Algunas consideraciones sobre el affaire Aristegui. Punto # 161 de febrero 17, 2011

Pocas veces se ha visto que alrededor de un personaje mediático se aglutinen ideologías de la más variopinta procedencia. Yuppies, el SME, Fernández Noroña y sus incondicionales, liberales, izquierdistas, en fin, un verdadero caleidoscopio de voces que al unísono pide la restitución de Carmen Aristegui en su noticiero matutino de MVS. Manifestaciones fuera de las instalaciones de MVS, miles de firmas en las redes sociales (facebook, twitter, etc.). Plumas de todo color cuestionan la decisión, pero critican más la falta de tacto de la Presidencia y de los hermanos Vargas, dueños de la radiodifusora MVS.

Alejandra Sota Mirafuentes, Coordinadora de Comunicación Social de la Presidencia de la República, tuvo un desliz al afirmar que a ellos solo les habían informado del despido. Entre líneas se infieren que fue un reporte de hechos pues, ¿acaso todas las empresas que corren o liquidan a sus ejecutivos tienen que informar al Presidente sobre el despido? La percepción, por abrumadora mayoría, considera al poder federal responsable del despido de la comunicadora. Si el gobierno pensó que la estrategia de callar al mensajero iba a redundar en un silencio sobre la susodicha manta, el resultado, a raíz de los últimos acontecimientos, les salió pésimo. Ningún control de daños para revertir lo que se convirtió en un tsunami informativo. Si se quiso evitar que se propagara el contenido de la famosa manta que mostró Gerardo Fernández Noroña y otros diputados del Partido del Trabajo, les salió el tiro por la culata.

Carmen Aristegui erró en los tiempos y tardó varios días en salir a dar su versión de los hechos. Esos días, en los cuales ni el gobierno, ni la radiodifusora y mucho menos la afectada dieron la cara para saber qué había detrás del despido de la comunicadora.

La radiodifusora, con Joaquín Vargas a la cabeza, o le siguió el juego a la oficina de la presidencia o, peor todavía, se autocensuró en aras de obtener beneficios económicos: nuevas concesiones del espectro radiofónico. En pleno siglo XXI, hay individuos que creen que la censura es válida y apuestan a ella para acallar voces incómodas. Se ve que no conocen las redes sociales y las nuevas tecnologías. Hoy en día el poder se ejerce diseminando información y no guardándola en un cajón como antaño. Ejemplo de ello es Julian Assange, fundador y director de WikiLeaks.

Varios opinólogos la apoyaron: Denise Dresser y Miguel Ángel Granados Chapa; otros no: Hugo Hiriart y Ricardo Alemán. Sin embargo, me parece hasta idiota tachar de alcohólico al Presidente de la República, y conste que a mí no me agrada en lo más mínimo, ni su partido y mucho menos su política.

Que personajes como el inefable Gerardo Fernández Noroña, que más que buscar el bienestar nacional, privilegia la puesta en escena de la imbecilidad, cuelgue una manta que cuestiona la salud del Presidente en pleno salón de sesiones del Congreso no abona a la salud republicana. Me resulta hasta insultante pensar que Calderón es dipsómano, por la simple razón que de serlo, le sería materialmente imposible llevar el ritmo de vida que sus múltiples responsabilidades le obligan. Además, mientras no afecte sus funciones no veo nada negativo en que se beba un tragos el domingo en la tarde, tal y como lo hacen millones de mexicanos los domingos en las tradicionales comidas familiares. Aunque no estoy de acuerdo con la mayoría de las decisiones que ha tomado Calderón, dudo mucho que hayan sido tomadas durante una francachela con los cuates.

Al momento del cierre de edición, llegó un post del blog de Jenaro Villamil:

Después de ocho días de su abrupta salida al aire en el espacio de MVS Radio y tras varias manifestaciones en contra de la decisión de suspenderla, la conductora Carmen Aristegui retornará el próximo lunes 21 de febrero, al tiempo que la empresa designará un “defensor del radioescucha” cuya función será “la evaluación regular de los contenidos con sustento en el Código de Ética”.

¡Extra! ¡Extra! El asunto sobre la secuestradora gala Florence Cassez por cuya libertad aboga el gobierno francés de Nicolás Sarkozy me recuerda un evento muy similar entre Estados Unidos y México. Rememoremos cuando un mexicano, asesino de dos adolescentes, a punto de ser ejecutado en Estados Unidos, fue salvado por el gobierno mexicano argumentando exactamente lo mismo: falta de auxilio consular para el ciudadano al momento de su arresto.  El asesino regresó a México como héroe para morir en un accidente carretero menos de un año después. Viva nuestra muy mexicana doble moral.

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