Freidrich Katz (1927-2010). Punto # 147 de octubre 21, 2010

–Murió Katz, estudioso de la revolución.

–¿Y quién le sobrevive?

–Ciertamente no la revolución.

Jans en Milenio (18/10/10)

Historiadores de origen extranjero que han privilegiado el estudio de México existen muchos, pero pocos como el austriaco Friedrich Katz. Junto con los afamados mexicanistas Alan Knight, François-Xavier Guerra, Eric von Young o David Brading, por mencionar a un puñado de ellos, el historiador recién fallecido tomó a México como su centro de estudio histórico. Historiador de izquierda, Katz desmenuzó la revolución mexicana y a la postre nos dejó la mejor documentada biografía del más famoso caudillo de la revolución: Pancho Villa. Obra monumental que editó ERA en dos tomos. Obra que desmitifica muchas de las leyendas alrededor del caudillo y nos presenta a un ser humano redondo, con blancos y negros, con virtudes y defectos, al personaje de altos contrastes, al líder y al bandido, al luchador social y al polígamo…en fin, la más completa, penetrante, aguda, analítica y, no menor el dato, la mejor escrita.

Freidrich Katz

 El Centro de Estudios Mexicanos Friedrich Katz de la Universidad de Chicago está de luto. Profesor emérito de la cátedra Morton D. Hull en dicha institución por 40 años, el legado que nos deja es invaluable. El pasado 16 de octubre falleció de cáncer en Filadelfia. Había nacido en Viena en 1927 y desde su más tierna infancia tuvo que errar por el mundo huyendo, junto con su familia, del acoso nazi. Después de un periplo por varios países europeos y Estados Unidos, el futuro historiador desembarca junto con su familia en México, donde se le da asilo político, a sus tiernos 13 años de edad. Esto sucedió al final del sexenio de Lázaro Cárdenas. De allí proviene el hecho qué hizo a Katz interesarse en la historia de México.

La primera vez que lo vi fue en la Universidad de Nueva York a mediados de los años setenta del siglo pasado. Era yo estudiante de Historia y durante un verano Katz fungió como profesor visitante y dio varios seminarios. Desafortunadamente la memoria me falla y no recuerdo el tema específico de su alocución; de lo que sí estoy seguro es que versaba sobre los antecedentes agrarios que originaron la revolución. Por aquella época todavía no publicaba sus obras monumentales, pero ya, para los estudiantes de historia y el claustro académico pintaba como uno de los más reputados mexicanistas (término que describe a los intelectuales y académicos cuyo tema de estudio es México en cualquiera de sus facetas) que hay en Estados Unidos. Desde hace más de tres décadas que me convertí en fiel lector de las obras de Katz y todas ellas me han permitido acercarme a una nueva versión e interpretación de nuestro pasado. La exquisita prosa de Katz me recuerda mucho las hermosas y provocativas disertaciones con las que Edmundo O’Gorman nos deleita en La invención de América.

La segunda y última vez que compartí con él unos minutos de conversación fue en marzo de 2007 durante un evento que organizó el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM: Congreso Internacional Hacia la conmemoración del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución Mexicana: Retos y perspectivas. Afable y de un trato cortés departió informalmente con los asistentes entre ponencia y ponencia. Algunos de los notables estudiosos que se dieron cita en el congreso fueron Christon Archer, Javier Garcíadiego, Federico Reyes Heroles, Álvaro Matute, Arnaldo Córdova, Jaime Rodríguez, Alan Knight, Friedrich Katz, Vicente Quirarte, David Brading, Carlos Marichal y Virginia Guedea. Como resultado de ese congreso que publicó como memoria del mismo: México en tres momentos: 1810-1910-2010. Hacia la conmemoración del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución Mexicana. Retos y perspectivas. En dicho coloquio Katz presentó la ponencia Los científicos y la Revolución Mexicana que aparece publicada en el volumen I de la obra.

En ese pequeño mundo que es la academia, su quehacer profesional forjó una pléyade de historiadores. Su originalidad y rica prosa son un deleite para mí. Los dos tomos de La guerra secreta en México, obra que desmenuza las escenas tras bambalinas que las potencias extranjeras juegan en México durante la Primera Guerra Mundial, se lee como si fuera una novela de espías. Bueno, realmente lo es.

El otrora presidente del Colegio de México, Javier Garcíadiego, en un artículo publicado en Letras Libres en diciembre de 2008 escribe sobre el recién fallecido:

De otra parte, el enorme número de lectores se debe a que Katz es uno de esos historiadores con capacidad de comprensión y con vocación de explicación. Meticuloso investigador, constantemente encuentra datos desconocidos, los que devela con gracia y tino. Aunque monumentales, sus obras nunca son un amasijo de datos.

Varios intelectuales han dedicado sus columnas o espacios a la memoria de este insigne historiador “mexicano”. Héctor Aguilar Camín en Milenio, Claudio Lomnitz en La Jornada y María Amparo Casar durante la emisión del programa Primer Plano de canal 11.

Portada del tomo 2 de la biografía

Entre los varios reconocimientos que obtuvo, destacan la obtención de la Orden del El Águila Azteca en 1988, la Orden del Mérito Académico de la Universidad de Guadalajara el mismo año y en 1997 es nombrado miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Frecuente conferencista y catedrático de la UNAM, El Colegio de México o el Instituto Mora, también hizo estudios en la ENAH, Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Hasta La Cámara de Diputados publicó una esquela en su memoria, hecho poco frecuente con extranjeros, pero Friedrich Katz, tal vez, desde mi perspectiva, sea mucho más mexicano que la inmensa mayoría que aquí nació. A México le dedico su intelecto y su vida. Amó a México de una forma que pocos lo muestran: estudiándolo.

¡Extra! ¡Extra! Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard ya iniciaron campañas políticas. Ambos escogieron al Estado de México para el lanzamiento. Los acarreos a Toluca y al oriente del estado fueron descarados. El peje en Texcoco y Chimalhuacán; el carnal Marcelo en la capital estatal. Bueno, en campaña de descalificaciones y más acusaciones de traición que en cualquier obra de Shakespeare. La verdad sea dicha, nuestra izquierda autóctona tiene la rara virtud de canibalizarse a sí misma. ¡Qué lejos de las izquierdas modernas y propositivas!

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