Pesimismo personal. Punto # 148 de octubre 28, 2010

Hay ocasiones en que no quiero escribir. No es el miedo a la página en blanco ni la cerrazón mental que me ataca minutos previos a iniciar un escrito. Es una desazón y un pesimismo acendrado que invade como enjambre de insectos mi cotidianeidad. Probablemente lo pueda catalogar de catastrofismo lo que me aqueja y se adueña de mis neuronas. Quiero escribir sobre algo positivo que suceda en mi país y por más que le escarbe, no encuentro evento o situación que revierta mi sentir. Un día sí y otro también nuestros medios, impresos y electrónicos, nos endilgan sin anestesia alguna íconos que en otras sociedades causarían nausea. Imágenes de muertos, cadáveres decapitados, cuerpos envueltos en bolsas o encobijados, imágenes dantescas que hoy son vistas como normales y se nos presentan en cualquier esquina de la ciudad con un puesto de periódicos. Tapamos los senos de la revista “para caballeros”; no vaya a ser que un par de hermosos senos bajo una faz de Afrodita sean dañinos y catalicen mis más bajos instintos, según propalan los mochos ultramontanos de siempre, sin embargo estos mismos individuos, muchos de ellos dueños de medios de comunicación, se regodean vendiéndonos basura noticiosa cocinada por reporteros coprófagos.

El pesimismo se ha apoderado de la brújula, lleva el timón de mis pensamientos, orienta cual vientos alisios el velamen de mi barca intelectual, manipula mis lecturas y predispone mi estado de ánimo durante el día. Con franca candidez asumiré mi enorme gozo durante los días de la epopeya chilena y el rescate de los 33 mineros. En un océano de calamidades, desgracias, accidentes, delincuencia y el largo etcétera al que van ligados, el “cinematográfico” rescate y el excelente uso mediático que el Presidente chileno Sebastián Piñera hizo de la catástrofe avivaron en mí las últimas brazas de optimismo que quedaban en mí ser. Lo único desafortunado del incidente, aún siendo un infortunio, es que no sucedió en México; hubiera sido un fantástico catalizador social hacia el optimismo y sobre todo, una muestra de solidaridad nacional ante la falta de civilidad que permea por toda la sociedad mexicana.

Por el otro lado, tenemos a nuestra generación del fracaso o del no, según el analista que los describa. Me refiero a nuestra inefable, ineficiente e ineficaz clase política, a la par que nos cuesta una millonada mantenerlos nunca dan resultados y los que salimos pagando somos los ciudadanos. Entre todos los mantenidos de nuestra carísima y nula en productividad burocracia, en primer lugar se encuentra el nefasto sindicato magisterial que idiotiza y domestica a nuestra niñez y juventud. Para muestra están los resultados PISA y Enlace. En ambos, los niveles de nuestros alumnos son pésimos y muy por debajo de los estándares de los demás miembros de la OCDE.

El jefe del ejecutivo, obsesionado con su “guerra”, se siente George Patton durante la invasión de Sicilia. Tal vez para no desentonar en el año centenario, Ignacio Zaragoza el 5 de mayo de 1862. Sea cual sea el alter ego histórico del presidente, el gobierno federal que encabeza muestra rasgos de agotamiento, ya no saben qué hacer. Cambian discurso, pero no táctica. Exige Calderón a todos los mexicanos hablar bien del país. La pregunta salta cual resorte industrial: ¿Qué existe en el país digno de mención? ¿Habrá algo en México que nos haga sentirnos orgullos? Y no me salgan con las maravillas naturales, esas no son creación de los mexicanos, son de la naturaleza. No importa qué medio impreso consultemos, no importa el país o la lengua en que está escrito; somos conocidos y resaltados en la comunidad internacional como un estado fallido. El sustento por el cual se mantiene un Estado tiene que ver con lo que hace y ofrece a sus gobernados (seguridad, salud, educación, empleo, etc.). En el caso mexicano, la seguridad brilla por su ausencia y son los propios policías los que lideran a los hampones; los hospitales y la atención que brindan los doctores, enfermeras y personal administrativo a los derechohabientes es precario; de educación mejor ni hablemos y respecto al empleo, pues a menos que quieran ganar entre uno y dos salarios mínimos, adelante. El presidente del empleo como se autonombró Calderón resultó, en ese rubro, un fiasco. Debió presentarse como el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ya que ese es el rol que ha desempeñado durante todo su sexenio y el que más compensa su pequeñez como estadista.

Con la cargada en el Estado de México previa a la elección presidencial del 2012, todos los “servidores públicos” priistas y de otros colores, al menos en territorio mexiquense, están sumamente atentos a cualquier movimiento o sonido que emane del Palacio de Gobierno en Toluca. Los posibles ungidos con el premio mayor de la rifa del tigre se mueven con absoluto sigilo. Ellos saben quienes son. Enrique Peña Nieto, nuestro apolíneo gobernador, con la varita de hechicera que le presta su novia de cuento hará los pases mágicos sobre la testa del elegido y…a rezar. A rezar porque se les puede aparecer la parca si la alianza opositora (PRD-PAN) escoge algún candidato con real peso político y carisma para aglutinar el descontento social anti-priista en una cuantiosa votación.

En deportes, al igual que todo lo demás en el país, no produce deportistas competitivos. Estamos hambrientos de medallas y campeonatos. ¿Habrá algún deporte en que logremos descollar? Nuestro mediocre y paupérrimo campeonato de balompié invita a cambiar de deporte o al menos de canal. Amén de la mediocridad, tenemos que tragarnos todas las trapacerías de los federativos y dueños del balón. En realidad, el equipo de todos, como nos quieren vender el producto selección nacional, es de ellos, la docena de propietarios de los equipos de primera división. Nosotros, los aficionados, les importamos un verdadero pepino, bueno, tal vez, ni eso.

Por más que busco algo sobre lo cual pueda escribir, mi pesimismo, perdón mi catastrofismo, me ha impedido concebir de forma lógica y racional algún evento o situación que pase en México y plasmarlo para la crítica lectura de mis contados lectores. Prometo la próxima semana buscar hasta debajo de las piedras algún mendrugo de optimismo y levantar el ánimo a mis congéneres. Por hoy sólo pido su comprensión por no tener algo digno de qué escribir.

¡Extra! ¡Extra! Subirán el precio al tabaco bajo el argumento, muy real, que los fumadores causan al erario un gasto extra. Muy bien. Sin embargo los refrescos, golosinas y pastelillos responsables de nuestro primer lugar en obesidad a nivel mundial, parece ser no tienen gravamen alguno extra. ¿Acaso la Secretaría de Salud miente al decir que los problemas cardiovasculares, cardiacos y otros más que aquejan a siete de cada diez mexicanos se deben a la mala dieta de los mexicanos? ¿Y esos padecimientos no causan perdidas al erario?

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