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Una historia para el siglo XXI Punto # 9 de noviembre 29, 2007

29 noviembre, 2007

Una historia para el siglo XXI

Luis Recillas Enecoiz

                      “Un pueblo que no conoce su verdadera historia, no solo esta condenado a repetir sus errores, sino que no es un pueblo.”

                                                           Antonio Gala (historiador español)

            Ahora que estamos iniciando los festejos de los centenarios históricos mexicanos: Centenario del inicio de la Revolución Mexicana y Bicentenario del inicio de la Independencia. Con una comisión creada ex profeso y puesta bajo la dirección de Rafael Tovar y Teresa, quien ya mostró dotes de liderazgo dentro de las élites intelectuales del país al dirigir el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) durante los sexenios de Salinas de Gortari y Zedillo, es primordial recuperar un mínimo de crítica hacia nuestra historia. Ojala que Tovar y Teresa aglutine para las efemérides del 2010 todas las interpretaciones y tendencias que conforman la pluralidad de puntos de vista que conformar nuestra historiografía y no solamente la oficial de libro de texto gratuito.

Clío, musa de la Historia

Clío, musa de la Historia (Instituto de Investigaciónes Estéticas de la UNAM)

            Ya la Universidad Nacional Autónoma de México inicio los festejos centenarios a través del Instituto de Investigaciones Históricas al publicar un par de volúmenes que incluyen las ponencias presentadas durante el Coloquio del Bicentenario que se llevo a cabo durante marzo. Aunque el precio de la obra es prohibitivo para el 99% de los mexicanos es digno de alabo el contenido, pero eso es harina de otro costal. Al grano: la historia oficial y la enseñanza de la historia en las escuelas han distorsionado los acontecimientos, fomentado el caudillismo y hecho apología de la violencia, todo lo cual va en contra del ejercicio crítico y reflexivo que implica la democracia. Por ello se hace necesaria una revisión que se proponga destacar valores como la paz, el diálogo y el entendimiento.

            Lo que nos falta dentro de nuestra endeble democracia es acercarnos a nuestra historia con un espíritu crítico y racional, no con un afán reivindicatorio. Entre las múltiples cuestiones que permita a nuestra ciudadanía llegar a la madurez es requerimiento sine qua non iniciar una revisión sobre qué y cómo enseñamos nuestra historia. Nuestra historia está llena de gestas heroicas que implican siempre sangre, asonadas, golpes de estado, guerras y batallas. Nuestra historia esta repleta de violencia; pocas veces hemos plasmado la paz como una gesta heroica que merezca cupo en la historiografía nacional.       

            Ejemplos sobran; ahí están la guerra de Independencia, la de Reforma y la Revolución de 1910, por mencionar los tres momentos más emblemáticos de nuestra historia patria. En segundo lugar pero no muy lejos de las gestas antes mencionadas encontramos la guerra de 1847 contra los Estados Unidos, la guerra de castas en Yucatán y la docena de pronunciamientos, asonadas, planes y demás ínclitos momentos que nos han marcado hasta la fecha, pero eso sí, todos llenos de sangre y violencia.

            Ya durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y siendo secretario de educación pública Ernesto Zedillo Ponce de León se trataron de reformar los programas de historia en los planes educativos de la SEP, pero no pasó la propuesta por la cerrazón del sindicato  magisterial, siendo que historiadores de la talla de Enrique Florescano, Lorenzo Meyer y Héctor Aguilar Camín estuvieron detrás de la reforma.   

            Nuestra historia promueve el separatismo no la integración. Nos han condicionado a dudar de todo aquello que provenga del extranjero. Nuestro himno nos remite al “extraño enemigo”, el inglés es “lengua extranjera” (supongo que el español ya se hablaba antes de la llegada de los españoles). Nuestra historia distorsiona y hasta omite pasajes que nos avergüenzan. La omisión y el ocultamiento no ayudan a ser mayores de edad. Todo país tiene eventos de los cuales no se siente muy orgulloso y no por ello es aceptable borrarlos o tergiversarlos. Imaginemos a un joven alemán cursando el Gimnasium, el equivalente a la prepa en México, y que en su clase de historia se salten o maticen el período nazi (1933-1945). 

