            Las excusas, algunas francamente estúpidas, como la de Eder Sánchez quien tras fracasar en la carrera de 10 000 metros acusó gastritis por haber comido pasta demasiado condimentada con salsa de tomate, o que la pareja de volley ball de playa tuviera que pedir prestado los uniformes a las jugadoras alemanas pues los que deberían utilizar no estaban avalados por el Comité Olímpico Internacional. Las declaraciones de los fondistas de 10000 metros en las que lamentaron las condiciones en que tienen que entrenar, y en entrevista televisiva, externaron que continuamente tienen que viajar hasta un día para llegar a las instalaciones deportivas para entrenar. Aunado a esto descalificaron la medicina deportiva que se aplica en México, ya que no se ha desarrollado bastante para preparar a nuestros atletas.

            No veo por donde podamos ganar alguna medalla más; la presea ganada en Pekín, más que ser el resultado de un planeado programa gubernamental, muestra que nuestros deportistas ganan con agallas y por su esfuerzo y calidad individuales. ¿Para qué sirven las autoridades deportivas del país, en especial Felipe Muñoz, Carlos Hermosillo o Mario Vázquez Raña? Nuestro deporte, al igual que nuestro sistema educativo, nuestros hospitales, nuestra policía, nuestros políticos, nuestra empresa petrolera, nuestras carreteras o nuestros medios masivos de información,  esta desahuciado y requiere de terapia intensiva. Tenemos cuatro años para que a la sombra del Big Ben londinense nuestros autóctonos deportistas muestren lo que trabajen de aquí a entonces.

            Y como colofón: lo más probable es que no califiquemos al Mundial de Sudáfrica de 2010. Hagan sus apuestas.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

¿Acaso el deporte es excepción? Punto # 33 de junio 19, 2008

19 junio, 2008

¿Acaso el deporte es excepción?

Luis Recillas Enecoiz

            La situación actual del país es crítica. No hay día que no leamos o escuchemos noticias negativas sobre nuestro accionar nacional. Busco afanosamente alguna noticia que me permita ver una luz en el horizonte y lo que sobresale es una espesa niebla que ni el camino permite ver. La metáfora no es gratuita, pues tiene varias aristas que la hacen aplicable a nuestro presente. Enumero algunos aspectos que considero que limitan nuestro crecimiento y desarrollo como nación: la inseguridad pública y la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado que no tienen para cuando acabar, los ínfimos niveles en educación que hacen hincapié en la obediencia del alumno y el respeto al profesor en lugar de la crítica constructiva y la observación inteligente de los fenómenos sociales que aquejan a México, la crisis alimentaria que se avecina y parece que durará una década, la reforma energética que se focaliza en el petróleo y desprecia las energías alternativas, la balanza comercial que muestra un déficit frente a los países con los tenemos intercambios comerciales, la incapacidad gubernamental de atraer inversiones para proyectos sustentables, la caída en las remesas por el endurecimiento de las políticas norteamericanas de inmigración, el subsidio a los bienes de consumo masivo que a la larga nos harán vulnerables a los vaivenes económicos mundiales, la lenta muerte del campo mexicano que ya ni para el autoconsumo sirve, la emigración de una fuerza de trabajo necesaria para un sano desarrollo del país, la nula capacidad del estado para crear bienestar para la población, la clase política insensible y nada receptiva a los reclamos ciudadanos, los partidos políticos más preocupados por ganar elecciones que en elevar nuestros estándares de vida, las carretadas de dinero gastadas en promocionar la imagen de políticos con aspiraciones presidenciales, la dependencia tecnológica que nos impide desarrollar una propia, el analfabetismo funcional que padece el pueblo mexicano gracias a los profesores que no promueven la lectura, la endémica incapacidad del mexicano por proteger nuestro entorno natural, el hacinamiento en que se vive en las grandes ciudades, los políticos que nos consideran retrasados mentales y nos endilgan una serie de excusas para justificar sus estupideces, las instituciones de educación media superior y superior que sólo pueden recibir a uno de cada cuatro jóvenes para continuar sus estudios, la incapacidad crónica del pueblo mexicano para emigrar de un sistema benefactor y paternalista a uno donde existan ciudadanos

conscientes de sus derechos y obligaciones, la debilidad impositiva del estado por obtener recursos a través de nuestros impuestos, los liderazgos sindicales más preocupados en amasar fortunas y poder que en fortalecer el ámbito laboral de sus agremiados, las televisoras cuya programación raya en la estulticia e insulta la inteligencia por sus contenidos ramplones y sus estereotipados personajes, la irresponsabilidad civil de una población que no tiene respeto alguno por el entorno natural y se dedica a depredar bosques y mantos acuíferos, la endémica corrupción que pulula en nuestra sociedad que gasta más de 27 mil millones de pesos para obtener beneficios “en lo oscurito”, la expulsión de más de medio millón de mexicanos que emigran anualmente a los Estados Unidos para mejorar su condición económica y laboral, los millones de niños y jóvenes que no tienen acceso a la educación y terminar en las calles, los gobernadores ya sean “preciosos” o “piadosos” que tuercen la ley y buscan incrementar su poder aliándose con individuos u organizaciones bastante cuestionables, los miopes empresarios que aglutinados en sus camarillas lloran y exigen exención de impuestos y apoyos económicos sin aportar al país lo que realmente nos permitiría despegar industrialmente e insertarnos en el mundo globalizado, la clase política con una visión limitada que no le permite otear el horizonte más allá de la siguiente elección, los padres de familia que consideran el sistema educativo adecuado para sus hijos privilegiando los valores más rancios y arcaicos de una sociedad decimonónica, los presidentes municipales que dándole la vuelta a la ley se mofan de ella utilizando clones para promover obra pública, las fuerzas armadas que desplegadas por el territorio nacional sustituyen a una inexistente o corrupta fuerza policiaca y violan los derechos humanos de los mexicanos, la apatía del estado para evitar la invasión de zonas peligrosas para el hábitat y la renuencia de aquellos avecindados en ellas por dejarlas, la idiosincrática incapacidad del pueblo mexicano por mantener limpias las ciudades y los ríos, el idiota chovinismo que considera a cualquier individuo nacido fuera de México como conquistador y vendedor de espejitos, la ancestral virtud de creer que al envolvernos en la bandera nacional se solucionarán todos nuestros problemas, la desgarradora y vergonzosa costumbre de maltratar a las mujeres bajo el espurio argumento de que somos muy machos, los bancos que más parecen agiotistas con licencia que promotores del crédito y el ahorro, la iglesia católica buscando siempre que el estado laico se convierta en un proyecto católico integrista, y dentro de esta lista de deteriores nacionales, ¿acaso nuestro deporte es la excepción? Vaticino una muy pobre participación mexicana en los próximos juegos de Pekín (mi perro es pekinés y no beijinés) y estoy convencido que a nuestro máximo exponente deportivo y símbolo del nacionalismo mexicano, la selección nacional de fútbol, le irá muy mal en las eliminatorias para el próximo mundial. ¿Acaso el deporte es excepción?

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx


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