El abstencionismo en las elecciones 2010 ágora mexiquense primera quincena de julio 2010

El pasado 4 de julio se efectuaron elecciones en 14 entidades del país y en una docena de ellas se eligió gobernador. Ya para mediados de mes se ha escrito, dicho y analizado a fondo el desarrollo de las mismas en medios impresos o electrónicos. Sin embargo existe un aspecto que poco se ha discutido y este es el referente al abstencionismo.

Imagen tomada de la revista nexos

El porcentaje de votación en todos los estados no superó 60 por ciento del padrón. En Chihuahua y Tamaulipas fue de 36 y 39 por ciento, realmente paupérrimo. La violencia afectó seriamente la votación en esos estados, pero en Quintana Roo donde no existen los niveles de ensañamiento que padecen los estados norteños apenas se logró 41 por ciento de votación. Estos datos los tomo de los diferentes PREP estatales. Por desgracia los institutos electorales de Tlaxcala y Puebla no publicaron el porcentaje de participación en los comicios. Los demás fluctúan entre 55 y 58 por ciento de participación. Es indudable que seguimos siendo bastante reacios a ejercer uno de nuestros derechos ciudadanos. También es innegable que consideramos nuestra democracia estrictamente desde un punto de vista electoral y no exigimos como ciudadanía que nuestros políticos asuman gobiernos orientados a mejorar las condiciones de vida de los gobernados.

Bajo estándares mundiales, en los países donde no es obligación votar estamos dentro de los parámetros normales: eso es alrededor de 55 por ciento. Sin embargo no deja de ser un porcentaje bajo, sobre todo teniendo en cuenta que se eligió gobernador en doce estados. A nivel municipal, resalta Tijuana donde solamente uno de cada tres tijuanenses salió a votar y la participación ciudadana rayó en 30 por ciento.

Varias explicaciones tiene la poca participación ciudadana. Una de ellas es el miedo que se ha incrustado en los habitantes del norte del país para salir a ejercer su derecho. Si sumamos a ello que una semana previa a la elección el candidato priista a la gubernatura de Tamaulipas fue asesinado, la explicación resulta bastante plausible. Una segunda, aunque con tintes localistas, fue los destrozos causados en Tamaulipas por el huracán Alex. Otra razón esgrimida tiene que ver con la poca o casi nula confianza que muestran entre los posibles votantes las opciones partidistas para gobernar. Una tercera es la ausencia de cultura cívica que permea en nuestra sociedad, aunado ésta que privilegiamos sólo aspectos de índole electoral y menospreciamos la responsabilidad ciudadana de informarnos y exigir a nuestros gobernantes que olvidan el bienestar social de sus gobernados. No faltaron las justificaciones deportivas para explicar la poca afluencia a las urnas: que la gente prefirió quedarse en casa a ver el fútbol. O la meteorológica: estaba lloviendo.

El hecho es que solamente la mitad de los electores fueron a las urnas el primer domingo de julio y eso no es un buen mensaje para la democracia mexicana. Tampoco abona al ejercicio cívico que los diversos institutos electorales de los estados no sean administrados por ciudadanos, sino por empleados del gobernador en turno y sus miembros le den cuentas a los partidos y no a la ciudadanía.

No podemos seguir exigiendo a nuestros gobernantes respeto a la ciudadanía si nosotros como tales no asumimos de manera madura nuestras obligaciones ciudadanas. Los gobiernos estatales y municipales, al igual que el federal, no nos darán absolutamente nada de forma gratuita. Es menester instruir a nuestro “pueblo” (vocablo sumamente cuestionable cuando se hable de democracia) de las bondades de la democracia. Así como se nos otorgan una serie de derechos, también se nos obliga a cumplir con ciertas obligaciones.

Si se inculcara en las escuelas, en todos los niveles, los valores que caracterizan un sistema democrático, otro sería el desenlace de las elecciones. La educación pública y privada en México no tienen programas para imbuir en los niños y jóvenes del país los valores que la democracia otorga. Los mismos sindicatos magisteriales, tanto el SNTE como sus contrapartes estatales, no se rigen por valores democráticos, sino por usos y costumbres nefastos para el buen gobierno. El ejemplo que los profesores en todo el país le dan a nuestros educandos dista mucho de ser alimento social para inculcar valores ciudadanos y mucho menos para crear entes pensantes y críticos que a la postre se conviertan en verdaderos ciudadanos.

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