            A punto de celebrar efemérides centenarias en el país, dos siglos del inicio de nuestra Independencia y un siglo de la Revolución, es menester hacer una lectura más acorde con los tiempos que estamos viviendo. En un mundo globalizado y sumamente competitivo debemos imbuir en nuestra juventud una visión de nuestro pasado  donde la democracia este presente, aunque sea implícitamente. 

            ¿Por qué no mostramos la historia de una forma lúdica? Un acercamiento al fenómeno histórico desde un punto de vista literario o cinematográfico sería maravilloso. Propongo que hagamos leer a nuestros alumnos algunas novelas históricas. Entre las propuestas literarias podríamos incluir las siguientes:

  •   Noticias del Imperio de Fernando del Paso
  •    El atentado, Los pasos de López y Los relámpagos de agosto   de  Jorge Ibargüengoitia
  •     Las trampas de la fe de Octavio Paz
  •     El águila y la serpiente y La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán
  •      Moctezuma II de Sergio Magaña
  •      Los recuerdos del porvenir de Elena Garro
  •      Su alteza serenísima de Ireneo Paz
  •      Crónicas de la intervención de Juan García Ponce
  •      Los de abajo de Mariano Azuela
  •     El seductor de la patria de Enrique Serna 

            Por otro lado, también podemos utilizar la cinematografía para acercar a nuestra juventud a la historia. Nuestro cine ha sido prolífico en temas históricos. Un cine club itinerante que mostrara películas con temática histórica podría incluir: 

  1. El automóvil gris (1919) de Enrique Rosas
  2. El compadre Mendoza (1933) y Vámonos con Pancho Villa (1935) de Fernando de Fuentes
  3. Frida, naturaleza viva (1983) y Reed, México insurgente (1970) de Paul Leduc
  4. Janitzio (1934) de Carlos Navarro
  5. Canoa (1975) de Felipe Cazals
  6. La sombra del caudillo (1960) de Julio Bracho
  7. La cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez
  8. México de mis recuerdos (1948) de Juan Bustillo Oro
  9. Memorias de un mexicano (1950) de Carmen Toscano
  10. Como agua para chocolate (1992) de Alfonso Arau
  11. El grito (1968) de Leobardo López Aretche
  12. Cabeza de Vaca (1990) de Nicolás Echevarría 

            Tanto las lecturas propuestas como la asistencia a las proyecciones  tendrían necesidad de una orientación o al menos una introducción al tema. ¿No serían los profesores los más adecuados para ésta tarea?

derchak54@yahoo.com.mx

Educación hecha en México Punto # 7 de noviembre 15, 2007

15 noviembre, 2007

Educación hecha en México

Luis Recillas Enecoiz

La educación en este país está envuelta en mucha hipocresía y poca ética. Educar implica trasmitir los conocimientos necesarios para llevar a cabo una tarea, sea esta comprensión de lectura, manejar una adecuada sintaxis, ser capaz de propiciar un razonamiento abstracto, pero sobre todo formar entes críticos y racionales.

Por desgracia los encargados de esta tarea carecen de los instrumentos para desarrollarla. Y cuando hablo de instrumentos, considero la infraestructura educativa así como las carencias técnicas que tienen nuestros profesores (me niego a llamarlos maestros. Un maestro es aquel individuo que después de su licenciatura estudia de dos a tres años más a nivel de posgrado en una universidad).

            La mayoría de los egresados de las normales es analfabeta funcional.  De ser el magisterio un gremio pensante y estudioso, la industria editorial mexicana estaría boyante. Me explico: si suponemos que dentro del magisterio hay alrededor de un millón de individuos que directa o indirectamente laboran en ese gremio a nivel nacional, considero que por una mínima necesidad profesional cada profesor debería leer un libro al mes (y no hablo de los panfletos de Cuauhtémoc Sánchez), y eso nos daría un gran total de 12 millones de libros vendidos al año en este país sólo considerando a los mentores. 

            De existir esta dinámica es obvio que los “letrados profesores” trasmitirían a sus educandos el gusto y buen hábito de la lectura. Pero no. Nuestros profesores se dedican a demostrarnos que Atila y los Hunos siguen entre nosotros en pleno siglo XXI y si no me creen, ahí están las manifestaciones de franco primitivismo que tenemos que presenciar y soportar de la CNTE y de las diversas secciones del SNTE, sin faltar por supuesto los nuevos egresados de las normales rurales y urbanas, así como los sindicatos magisteriales estatales que no le piden nada al nacional en cuanto a muestras de vandalismo y mayúsculo desprecio por la legalidad y la academia. ¿Las conocerán? Es pregunta. 

