Egregios demiurgos I. Punto # 158 de enero 27, 2011

Cuatro y media de la madrugada. Uno de mis más fieles acompañantes, el insomnio, hace rato se ha posado al pie de mi cama. Decido emprender un largo camino para encontrar el capítulo de mi biografía donde se jodió mi existencia. No busco la página o capítulo específico donde se desestructuró mi yo, porque ello, por obvias razones, maduró durante largos años para desembocar en lo que soy. ¿Por qué he de culpar a alguien por carecer de los más elementales sentimientos humanos para convivir con mi prójimo y no odiarlo y despreciarlo, sensación, debo admitir que me causa harto placer? En igual magnitud, la imbecilidad e ignorancia de mis congéneres revitaliza mi repulsa hacia ellos. Es como el primer cigarrillo al despertar. Inhalas y el cuerpo entero, tras recibir la fresca bocanada de humo, comienza a reaccionar.

Lo único que quiero saber – como humano, soy curioso – es, ¿qué sucedió para después de tantos años haber devenido en lo que soy? Soy, como en toda novela, un personaje marcado por los eventos y por otros personajes y, conforme avanza la lectura, el lector ubica las escenas determinantes para delinear mi personalidad y relación con los demás personajes. En alguna ocasión, hace muchas lunas, un querido amigo me presentó como “un personaje de novela”. Todo un halago ser considerado como personaje novelesco, más que persona. ¿Quién trasciende en la humanidad con mayor fuerza, el autor o su creación? ¿Cervantes o El Quijote? ¿Benedetti o Avellaneda? ¿Süskind o Jean-Baptiste Grenouille? ¿Melville o Bartleby?

Son tantas las carencias y contadas las virtudes. Porque en algún pasaje del libro, en alguna página de la biografía, algo debió suceder para que termine mis últimos años de vida siendo solamente feliz al escribir. Nunca tuve el valor de hacerlo y ahora ya en el otoño de mi vida encuentro en la escritura un gran aliado para paliar la falta de interlocutores. Tal vez sea mi incapacidad para entenderlos; la inmensa mayoría son demasiado normales y difieren radicalmente de mi interpretación de la vida. Hago una lectura de ella bastante disímil y frecuentemente opuesta a la que ellos hacen de la misma. Aun los mismos eventos que pueden resultar triviales los analizo y archivo de forma harto especial.

Todo ser vivo experimenta cuatro fases o funciones elementales en la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. Todos pasamos por ellas durante nuestra existencia, salvo la tercera que no es obligatoria. Sin embargo algunos lo hacemos de forma sumamente complicada y en ocasiones bastante poco gratificante. De ahí que soy, sea un sobreviviente. Un sobreviviente de mi propia biografía. Un sobreviviente de mí mismo. Hablo de sobrevivir, ya que pocos seres asumimos que debemos convivir con acompañantes poco gratificantes; más bien, enemigos declarados de mi buen juicio, a la par de ser veneno intelectual para mi mente. Durante mi biografía algo marcó al biografiado y escribiendo encontraré la respuesta; mi vida tiene ya muy pocos capítulos que leer, pero mi biografía infinidad de capítulos que tengo que escribir. El final, una vuelta de tuerca, vaticino. La escritura será mi gran compañera en el diálogo constante con mis demiurgos.

¿Para qué sirvo?, me pregunto.  Para nada, me contestó el aciago demiurgo, a través de Emil Cioran. Tengo que afrontar mi realidad: Nunca sembré nada, así que no hay nada que cosechar. Ni familia, ni amigos, ni hijos, ni dinero, ni casa, ni coche, ni trabajo; tan sólo poseo y soy dueño absoluto de mis odios, resentimientos y desprecios. ¡Ah!, poseo también una tenue luz en mi corazón y un par de neuronas en mi cerebro, que como colofón a mi vida, alumbrarán todas esas virtudes que nunca saqué por temor a mí incapacidad de aquilatar adecuadamente mi valía como ser humano y hacerles caso a los nefastos habitantes de mi mundo fantasmal y lúgubre. Aunado a ello la catarsis que me invade al plasmar estas líneas. Escribir sin pensar en el lector, escribir para sacar mis demiurgos, mis demonios, mis miedos…

Demiurgo contemplando su obra (miguelhernandezvirtual.com)

Todos tenemos demonios; para mi han sido amigos entrañables que nunca me han abandonado; no lo hacen porque no pueden. Son yo y yo soy ellos. Sin mi son nada. Yo les doy vida y ellos corresponden de igual forma. Somos aliados vitales. Nuestras existencias dependen uno del otro. Los odio, pero he tenido que aprender a convivir con ellos. Ya sea en América, África o Europa, país donde fijo mi residencia, nunca me abandonan. Son fieles a más no poder. Sin ser políglotas me susurran al oído en idiomas que solamente nosotros entendemos.

