Se va, se va, se va…se fue Pascual. Punto # 166 de marzo 24, 2011

El embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual presentó su renuncia a continuar en el puesto para evitar que la relación bilateral se siga deteriorando. El documento, según el Departamento de Estado norteamericano fue a título personal y la dependencia asegura que no fue removido.

Entre WikiLeakes y Felipe Calderón lograron la remoción del diplomático, personaje que nunca fue bien visto en el gobierno mexicano por su perfil de individuo especializado en “estados fallidos”, término que revuelve el estómago al presidente y sus acólitos, perdón, su gabinete.

Carlos Pascual

Según divulgó WikiLeakes, entre los documentos desclasificados hubo varios reportes de la pluma del embajador al Departamento de Estado que lidera Hillary Clinton. Carlos Pascual criticó acremente a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), al calificarlos de poco efectivos y tibios al enfrentar al enemigo; mientras tanto a la Secretaría de Marina (Semar) sí utilizó de forma adecuada la información que les proporcionó la inteligencia americana. También tildó al sistema de justicia y sus aplicadores de corruptos y mal entrenados, para terminar pintando a los panistas con tonos grises.

Los cables difundidos no repiten sino lo que los mismos diarios mexicanos y las charlas de café confirman. Indefinición del ejército frente un activismo más notorio de la armada. Descontrol y poca organización en la susodicha guerra contra el crimen organizado. Y sobre los panistas sólo hay que ver a su cabeza más visible, Felipe Calderón Hinojosa, para estar de acuerdo con la visión carente de colorido que expresa el ex embajador.

Los mismos diplomáticos mexicanos hacen exactamente lo mismo que hizo Pascual: enviar cables y opiniones sobre el acontecer político, económico y social de los países en donde residen y donde representan al Estado Mexicano. Así pues, la renuncia de Pascual, donde se acentúa que es a título personal, pues Obama y Clinton lo alabaron sobremanera y sostienen que quien sea el próximo embajador hará exactamente lo mismo que el recién salido: “evaluaciones francas”, como las califica el gobierno americano, de la situación que aqueja al país.

Dos eventos colmaron la paciencia de los ultranacionalistas que a la menor provocación se envuelven con el lábaro patrio. Primero la famosa y desastrosa incursión llamada “Rápido y furioso” que permitió introducir armas para saber mediante su paradero, al cartel al que iban dirigidos, sin embargo se perdieron cerca de dos mil armas de fuego y no saben a ciencia cierta quién las tiene o dónde están. Segundo, fue la nota del New York Times que describe los vuelos no tripulados sobre suelo nacional de aeronaves gringas. Alejandro Poiré, secretario técnico de Seguridad Nacional y Patricia Espinosa, Canciller minimizaron el incidente al argumentar que el control lo tiene personal mexicano. Dudo que los gringos hayan capacitado a sus contrapartes mexicanas sobre el uso de esa tecnología.

La clase política al unísono pidió su separación del cargo acusándolo de injerencista y violador de la soberanía nacional al emitir opiniones sobre el acontecer interno de México. Bajo esa óptica, José Sarukhán Casamitjama, embajador de México en Washington, viola constantemente la soberanía de Estados Unidos al manifestar que se requiere una reforma migratoria para los mexicanos avecinados al norte del Bravo. Todo diplomático tiene como función principal luchar por los intereses del país al que representa.

Lo que resulta risible es el bochornoso nacionalismo ramplón que corroe las entrañas de nuestra clase política. Qué si Pascual violó la soberanía nacional; pues todos los embajadores y cónsules hacen lo mismo. Qué no tiene tacto y distorsiona la realidad, según sus detractores. Por principio de cuentas el personaje no tenía porque ser diplomático y políticamente correcto al escribir sus reportes para su jefa, Hillary Clinton.

Resulta ahora que el nuevo representante puede tardar un buen tiempo en llegar a ocupar el lugar que deja vacante Carlos Pascual. Bien puede ser que debido a que se avecinan elecciones presidenciales en ambos países se mantenga el statu quo hasta finales de 2012 y no designen a nuevo embajador. No es lo más adecuado para limar las asperezas entre las dos administraciones, pero dadas las circunstancias, el próximo embajador deberá ser alguien más en la tónica de Josephus Daniels que en la John D. Negroponte.

¡Extra! ¡Extra! Semana de decisiones políticas a nivel estatal. El PRI tendrá candidato en próximos días. Esperemos que dicen los aliancistas del PAN-PRD.

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