            De darse la utopía lectora que propongo líneas arriba no sólo el magisterio mejoraría su nivel intelectual a velocidades nunca antes vistas sino que a la par la población bajo su influencia, niños y adolescentes en edad escolar, incrementaría su nivel cultural y su comprensión lectora se multiplicaría. México con 105 millones de habitantes tiene menos de 500 librerías mientras que Buenas Aires y Barcelona tienen más librerías que todo nuestro país. Concatenemos la educación a la lectura, pero no mediante decretos, sino con el diario ejemplo de un profesor que bajo el brazo traiga siempre un libro y a la menor provocación, sus alumnos lo vean devorando página tras página a la sombra de algún árbol junto a la cancha de basket ball del colegio donde labora.

Cabaret Siboney. Foto de Joaquín Santamaría

Cabaret Siboney. Foto de Joaquín Santamaría

            El ejemplo es el mejor trasmisor de actitudes, hábitos y hasta vicios. Nos quejamos de la violencia imperante en nuestras escuelas sin visualizar que proviene de actitudes aprehendidas de los propios mentores y por desgracia de los propios padres de familia (como si tener hijos nos volviera por ese simple hecho sabios respecto a todo lo relacionado a la educación y futuro de nuestros vástagos. Parir no es garantía de cultura y preparación). Hasta la forma de manifestarse de estos profesores o como los llama Carlos Marín los “maistros” (con todos mis respetos al gremio constructor que se comporta mucho más civilizado que el liderado por Elba Esther Gordillo) sería diferente si leyeran. La lectura es un catalizador de la imaginación y la inteligencia que por desgracia nuestros adalides de la educación no conocen y cuando se las presentan huyen de ella.

            Los países que lograron integrarse al concierto de las naciones dentro de un mundo globalizado fueron aquellos que apostaron a la educación. Corea, Taiwán y Singapur, por mencionar solo tres, supieron como invertir su dinero de forma inteligente y hoy sus pueblos disfrutan de un nivel de vida muy superior al nuestro. Estos países reclutan a sus profesores entre los mejores alumnos de sus universidades y les pagan sueldos decorosos. ¿Cuándo desapareceremos las inefables normales  que nos han demostrado sus limitaciones educativas e integramos los programas de licenciatura en educación primaria a las universidades? Ya la UPN (Universidad Pedagógica Nacional) tiene esa licenciatura pero es apenas el inicio de lo que tiene que llevarse a cabo para tener un verdadero país de personas cultas. Con una población donde el  promedio educativo es de siete u ocho años de escolaridad es impensable que al emigrar a otro país nuestros connacionales accedan a trabajos decorosos y bien pagados. Nos quejamos de que los mexicanos realizan los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit), sin considerar que con nuestros niveles de educación y cultura difícilmente podremos integrarnos a una economía globalizada y extremadamente competitiva. ¿Acaso los cubanos que emigran a los Estados Unidos laboran en el campo, las cocinas y los servicios de limpia? Claro que no y la razón tiene mucho que ver con su nivel educativo y cultural, sin dejar de considerar que su status migratorio es diferente al de nuestros connacionales. 

            Mientras sigamos sin evaluar a los normalistas que tienen la responsabilidad de educar a nuestros alumnos y regalemos puestos de profesor a individuos sin el más mínimo profesionalismo (la normal de Ayotzinapa es un buen ejemplo de imbecilidad en el aula) no habrá solución y el futuro del país va a ser una debacle.

            Aplaudo la decisión de transparentar los dineros del SNTE ya que además de manejar las cuotas de los profesores agremiados al sindicato también recibe dinero de los presupuestos federal y estatal para viviendas, remozamiento de escuelas, infraestructura, etc. Ya era hora de que las huestes de Elba Esther Gordillo comiencen a responder a la sociedad, pues si no son los únicos responsables del pésimo nivel educativo, si tienen gran culpa de ello. ¿Y al sindicato de profesores del estado de México cuando le tocará dar cuentas a la ciudadanía?

