El nacionalismo mexicano. Punto # 242 de octubre 11, 2012

                                                         “La única forma socialmente aceptable de                                                                        

 discriminación es el nacionalismo”

                                                                                              Fernando Savater

“El nacionalismo, mezcla de odios y vanaglorias,

                                           es el morbo máximo de los Estados-nación del

                                                      último par de siglos, y esa enfermedad ataca

                                                        preferentemente a los historiadores.”

                                                                           Luis González y González

El estudio de la Historia mexicana en el contexto oficial ha sido más una justificación para el statu quo existente que un verdadero análisis historiográfico. Nuestro nacionalismo es enfermo. Enfermo porque no competimos con los otros sino que los descalificamos. Para que nosotros vivamos matamos al otro. Nos encanta decir que los Estados Unidos no tienen Historia mientras que nosotros sí y nos olvidamos que por los pasados 200 años los norteamericanos han sido partícipes importantes que casi todos los eventos mundiales. Nos encanta ser las víctimas de los estados poderosos; así nos conquistan los españoles, nos invaden los norteamericanos y los franceses imponen un imperio mientras que nosotros somos moralmente mejores ya que nunca hemos invadido otro país, salvo Villa con su incursión en Columbus, Nuevo México. Trataremos en este escrito de replantear los momentos paradigmáticos de la Historia nacional.

Para aplicar la teoría crítica a lo anterior debemos de sustentar nuestra investigación en el marco teórico del materialismo dialéctico. Para ello es menester asumir primero el papel de historiador, pero no de cualquier tipo de historiador sino del tipo que Luis González y González describe en su obra El oficio de historiar.1 Según don Luis un verdadero profesional de la Historia debe de poseer ciertas características, entre las cuales se encuentran la objetividad y la veracidad. Así mismo deben los historiadores mantenerse a distancia de los nacionalismos radicales.

Para comenzar es necesario tirar a la basura nuestros libros de texto gratuito, en especial los de ciencias sociales e Historia ya que en lugar de formar ciudadanos, lo que han logrado es crear una masa desinformada, intolerante, xenófoba, chauvinista y sobre todo poco crítica del entorno en el cual viven y se desarrollan estos pseudo ciudadanos. Es en este contexto donde la Teoría Crítica debe ser aplicada. La llamada cultura de masas o “industria cultural”, que en México ha creado individuos sin conciencia crítica que confunden los valores impuestos por la sociedad con la verdad absoluta, es la responsable de fomentar el analfabetismo funcional. Para este aspecto de la cultura nacional hay que referirse al estudio Lo que leen los que no leen. 2

El ensayo de Luis González de Alba, Las mentiras de mis maestros es un excelente vehículo para evaluar la veracidad histórica de nuestro pasado. Este ensayo apareció en la revista Nexos hará ya cerca de 10 años y luego fue ampliado y profundizado para reaparecer como libro.

Durante el sexenio de Salinas de Gortari parte de este ensayo fue utilizado por el grupo de intelectuales que promovió una reescritura de nuestra Historia bajo la dirección de Héctor Aguilar Camín. Por desgracia el SNTE boicoteo el proyecto porque varios de los mitos históricos iban a desaparecer.

A continuación se listan (González de Alba dixit) una serie de mitos históricos que nos encanta repetir y memorizar sin el más mínimo análisis intelectual, a la par que no tienen el mínimo sustento histórico:

  •          Mito 1: Que las culturas americanas fueron tan grandes como las de Asia, Noráfrica y Europa del Sur.
  •          Mito 2: Que los españoles destruyeron al imperio maya.
  •          Mito 3: Que los españoles conquistaron a los aztecas.
  •          Mito 4: Que durante 300 años de gobierno español el pueblo mexicano estuvo oprimido por un poder extranjero.
  •          Mito 5: Que la independencia fue la recuperación, por parte de los mexicanos, de su nación, perdida 300 años atrás con la conquista española.
  •          Mito 6: Que la independencia la debemos al cura Hidalgo.
  •          Mito 7: Que el presidente Antonio López de Santa Anna vendió Texas, California, Arizona, Nuevo México, etcétera.
  •          Mito 8: Que la revolución de 1910 fue para derrocar a Porfirio Díaz.
  •          Mito 9: Que Zapata se levantó en armas por “Tierra y Libertad”.
  •          Mito 10: Que somos un país pobre porque Estados Unidos nos tiene las venas abiertas.4

El presente escrito trata de desmitificar nuestra Historia oficial para que a partir de un desglose real y verídico se pueda entonces identificar aquellos aspectos históricos que influyen en nuestra perspectiva nacionalista. Es innegable que el nacionalismo esta íntimamente relacionado con las interpretaciones históricas. Y como en alguna ocasión mencionó José Luis Martínez “el día en que tengamos una estatua de Hernán Cortés sobre el Paseo de la Reforma entonces seremos mayores de edad”.

