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Recuerdos del 2009 Punto # 108 de diciembre 17, 2009

17 diciembre, 2009

Este año que a punto está de terminar fue marcado por decenas de eventos que lo harán inolvidable. Varios de ellos funestos para el país. Desde las desangeladas elecciones intermedias hasta el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, pasando por la inexplicable actitud del gobierno durante la crisis de influenza o el incremento de la espiral de violencia que nos aqueja a todos los habitantes de México, gracias a la guerra que Calderón mantiene contra un enemigo invencible, el narcotráfico. Y en el entorno internacional, salvo la llegada de Barack Obama, un afroamericano a la presidencia de los Estados Unidos, no existe acontecimiento que mitigue el amargo sabor que nuestra realidad nos deja.

 Las elecciones intermedias no llenaron las expectativas que los ciudadanos teníamos de los elegidos. El apuntalamiento de nuestro apolíneo gobernador como serie aspirante a la candidatura de su partido para las elecciones presidenciales del 2012 habla muy mal del electorado nacional. En base a carretonadas de dinero y al apoyo de las televisoras, uno de los poderes fácticos en la nación, la carrera presidencialista de Peña Nieto salió del closet y comienzan a proliferar grupos de fans, cual si fuera actor de telenovela, para organizar a los futuros votantes a emitir el sufragio en su favor. Resulta insultante que sus cualidades no transiten por la capacidad política, cultural o económica y se sustente en sus cualidades estéticas. 

Después de presenciar el bodrio que nuestros recién electos legisladores confeccionaron para paliar los funestos efectos de la debacle financiera mundial y engendrar un potingue financiero y económico, cuando asumieron sus “responsabilidades” diputadiles, lo que resulto el egresos e ingresos de próximo año. 

No olvidemos a esas abnegadas y sacrificadas mujeres que con su actitud sumisa y servil insultan a todas las féminas. Las “juanitas”, que sin pudor y dignidad alguna, renunciaron a sus curules para que sus patrones masculinos – padre, hermano o marido – tomaran su lugar en San Lázaro. Eso es no tener madre. Y después se quejan las mujeres de ser maltratadas, si son ellas mismas las que no se respetan ni un ápice. 

Es en base a los ejemplos arriba citados que adjetivo a la elección de mediados de año como una debacle. Legisladores ineptos y corruptos, mujeres sumisas y políticos guapos. ¡Vamos muy bien como país!

La tragedia que ocurrió en Hermosillo en una guardería del Seguro Social y que le costó la vida a casi medio centenar de niños sigue sin tener responsables. Desde abril en que aconteció la catástrofe, los órganos de justicia estatal y federal, han logrado esclarecer, pero ante todo responsabilizar a los ineptos que propiciaron que cientos de mexicanos, los padres de las víctimas, vivan acongojados por el resto de sus vidas. En un artículo previo escrito en agosto cuestioné la ineptitud de nuestro sistema judicial y legal, al mismo tiempo que vaticiné que el año terminaría sin  haber respuesta a los padres de los niños y a la sociedad en general. Seguiremos esperando a que nuestros ínclitos jueces y leguleyos encuentren la cuadratura al círculo. Mientras tanto, casi medio centenar de familias seguirán a la espera del siempre socorrido y cacareado “estado de derecho y apego a la ley” que la basura que gobierna nos quiere vender en sus discursos. ¡A ver quién lo compra!

La pandemia de influenza que asoló al país y en especial al Distrito Federal orilló al gobierno a instaurar un cerco sanitario y, aunque no se llamó como tal, a una cuarentena. La solución más que ayudar, catalizó la quiebra de innumerables negocios, en especial las microempresas de corte familiar. La incapacidad de nuestro sistema de salud de prevenir la hecatombe prohijó una solución que acarreó males mayores. Me fue imposible entender cómo en la capital del país casi llegamos a niveles de parálisis total, y en otras entidades, sobre todo las fronterizas ni el cruce de personas a Estados Unidos se limitó. Formas bastante diferentes de asumir una defensa contra una pandemia. Los residuos de la fallida ofensiva se siguen sintiendo en la capital. El Estado de México también sufrió las erradas políticas gubernamentales que nuestras autoridades locales establecieron, sin que aquellas llegaran al nivel de las capitalinas. La emergencia nos mostró que nuestro endeble sistema de salud no tiene herramientas adecuadas para prevenir y paliar con situaciones de dimensiones mayúsculas que  inciden en toda la nación. 

