Fernando Vallejo, mexicano de segunda. Punto # 201 de diciembre 1, 2011

Como plato fuerte de la FIL 2011 que se escenifica en Guadalajara se le entregó a Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 1942) el premio de este año.

En su discurso de aceptación del premio FIL, Vallejo criticó acremente a Felipe Calderón, al PRI, al PAN, a López Obrador, en fin, no dejo títere con cabeza. Inmediatamente se soltó el vituperio personal al galardonado y no a las ideas. Descalificaciones al mensajero y no crítica al mensaje. Pero me centraré en un aspecto poco discutido: la xenofobia rampante en las redes sociales a propósito de lo dicho por el autor de La puta de Babilonia. Desde el muy jurídico “aplíquenle el 33”; pasando por las descalificaciones de los nacionalistas chovinistas con frases como “¿con qué derecho opina un extranjero de cuestiones mexicanas?”, “gracias a México pudo trabajar y crear una obra literaria reconocida y peca de traidor al criticar al país” o “sólo los mexicanos pueden opinar sobre México”; para terminar por el clásico “pinche extranjero.”

Más allá de si estoy o no de acuerdo con lo expresado por Vallejo, me preocupa la descalificación llena de odios nacionalistas y denostaciones basadas en el origen geográfico del mensajero, sin reparar en el hecho que desde 2007, el escritor es ciudadano mexicano por decisión personal y obtuvo su carta de naturalización de manos de Felipe Calderón. Y que yo sepa no existe en la constitución artículo alguno que hable de una diferencia entre un mexicano por nacimiento y uno por naturalización. En todo documento mexicano del que tengo memoria nunca hubo distinción alguna y siempre nos referimos a mexicanos, punto.

Varios políticos, tanto priístas como panistas con epidermis sumamente delicada salieron, cual quinceañeras ingenuas previas a su primer faje, con denuestos y vituperios contra el autor de La virgen de los sicarios. “Cuando a algunos escritores, por buenos que sean, les da por opinar de política sin saber ni querer entender uno solo pide: vayan a lo suyo,” escribió en su twitter Javier Lozano. Sabrá mucho sobre música culta y nadie duda de sus dotes pianísticas, pero de historia necesita clases. Ejemplos sobran de escritores o intelectuales devenidos políticos y en muchos casos hasta presidentes o primer ministros de sus países: el brasileño Fernando Henrique Cardoso, el checo Václav Havel, el afroamericano Barack Obama y el inglés Winston Churchill, quien por cierto ganó el Nobel de literatura en 1953 por “su dominio de la descripción histórica y biográfica, así como su brillante oratoria en defensa de los valores humanos.”

El ex alcalde de Tonalá Jorge Arana Arana sacó la casta por el país y hasta le negó la nacionalidad mexicana a Fernando Vallejo cuando comentó  que, “es una persona que abusa de sus conocimientos, de su experiencia, me parece que si es invitado de honor por la FIL, por Jalisco, por México, no tiene porqué venir a hacer cuestionamientos de nuestro gobierno, de nuestros partidos, y ofender gente” (lo subrayado es mío). Ahora resulta que los mexicanos naturalizados no tienen el derecho, como cualquier otro mexicano, de expresar sus puntos de vistas. Insisto, no necesariamente tengo que estar de acuerdo con lo dicho por Vallejo, pero tildarlo de loco, desquiciado, desagradecido con el país y hasta traidor a la patria, por mencionar algunos de los adjetivos que encontré al leer varias docenas de mensajes en la red, me convence cada día más de la poca apertura de la mayoría de la población nacional con los mexicanos nacidos en el extranjero. Esta discriminación comienza a ser muy notoria con los mexicanos de segunda generación, hijos de emigrantes que, nacidos en Estados Unidos no hablan español con fluidez, y cuando visitan a sus familiares en México no son considerados como verdaderos mexicanos. Seguimos con el ideario Vasconcelista de por “mi raza hablará el espíritu” y si no eres mestizo y naces entre el Bravo y el Suchiate no eres mexicano.

Fernado Vallejo junto a la portada de uno de sus libros más polémicos

No fuera un compatriota buscando sus derechos en Estados Unidos porque entonces sí se vale. Allá sí se vale que un mexicano critique el accionar del gobierno americano, aún si está de manera ilegal en ese país. Fernando Vallejo, desde hace casi 40 años reside de forma legal en México y optó por nacionalidad mexicana hará unos cinco años. Creo firmemente que aún sin haber obtenido la nacionalidad mexicana, tenía todo el derecho a criticar al gobierno, a los partidos y a los candidatos. Por algo vive en México y las decisiones políticas, económicas y sociales que se tomen le afectan tanto a él como a los nacidos aquí. Pero Fernando Vallejo sí tiene, como ciudadano del país, todo el derecho a exteriorizar su malestar, aunque sea de forma políticamente incorrecta. Que un mexicano logré liderazgos políticos en Estados Unidos es siempre aplaudido en México; ejemplos sobran: El alcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa, la ex Tesorera Federal de Estados Unidos Rosario Marín, el investigador biomédico Arturo Álvarez-Buylla o el baterista de jazz Antonio Sánchez, integrante de la agrupación de Pat Metheny y nieto de Ignacio López Tarso.

El alcalde de Tlaquepaque Miguel Castro Reynoso comentó que “estamos hoy conscientes de un entorno democrático en donde todo mundo tiene derecho a expresar lo que considera, no me salgo por él, me parece que una muestra de tolerancia es expresar lo que cada quien opine, me salgo porque no comparto esa visión de las cosas.” Resulta que los políticos actuales no asisten a eventos donde no se comparte la misma visión de las cosas. Entonces que no asista a cualquier sesión de la legislatura jalicience.

Tenemos pues a autoridades federales, estatales y municipales a las cuales no les gusta que les digan sus verdades y como Fernando Vallejo no es cualquier hijo de vecino, pues se tienen que aguantar y lo único que logran con sus comentarios es mostrar la gran ignorancia que tienen. Lo critican, pero dudo mucho que estos políticos hayan leído alguna de las obras de Vallejo.

¡Extra! ¡Extra! Que nadie se confunda. Lo sucedido el domingo en la sede nacional del PRI no fue cargada. Fueron manifestaciones espontáneas de apoyo al apolíneo pre candidato de miles de priístas que abarrotaron el auditorio Plutarco Elías Calles. Junto con el museo ambulante de Peña Nieto donde sobresalen Arturo Montiel, Joel Ayala, Joaquín Gamboa Pascoe, Alfredo del Mazo González, se congregaron matracas, los residuos de la CNOP, CNC, petroleros y largo etcétera de organizaciones en el apoteósico evento. Cualquier semejanza con el pasado es pura imaginación. Bien dice el ardid publicitario de las librerías Gandhi “¿Vas a votar por el PRI en el 2012? Tenemos libros de historia.”

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