Es innegable que los mitos arriba citados son refutados por los hechos. Por desgracia en nuestra visión del pasado no concurren las características que describen a un buen historiador según Pierre Bayle en el artículo “Salomon D’Usson” incluido en su Diccionario:

El historiador debe olvidar que es oriundo de un determinado país, que ha sido criado en una determinada comunidad, que debe su éxito a esto o aquello, y que éstos o aquellos son sus parientes o sus amigos. Un historiador en cuanto tal carece, como Melquisedec de padre, madre o genealogía.5

Existen dos obras que nos permiten palpar la honestidad intelectual respecto a la Historia. Éstas son Los días y los años de Luis González de Alba y La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska. Ambas obras tienen como temática el movimiento estudiantil mexicano de 1968, sin embargo la primera es un recuento pormenorizado de los acontecimientos escrito por uno de los líderes estudiantiles y el resultado es un libro histórico, mientras que el segundo es una visión romántica y llena de datos erróneos escrito con un profundo sentimiento de tristeza por la muerte de un hermano a manos de la represión. Ya ambos escritores tuvieron un larga y profunda controversia sobre sus respectivas obras y González de Alba salió vencedor del debate; al grado que Elena renuncio al consejo editorial de la revista Nexos por haber, ésta, publicado el artículo donde se cuestionaba la veracidad de su obra. Hechos como el citado, que no son aislados y sí muy comunes en nuestra historiografía, son los que no nos han permitido ser fieles a nuestro pasado y por ende nos han impedido asumirnos como adultos históricos.

De aplicarse la Teoría Crítica a la historiografía mexicana, sobre todo a los libros de texto, ya sean de primaria o de niveles superiores, tendríamos una población mucho más consciente de su pasado y por lo tanto mucho más críticos de ella. De ser cierto que tenemos una Historia verídica, objetiva, apartidista y nada patriótica nos permitiría dar el primer paso para no caer ese nacionalismo decimonónico, ultramontano e intolerante con las ideas del exterior. Pero como toda utopía, la reescritura de nuestra Historia, bajo los dogmas que todo historiador debe tener, espera mejores derroteros.

Por otro lado, la aplicación de los conceptos que desarrolló el Instituto de Investigación Social (Institut für Sozialforschung) mejor conocido como la Escuela de Frankfurt convertiría a nuestra “historia nacional” (con minúsculas) en Historia Nacional (con mayúsculas). Debemos ser más exigentes y combinar los conceptos filosóficos con los sociales bajo una perspectiva neo marxista de la Historia. Adolfo Gilly lo logra, para gran deleite del lector, en su obra sobre la revolución mexicana.6  Esta obra, un clásico moderno de la historiografía mexicana, es un excelente ejemplo de crítica neo marxista a la Historia.

Notas:

1 González y González, Luis, Obras Completas, Vol. 1 El oficio de historiar, El Colegio Nacional y Editorial Clío, 1995.

2  Argüelles, Juan Domingo, Lo que leen los que no leen, UNAM, 1990.

3 González de Alba, Luis, Las mentiras de mis maestros, Ediciones Cal y Arena, 2002. En la revista Nexos  correspondiente a diciembre de 1996 apareció como artículo.

4 Ibídem, pp.77-85.

5 Bayle, Pierre, Dictionnaire historique et critique, Rótterdam, 1695, citado en González y González, op, cit., p.29.

6 Gilly, Adolfo, La revolución interrumpida, Ediciones Era, 1971.

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One Comment en “El nacionalismo mexicano. Punto # 242 de octubre 11, 2012”

  1. Javier Says:

    El nacionalismo es anacrónico, una manipulación melancólica de autocompasión. Muy interesante el artículo.


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