Nuestra guerra, porque aquí vivimos, en México ha sido una verdadera calamidad. La cantidad de muertos, heridos y detenidos no ha limitado el poder del enemigo. Tener al ejército en las calles para suplir la carencia de policías debidamente entrenados, no ha hecho mella alguna en el poder que tiene el hampa. El narcotráfico y el crimen organizado siguen tan campantes y haciendo negocios más lucrativos que antes. Ya ha sido cuestionado acremente el presidente por continuar una lucha que a todas luces no reditúa en un mayor bienestar de la población. Bajo un argumento bastante baladí: los mafiosos se matan entre sí, quiere el gobierno justificar su incapacidad de brindar seguridad a la ciudadanía. Balaceras a plena luz del día y en céntricas avenidas de cualquier ciudad son noticia cotidiana. ¿Cuántos infelices transeúntes, que sin deberla, y por el simple hecho de caminar por su colonia han sido muertos o heridos, ya sea por balas del narco o por aquellas de militares? Sin que avale el informe de Amnistía Internacional que acusó al ejército mexicano de violar los derechos humanos, no entiendo una guerra que a todas luces lo único que ha dejado son mexicanos muertos. Así es, porque la inmensa mayoría de los narcos muertos son mexicanos. Quieren hacernos creer un narco no tiene nacionalidad y viene de Marte. Son narcos a secas, a menos que sean de otro país. Entonces sí se hace hincapié en su condición de extranjero. Pero si son narcos mexicanos, nunca se hace mención de su condición de ciudadano mexicano, al serlo se les birla la nacionalidad. A la engañosa política castrense con que nuestros políticos quieren engañarnos, de que el ejército mexicano lucha contra el narco, se les olvida mencionar que los narcos, si bien son criminales y como tales deben ser juzgados, también son mexicanos. Ahora, en pleno siglo XXI, que por segunda vez en la historia patria un presidente declara la guerra – la primera fue contra el eje Berlín-Tokio-Roma y la hizo Ávila Camacho – nuestro mayor enemigo resulta ser como siempre otro mexicano.

Por fin el 2009 se apaga, pero nuestros problemas y calamidades retornarán con mayor fuerza nada más inicie 2010.

¡Extra! ¡Extra! Felices fiestas decembrinas y un mejor año que éste que acaba les deseo en 2010 a mis contados lectores.

México en el mundial de 2010 Punto # 107 de diciembre 11, 2009

11 diciembre, 2009

En esta entrega haré un poco de historia futbolística sobre los partidos que el equipo nacional de fútbol ha jugado a nivel inaugural y lo coincidente que resultó el grupo en que fue incluido. A raíz del sorteo efectuado en Sudáfrica la semana pasada y donde el equipo mexicano quedó ubicado en el grupo “A” junto con el anfitrión Sudáfrica, Uruguay y Francia, me tomé la libertad de recabar algunos datos sobre México en juegos de inicio durante los mundiales de la especialidad. 

De acuerdo a una encuesta de María de la Heras para el periódico deportivo La Afición, a pregunta expresa sobre el resultado del partido inaugural entre México y Sudáfrica, el país anfitrión, las respuestas fueron: 40 por ciento considera que México gana; 39 por ciento, que empata; 15 por ciento que pierde y 6 por ciento no sabe o no contestó. 

Pasemos a la información sobre los cuatro partidos que México ha jugado al iniciar un mundial. Tres de ellos se efectuaron en América: 1930 en Uruguay, 1950 en Brasil y 1970 en México. Solamente el partido de 1958 se efectuó en Europa. Invito a mis contados lectores a repasar la información y a aquellos ya entrados en años, a revivir esos cuatro partidos en que México fue protagonista del inició de un mundial. 

El 13 de julio de 1930 ante seis mil espectadores que se dieron cita en el Estadio Pocitos del Club Peñarol de Montevideo, México perdió ante Francia 4-1. El primer tiempo terminó 3-0 con goles de Lucien Laurent (19′), Marcel Langeller (40′), André Maschinot (43′). Para el segundo tiempo, el único gol marcado por México fue de Juan Trompito Carreño (70′) y el cuarto de Francia fue el segundo de André Maschinot (87′). México alineó al militar Óscar Yori Bonfiglio en la portería; Rafael Garza Gutiérrez Récord y Manuel Chaquetas Rosas en la defensa; Efraín Amezcua, Alfredo Viejo Sánchez y Felipe Diente Rosas en la media cancha; y Dionisio Nicho Mejía, Hilario Moco López, José Pepe Ruiz, Juan Trompito Carreño y Luis Pichojos Pérez en la delantera. El entrenador del equipo nacional fue el español Juan Luque de Serrallonga. México tuvo el privilegio de jugar el primer partido del primer mundial, pero también recibió el primer gol marcado en este tipo de competencias. Nunca más hemos vuelto a anotar un gol en partido inaugural de un mundial.   

Veinte años después, el 24 de junio de 1950, en un escenario totalmente diferente, el Estadio de Maracaná y ante cerca de 150 mil aficionados, México inauguró la cuarta copa del mundo ante el anfitrión Brasil donde el equipo que entrenó Octavio Vial perdió por un marcador de 4-0. Los goles los anotaron Ademir (30’), Jair (65’), Baltasar (71’) y cerró la cuenta con su segundo gol del juego, Ademir (79’). El equipo de México presentó una alineación francamente defensiva y fue la siguiente: Antonio Tota Carvajal de portero; José Antonio Roca, Felipe Zetter, Rodrigo Ruiz y Alfonso Montemayor de defensas; Carlos Septién, Guadalupe Velázquez, Héctor Ortiz y Mario Ochoa en la media cancha y Horacio Casarín y Mario Pérez como los únicos delanteros.