 

derchak54@yahoo.com.mx

 

La desaparición de un edén Punto # 6 de noviembre 8, 2007

8 noviembre, 2007

La desaparición de un edén

Luis Recillas Enecoiz

Por enésima vez México vuelve a ser noticia de primera plana en todo el orbe. No hay periódico, estación de radio, canal de televisión, página web que no privilegie la tragedia tabasqueña y chiapaneca. Como toda catástrofe que afecte algún punto del orbe las inundaciones en el sureste mexicano merecen atención por varias razones: climáticas, urbanísticas, hidráulicas, económicas, políticas, culturales e históricas por mencionar solo algunos rubros a estudiar y analizar para que no vuelva a suceder. No se trata de culpar a los gobiernos federal, estatal  o municipal ya sean actuales o pasados, se trata de que, si realmente queremos evitar otra debacle, debemos empezar a crear verdaderos cuerpos de prevención y educar a la población para que sepan que hacer en casos como el que nos ocupa. También debemos unificar la información y saber qué hacer con ella, pues como me preguntó un alumno con una lucidez y sentido común que ya quisieran tener nuestros egregios gobernantes: ¿por qué no les avisaron a los de las tierra bajas con un clásico “agua va” antes de abrir las compuertas en la presa de Peñitas?

Villahermosa inundada

Villahermosa inundada

Que las desgracias naturales que asolan nuestro planeta y por ende nuestro país son algo que no puede predecirse es innegable, pero sí se pueden tomar medidas preventivas y comenzar a tomar acciones para una mejor convivencia con la naturaleza. No hace mucho que, al igual que ahora, el mundo entero volcó su atención hacia Nueva Orleans por exactamente la misma razón que hoy estamos unificados alrededor de Tabasco y Chiapas. ¿Qué se requiere para que los gobiernos entiendan que el cambio climático no es un mito escatológico sino una realidad palpable? Según algunos la tragedia era prevenible con un poco de educación cívica entre la població; la culpa es de las administraciones pasadas que no invirtieron en obras hidráulicas condenan otros. La cuestión nodal es que o empezamos a cambiar nuestra forma de vivir para adaptarnos a los cambios climáticos o lo que sucedió en Nueva Orleans y Tabasco será una caricatura comparada con la hecatombe que se avecina.

Como que ya es tiempo de cambiar la ciudad de Villahermosa de lugar. ¿No lo crees así, amable lector? No es el único lugar que representa un peligro para su población. ¿Cuántos millones de mexicanos viven en zonas proclives al desastre? ¿Cuántas situaciones límite tendremos que padecer para que las autoridades tomen al ciudadano como eje central de las políticas urbanísticas y de planeación demográfica?  El aspecto urbanístico esta aparejado  con lo histórico. Hace ya muchos siglos que los olmecas cambiaron su lugar de residencia, tan es así, que las famosas cabezas Olmecas que hoy admiramos en el Museo de la Venta en Villahermosa fueron trasladadas del lugar donde fueron encontradas a la capital del estado. ¿Ya que tanto admiramos a nuestras culturas prehispánicas, por qué no tomamos su ejemplo y reubicamos la ciudad y todas las regiones que se inundaron en zonas que no sean peligrosas para sus habitantes?

De las obras hidráulicas que se requerían construir, pues ni señales. Que si la administración federal, que si la estatal, que si la municipal, que si  la actual, que si la anterior, pero lo cierto es que alguien no hizo su trabajo. Lo que nadie puede permitir es que sea el cambio climático el único al cual se responsabilice por lo sucedido, pues a éste no se le puede fincar responsabilidad alguna ni llevar ante un juez, pero sí se puede con aquellos individuos que por negligencia, omisión o franco desprecio por sus semejantes, privilegiaron la irresponsabilidad sobre el bienestar colectivo.

Las deficiencias para enfrentar el drama por parte de los organismos, secretarías y entidades gubernamentales responsables esta siendo vivida por la población afectada y reportada por los medios. Sin dejar de reconocer que a diferencia de los dos ex candidatos presidenciales de origen tabasqueño, Felipe Calderón ha viajado a la zona del desastre en cuatro ocasiones, el tomarse la foto llenando sacos con arena o cargar despensas en una cadena humana no resuelve el monumental problema que se padece en aquella región. Se requiere un liderazgo fuerte y metas claras para enfrentar este monumental problema que nos aqueja a todos en el país. Ni Madrazo, cuya justificación, para no estar en Tabasco fue culpar a los medios por publicar sus trampas deportivas que causaron a su vez el quebranto en la salud de su esposa, sin reparar en su  responsabilidad, cuando fue gobernador de la entidad, en el estado deplorable de salud en que se encuentran más de medio millón de seres humanos; ni López Obrador, dándole un uso político al drama de sus paisanos para acabar abucheado, sin olvidar que la ayuda proveniente del Distrito Federal fue distribuida a los municipios con gobiernos perredistas. Errores políticos en todas las esferas del gobierno y fuera de él.

