El transporte público en Toluca. Punto # 162 de febrero 24, 2011

Por circunstancias laborales desde principio de año tengo la necesidad de trasladarme en transporte público. En ocasiones, las más, utilizo taxi; los camiones, aunque con menor frecuencia, los abordo cuando tengo bastante tiempo o, de plano, ando sin dinero.

Respecto a los taxis, lo cual no son, pues para serlo tendrían que tener un taxímetro, artilugio que nunca he logrado ubicar, por más que hurgo hasta debajo de los asientos, en cuanto taxi abordo. He llegado a preguntar por el susodicho aparatejo al individuo en cuyas manos va mi seguridad, el chofer, y por respuesta invariablemente contesta que las autoridades municipales no lo piden. Un par de ellos, que en común tenían la edad de cualquier preparatoriano mexiquense, ni siquiera sabían que carajos es un taxímetro, amén de manejar como adolescentes en brama en loca carrera al table-dance más cercano. También es estúpido, que al no contar con el adminículo de medición de distancia y tiempo, me pregunten ¿por dónde me voy joven? La verdad, ganas de joder o de mostrar su nimia cultura. Y eso que me he encontrado  al clásico “profesionista” que no consigue chamba en su campo y acaba de taxista; por cierto, casi todos abogados. Después de quince o veinte minutos de traslado y charla con mi profesionista devenido en taxista, caigo en la cuenta que desperdició cuatro o cinco años de su vida. Sigue hablando con haigas y váyamos; a la par que le es imposible organizar coherentemente una serie de ideas; divaga, repitiendo cual guacamaya, sobre todos los lugares comunes de nuestra idiosincrasia popular.

Tampoco puedo pasar por alto, las dos o tres travesías con verdaderos profesionales del volante. Diestros choferes, amenos conversadores, agudos críticos de su entorno y originales cuentachistes. En particular aquel viejo de 78 años y más de 40 como chofer de taxi, según me confesó, que me dio una clase de historia de Toluca. Durante las veinte o treinta cuadras del recorrido me describió cada una de ellas tal y como era a mediados del siglo XX. Salpicó su clase de historia con simpáticas anécdotas personales. Por último, pero muy importante para mí, el venerable octagenario, venía escuchando al Dr. Alfonso Ortíz Tirado. Por más que espero volver a subir a su taxi, no he tenido tal suerte.

Los camiones. ¿Los camiones? ¿Cuáles camiones? Es pura chatarra con motores contaminantes y energúmenos pre homo sapiens al volante. Los asientos, cuando los traen, más parecen aparato de tortura medieval característico de la Santa Inquisición. Entiendo que la mayoría de los usuarios de este suplicio profesan la fe católica, y para ellos el flagelo y el sufrimiento son llaves que abren las puertas del cielo; por ello es comprensible que soporten viajar en esa basura, pero yo no profeso esa religión. Sumado a todos los Fernando Alonsos avecindados en la exclusiva zona residencial de El Seminario que manejan esas cafeteras, tenemos al gritón. Es el émulo de chimpancé, que colgado del estribo grita lo mismo que está escrito en la decena de letreros que aparecen en el parabrisas y son los puntos por los que pasa la basura en llantas. Tal pareciera que nuestros ilustres ex alumnos de los maistros del sindicato se graduaron de analfabetos funcionales y requieren de alguien que les lea o indique los destinos. Después tenemos al huelepedos; es el güevón que se sienta a distancia perfecta para hablarle al oído al primate que maneja. Su función: administrar el dinero, cobra y da el vuelto y, entre alto y alto, le pellizca un poco al cochinito. Aún sin ser parte del staff de abordo, tenemos al correlón trepador. Son varios y se encuentran a distancias que van de las diez cuadras a las quince. Su responsabilidad es corretear al camión, saltar al estribo y recibir la tarjeta de tiempo, checarla e indicarle al chafirete de quinta que el camión anterior le lleva 7 minutos. Adicionado a la pléyade de desadaptados sociales que describí, tenemos que aguantar música grupera a todo volumen.

Pues este elenco de pelafustanes, dignos personajes de Los olvidados de Luis Buñuel, hace las paradas donde les da la gana y si van echando carreras o picándose con otro, ni paran. Se pasan los altos y manejan como si trajeran ganado porcino.  Además las rutas están diseñadas por ineptos. ¿Por qué tienen que entrar toda esa basura contaminante, me refiero a los seudo camiones, al centro histórico de la ciudad? Además, por lo general, siempre van ocupados pocos asientos. ¿Cómo es posible que no exista una línea de camiones que cruce la ciudad por Avenida de las Torres? Si vives en Carranza a la altura de Buenavista, cerca del Centro Mexiquense de Cultura y te quieres trasladar a Avenida Tecnológico tienes que entrar al centro y tomar dos camiones. ¿Y dónde está la autoridad que debe vigilar la chatarra que llaman transporte público en Toluca? Probablemente ayudando a la jefa del ejecutivo municipal hacer trabajo de toda índole para la campaña del apolíneo gobernador. Desafortunadamente, como no somos municipio colindante con el Distrito Federal dudo mucho que alguien piense en un sistema municipal de transporte articulado que cruce de Zinacantepec hasta Ocoyoacac y de San Felipe Tlalmililolpan a Ixtlahuaca. Un sistema que incluya tren ligero, camiones articulados, tranvías, trolebuses y hasta metro. Pero no, lo que nuestras autoridades hacen obras para autos y que el peatón se chingue. Al menos ese es el mensaje que mandan a los que no poseemos automóvil. ¿Alguien me puede explicar dónde están los pasos para peatones sobre Avenida de las Torres? Están haciendo bordos imposibles de trepar y los cruces con semáforo están a mucha distancia otro del otro. 

¡Extra! ¡Extra! El PRD autoriza la alianza con el PAN y AMLO se lleva la mitad del PRD.

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2 comentarios en “El transporte público en Toluca. Punto # 162 de febrero 24, 2011”

  1. diego escobedo Says:

    Un tema bastante interesante el cual planteas, Luis. De hecho, también hay ocasiones en donde el transporte va tan lleno; pero tan lleno, que aún así el chofer de cuarta sigue abordando personas… al grado de que los usuarios van en la puerta del camión, pareciéndose al mono que grita los lugares a donde va el transporte. Me quedo sorprendido siempre que algún policía de tránsito detiene a este tipo de transportes (ya sea que se hayan pasado un alto, etc), pues los choferes toman un puñado de monedas, se bajan y cuestión de medio minuto sobornan al otro idiota y listo. En mi caso particular he optado por tener mi propio transporte de 2 ruedas económico y rápido.

  2. Cesar Says:

    no es malo tu articulo lastima que seas tan pedante y no tengas conciencia social al hacer menos a otras personas y sus estandares sociales


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