López Obrador atiza la división. Punto # 228 de julio 5, 2012

Fiel a su carácter reacio a reconocer sus errores y asumir su derrota, el candidato Andrés Manuel López Obrador comenzó por descalificar al IFE y al Tribunal Electoral, a los medios de comunicación, –en especial Televisa y Milenio— al PRI  y al final la elección misma. Denuncia carretadas de dinero y anuncia que no reconocerá la derrota pues “el proceso electoral estuvo plagado de irregularidades, antes, durante y después del proceso, y la actitud de Felipe Calderón es una prueba más. Vamos a proceder de conformidad con la ley.”

No conforme con atizar el encono y dividir al país, ahora muestra su talante antidemocrático. Para él y sus acólitos todo es un robo. Los mexicanos robándose entre ellos. El PRI con miles de millones compró el voto de los malos mexicanos, porque los buenos sólo reciben despensas, camisetas y cubetas de pintura amarilla del partido bueno. La manipulación que los medios de comunicación logran en el electorado mexicano, según López Obrador, nos remite a la Alemania nazi con Joseph Goebbels al frente del ministerio de propaganda. Salvo los buenos mexicanos que votan por él, el resto de la población mexicana, o es corrupta  y se puede cooptar y comprar o, de plano, son unos idiotas que no pueden pensar por sí mismos. Para el mesías tropical sólo hay de tres sopas: los buenos mexicanos que votan por él y nunca cuestionan su proceder; los mexicanos manipulables que con unos cuantos spots son condicionados a votar por otra opción política; y, los corruptos que son comprados con miles de millones de despensas y billetes de a quinientos. Para el “salvador de México” todo aquel votante que no sufragó por el PRD, PT o Morena es un corrupto y comprado o, todavía peor, un individuo que no puede pensar de manera autónoma y es manipulado por los medios. Seguimos como hace 200 años. Peleándonos entre nosotros y sin aceptar las derrotas políticas. ¿De qué sirvió pactar un acuerdo de civilidad donde los cuatro candidatos firmaron un documento donde asumían reconocer al ganador, si en la práctica, la izquierda no respeta ni sus propios compromisos que signa? ¿Así quieren gobernar, sin respetar y reconocer acuerdos?

De que la elección fue inequitativa y sesgada, eso sucede en todas las elecciones, pero de ahí a considerar que todo lo gastado en dinero y tiempo se fue al caño y todo fue una farsa, hay un gran trecho. ¿Hasta cuándo podremos erradicar nuestra autóctona desconfianza en todo lo que se hace en México? Todo es tranza, manipulación, cochupos y demás lindezas. Aquí nunca podrá existir la decencia y la honestidad: el vencedor siempre lo es por tranza, ya sea en política o en futbol. Tanta desconfianza existe entre los mexicanos que nos es imposible aceptar que alguien gane sin trampas. Entre mexicanos, sólo se puede ganar con deshonestidad, de otra forma hubo robo.

Los miles de millones de pesos que nos cuesta el Instituto Federal Electoral, sin dejar de lado los cientos de candados que han diseñado los partidos para fiscalizar a los oponentes sirven para poca la cosa. López Obrador, a diferencia de líderes civilizados de primer mundo, insiste en sus descalificaciones a toda institución nacional, en especial a las electorales.

El mesías y salvador de México, Andrés Manuel López Obrador

Que si bien fue cierto que muchas encuestas estaban infladas respecto a la diferencia entre Peña Nieto y López Obrador, ello no significa que todos los votantes sigan las encuestas. También es cierto que varias estuvieron a la altura de las circunstancias y vaticinaron las diferencias de manera acertada: María de la Heras y el diario Reforma por mencionar un par. El problema reside en que los medios, los partidos y los mismos votantes consideran las encuestas infalibles y oráculos de resultados por venir. La experiencia nos ha dicho que no es así; son simples escenarios temporales que dan una somera fotografía de una región geográfica y segmento socio-económico.

Identificar como enemigos y mafiosos a los medios de comunicación es catalizador para un segmento de sus incondicionales para atacar físicamente a periodistas y comunicadores o, de plano, hacer mofa de su trabajo. La actitud antidemocrática de López Obrador sigue las líneas que los caudillismos nacionales han mostrado a través de nuestra historia. Desconocer al vencedor y redactar un plan: ya sea de Iguala, Casa Mata, Noria, Ayutla, Ayala, San Luis Potosí, Guadalupe o Agua Prieta. Hoy, esos liderazgos populistas siguen influyendo en millones de mexicanos, aún en muchos de reconocida intelectualidad. Recordemos que detrás de esos liderazgos populares, siempre hubo intelectuales que los apoyaron y redactaron los principios de cada cual. Antonio Díaz Soto y Gama con Zapata o los magonistas con Villa. Hoy en día tenemos a intelectuales como René Drucker Colín, Juan Ramón de la Fuente o Lorenzo Meyer apoyando el proyecto pejista.

Resulta que a pesar a los millones de pesos y cientos de candados que los partidos le impusieron al IFE, éste es un elefante blanco donde millones de ciudadanos son comprados o manipulados para que en la mayoría de las casillas haya tranzas. Aparte de descalificar a las instituciones, insulta al electorado, al tildarlo de corruto y manipulable. Solamente sus fieles seguidores son impolutos y utilizan métodos totalmente limpios y apoyan la democracia. Pues deberían de iniciar por el primer principio de la democracia: asumir que otro gane. Como ya escribí en varias ocasiones anteriores, las actitudes de los perdedores en España, Rubalcaba y Francia, Sarkozy, salieron en la noche misma de la elección a reconocer su derrota y desearle lo mejor al ganador por el bien del país. Aquí López Obrador, le ningunea el triunfo al ganador. Sin embargo lo peligroso de su actitud consiste en atizar el encono y dividir más a los mexicanos.

La historia de México ha sido un continuo emplazamiento a confrontarnos por todo. Nunca hemos podido transitar de forma civilizada a la normalidad democrática que impera en países con democracias maduras. Somos, en el fondo, más antidemocráticos que democráticos; avalamos cualquier comportamiento que vaya en contra de las instituciones electorales, por el simple hecho que no nos dan el triunfo. ¿Por qué es que Andrés Manuel López Obrador no cuestiona el triunfo de Mancera en el Distrito Federal, si fueron las mismas autoridades las que avalaron el triunfo de le izquierda en la capital? Ahora resulta que sólo las boletas para presidente fueron manipuladas y los votantes cooptados. Nulo favor le hace al país tener un mesianismo como el que lidera el tabasqueño.

Me considero de izquierda, pero de una izquierda moderna. Apoyo el matrimonio en personas del mismo sexo y su derecho a adoptar, reconozco el derecho que las mujeres tienen sobre su cuerpo, estoy en total desacuerdo con el capitalismo rapaz y sin control que orilla a millones de seres humanos a la pobreza y apoyo en su totalidad a las minorías. Pero también detesto los proyectos de izquierda trasnochados y dignos de la URSS staliniana. Por el bien de México espero que López Obrador recapacite y reconozca su derrota en las urnas. Su liderazgo político es incuestionable y debe dejar de soñar con la presidencia y pasar en los libros de historia como un “luchador social”.

¡Extra! ¡Extra! Es Peña y España. Uno en México, la otra en Europa.

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