Y cómo no voy a ser poco común si tengo como cimientos de mi existencia elementos que a la inmensa mayoría no les dice nada. A diferencia de los mortales comunes que sustentan su vida en tres ejes inamovibles y poco racionales, para mí, yo no le doy valor alguno esos tres pilares: la familia, el país y la religión. Me recuerda a La Falange española: Dios, Patria y Hogar. Fascismo puro, según mi lectura muy personal.

Aquellos fieles seguidores de mis cuitas literarias sabrán que me es imposible concebirme dentro de una familia. Los antecedentes maternos que ya publiqué, junto con algunas aventuras con la familia Recillas Enecoiz – vaya que si tienen su historia – impiden que conforme una familia, sino feliz, al menos propositiva y sin resentimientos y odios. Nunca “mamé” la esencia familiar. Nunca tuve de dónde aprehender lo que es una familia. Siempre fui un paria, o al menos así me hicieron sentir. La percepción es vital para una adecuada lectura del entorno. No le puedes pedir a alguien que se crió con familias extremadamente disfuncionales que sepa cómo formar una familia donde no haya problemas que acarrea uno desde la más tierna infancia y a la postre los que pagan los platos rotos son tus hijos. Preferí no joderle la existencia a una familia, en especial si esa familia iba a ser la mía. Habría sido un infierno para aquellos que tuvieran la mala fortuna de convivir conmigo y mis demiurgos.

El país, ¿qué es y qué significa? Tengo la rara cualidad de no ser considerado de ningún lugar geográfico. Me explico. No importa dónde me encuentre, siempre me preguntan de dónde soy. Aún siendo trilingüe y hablar español, inglés y francés casi a la perfección, siempre ha existido un dejo de acento cuando me expreso verbalmente. Cuando hablo español pronuncio la letra r de forma gutural, por lo que me preguntan mi procedencia. Cuando viví en Francia, por no haber hablado francés en varios años, cuando lo volví a practicar tuve un leve acento español y por lo regular me preguntaban si era yugoslavo. Cuando hablo inglés y estoy en Estados Unidos me preguntan si soy australiano o súbdito inglés; cuando estoy en Gran Bretaña, inquieren que de qué parte de Estados Unidos soy. Y ya no se diga de otras geografías más ajenas a mis orígenes. Así pues, por más que he deseado un terruño, un lugar donde me consideren como autóctono, ni donde nací, Marruecos, ha sucedido. Friedrich Katz, excelso historiador del pasado mexicano, resumió en una frase lo que yo no hubiera podido expresar mejor: “Se estudia lo que se ama.” Y yo siempre he estudiado a México y en especial el cine mudo mexicano.

Por lo que respecta a la religión, me cuesta mucho trabajo entender la necesidad del hombre en adorar seres supra naturales. Entiendo el rol de la fe en la formación del nacionalismo mexicano y la fe de millones de seres que requieren una deidad para paliar sus miserables y humanas vidas, en especial cuando viven en la más absoluta pobreza material e intelectual. En mi caso he sustituido las necesidades teológicas con arte, literatura, música y otras manifestaciones artísticas que muestran la magnificencia del hombre. Escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven; admirar un cuadro de van Gogh; leer cualquier novela de Humberto Eco.

Por ello es que me designo como “un solitario, ateo, apátrida, occidental, con una concepción del mundo judeo-cristiana y estudio al mundo de forma aristotélica-tomista, en otras palabras, sigo el método científico.”

¡Extra! ¡Extra! Según un mail que circuló en días pasados, “Tardó más el gobernador Enrique Peña Nieto en presumir ante el presidente Felipe Calderón el ‘clima de paz y tranquilidad que se vive en el Estado de México’, que en obtener respuesta de los seguidores de redes sociales como Twitter, en donde, con toda clase de comentarios, los usuarios consideraron su declaración como ‘la más desafortunada’ de este viernes.”

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2 comentarios en “Egregios demiurgos I. Punto # 158 de enero 27, 2011”

  1. Viridiana Says:

    Excelente! que tus demiurgos sigan inspirado tu pluma para darnos más lecturas como estas.

  2. JuanC Says:

    ¡ah, qué tal con el buen Luis sin raiz! jeje creo que fue de lo primero que pensé cuando te conocí. Y mis teorías sobre tu calidad de personaje no eran tan equivocadas ahora que leo lo que parió tu insomnio. Supongo que ya lo sabes, pero te diré que el diálogo continúa (aunque no sea contigo) porque escucharte y reflexionar sobre lo que dices propicia el debate entre los que, cuando te conocimos,apenas éramos unos chamacos.


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