Dos mundiales después, en 1958, y bajo la dirección técnica de una dupla – Antonio López Herranz e Ignacio Trelles – resultó igual que en las dos ocasiones anteriores en que nos tocó jugar el partido inaugural. Ahora en Europa y ante el país sede de la copa del mundo, Suecia, el equipo mexicano perdió 3-0 ante 45 mil espectadores en el Estadio “Rasunda” de la ciudad de Solna, a pocos kilómetros de Estocolmo. Los goles fueron obra de Agne Simonsson (17’), Nils Liedholm de penal (57) y otra vez Simonsson (64’). Ese 8 de junio de 1958, México jugo en la cancha sueca con  [1] Antonio Tota Carvajal, [2] Jesús del Muro, [3] Jorge Romo, [4] José Jamaicón Villegas, [5] Alfonso Pescado Portugal, [6] Francisco Panchito Flores, [7] Alfredo Fello Hernández, [8] Salvador Chava Reyes, [9] Carlos Calderón de la Barca, [10] Crescencio Mellone Gutiérrez y [11] Enrique Loco Sesma.

La inauguración del mundial de 1970 ante la extinta Unión Soviética fue el 31 de mayo de 1970 en el Estadio Azteca ante más de 100 mil fanáticos y se empató a cero goles. Lo mejor del juego inaugural fueron la afición, que llenó el Estadio Azteca, y la monumental rechifla que se llevó Gustavo Díaz Ordaz, energúmeno presidente priista de México. El equipo nacional, al cual entrenaba Raúl Cárdenas, alineó con los siguientes jugadores: [1] Ignacio Cuate Calderón, [3] Gustavo Halcón Peña, [5] Mario Pichojos Pérez, [6] Guillermo Campeón Hernández, [10] Horacio López Salgado, [13] José Vantolrá, [14] Javier Kalimán Guzmán, [15] Héctor Pulido, [18] Mario Velarde, [19] Javier Cabo Valdivia, [21] y Javier Chalo Fragoso. Antonio Munguía con el número 8 entró de cambio al minuto 67 por Mario Velarde.

Cuatro juegos de inauguración mundialista – 1930, 1950, 1958, 1970 – y ahora 2010, año que también cierra una década . Los números no hablan muy bien del equipo: tres derrotas y un empate. Un gol a favor por once en contra y, lo más preocupante, desde 1930 no anotamos un gol en partidos que inician la competencia. Desde el torneo de 1970 que se efectuó en nuestro país, no hemos vuelto a tener ese privilegio. Después de cuarenta años, México vuelve a ser el protagonista de un juego de esta envergadura. Las cuatro ocasiones anteriores en que hemos jugado el primer juego, en dos de ellas, lo hicimos ante el equipo anfitrión o nosotros lo fuimos. Por segunda vez tendremos el honor de ser vistos por millones de espectadores a nivel mundial a través de la televisión en un partido inaugural, pues las primeras tres confrontaciones no tuvieron ese privilegio tecnológico. El primer juego de cualquier competencia internacional despierta mucho interés, aún entre los individuos poco duchos en el deporte, porque aparte del juego, se condimenta el partido con un espectáculo artístico y cultural, ya que es el comienzo del torneo.

Las coincidencias entre el torneo jugado en Inglaterra en 1966 y el del próximo año son asombrosas. En aquella competición fuimos ubicados en el grupo uno junto con el país sede, Inglaterra y nos enfrentamos a Francia y Uruguay. Para el campeonato del año entrante estaremos ubicados en el grupo uno junto con el país sede, Sudáfrica y nos enfrentaremos a Francia y Uruguay.

En aquella ocasión empatamos con Francia (1-1) con gol de Enrique Borja a los 48’ y con Uruguay (0-0). Perdimos con el anfitrión en el Estadio de Wembley 2-0 con un golazo de Bobby Charlton que disparó desde más de treinta metros de la portería de Ignacio Cuate Calderón. El otro gol fue obra de Roger Hunt en la segunda mitad. A la postre el equipo de la rosa sería campeón del mundo al vencer a Alemania Occidental. Las similitudes son francamente asombrosas y me remiten a un déjà vu futbolero. De repetirse la misma historia que hace 44 años, podemos despedirnos del mundial africano en la primera etapa. Empatamos con Francia y Uruguay y nos gana Sudáfrica. Las circunstancias y la evolución futbolística de todos los equipos participantes nos auguran, sin embargo, resultados poco previsibles. 

Con información tomada de:

  • La Selección Nacional, I. Con el orgullo a media cancha (1923-1970) de Carlos Calderón Cardoso, Editorial Clío, México, 2000.
  • La Selección Nacional, II. Por la senda del triunfo (1970-1999) de Greco Sotelo, Editorial Clío, México, 2000.
  • http://es.fifa.com/worldcup/archive/

¡Extra! ¡Extra! Esta semana saldrá el campeón de nuestro torneo local de fútbol: Cruz Azul y Monterrey son los finalistas. Ambos equipos, salvo en sus terruños, tienen muy poca afición a nivel nacional. Poco interés despierta una final con estos dos equipos; al menos para quien esto escribe.

