Marchas por la paz. Punto # 172 de mayo 12, 2011

El pasado domingo culminó en el zócalo capitalino la marcha por la paz que lideró Javier Sicilia. Me niego a anteponer el cursi sustantivo poeta como sustituto del inefable licenciado que nuestra sociedad admira. El dolor que se debe sufrir al perder un hijo es indescriptible, al grado que no existe vocablo alguno que la describa. Tenemos al viudo para el que pierde a su pareja y el de huérfano para los que ven morir a los padres, pero no tenemos una palabra que describa al padre que pierde a un hijo. Tal vez se debe a que es una situación que no debería de suceder, sin embargo ya se ha vuelto situación cotidiana, que padres y madres vean morir a sus vástagos.

Los muertos del lado de los “hijos de puta” (Aguilar Camín dixit) son en un altísimo porcentaje jóvenes menores de 30; ¿cuántas madres y padres se han quedado sin sus hijos, por más que equivocaran el camino y terminaran masacrados en alguno de los miles de enfrentamientos a balazos, bazucasos y coches bomba que comienzan a ser parte del panorama común que padecen los habitantes de este país?

Javier Sicilia encabeza la "Marcha por la paz"

Supongo que si el hijo ultimado por el crimen organizado o daño colateral era estudiante cum laude con beca para hacer su doctorado en el Politécnico de Zurich, sí es válido llorar al joven y ver a los padres destrozados por el dolor, pero si el joven al que lloran los padres era pandillero devenido sicario con una biografía opacada por la violencia, entonces no es políticamente correcto derramar lágrimas. Para los progenitores de ambos individuos el dolor es similar y no sé si en alguna dependencia lleven las estadísticas de madres y padres que han perdido a sus hijos e hijas durante la “guerra” de Calderón. También sería interesante saber cuántos huérfanos ha dejado la guerra, de qué edad, en qué entidades, reciben algún apoyo de parte del gobierno, en fin, muchas preguntas me asaltan sobre esa numeralia.

Tampoco entiendo la lógica de querer enfrentar la violencia con actitudes dignas de Gandhi, apóstol de la no-violencia. Supongo que cuando eres secuestrado por una banda liderada por policías que te amenazan y apuntan sus armas a tus hijos les haces la señal de peace & love sesentero e ipso facto aflora el amor filial. Tampoco estoy de acuerdo con la estrategia federal la cual, salvo Calderón que no oye plan alterno alguno, ha mostrado su total ineficacia, además de ser catalizadora de la espiral de violencia que nos aqueja.

La marcha Cuernavaca-México sirve para extirpar la rabia por un tiempo, pero seamos racionales y sensatos, ¿alguien cree que individuos que cercenan, torturan, decapitan, violan o esclavizan a sus víctimas, se van a sensibilizar por una o mil marchas pidiendo paz? Dudo mucho que se hayan enterado de la última.

Mientras tanto, el Estado Mexicano, el otro involucrado en la debacle nacional, se ofusca y mantiene, como el avestruz, la cabeza metida bajo tierra. Aferrado a su plan que nunca fue plan, Felipe Calderón es reacio a dar el mínimo golpe de timón y, salvo una verdadera debacle nacional, no veo visos de que cambie la estrategia. Cuando con el tiempo se analice con detenimiento el sexenio calderonista, los residuos de esta guerra serán entonces palpables y podremos cuantificar el costo, más allá de las finanzas. Entonces sabremos el verdadero costo que esta estúpida guerra tendrá en la sociedad. El odio que ha despertado, los miles de huérfanos que crecerán, por obvias razones, con el hándicap de no tener padre.

Las marchas son excelentes vehículos para manifestar una posición ideológica o el hartazgo de la sociedad, pero considerar que tienen el poder para cambiar el statu quo, es utopía decimonónica. Bueno, siempre serán buen momento para volver a ver a los cuates y sentirse en la “marcha del silencio” del 68. Sin menospreciar, claro está, el clamor que estas manifestaciones multitudinarias quieren hacer llegar a la clase política y al crimen organizado. Pues ambos fueron los receptores del mensaje que Javier Sicilia externo y bajo cuyo slogan se le han unido variopinta cantidad de organismos e individuos. En concreto nos hace sentir mejor a los pacifistas, pues logramos externar nuestra unidad y civilizadas formas de organización, sin embargo al crimen organizado le vale una chingada lo que la sociedad piense o haga. Y no se diga al gobierno.

¡Extra! ¡Extra! ¡Arrancan! Este domingo inician las campañas políticas para elegir a nuestro próximo gobernador. Eruviel Ávila del PRI, Luis Felipe Bravo Mena del PAN y Alejandro Encinas del PRD son las opciones para el futuro mexiquense. Yo solo les diría a los tres políticos y representantes de sus diferentes agrupaciones partidistas que ¡YA ESTAMOS HASTA LA MADRE! y dudo mucho que alguno de los tres anteponga el interés por los mexiquenses sobre la podredumbre partidista.

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