Algunos mitos de la Revolución Mexicana. ágora mexiquense segunda quincena de octubre, 2010

El pasado mes de septiembre publiqué un artículo que versaba sobre los repetidos mitos de la Independencia que la historia oficial – según don Luis González y González, historia de bronce – ha tratado de perpetuar en el inconsciente colectivo de nuestro país. En esta ocasión haré un ejercicio similar, con la salvedad que será la Revolución Mexicana el evento que en un puñado de sus mitos ponderaré de forma racional e histórica.

De entrada la fecha de 20 de noviembre, instaurada por Madero en el Plan de San Luis para que diera principio la rebelión anti-reeleccionista contra Porfirio Díaz, no  arrojó evento alguno digno o al menos importante del cual escribir a casa.

Sin embargo, dos días antes, el 18 de noviembre se enfrentan Aquiles Serdán y su familia a las fuerzas porfiristas y varios de los anti-reeleccionistas pierden la vida. Pero insisto, el 20 de noviembre, fecha cabalística en el inconsciente colectivo creado por el PRI durante el siglo XX, salvo ser una fecha simbólica, su celebración, génesis del parto priísta, tuvo que ser revestida de un aureola cuasi mística. Ahora veremos cómo entienden la Revolución Mexicana los descendientes panistas de aquel PAN que fundara Gómez Morín en 1939 refutando la importancia de la revolución y la necesidad de ella. Hoy tenemos a Macario Schettino, analista de Canal 11 del IPN y columnistas en varios medios nacionales, como adalid de la idea que la revolución no era necesaria para llegar a los niveles de bienestar en que estamos, puesto que estos hubieran llegado por simple evolución social e integración paulatina del país a órganos bilaterales y multilaterales en el concierto de las naciones. También Luis González de Alba maneja la misma tesis, pues argumenta que Costa Rica, Brasil o Uruguay, que no tuvieron revoluciones violentas, están en varios rubros mejor que nosotros.

Cartel de cine de la Mutual anuncia The Life of Gen. Villa

Otro mito: la idea filial, similar a la utilizada para la unión de los insurgentes durante la  Independencia, que nos imbuyen en la primaria de que todos los revolucionarios se unieron para derrocar a Díaz es el mayor mito revolucionario que tenemos. La verdad sea dicha, es que la Revolución Maderista es la única que confrontó a Díaz. A raíz de la publicación del Plan de San Luis hasta la salida de Díaz – seis meses – y con la toma de Ciudad Juárez y sin mayores daños a la nación en su infraestructura, Madero llega a la presidencia y muchos de sus adeptos, entre ellos Emiliano Zapata, quien se subleva al mes del inicio de la presidencia maderista, olvidan que Madero nunca promete cambios radicales en ámbitos sociales y económicos. Madero pertenece a una familia de hacendados. Nunca fue proyecto maderista la repartición de la tierra o realizar cambios profundos en cuestiones sociales y Zapata, quien en realidad quería regresar al sistema de la colonia, se subleva contra Madero.

Para junio de 1911 Porfirio Díaz iba en un viaje sin regreso a su exilio francés. Francisco León de la Barra es presidente interino y organiza las elecciones que gana por abrumadora mayoría Francisco I. Madero. Toda la épica revolucionaria está comprendida entre la “Decena trágica”, febrero de 1913 y la promulgación de la Constitución el 5 de febrero de 1917. Un par de años después de la partida de Díaz.

Por otro lado, enterrar a todos los revolucionarios en la misma cripta, siendo que entre ellos mismos se mataron o mandaron matar o dejaron que otros los mataran, resulta de un cinismo histórico asombroso. Recordemos que fue Carranza quien ordenó la muerte de Zapata; Obregón las de Carranza y Villa; Calles, las del Gral. Serrano y otros militares en Huitzilac, Morelos y la de Obregón; En fin, nuestra revolución más que luchar contra la reelección resultó en un vodevil de quitate tú pa’ ponerme yo.

Madero gobierna hasta febrero de 1913 cuando se escenifica la “Decena trágica” y Huerta toma prisioneros al Presidente Madero y al Vicepresidente Pino Suárez. A raíz del golpe de estado dado por Huerta, Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila se niega a reconocer al militar golpista y aglutina bajo su liderazgo a los que a la postre se convertirían en enemigos: los constitucionalistas y los convencionistas. Carranza y Obregón entre los  primeros  y Villa y Zapata entre los segundos. Bueno, fueron un puñado de mitos, pero les aseguro que hay cientos, sino es que miles.

Como colofón, un par de recomendaciones literarias referentes al tema. Dos obras de Jorge Ibargüengoitia: una, la obra de teatro El atentado sobre el asesinato de Obregón; otra, una fabulosa sátira, las memorias del inolvidable José Guadalupe Arroyo, Los relámpagos de agosto.

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