México Punto # 106 de diciembre 4, 2009

4 diciembre, 2009

Lástima que este país haya caído en manos de mexicanos. Pues sí, así es. La grandeza de una nación la hacen sus propios habitantes y si nosotros no hemos podido salir del hoyo en que nos encontramos es culpa nuestra y de nadie más. Allí están Alemania y Japón que después de la II Guerra Mundial en 1945 lograron en medio siglo volverse a poner de pie y actualmente son líderes mundiales a pesar de haber sido devastados hace 60 años. Si alguien es responsable de la situación que vive y ha padecido México desde 1821 es culpa de nosotros, los mexicanos. Ciento diez millones de habitantes. Cuatro o cinco millones sirven para algo y enaltecen al país, sin embargo abundan por la geografía mexicana cerca de cien millones de iletrados y conformistas que no sirven absolutamente para nada: Basura cultural, castrados intelectuales, ignorantes endémicos, católicos de pacotilla, analfabetas funcionales, corruptores de la justicia, infantiloides históricos, asesinos ecológicos, rateros socialmente aceptados, deshechos humanos. El mayor peligro para esta región geográfica llamada México somos los propios mexicanos, ya que justificamos nuestros desatinos, propugnando que somos únicos y como México no hay dos. Todo lo que funciona en otros países lo desechamos bajo pueriles argumentos de que somos diferentes y únicos, por lo que hay que hacer las cosas a la mexicana. ¿Por qué el mundo permite que acabemos con todo lo que tocamos? De tener una responsabilidad cultural, civilizatoria, social, humanística o histórica nos expropiarían el país para refundarlo o de perdida limitar la cantidad de atrocidades que en nombre de la soberanía nacional realizamos: desde linchar al vecino a la menor provocación hasta devastar ríos y montañas. Si amamos este planeta hagamos algo con la inmensa mayoría de habitantes de este país que por lo visto no hemos tenido la capacidad de mantenerlo medianamente viable, pero sobre todo enaltecer y encumbrarlo; más bien tratamos de destruirlo.

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El país está como esta bandera nacional: desecho

Claro que en México existe un puñado de instituciones de calidad mundial – Colegio de México, UNAM, Politécnico, Instituto Nacional de Medicina Genómica, etc. – y por ende hay algunos miles de connacionales que han aportado algo a la humanidad y puesto “el nombre de México en alto”, como dirían los parlanchines locutores deportivos. Sin embargo medio millón, por ser optimista, contra cien millones, no representa un saldo favorable para el país. Esos mexicanos lo han hecho gracias a que tuvieron influencias “extranjerizantes”, buenas y malas, pero al fin y al cabo descollaron. Desde Octavio Paz y Carlos Fuentes, por mencionar al par de literatos más representativos de la otrora cornucopia pletórica de riquezas que era México, hasta Enrique Norten y Soledad Loaeza, pasando por Enrique González Cabot, Lorenzo Meyer o Herminia Pasantes. Sin embargo ese minúsculo grupo poco puede hacer para engrandecer nuestro país. Las heces fecales no huelen bien sólo por salpicarlas con algunas gotas de perfume y lo que hemos creado como país hiede. Todo lo que tocamos los mexicanos lo destruimos y contaminamos o, lo transformamos en un engendro sin pies ni cabeza. Tan jodidos estamos que aquellos nacidos aquí tienen que largarse para no morir de hambre y ya en otro país, sobre todo Estados Unidos, logran recibir una verdadera educación y convertirse en astronautas. De haberse quedado aquí en México los cosmonautas de “origen” mexicano José Hernández y John Olivas hubieran terminado vendiendo chicharrones en un carrito por las calles de la colonia Buenos Aires de la ciudad de México. La educación en este país esta diseñada por pendejos para mantener a sus habitantes todavía más pendejos, sin descontar la deplorable tarea que Televisa y TV Azteca aportan para la domesticación de nuestra población con su basura televisiva pletórica de telenovelas y programas de concurso diseñados para individuos sin defensa intelectual alguna.

¿Cómo va a ser grande un país si la inmensa mayoría de los habitantes no sabe leer y menos escribir nuestro propio idioma, el español? El analfabetismo funcional galopante que aqueja a nuestros conciudadanos es resultado de políticas donde la domesticación y apatía son privilegiadas por nuestra clase política. ¿Qué hemos aportado a la humanidad, a nuestros congéneres? ¿En qué hemos ayudado a la civilización occidental a la que se supone pertenecemos para su engrandecimiento? Somos inefables descendientes de antropófagos y caníbales con todo y nuestro gran imperio Azteca (odiado por sus contemporáneos por sojuzgar a sus vecinos). De no haber llegado los españoles seguiríamos con nuestras guerras floridas y vistiéndose con taparrabos. Odiamos al conquistador y en oposición amamos al fraile, siendo que ambos nos conquistaron por igual: aquellos política y económicamente; éstos espiritualmente. Lástima que alguna potencia mundial no ponga orden en nuestro país y discipline al inmenso porcentaje de nuestros connacionales, pues actúan como fauna nociva y a donde pululen por la geografía nacional dejan basura de toda clase: física, social y psicológica.  Somos un lastre para el planeta. Un pueblo que no tenemos nada que aportar, salvo mendigar por el planeta. Y ahora queremos reproducir nuestras deficiencias y taras sociales y culturales por el mundo. Exigimos al gringo que no maltrate al emigrante mexicano siendo que tratamos peor a los centroamericanos que atraviesan el país. Por algo durante los juegos de fútbol con Honduras y Salvador abuchearon nuestro himno. Para ellos significa vejaciones, abusos y humillaciones. Entendámoslo ni somos únicos en el mundo y mucho menos importantes para él. Salvo durante hecatombes somos noticia en otros países y aún seguimos siendo uno de los países donde menos personas quieren inmigrar.