Sin embargo es hacia el futuro hacia donde debemos enfocar todos nuestros esfuerzos. Reconstruir Tabasco. Darle a todos los tabasqueños algo en que volver a creer. Es el apoyo económico primordial para que se inicie la reconstrucción del estado, mas no se ha evaluado todavía la magnitud de las pérdidas. Se ha considerado que serán de dos a tres meses el tiempo que tomará a las aguas bajar. ¿Cuántas fatalidades tendremos que padecer para tomar conciencia de nuestra  vulnerabilidad ante la naturaleza? Prevención y adaptación a una nueva realidad salpicados por una buena dosis de sentido común.

derchak54@yahoo.com.mx

 

 

Hidalgo vs. Iturbide Punto # 5 de noviembre 1, 2007

1 noviembre, 2007

Hidalgo vs. Iturbide

Luis Recillas Enecoiz

            Imbuidos de fervor nacionalista, nuestras autoridades nos recuerdan entre vítores a los héroes que nos dieron patria, las heroicas gestas cuyos centenarios celebraremos en el 2010: Bicentenario de la Independencia y Centenario del inicio de la Revolución. Sin quitarles mérito alguno a Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende, Juan Aldama, Nicolás Bravo, Francisco Javier Mina, Mariano Matamoros, Hermenegildo Galeana,  Miguel Domínguez y Josefa Ortiz de Domínguez, Manuel Gómez Pedraza, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Juan Álvarez, José Mariano Jiménez, Andrés Quintana Roo, Leona Vicario, Pedro Celestino Negrete, Anastasio Bustamante e Ignacio López Rayón, siempre me han intrigado e interesado más los personajes incómodos, por utilizar un vocablo muy en boga hoy en día, de la historia nacional: Hernán Cortés y Doña Marina, Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Maximiliano y Carlota y Porfirio Díaz por mencionar a los más egregios.

            Lo que nos falta dentro de nuestra endeble democracia es acercarnos a nuestra historia con un espíritu crítico y racional, no con un afán reivindicatorio. Entre las múltiples cuestiones que permitan a nuestra ciudadanía llegar a la madurez se requiere iniciar una revisión sobre qué y cómo enseñamos nuestra historia. Ésta esta llena de gestas heroicas que implican siempre sangre, asonadas, golpes de estado, guerras y batallas. Nuestra historia esta repleta de violencia; pocas veces hemos plasmado la paz como virtud que merezca cupo en la historiografía nacional.

            Ejemplos sobran; ahí están la guerra de Independencia, la de Reforma y la Revolución de 1910, por mencionar los tres momentos más emblemáticos de nuestra historia patria. En segundo lugar pero no muy lejos de las gestas antes mencionadas encontramos la guerra de 1847 contra los Estados Unidos, el imperio de Maximiliano y la guerra de castas en Yucatán y la docena de pronunciamientos, asonadas, planes y demás eventos que nos han marcado hasta la fecha, pero eso sí, todos llenos de sangre y violencia.

            Nuestra historia promueve el separatismo no la integración. Nos han condicionado a dudar de todo aquello que provenga del extranjero. Nuestro himno nos remite al “extraño enemigo”, el inglés es “lengua extranjera” (supongo que el español ya se hablaba antes de la llegada de los españoles). Nuestra historia distorsiona y hasta omite pasajes que nos avergüenzan. La omisión y el ocultamiento no ayudan a que los mexicanos lleguemos a la mayoría de edad. Todo país tiene eventos de los cuales no se siente muy orgulloso y no por ello es aceptable borrarlos o tergiversarlos. Imaginemos a un joven alemán cursando el Gimnasium, el equivalente a la preparatoria en México, y que en su clase de historia se salten o maticen el período nazi (1933-1945).

            A punto de celebrar efemérides centenarias en el país, dos siglos del inicio de nuestra Independencia y un siglo de la Revolución, es menester hacer una lectura más acorde con los tiempos que estamos viviendo. En un mundo globalizado y sumamente competitivo debemos imbuir en nuestra juventud una visión de nuestro pasado  donde la democracia y la paz estén presenten, que la negociación y el diálogo suplan a la revolución y la violencia.

