Los dislates de Peña Nieto. Punto # 203 de diciembre 15, 2011

 Uno puede estar seguro de tener éxito en sus ataques

solamente si se arremete contra lugares indefensos.

Sun Tzu en El arte de la Guerra

Termina el año y parece ser que nuestra clase política nos deleitará con un show navideño: los dislates del pre candidato priísta en primer término y por abrumadora mayoría han sido el tema en las redes sociales, las traiciones entre panistas que muestran su pragmatismo, las promesas de amor de López Obrador y la rebatinga en el PRD por la candidatura para gobernar el Distrito Federal.

A raíz del gazapo del Peña Nieto en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara, sus panegíricos minimizaron el entuerto con argumentos engañosos y endebles: que un buen gobernante no requiere leer o que la cultura no es garantía de buen gobierno. Aún dándoles la razón a estos apologistas de la trivialidad y la ignorancia y concediendo que el aforismo fuera válido hay límites para difundir información errónea.

En entrevista para el diario español El País el pre candidato priísta equivocó el monto del salario mínimo y lo ubicó en 900 pesos mensuales cuando en la realidad es que ronda los 60 pesos diarios. Por la noche en entrevista radiofónica en W Radio, equivocó el precio del kilo de tortilla y lo ubicó entre 7 y 8 pesos cuando sobrepasa ya los 10 y en algunos lugares llega a los 12; adornó su respuesta errónea con un comentario que se tomó como peyorativo y misógino: “no soy ama de casa”.

Un individuo que quiere gobernar este país y que ignora el monto del salario mínimo y el precio del kilo de tortilla no sabe dónde está parado. Dos pilares de la economía nacional pare evaluar el impacto en el bolsillo de todos los mexicanos le son triviales.

El pre candidato ignora que el precio del kilo de tortillas, así como el salario mínimo se utilizan como una de las variables económicas para medir la pobreza, los apoyos a grupos vulnerables, la canasta básica, amén de ser la tortilla base de la alimentación del mexicano.

Otra interpretación de sus descuidos, gazapos, pifias, imprecisiones, dislates o como quiera usted calificar su ignorancia, muestra su total desprecio por los asuntos del mexicano promedio y sumado al insulto de su hija, quien nos llamó pendejos de la prole, muestra dónde nos tiene ubicados. Desconocer el salario mínimo del trabajador mexicano y el kilo del producto más importante en la dieta del mexicano nos refiere a un individuo carente de sensibilidad social para con sus gobernados.

Pero lo que más molesta es su franco desprecio por los ciudadanos mexicanos y posibles votantes. En nota aparecida en Milenio (13/XII/2011) comentó: “Con el tema del escándalo, a partir de lo que ocurrió con este dislate cometido en la Feria Internacional del Libro, sólo pareciera que fuera la constante querer señalar o descalificar escándalos y me parecen más orquestados de la oposición con cualquier tema.”

Ahora resulta que los ciudadanos que han bombardeado las redes sociales con chistes, críticas y también insultos, no tenemos la capacidad de discernir de motu propio y a no ser que un partido político o un líder social nos organice somos incapaces de emitir juicio alguno. Esa es la imagen que tiene de la sociedad mexicana alguien que nos quiere gobernar: dócil, sumisa, domesticada y cual perro condicionado por Pávlov salta a la voz del amo. Nos cree incapaces de emitir juicios y críticas sin que seamos organizados por alguien; ese el mundo en el que él se maneja. Para el iletrado candidato, quien ya se siente presidente, es la oposición quien orquesta la andanada de críticas. Se le olvida que el gobierno está en manos del PAN y son el PRI y el PRD los partidos de oposición. Lo traicionó el subconsciente.

Se queja que sus enemigos políticos magnifican sus errores y dislates. Es obvio que el individuo, analfabeto funcional, no ha ni siquiera leído dos obras fundamentales para los políticos. Bueno, hasta un secretario de ayuntamiento de la región serrana de Puebla los ha leído: El Príncipe de Nicolás Maquiavelo y El arte de la guerra de Sun Tzu. En ambas obras se recomiendo como táctica hacer precisamente eso: magnificar los errores y minimizar los aciertos del oponente o del enemigo.

 Somos un puñado de ciudadanos, y dije un puñado porque no creo que pasemos de ser una minoría de habitantes de este país, los cuales no somos títeres de lidercillos ignorantes y engañabobos. Somos individuos que sí sabemos ser ciudadanos y exigimos a nuestros gobernantes seriedad, cultura y respeto por nuestra inteligencia.

¡Extra! ¡Extra! A mis contados lectores, asiduos o esporádicos, les deseo unas felices vacaciones decembrinas. Nos vemos en enero del 2012.

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