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De la galería de Galtzagorri Mendietan

Nos escudamos en la virgen de Guadalupe con el ramplón argumento que no hay pueblo en el planeta que tenga una deidad semejante y nos enorgullecemos de ondear en todo juego futbolero la bandera nacional. Son dos símbolos que no merecen respeto alguno, pues simbolizan un país en el cual no nos respetamos a nosotros mismos. Somos patrioteros futboleros sin consciencia histórica alguna. Esa famosa película de Sergio Arau, Un día sin mexicanos muestra que nuestra función en la tierra es fungir como sirvientes de los gringos. ¿Acaso los inmigrantes cubanos, indios, vietnamitas o de otros países en los Estados Unidos terminan de sirvientes? Claro que no, pues sus niveles educativos son muy superiores al de los mexicanos. Además, si no hay mexicanos, pues allí están los centroamericanos para hacer los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit). Un pueblo que ovaciona a las estúpidas actrices de telenovelas ordinarias y cursis cual si fueran ganadoras del premio Nobel, lo único que muestra es la deplorable educación que poseemos. Somos los mexicanos, individuos que leemos medio libro al año y como tal deberíamos ser vueltos a conquistar por pueblos cultos y lectores. No es posible que España con 43 millones de habitantes tenga ocho veces más librerías que México. Las ciudades de Barcelona o Buenos Aires tienen más librerías que todo México como país tiene.

Presumimos de nuestras ciudades coloniales – Querétaro, Guanajuato, Zacatecas, etc. – pero recordemos que fueron diseñadas y construidas por españoles. Las ciudades cien por ciento mexicanas son Nezahualcóytl, Chalco y Chimalhuacán y son, verdaderamente una soberana porquería. Hablamos de la belleza femenina mexicana. ¿Existe? Bellas las eslavas, rusas y venezolanas. La casi totalidad de las mujeres mexicanas son una verdadera vergüenza para el sexo femenino: abnegadas y obedientes que se asustan del erotismo. Un minúsculo grupo de ellas es pensante y exige sus derechos. Allí tenemos a las “juanitas” de nuestro poder legislativo, renunciando a sus curules para que el esposo, hermano o padre las sustituya. Vaya desfachatez de género. Siguen pensando que la decencia esta en los órganos genitales. Está prohibido el aborto en 31 estados, salvo el D.F., sin embargo de modo altamente sofisticado matamos de hambre a la cuarta parte de la población nacional y más de la mitad vive en pobreza y con francas carencias de toda índole. ¿Y que hacemos como sociedad para remediar este desatino? Pues nada, ni siquiera nos inmutamos. Los mexicanos ni exigimos y cual cachorritos hacemos cola para recibir unos mendrugos de pan del gobierno en turno. Ni dignidad tenemos como seres humanos, nos la extirparon.

Por mi parte yo no respeto en lo más mínimo íconos como son la virgen de Guadalupe y lo que llamamos bandera nacional. El verde debería representar la marihuana que cosechamos en el país y por la cual es muy bien conocido México en el mundo entero; el blanco el semen del europeo que nos heredó algo de civilización y el rojo la sangre que nosotros, los propios mexicanos, vertemos cuando nos masacramos unos a otros desde que somos país independiente.

S.O.S. pide el planeta. Pidamos ayuda para erradicar y transformar nuestra mentalidad y educar a los cien millones de compatriotas idiotas e ignaros que habitan entre los ríos Suchiate y Bravo y entre los oceános Pacífico y  Atlántico. Debemos aceptar nuestra incapacidad para crear las condiciones que como nación se requieren para sacar al “buey de la barranca”.

El aborto en México Punto # 105 de noviembre 26, 2009

27 noviembre, 2009

Recién se aprobó en Veracruz la ley que promueve “la vida desde la concepción”, o sea se penaliza el derecho de toda mujer a la interrupción del embarazo, al aborto. Siguiendo las premisas católicas, los legisladores veracruzanos le hacen el trabajo sucio al episcopado. Lo peor del asunto es que son hombres, el sector masculino el que decide las políticas públicas de las mujeres mexicanas. Y las mujeres mexicanas no dicen absolutamente nada sobre el asunto. El hecho habla muy mal de nuestros “machos” legisladores, pero habla pestes, por su nula reacción del atentado al sector femenino que se materializa en las mujeres mexicanas, que de tener conciencia social y de género saldrían a las calles a clamar por un derecho que les corresponde únicamente a ellas. ¿Y dónde están? Salvo contados grupos, la mayoría de la población en México no ha reaccionado, y digo la mayoría pues en nuestra nación hay más mujeres que hombres según el INEGI, 51 contra 49 por ciento.

