Entre príncipes y santos. Punto # 171 de mayo 5, 2011

Recién el pasado fin de semana se sucedieron un par de eventos que llamaron la atención mundial. El primero fue la boda del Príncipe Guillermo con la plebeya Catherine Middleton y el segundo la beatificación de Juan Pablo II. No cabe duda que las historias infantiles, dignas de los hermanos Grimm, motivan mucho más que las vidas de algún físico nuclear o un novelista. Cuando la realidad es sustituida con personajes de cuentos para satisfacer nuestros más profundos e infantiles sueños, eso nos hace partícipes de la realidad/ficción que se lleva a cabo. El príncipe y el beato, pero seguro santo en un futuro no lejano.

 Los ratings para disfrutar del bodorrio real fueron apabullantes: a nivel mundial entre 2,500 y 2,800 millones de individuos siguieron el fastuoso boato de una clase privilegiada y parasitaria, que a pesar de ello sigue siendo motivo de orgullo nacional y sueños infantiles irrealizables. No conformes con seguir las vicisitudes de la familia real en cuanto tabloide se publica en el Reino Unido o el resto del planeta, ahora mis congéneres, al igual que hace treinta años, quisieron ser parte del elenco de la boda del siglo. La boda del siglo hasta que se escenifique la siguiente en unos lustros.

Entiendo ahora el éxito de las telenovelas mexicanas a nivel internacional. Es innegable que la inmensa mayoría de los seres humanos se quedaron en la más tierna infancia y desean continuar viviendo como la Cenicienta o Blanca Nieves o ser algún apuesto y rico príncipe heredero de alguna de las casas reales reinantes. Por un lado exigimos igualdad, pero en el fondo, las masas, carentes de vidas interesantes o productivas, se mimetizan en seres sacados de cuentos sosos. Para un niño es perfectamente normal sentirse príncipe o caballero medieval, pero para un adulto lo dudo.

Ejemplo del infantilismo que permea entre la población mundial es la connacional Estíbaliz Chávez, cuyo ayuno frente a la embajada británica en México exigiendo una invitación a la boda real le dio sus cinco minutos de fama, amén que le permitió agenciarse un boleto para ir a la Gran Bretaña. De haber logrado entrar a la boda ya rebasa la profundidad de mis pesquisas. ¿Qué hubiera sucedido si en lugar de hacer una huelga de hambre para asistir a la boda real la hubiese hecho frente a las oficinas del Conacyt para obtener una beca para estudiar un posgrado en genética o historia comparada?

El segundo evento que llamó la atención profundamente, al menos entre los católicos y en especial con el catolicismo mexicano, fue la beatificación del amigo de los pederastas, Karol Wojtyla, Juan Pablo II. Con la penosa asistencia de Felipe Calderón al rito católico, pero minimizado por el asesinato de Osama Bin Laden, el camino a la santidad de Juan Pablo II va viento en popa.

El poco análisis que hacen del rol de Juan Pablo II cuando líder del Vaticano y de todos los católicos dista mucho de ser un ejemplo de ética. Bastante cuestionado por el ala pensante del catolicismo, como el teólogo Hans Küng, el conservador y autoritario líder dinamitó cualquier mínimo cambio dentro de la institución religiosa y luchó por todos sus medios para tirar por la borda el Concilio Vaticano II y sus limitados y mínimos asomos al modernismo.

Con su slogan, repetido ad nauseam de México siempre fiel, borró y denostó a cualquier mexicano que no fuera católico y unificó a todos los mexicanos bajo un solo concepto religioso olvidándose de que no todos los seres humanos somos católicos. No en balde las iglesias polaca y mexicana son muy similares en su historia y composición de su grey. También en su acendrado catolicismo que en muchas ocasiones raya en el fanatismo.

No cabe duda, seremos homo sapiens, pero la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta requieren llenar sus vacuas vidas con vidas piadosas o principescas. Los ratings así lo demuestran. Ya quisiera un concierto de rock o sinfónico tener el diez por ciento del auditorio que tuvieron tanto boda como beatificación.

No dudo que sueno extremadamente racional y tal vez asoma mi incapacidad de dejar salir al niño que hay dentro de mí. Tal vez éste se asome de vez en cuando, pero nunca seis o siete horas, tiempo que duraron las transmisiones de los dos eventos. Afortunadamente para los que nos importe un pepino la vida de santos varones y apuestos príncipes, ambos eventos se llevaron a cabo durante la madrugada.

¡Extra! ¡Extra! Felipe Calderón invitó, a nombre de todos los mexicanos, al Papa Benedicto XVI a visitar México. Continúan nuestros líderes en negar la existencia y no escuchar al 20 por ciento de la población nacional que no profesa el catolicismo o no tiene religión.

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