Recuerdos del 2009 Punto # 108 de diciembre 17, 2009

Este año que a punto está de terminar fue marcado por decenas de eventos que lo harán inolvidable. Varios de ellos funestos para el país. Desde las desangeladas elecciones intermedias hasta el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, pasando por la inexplicable actitud del gobierno durante la crisis de influenza o el incremento de la espiral de violencia que nos aqueja a todos los habitantes de México, gracias a la guerra que Calderón mantiene contra un enemigo invencible, el narcotráfico. Y en el entorno internacional, salvo la llegada de Barack Obama, un afroamericano a la presidencia de los Estados Unidos, no existe acontecimiento que mitigue el amargo sabor que nuestra realidad nos deja.

 Las elecciones intermedias no llenaron las expectativas que los ciudadanos teníamos de los elegidos. El apuntalamiento de nuestro apolíneo gobernador como serie aspirante a la candidatura de su partido para las elecciones presidenciales del 2012 habla muy mal del electorado nacional. En base a carretonadas de dinero y al apoyo de las televisoras, uno de los poderes fácticos en la nación, la carrera presidencialista de Peña Nieto salió del closet y comienzan a proliferar grupos de fans, cual si fuera actor de telenovela, para organizar a los futuros votantes a emitir el sufragio en su favor. Resulta insultante que sus cualidades no transiten por la capacidad política, cultural o económica y se sustente en sus cualidades estéticas. 

Después de presenciar el bodrio que nuestros recién electos legisladores confeccionaron para paliar los funestos efectos de la debacle financiera mundial y engendrar un potingue financiero y económico, cuando asumieron sus “responsabilidades” diputadiles, lo que resulto el egresos e ingresos de próximo año. 

No olvidemos a esas abnegadas y sacrificadas mujeres que con su actitud sumisa y servil insultan a todas las féminas. Las “juanitas”, que sin pudor y dignidad alguna, renunciaron a sus curules para que sus patrones masculinos – padre, hermano o marido – tomaran su lugar en San Lázaro. Eso es no tener madre. Y después se quejan las mujeres de ser maltratadas, si son ellas mismas las que no se respetan ni un ápice. 

Es en base a los ejemplos arriba citados que adjetivo a la elección de mediados de año como una debacle. Legisladores ineptos y corruptos, mujeres sumisas y políticos guapos. ¡Vamos muy bien como país!

La tragedia que ocurrió en Hermosillo en una guardería del Seguro Social y que le costó la vida a casi medio centenar de niños sigue sin tener responsables. Desde abril en que aconteció la catástrofe, los órganos de justicia estatal y federal, han logrado esclarecer, pero ante todo responsabilizar a los ineptos que propiciaron que cientos de mexicanos, los padres de las víctimas, vivan acongojados por el resto de sus vidas. En un artículo previo escrito en agosto cuestioné la ineptitud de nuestro sistema judicial y legal, al mismo tiempo que vaticiné que el año terminaría sin  haber respuesta a los padres de los niños y a la sociedad en general. Seguiremos esperando a que nuestros ínclitos jueces y leguleyos encuentren la cuadratura al círculo. Mientras tanto, casi medio centenar de familias seguirán a la espera del siempre socorrido y cacareado “estado de derecho y apego a la ley” que la basura que gobierna nos quiere vender en sus discursos. ¡A ver quién lo compra!

La pandemia de influenza que asoló al país y en especial al Distrito Federal orilló al gobierno a instaurar un cerco sanitario y, aunque no se llamó como tal, a una cuarentena. La solución más que ayudar, catalizó la quiebra de innumerables negocios, en especial las microempresas de corte familiar. La incapacidad de nuestro sistema de salud de prevenir la hecatombe prohijó una solución que acarreó males mayores. Me fue imposible entender cómo en la capital del país casi llegamos a niveles de parálisis total, y en otras entidades, sobre todo las fronterizas ni el cruce de personas a Estados Unidos se limitó. Formas bastante diferentes de asumir una defensa contra una pandemia. Los residuos de la fallida ofensiva se siguen sintiendo en la capital. El Estado de México también sufrió las erradas políticas gubernamentales que nuestras autoridades locales establecieron, sin que aquellas llegaran al nivel de las capitalinas. La emergencia nos mostró que nuestro endeble sistema de salud no tiene herramientas adecuadas para prevenir y paliar con situaciones de dimensiones mayúsculas que  inciden en toda la nación. 

Nuestra guerra, porque aquí vivimos, en México ha sido una verdadera calamidad. La cantidad de muertos, heridos y detenidos no ha limitado el poder del enemigo. Tener al ejército en las calles para suplir la carencia de policías debidamente entrenados, no ha hecho mella alguna en el poder que tiene el hampa. El narcotráfico y el crimen organizado siguen tan campantes y haciendo negocios más lucrativos que antes. Ya ha sido cuestionado acremente el presidente por continuar una lucha que a todas luces no reditúa en un mayor bienestar de la población. Bajo un argumento bastante baladí: los mafiosos se matan entre sí, quiere el gobierno justificar su incapacidad de brindar seguridad a la ciudadanía. Balaceras a plena luz del día y en céntricas avenidas de cualquier ciudad son noticia cotidiana. ¿Cuántos infelices transeúntes, que sin deberla, y por el simple hecho de caminar por su colonia han sido muertos o heridos, ya sea por balas del narco o por aquellas de militares? Sin que avale el informe de Amnistía Internacional que acusó al ejército mexicano de violar los derechos humanos, no entiendo una guerra que a todas luces lo único que ha dejado son mexicanos muertos. Así es, porque la inmensa mayoría de los narcos muertos son mexicanos. Quieren hacernos creer un narco no tiene nacionalidad y viene de Marte. Son narcos a secas, a menos que sean de otro país. Entonces sí se hace hincapié en su condición de extranjero. Pero si son narcos mexicanos, nunca se hace mención de su condición de ciudadano mexicano, al serlo se les birla la nacionalidad. A la engañosa política castrense con que nuestros políticos quieren engañarnos, de que el ejército mexicano lucha contra el narco, se les olvida mencionar que los narcos, si bien son criminales y como tales deben ser juzgados, también son mexicanos. Ahora, en pleno siglo XXI, que por segunda vez en la historia patria un presidente declara la guerra – la primera fue contra el eje Berlín-Tokio-Roma y la hizo Ávila Camacho – nuestro mayor enemigo resulta ser como siempre otro mexicano.

Por fin el 2009 se apaga, pero nuestros problemas y calamidades retornarán con mayor fuerza nada más inicie 2010.

¡Extra! ¡Extra! Felices fiestas decembrinas y un mejor año que éste que acaba les deseo en 2010 a mis contados lectores.

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