La idea juarista de la separación entre estado e iglesia que se promulgó, por cierto en Veracruz, hace 150 años se viene a tierra. La laicidad del estado mexicano se ha ido al caño. El PRI en voz del mandatario estatal Fidel Herrera envió el proyecto de ley a la legislatura local y los jarochos se suman a la andanada conservadora que considera a la mujer menor de edad e incapaz de decidir sobre su propio cuerpo. Para quedar bien con el episcopado ya van 17 estados que han habilitado candados legales para evitar que se legisle a favor de la interrupción del embarazo.

¿Y qué sucede con los millones de mexicanos que no profesamos religión alguna? Entiendo que aquellos que se dicen católicos asuman los preceptos religiosos de sus líderes espirituales. Válido y aplaudo la decisión. Si eres católico y estás de acuerdo con no abortar, pues tan sencillo, no lo hagas, pero de allí a querer y creer que todos los mexicanos somos guadalupanos y católicos existe un océano.

Desgraciadamente a las únicas que afectan estas leyes decimonónicas y retrógradas es a las mujeres humildes. Pues las clases medias y altas, las que tienen los recursos para viajar a Estados Unidos, Europa o a la ciudad de México tienen alternativas que las más pobres no poseen. La “contrarreforma mexicana” como la llama Roberto Blancarte tiene como fin conculcar los derechos femeninos bajo el debatible “derecho a la vida desde la concepción”, argumento que incita al debate y a rebatirse e impide una sana e independiente discusión sobre el tema. Imponer una visión única del concepto va en franco retroceso al ideal que como sociedad deseamos instaurar en México. ¿Dónde quedó la idea de ser un país aglutinador de ideas divergentes, diversas y multicultural y dónde la libertad de elección religiosa? Resulta incongruente que un partido, el PRI que se dice laico y republicano emanado de la Revolución Mexicana, sea el principal interlocutor de los designios de la curia vaticana y de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Todavía más reprobable es que la presidenta de ese partido, Beatriz Paredes, ni se inmute.

Las políticas públicas las han convertido en actos confesionales de índole católico. La embestida católica, avalada por gobiernos panistas, priístas y en algunos casos hasta perredistas no abona a cimentar un entramado legal donde todas las creencias tengan cabida. La unificación de preceptos que atropella toda visión discrepante no es característica de una sociedad democrática.

Lo que resulta insultante es el nulo respeto a cualquier visión divergente que tengamos dentro de la sociedad mexicana sobre el tema. No todos los mexicanos seguimos los lineamientos católicos y habemos millones que profesamos otra religión o de plano somos agnósticos o ateos. ¿Acaso un ateo debe seguir los dogmas católicos? La visión que la derecha y el conservadurismo tienen de la vida cae por su propio peso. Están inmersos en una doble moral y un hipócrita comportamiento. Como la iglesia católica requiere de pobres y jodidos para sustentar su existencia al igual que el Estado Mexicano, pues que sigan proliferando muertos de hambre al fin y al cabo cuando mueran, claro, de manera natural, Dios lo estará esperando para redimirlos. Somos ya más de treinta millones de muertos de hambre, pobreza alimentaria la llaman nuestros gobernantes, lo que no impide que sigamos con políticas públicas que si bien respetan el derecho a la vida se les olvidan del derecho a una vida “digna”, donde los mexicanos accedamos a los mínimos niveles de bienestar. Que nazcan al fin y al cabo después los matamos de hambre, de inanición. ¿Acaso se mete a la cárcel a los funcionarios y políticos que en base a sus decisiones mantienen a la mayoría de la población mexicana al borde de la extinción? Pues poco falta para que estemos al nivel del África subsahariana. La hipocresía y el cinismo que caracteriza a nuestra clase política que no busca el bienestar de los ciudadanos sino quedar bien con la oligarquía católica son los catalizadores de la contrarreforma mexicana.

Hay que quedar bien con el clero para así tener el apoyo de la jerarquía católica que bien sabemos todavía ejerce un maléfico poder y distorsionada influencia en la mayoría de los mexicanos. Sin dejar de lado la educación, pues a más educación menos capacidad tiene ésta para manipular e influir sobre las decisiones personales. Pero con el cuento de que Dios da y quita la vida, hemos olvidado que los humanos tenemos el derecho a decidir sobre nosotros mismos. Supongo que Dios quiere que vivamos en franca depauperación.

