Debate tercermundista. Ágora mexiquense de mayo 15, 2012

Ser testigo de los debates entre candidatos a la presidencia en países de larga tradición democrática ha sido a través de los años algo común entre los probables votantes. Tan solo en estos últimos meses hemos podido seguir, gracias a las redes sociales y el internet, los debates de varios contendientes a las presidencias de sus respectivos países. El escenificado entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba en España fue el primero, siguió el de los republicanos en Estados Unidos y finalizó con el escenificado por Francois Hollande y Nicolás Sarkozy en Francia.

Reciento que nuestros políticos nos traten como menores de edad, pues fue insultante el espectáculo que dieron el pasado domingo 6 de mayo durante el “debate”. Fue una vergüenza. Desde la producción, pasando por los encuadres de cámaras, la escenografía, hasta el vestuario; todo fue un ejemplo de cómo no hacer televisión. Basura pura. Alumnos de primer semestre de la carrera de comunicación de alguna escuela de Zumpango lo hubieran hecho mejor.  No se diga respecto a lo que dijeron los aspirantes a dirigir México. No saben debatir. Me preocupa sobremanera que alguno de ellos se presente en los foros internacionales a defender los intereses nacionales. Se los van a comer vivos. En el mundo global, al cual pertenecemos, nos guste o no, debatir es parte del quehacer político internacional. Intercambiar puntos de vista sin cortapisas y en entornos difíciles es normal en foros internacionales. Y nuestros políticos no tienen los conocimientos, la desenvoltura, el vocabulario, las ideas y la cultura para estar en ligas mayores.

Penoso resulta que lo más notable del ejercicio fuera el escote de la playmate convertida en edecán. A esos niveles estamos en cultura cívica. Lo ratifica el hecho que el debate tuvo, según IBOPE, un rating de 10.4 puntos. Sin embargo si sumamos los que corresponden al partido Monarcas-Tigres (9 puntos) que se transmitió por TV Azteca y el programa favorito de los pederastas, Pequeños Gigantes (17 puntos) que Televisa programó en el Canal de las Estrellas, los números muestran que el debate no prendió entre el respetable. No los culpo, pues para escuchar y ver durante dos horas lo que nos ofrecieron, a menos que seamos masoquistas, fue un verdadero suplicio intelectual, con algún destello esporádico de lucidez. Por ello el público prefirió deporte o variedades musicales. En conclusión, el debate no prendió en la ciudadanía. Además, como pedían los perredistas, imponer mediante la cobertura nacional a todos los mexicanos, la obligación de mirar su esperpento nos remite a los tiempos del autoritarismo priista de mediados del siglo pasado.

Con 24 segundos en pantalla, lo más llamativo del debate fue la presencia de la exuberante playmate

Resultó inexplicable que ninguno de los suspirantes haya mandado un mensaje al electorado joven, siendo que el porcentaje de los votantes entre 18 y 30 años es el mayoritario. También me resulta ilógico que ninguno de los cuatro mencionara a la responsable mayor de la debacle educativa del país: Elba Esther Gordillo. De Gabriel Quadri es entendible que no mencione la mano que mece la cuna de su candidatura. Pero de los otros, lo considero un sinsentido omitir mención alguna de la dueña del negocio educativo nacional. Ni la representante panista hizo referencia a ella, siendo que durante su gestión al frente de la SEP, tuvo varios enfrentamientos con ella.

Según encuestas el que más puntos ha ganado a raíz del debate es Gabriel Quadri. Estoy de acuerdo con ello, como candidato es muy bueno, lástima que sea el representante de un partido que no tiene cara para presentarse al electorado responsable. Ser respaldado por la “maistra” Gordillo no habla muy bien del émulo de Charlie Chaplin. Es muy probable que como candidato ciudadano tendría mucha más aceptación entre el electorado harto de los mismos políticos, más interesados en proyectos partidistas que en la sociedad.

De los tres grandes, ya se ha dicho y escrito infinidad. Los tres arrastran una cola enorme que cualquiera puede ver y pisar. Mencionar a Antonio López de Santa Anna, como lo hizo el abanderado del PRD, me confirma su ignorancia histórica y poco conocimiento del México decimonónico. De haber atacado al SNTE, hubiera tenido más aceptación entre los indecisos. El apolíneo Peña Nieto, que al final logró mantener su ventaja de dos dígitos, según las encuestas, fue el más castigado, sobre todo por Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador. Se defendió como gato boca arriba.

Hablar de un ganador es insensato, más bien, yo preguntaría quién perdió. Peña buscaba no ser rebasado intelectualmente, como se presagiaba y logró su cometido al defenderse bien de los ataques por dos flancos; uno con Josefina Vázquez Mota y el otro con AMLO, aunque sí recibió varios golpes, sobre todo de El Peje, quien logró darle un par de upper cuts secos. Quadri, al cual nadie peló, iba por la libre y de no ser por su pecado de origen, el partido al que representa, que equivale a defender los intereses de la lideresa magisterial, sería un buen candidato. La panista como ya se comienza a vislumbrar en el “encuestrónomo” nacional va de capa caída. Y de seguir así, es seguro que terminará en tercer lugar.

Los responsables del deplorable espectáculo fueron los diputados, con su reforma que obligó al Instituto Federal Electoral (IFE) a responsabilizarse de asuntos para los cuales no está preparado, además de carecer del personal especializado para ello. Ejemplo palpable de que Leonardo Valdés y su instituto no tienen idea de cómo enfrentar esas responsabilidades fue el paupérrimo espectáculo que nos montaron. Que se dediquen a organizar las elecciones y dejen los aspectos técnicos a los que sí saben de ello; zapatero a tus zapatos reza un viejo refrán. Tampoco quitemos responsabilidad a los representantes de los candidatos que buscaron imponer infinidad de candados y limitaciones, tanto en formato como en fondo, para no tocar ni con el pétalo de una rosa a sus respectivos abanderados. Quieren nuestro voto, pero hacen lo inimaginable para ahuyentarlo.

Dentro de poco menos de un mes, el 10 de junio, los mismos personajes, llenos de ardides defensivos se volverán a enfrentar. Espero que ahora no pierdan el tiempo y nos den un debate de altura. Para que tengan alguna idea de cómo se llevan a cabo, los remito a los escenificados por los candidatos españoles, franceses y norteamericanos.

Como colofón les dejo esta joyita; es parte del discurso del perdedor, que a nivel nacional se transmitió por televisión en Francia. “Francois Hollande es el Presidente de la República y hay que respetarlo. Asumo toda la responsabilidad de la derrota. Tengo que sacar las conclusiones. Cuando hay una derrota, el número uno tiene que asumir la responsabilidad”. Palabras del derrotado Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Qué lejos están nuestros políticos de mostrar un comportamiento similar y asumir sus responsabilidades ante las debacles electorales de sus partidos.

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