              Quiero transcribir un par de párrafos  de la Dra. Josefina Zoraida Vázquez (1):

En este contexto surgió un plan independentista dentro de las filas realistas. Su autor, Agustín de Iturbide, un militar criollo nacido en Valladolid, simpatizaba con la autonomía pero había rechazado el curso violento del movimiento insurgente. Desde1815 había expresado la facilidad con la que podría lograrse la independencia de unirse los americanos de los dos ejércitos beligerantes”…”lo familiarizó con los diversos puntos de vista de los novohispanos, mismos que fue conjugando en un plan para consumar de manera pacífica la independencia.(negritas mías)

Para lograr el consenso, Iturbide había fundamentado el plan sobre tres garantías: religión, unión e independencia, que resumían los empeños criollos de 1808 y los de los insurgentes; la de unión buscaba tranquilizar a los peninsulares. El 24 de febrero de 1821, en Iguala, se proclamó el plan.”

            Sin disminuir ni matizar en lo más mínimo el papel que Agustín de Iturbide jugó dentro de la historia nacional, no podemos olvidar que, sin haber disparado una sola bala, logró lo que Hidalgo, Morelos y demás insurgentes, once años antes, con levantamientos, asonadas, sitios, batallas, masacres y rapiña no obtuvieron: la Independencia de  México.

Agustín de Iturbide

Agustín de Iturbide

            Su gran virtud fue saber aprovechar el momento histórico que se vivía en España y la realidad que privaba en la Nueva España. El hecho de haber logrado mediante la negociación, la integración, el diálogo y la unión de criollos, mestizos, peninsulares e indígenas (al menos por un tiempo), Iturbide merece ser recordado como alguien que sin violencia obtuvo finalmente la anhelada independencia.

            De actuar como nuestros héroes de 1810, los cincuenta o sesenta millones de connacionales que viven en la pobreza o en plena miseria, sería entendible, más no justificable. A los grupos antagónicos al sistema político mexicano se les propone siempre actuar a través de los canales democráticos que implican la negociación y el diálogo; la asonada, la violencia, la toma de universidades o ciudades o la revolución no son medios, que actualmente sean considerados adecuados como medio para mostrar inconformidad. En otras palabras, la historiografía nacional, aún en pleno siglo XXI, continúa aplaudiendo y haciendo apología de la violencia, tal como sucedió en 1810, como medio de transformación social. Pero lo que en realidad necesita el país es seguir el ejemplo de 1821 que significa negociar, dialogar, tolerar, respetar y unificar. Por haber logrado la independencia de México sin disparar un solo tiro, Agustín de Iturbide debería ser emulado. Qué después, el personaje dejó mucho que desear, es innegable, pero como todo humano tuvo virtudes y vicios, errores y aciertos. Así debemos de releer el actuar del oriundo de Valladolid.

            No se trata de quitar a uno para poner al otro. En ningún momento propongo desmontar a Hidalgo del pedestal histórico que se ganó como iniciador de la Independencia y Padre de la Patria, pero sí es pertinente incluir a Iturbide como el consumador de nuestra Independencia. Incluirlo no tanto por consumarla, sino por la forma en que lo hizo.

(1) Vázquez, Josefina Zoraida, De la independencia a la consolidación republicana en Nueva historia mínima de México, Colegio de México, México, 2007, p. 147

 