Se desprende de un par de entrevistas a diputadas locales que el tema del aborto está en la agenda legislativa mexiquense. Según las legisladoras Flora Martha Antón Paz del PRI y Yolitzi Ramírez Trujillo de Nueva Alianza el debate debe darse a nivel local pues más del diez por ciento de las mujeres que han recurrido al aborto legal en el Distrito Federal provienen del Estado de México, sobre todo del municipio de Ecatepec. Lo mismo sucede con las mujeres fronterizas que cruzan a los Estados Unidos y sin problema alguno acuden a clínicas donde de forma segura e higiénica lograr interrumpir un embarazo no deseado. Dudo mucho que el debate se materialice pues no es ningún secreto que nuestro gobernador fue educado en la Universidad Panamerica, enclave educativo del Opus Dei y su formación sigue los dictados de Escrivá de Balaguer.

Imponer una percepción o punto de vista único sobre lo que es la vida va en sentido contrario a lo que una sociedad que se dice democrática busca. Querer aglutinar a todos los mexicanos bajo un punto de vista único tiene tufo fascista. No abogo por el aborto per se, sino por que cada mujer tenga el derecho a elegir sobre su cuerpo. La idea que un cigoto es un ser humano equivale a comparar una nuez con un nogal. Bajo esos argumentos cualquier adolescente que se masturbe está atentando contra la vida, al igual que una mujer que utilice pastillas anticonceptivas. ¿Por qué no prohíben también las pastillas y métodos anticonceptivos en las legislaturas locales? Al paso que vamos nada más falta es que se prohíban los métodos anticonceptivos salvo el del ritmo, único avalado por la curia vaticana.

Resulta también poco entendible que políticas que provienen de gobiernos extranjeros tengan tanta repercusión en nuestro país. Porque las políticas antiaborto no tienen su origen en México sino en el Estado Vaticano. Nos rasgamos las vestiduras cuando algún gobierno que no sea el mexicano trata de influir en las decisiones locales, sin embargo cuando se trata del Vaticano aplicamos nuestra muy autóctona doble moral.

¡Extra! ¡Extra! Para documentar nuestro optimismo (Monsiváis dixit) la carta de Peña Nieto a Navarrete donde dice “los recursos que destina el Estado de México a Comunicación Social se ejercen en estricto apego al artículo 134 de la Constitución, y no como usted lo afirma, para promoción personal”. Podrá ser cierta la afirmación, sin embargo, ¿dónde quedó la ética política de nuestro apolíneo gobernador? El hecho que la ley permita excesos publicitarios no impide que los mexiquenses nos demos cuenta de la forma descarada en que aparece el gobernador en cuanto medio de comunicación existe, tanto electrónicos como impresos.

A 99 años del inicio de la revolución Punto # 104 de noviembre 19, 2009

19 noviembre, 2009

Todo país y su gobierno tienen el derecho de crear sus efemérides para celebrar la instauración de sus respectivos regímenes y el caso mexicano no es excepción. La gesta iniciada en 1910 por Francisco Ignacio Madero bajo el lema de “sufragio efectivo, no reelección”  buscó en última instancia instaurar un democracia real en nuestro país.

La llamada a la revuelta para evitar que Porfirio Díaz continuara en el poder tiene marcado el 20 de noviembre de ese año. Para mayo de 1911 Díaz viaja en el Ipiranga hacia Europa donde morirá en 1915. Francisco León de la Barra asume la presidencia y dispone organizar elecciones de las cuales salen electos la dupla Madero como presidente y José María Pino Suárez como vicepresidente.

Todos ya sabemos el desenlace que tienen ambos a manos de Victoriano Huerta durante la Decena Trágica. Y es a partir del golpe de estado huertista que la verdadera revolución inicia con actores que hoy son confundidos como ideólogos igualitarios y hasta amigos en la “historia de bronce”, la historia oficial.

Los gobiernos emanados del PRI nunca han negado su génesis en la revolución, sin embargo nunca han asumido que nuestros egregios héroes se mataron entre sí, aún después de la partida de Díaz. Zapata se enemistó con Madero a un mes de que éste asumiera la oficina del ejecutivo. Carranza combatió a Huerta con la ayuda de Villa, Obregón, Zapata y varios otros líderes. Carranza mandó asesinar a Zapata. Obregón lo hizo con Carranza y Villa, Plutarco Elías Calles hace lo mismo con Obregón. Recordemos que allá en los años veinte, cuando se preguntaba quién había asesinado a Obregón, se contestaba: “Cálles…e que pueden oírlo”. Calles y Obregón asesinaron a Serrano y otros líderes militares en Huitzilac. En fin, la idea que todos al unísono y como buenos amigos y mexicanos lucharon contra Díaz, no es más que un mito genial del partido que gobernó el país más de setenta años y que todavía nos gobierna en el Estado de México.

Sin querer dar una clase de historia, salvo mencionar determinados datos históricos del evento, lo que me interesa plasmar es la forma, que a mi juicio es equivocada, de querer celebrar esta efeméride. Para comenzar es imposible que un gobierno panista, cuyos principios y razón de ser, sus cimientos ideológicos sean acordes con la revolución. Manuel Gómez Morín, fundador del partido, sustentó la ideología panista en el humanismo cristiano y dejó claro una visión divergente de aquella mantenida por el PRI. ¿Cómo puede un gobierno que se dice heredero de Goméz Morín y Carlos Castillo Peraza celebrar la revolución mexicana? Es como si Barack Obama celebrara la revolución cubana. No por nada los famosos festejos del bicentenario y centenario mantienen un descolorido ambiente.

