Las tres teclas (mini-cuento) Punto # 111 de enero 28, 2010

El olor nauseabundo y fétido, cual cloaca. De una a dos semanas lleva el cadáver pudriéndose, observa con burocrático acento, el médico forense después de verificar el rigor mortis y constatar ciertos aspectos del inerte cuerpo. Inusual escena para la nota roja. Fuera de lo común la posición que mantiene el cuerpo, pero más extraña la de la manos: sentado y ellas sobre el teclado, tres dedos cubren la d, la i y la o; los restantes al aire. Una irónica y cruel sonrisa bajo unos fríos ojos azules que miran, sin ver realmente, la negra pantalla de la computadora. Tres o cuatro peritos pululan por el departamento. Uno toma muestras del churro que descansa sobre un cenicero de barro negro; otro toma fotografías del hábitat, así como del cadáver; y un tercero analiza la planta de marihuana junto al ventanal. Los agentes policíacos, tras breves deliberaciones con el médico forense, concluyen que el escritor, pues así había sido bautizado por los presentes, sufrió un fulminante ataque cardíaco; descartan la sobredosis de droga como causa del deceso. Tras envolver el cadáver con una raída sábana, los peritos de la procuraduría local trasladan los 30 o 35 kilos de despojos humanos al anfiteatro para la autopsia de ley. Los judiciales salen tras ellos, no sin antes robarse varios cedes. Los libros, fotografías, litografías, grabados, óleos, esculturas y plantas – salvo la de mota, que terminó en casa del perito – fueron respetados, no por decoro, sino por ignorancia. 

Al más bisoño agente, sin las limitaciones que impone la monotonía laboral,  le ordenan quedar a la retaguardia y terminar el trabajo burocrático sobre el pútrido hallazgo. Ya sólo, camina por el departamento bastante polvoroso, sin embargo muy ordenado. Las paredes cubiertas de todo tipo de arte visual. Una de los cuartos es una pequeña, pero selecta biblioteca sobre historia mexicana. Varias revistas culturales encuadernadas por año adornan los libreros. Pero lo que más llama la atención del joven sabueso es la gran cantidad de libros sobre cine mudo. Los hay en español e inglés; algunos en francés. 

Busca en los cajones del escritorio y enciende la computadora. Por extraño que parezca la pila todavía contiene energía para prender la computadora. Tal vez por vivir sólo, el escritor no requiere de contraseña para ingresar a su computadora. Los archivos abiertos con los que trabajaba al momento de su muerte son tres: dos páginas en Internet y un documento en office. La primera era la edición virtual de El País de esa mañana. Extraño, si lleva una semana muerto. La otra, un blog personal con la última entrada publicada media hora antes de haberlo encontrado. Coincidencia, pues se puede programar una entrada con semanas de antelación, pero ¿con media hora de diferencia a su muerte?  El documento que escribía al momento del infarto tan solo constaba de una oración: Llevo muerto más de cincuenta años y estoy lleno de odio.

Después de un par de horas y terminada sus tareas, con más preguntas que respuestas, el novato toma sus implementos y regresa a las oficinas policiales a dar su reporte al jefe. El comandante está con el patólogo y hacia allá se dirige. Al entrar encuentra boquiabiertos y con mirada perdida a los dos individuos. Frente a ellos se halla un esqueleto recién sacado de una tumba. Sobre una tenue capa de polvo yace el esqueleto. Dice en tono de broma, “ahora se hacen las autopsias después de enterrados los muertos, en lugar de hacerlo previamente”. Ambos lo voltean a ver y al unísono, con una voz apenas audible, susurran: Es el escritor.

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One Comment en “Las tres teclas (mini-cuento) Punto # 111 de enero 28, 2010”

  1. maria medina Says:

    No hay laberinto más perfecto que aquel del que no se quiere salir…
    Son grandiosas las ocasiones en las que se agradece tener ojos, como esta en la que habitante de este mundo me encuentro de frente a ti en estas líneas que inevitablemente me hablan de tu imagen tan peculiar,
    Querido escritor, que laberinto tan sorprendente sostendrá tu ser… me intrigas, me has traído a la mente con este mini-cuento imágenes que me encantaría algún día poder transferir al papel y claro me encantaría compartirlas contigo. Así como me encantaría poder compartirte mi trabajo, mis dudas lo que aun no se y claro una taza de café y un cigarro,
    Deseando encontrarte pronto me despido
    Con cariño y respeto un abrazo y un beso


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