WikiLeaks. Punto # 153 de diciembre 2, 2010

Ahora que inicia el último mes del año y las festividades navideñas están a la vuelta de la esquina la inclasificable WikiLeaks –  un sitio web que publica informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia religiosa, corporativa o gubernamental, preservando el anonimato de sus fuentes  – nos adelanta un regalo. El pasado julio este sitio web saltó a la fama tras poner a disposición de las publicaciones The New York Times, Der Spiegel, The Guardian y luego al público, alrededor de 91 mil documentos clasificados por las fuerzas armadas norteamericanas y que narran ataques de sus fuerzas a la población civil, el uso de unidades secretas para asesinar líderes talibanes y el apoyo de sectores del ejército paquistaní a extremistas islámicos. Ahora la organización, terrorista y criminal según el gobierno de Estados Unidos, dio a conocer al público 250 mil cables enviados al Departamento de Estado norteamericano desde la mayoría de sus embajadas y consulados. Información que sólo fue compartida por WikiLeakes a cinco periódicos en el mundo, el español El País, el francés Le Monde, el estadounidense The New York Times, el británico The Guardian y el alemán Der Spiegel. Dividir la información entre cinco medios – cuatro diarios y un semanario – lo tuvo que hacer WikiLeakes por los continuos sabotajes a su sitio web.

Según un estimado de The Guardian, cables salidos de la embajada americana en México no pasan de los tres mil, sin embargo no se han analizado a profundidad. Es obvio que no somos una prioridad para Estados Unidos y somos como la vigésima quinta preocupación para ellos con todo y nuestros problemas de violencia. Incluidos en el cuarto de millón de cables se encuentran algunos sumamente comprometedores. Se pide información personal y privada sobre los líderes mundiales, así como datos sobres sus gastos y sus gustos. En otras palabras se les pidió a los diplomáticos americanos convertirse en espías. La lista de líderes investigados y analizados incluye a dignatarios amigos y a enemigos. Entre los primeros, Angela Merkel, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi o Cristina Kirchner. Entre los segundos Evo Morales, Hugo Chávez y Vladimir Putin.

Más allá de la crisis que aqueja a la burocracia y diplomacia norteamericanas, quienes acusan a WikiLeakes de organismo terrorista y criminal, pues robaron documentos oficiales clasificados, está la similitud con nuestros políticos cuando los pescan en conversaciones o videos comprometedores. Inmediatamente saltan para matar al divulgador y no al filtrador. El gobierno americano salió con la bravuconería de levantar cargos contra un sitio web y contra la organización detrás de ella, que si bien, obtuvo los documentos de forma ilegal, lo que los documentos revelan en algunos casos es, no únicamente ilegal sino hasta criminal y, definitivamente, carente de toda ética. El gobierno de Obama grita por el mundo que los divulgadores de los cables son unos criminales y, según algunos congresistas republicanos, hasta se debería considerar al sitio web como agente terrorista.

El historiador inglés Timothy Garton Ash titula su columna semanal de El País “Un festín de secretos” y coincido con él en que lo trascendental del acontecimiento es la inmediatez para obtener información fidedigna y fresca. Según el catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford “lo normal es que el historiador tenga que esperar 20 o 30 años para encontrar esos tesoros. En este caso, los cables más recientes tienen poco más de 30 semanas de antigüedad.” Y remata “La gente está interesada en comprender cómo funciona el mundo y qué cosas se hacen en nuestro nombre. La gente está interesada por los manejos confidenciales de la política exterior. Y los dos intereses se contraponen.” El interés que deberíamos tener como miembros de una sociedad democrática para que los gobiernos sean cien por ciento transparentes o como se dice en inglés “accountable for” es casi inexistente. Este concepto no lo utilizamos en nuestra cultura política y menos en la educación de nuestros futuros ciudadanos. La posición ética frente a este dilema tiene aristas muy interesantes para sondear dónde la sociedad puede limitar al gobierno para que seamos nosotros los que decidamos la importancia o trascendencia de la información y no nuestros gobernantes, que bajo los clásicos argumentos nacionalistas, escatológicos o aquellos que irradian pavor en la población, nos esconden la verdad. Lo peor del asunto es que la sociedad se traga el garlito y es entonces que sitios web como WikiLeakes son ejemplo de un nuevo poder. Un poder que emana de la sociedad, pero de una sociedad individualizada. El sitio web es un conjunto de individuos físicamente separados, pero unidos por una computadora, y simultáneamente es grupo aun sin tener contacto físico alguno. Ese poder comienza a ejercer en los albores del siglo XXI lo que a la postre será la forma cotidiana de relacionarse a fines de este siglo.

Logotipo de WikiLeaks

Es triste ver como la prensa nacional no le interesó ahondar en el tema y me extraña que no haya existido periodista alguno nacional que buscara en los documentos las referencias a México (menos de 2,500) para ver cómo nos ven los vecinos del norte. Muy diferente fue la forma que El País abordó el tema. Le dedica toda una sección con links y una variedad de artículos, entrevistas, comparaciones, análisis y editoriales. Es comprensible; somos un país poco interesado en los quehaceres mundiales, seguimos siendo bastante aldeanos cuando a asuntos internacionales se refiere. No fue gratuito que uno de los diarios elegidos para la divulgación de los cables diplomáticos haya sido El País y no uno de Latino América.  Supongo que con nuestros problemas, que por cierto son bastante críticos, no somos muy afectos a escudriñar el paisaje internacional allende los mares, las cordilleras y los desiertos.

¡Extra! ¡Extra! Por fin tuvimos una boda única. Una boda que la inmensa mayoría de los seguidores de la pareja esperaban. Sí, una boda única, nunca antes vista, una pareja singular, un espacio inmejorable, una atmósfera señera. Así es: por fin el fin de semana pasado la primera pareja en América Latina se casó en este lugar soñado. Marisela Matienzo unió su vida a la de Carlos Muñoz; lo hizo en el exclusivo restaurante McDonald’s de Monterrey, Nuevo León. ¿De qué boda creían que hablaba?

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