La situación de México no está para celebraciones y aunado a ello está lo desangelado de los festejos. Salvo bautizar cuanta obra se construye con el apelativo de “bicentenario”, ahora tenemos circuitos, escuelas, hospitales, pasos a desnivel, arcos, libramientos, avenidas y bulevares, mercados que para la siguiente generación de mexicanos causarán confusión por tener el mismo nombre. Lo que es significativo es que no se les bautice como “centenario”, ¿por qué será? No tengo conocimiento de alguna obra gubernamental que haya sido bautizada con ese apelativo.

Las verdaderas celebraciones deben emanar de la ciudadanía y no del Estado. Durante los festejos del centenario independentista el gobierno de Porfirio Díaz echo la casa por la ventana inaugurando sendas obras monumentales como la Columna de la Independencia, el Manicomio de la Castañeda, el sistema de drenaje de la ciudad de México e inició la construcción del Palacio Legislativo (actual Monumento a la Revolución) y del Palacio de Bellas Artes entre otros. Aquí en Toluca el Cosmo Vitral se comenzó a construir para albergar el mercado municipal, propósito para el cual fue ideado.

Las celebraciones porfirianas respondían más a buscar una aceptación internacional y a mostrar que México se integraba al mundo civilizado de entonces. Ignacio Mariscal, Secretario de Relaciones Exteriores y Federico Gamboa, subsecretario, hicieron un excelente trabajo de relaciones públicas al invitar al evento a comitivas de todos los países importantes para México en esa época. No olvidemos el gesto de España, en la persona del Marqués de Polavieja, al entregar el uniforme de Morelos y los múltiples contingentes militares que desfilaron en la parada centenaria del 16 de septiembre de 1910.

Hoy que estamos a menos de un año del bicentenario independentista y a uno del centenario revolucionario, el país atraviesa por una de las crisis más acentuadas de lo últimos años. El desazón y desinterés de la ciudadanía por el festejo va en proporción directa a la falta de empleo, pobreza y, como colofón, la ausencia total de rumbo que nuestra clase política no ha podido imprimir al país. Navegamos a la deriva sin saber a dónde queremos llegar. Después de doscientos años de independencia seguimos buscando qué es lo que como sociedad y nación deseamos.

Resulta grave e ingenuo que los gobiernos, estatales y federal, nos quieran dar atole con el dedo, unificando las diversas interpretaciones que tiene la sociedad del evento revolucionario. Tal vez la gesta  iniciada por Hidalgo y finalizada por Iturbide tenga mayor coherencia interpretativa para la mayoría de los mexicanos, pero el proceso de 1910 tuvo matices que por más que se quieran homogenizar resulta imposible unificar criterios e interpretaciones del mismo.

Por ello es necesario utilizar el año cabalístico de 2010, no sólo para celebrar sino para indagar y definir el camino por el cual transitar en este mundo radicalmente diferente al de hace cien años y aún más dispar que el de hace doscientos. Un mundo globalizado donde la noción de soberanía que aún manejamos, con tufo decimonónico, deje de ser lastre para lograr elevar las condiciones en que viven más de la mitad de la población: pobreza. Un camino que privilegie ver el futuro y no crispe los ánimos sobre el pasado. La historia debe servir para sustentar el futuro; no para volverse una piedra en el camino. Seguimos con nuestra cantaleta de haber sido conquistados por España, despojados por Estados Unidos, humillados por Francia, utilizados por Inglaterra, etc. Seguimos flagelándonos cuales mártires cristianos de haber sido el escarnio mundial, en lugar de mirar hacia delante.

Aprendamos de Europa donde hace sesenta años se masacraban entre sí durante la segunda guerra mundial y hoy, a inicios del siglo XXI, Francia y Alemania lideran junto con Inglaterra la Unión Europea. De vivir de su pasado los europeos nunca hubieran podido unirse para convertir su continente en lo que ahora es. España entendió que más que líder de Hispanoamérica era una nación europea y como tal se unió al proyecto supranacional. Los resultados saltan a la vista: la España franquista dio paso a una España rica y mucha más impregnada en el concierto mundial de las naciones.

Nosotros, por el contrario, seguimos sin saber si nos adherimos a Latinoamérica o si aceptamos ser parte integral de Norteamérica. Utilicemos nuestra efeméride multicentenaria para definir el rumbo de México y dejemos de mirar hacia atrás como algo que frene nuestra esencia nacionalista. Retomemos aquellos eventos que nos dieron identidad sin perder de vista que son sustento para seguir el camino y no aduana infranqueable.

¡Extra! ¡Extra! Según el senador perredista Carlos Navarrete los gobernadores del tricolor “ya no van a Insurgentes Norte a negociar, los gobernadores del PRI hacen fila en Toluca para que Peña Nieto les consiga a través del presidente de la Comisión de Presupuesto, mayores recursos para sus estados”. Recordemos que el presidente de dicha comisión es el ex secretario de finanzas mexiquense Luis Videgaray.

 


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