                                                                                              derchak54@yahoo.com.mx

Educación religiosa Punto # 4 de octubre 7, 2007

7 octubre, 2007

Educación religiosa

Luis Recillas Enecoiz

            Varios eventos que tienen que ver con la Iglesia Católica se mezclaron en las últimas semanas. El quinceavo aniversario del reinicio de relaciones diplomáticas con El Vaticano, la ya vieja demanda de educación religiosa en las escuelas y los tiempos judiciales del juicio que por solapar pederastas se le sigue a Norberto Rivera. Pero hoy, la CEM (Conferencia Episcopal Mexicana) adereza sus demandas con la consabida “libertad religiosa” que implica la ya mencionada educación religiosa, la propiedad y uso de medios masivos de comunicación y ser electos a puestos de elección popular entre otras cosas. A todo esto debemos agregar ahora el protagonismo del purpurado capitalino, quien temeroso de ser agredido y hasta baleado, ha exigido, pues no pedido, seguridad para su persona, la cual en boca del inefable portavoz del arzobispado, Hugo Valdemar, fue malinterpretado por la fuente y lo que realmente quiso decir fue que la seguridad era para la catedral y los feligreses que domingo a domingo asisten a misa. Es cierto que en las democracias avanzadas, la nuestra esta en gestación, las limitantes al clero no son similares a las impuestas en México, también es cierto que la Iglesia Católica mexicana no se ha preciado de ser muy patriota y más parece la enemiga a vencer, al menos durante nuestra vida independiente. Pero más allá de estos aspectos que han salido a la luz pública en los últimos meses, quiero hacer alto en un aspecto del debate: la educación.

Cartucatura tomada de Michoacano.com.mx

Cartucatura tomada de Michoacano.com.mx

            Lo que sobre educación religiosa externaron Luis González de Alba en su columna “La Calle” del pasado lunes 15 en Milenio edición nacional donde argumenta contra la educación religiosa en las aulas, pero bajo unas premisas bastante originales y dignos de polémica y por otro lado, el mismo día, pero en la edición del Estado de México del mismo rotativo, en un artículo firmado por Mónica Ramírez,  el vicario de la diócesis de Toluca, Guillermo Fernández Orozco, insulta nuestra inteligencia con un comercial digno de universidad privada y católica.

            Transcribo a Luis González de Alba: “Toda educación religiosa en la infancia es un abuso. Nada, ni la  participación en redes de pornografía infantil, produce más severos y permanentes daños que aterrar a los niños con imágenes de un Ser que exige sufrimientos y sacrificios, condena  a la humanidad a padecer en esta vida y más en la eterna por el pecado de desobediencia más bobo imaginable…” y, para terminar, el último párrafo del artículo publicado el pasado lunes, “…Por eso las diversas iglesias nos quieren imponer la educación religiosa desde los primeros grados: saben que después, cuando la persona ya piensa, es demasiado tarde: la clientela no llega”. Demos la voz al vicario de  Toluca: “…no se trata de imponer la religión, sino la cuestión de los valores y de los principios humanistas, y así como hay instituciones públicas de muy buen nivel también hay escuelas privadas que son patito” o “hay incluso gente que no profesa la misma fe y se tiene que ser respetuoso en ese sentido, pero hay una serie de valores que sí se enseñan, sin olvidar los valores patrióticos y académicos”.

            Que yo sepa las instituciones educativas de donde egresan las mentes más privilegiadas del planeta: Politécnico de Zurich, Cal Tech, Oxford, The London School of Economics, Cambrigde, Harvard, El Colegio de México y un largo etcétera no incluyen en sus programas aspectos teológicos o religiosos para capacitar y preparar a sus alumnos, los cuales en su mayoría se integrará a labores y roles de liderazgo. Considerar la educación religiosa católica como requisito para convertirse en ciudadano de bien deja ver el nulo respeto y total desconocimiento que tiene el vicario de la educación en ámbitos que no sean los religiosos o conventuales.

            ¿Qué más atroz que atormentar la mente de un niño con fuegos eternos? Coartar la libertad de la niñez mediante argucias de fe me parece abominable. ¿Qué defensa intelectual tiene un niño para contrarrestar los mitos y leyendas católicos o en su caso los de cualquiera religión? Para enseñar valores no se requiere una religión. La religión no garantiza crear sociedades con valores: ahí esta nuestro país donde la corrupción y la tranza son moneda corriente en la vida cotidiana y donde la religión católica es mayoría. “Muy católicos pero bien tranzas”, diría algún Pito Pérez del siglo XXI. La enseñanza que Max Weber proponía en su Ética protestante es mucho más formativa que cualquier decálogo religioso porque, en el fondo, es una ética del trabajo. Suponer que la educación religiosa es garantía de rectitud humana es un despropósito que no conduce a nada positivo, pues en el fondo, descalifica todo aquel conocimiento que no tenga origen divino. Más que rezar, asustar con mitos o limitar la vida sexual de sus devotos, que es lo que en el fondo busca la educación religiosa, sobre todo la Católica, se requiere instruir a las nuevas generaciones el conocimiento científico: matemáticas, física, biología y química y no el Génesis, Deuteronomio o el Cantar de los cantares.

derchak54@yahoo.com.mx


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