México Punto # 106 de diciembre 4, 2009

Lástima que este país haya caído en manos de mexicanos. Pues sí, así es. La grandeza de una nación la hacen sus propios habitantes y si nosotros no hemos podido salir del hoyo en que nos encontramos es culpa nuestra y de nadie más. Allí están Alemania y Japón que después de la II Guerra Mundial en 1945 lograron en medio siglo volverse a poner de pie y actualmente son líderes mundiales a pesar de haber sido devastados hace 60 años. Si alguien es responsable de la situación que vive y ha padecido México desde 1821 es culpa de nosotros, los mexicanos. Ciento diez millones de habitantes. Cuatro o cinco millones sirven para algo y enaltecen al país, sin embargo abundan por la geografía mexicana cerca de cien millones de iletrados y conformistas que no sirven absolutamente para nada: Basura cultural, castrados intelectuales, ignorantes endémicos, católicos de pacotilla, analfabetas funcionales, corruptores de la justicia, infantiloides históricos, asesinos ecológicos, rateros socialmente aceptados, deshechos humanos. El mayor peligro para esta región geográfica llamada México somos los propios mexicanos, ya que justificamos nuestros desatinos, propugnando que somos únicos y como México no hay dos. Todo lo que funciona en otros países lo desechamos bajo pueriles argumentos de que somos diferentes y únicos, por lo que hay que hacer las cosas a la mexicana. ¿Por qué el mundo permite que acabemos con todo lo que tocamos? De tener una responsabilidad cultural, civilizatoria, social, humanística o histórica nos expropiarían el país para refundarlo o de perdida limitar la cantidad de atrocidades que en nombre de la soberanía nacional realizamos: desde linchar al vecino a la menor provocación hasta devastar ríos y montañas. Si amamos este planeta hagamos algo con la inmensa mayoría de habitantes de este país que por lo visto no hemos tenido la capacidad de mantenerlo medianamente viable, pero sobre todo enaltecer y encumbrarlo; más bien tratamos de destruirlo.

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El país está como esta bandera nacional: desecho

Claro que en México existe un puñado de instituciones de calidad mundial – Colegio de México, UNAM, Politécnico, Instituto Nacional de Medicina Genómica, etc. – y por ende hay algunos miles de connacionales que han aportado algo a la humanidad y puesto “el nombre de México en alto”, como dirían los parlanchines locutores deportivos. Sin embargo medio millón, por ser optimista, contra cien millones, no representa un saldo favorable para el país. Esos mexicanos lo han hecho gracias a que tuvieron influencias “extranjerizantes”, buenas y malas, pero al fin y al cabo descollaron. Desde Octavio Paz y Carlos Fuentes, por mencionar al par de literatos más representativos de la otrora cornucopia pletórica de riquezas que era México, hasta Enrique Norten y Soledad Loaeza, pasando por Enrique González Cabot, Lorenzo Meyer o Herminia Pasantes. Sin embargo ese minúsculo grupo poco puede hacer para engrandecer nuestro país. Las heces fecales no huelen bien sólo por salpicarlas con algunas gotas de perfume y lo que hemos creado como país hiede. Todo lo que tocamos los mexicanos lo destruimos y contaminamos o, lo transformamos en un engendro sin pies ni cabeza. Tan jodidos estamos que aquellos nacidos aquí tienen que largarse para no morir de hambre y ya en otro país, sobre todo Estados Unidos, logran recibir una verdadera educación y convertirse en astronautas. De haberse quedado aquí en México los cosmonautas de “origen” mexicano José Hernández y John Olivas hubieran terminado vendiendo chicharrones en un carrito por las calles de la colonia Buenos Aires de la ciudad de México. La educación en este país esta diseñada por pendejos para mantener a sus habitantes todavía más pendejos, sin descontar la deplorable tarea que Televisa y TV Azteca aportan para la domesticación de nuestra población con su basura televisiva pletórica de telenovelas y programas de concurso diseñados para individuos sin defensa intelectual alguna.

¿Cómo va a ser grande un país si la inmensa mayoría de los habitantes no sabe leer y menos escribir nuestro propio idioma, el español? El analfabetismo funcional galopante que aqueja a nuestros conciudadanos es resultado de políticas donde la domesticación y apatía son privilegiadas por nuestra clase política. ¿Qué hemos aportado a la humanidad, a nuestros congéneres? ¿En qué hemos ayudado a la civilización occidental a la que se supone pertenecemos para su engrandecimiento? Somos inefables descendientes de antropófagos y caníbales con todo y nuestro gran imperio Azteca (odiado por sus contemporáneos por sojuzgar a sus vecinos). De no haber llegado los españoles seguiríamos con nuestras guerras floridas y vistiéndose con taparrabos. Odiamos al conquistador y en oposición amamos al fraile, siendo que ambos nos conquistaron por igual: aquellos política y económicamente; éstos espiritualmente. Lástima que alguna potencia mundial no ponga orden en nuestro país y discipline al inmenso porcentaje de nuestros connacionales, pues actúan como fauna nociva y a donde pululen por la geografía nacional dejan basura de toda clase: física, social y psicológica.  Somos un lastre para el planeta. Un pueblo que no tenemos nada que aportar, salvo mendigar por el planeta. Y ahora queremos reproducir nuestras deficiencias y taras sociales y culturales por el mundo. Exigimos al gringo que no maltrate al emigrante mexicano siendo que tratamos peor a los centroamericanos que atraviesan el país. Por algo durante los juegos de fútbol con Honduras y Salvador abuchearon nuestro himno. Para ellos significa vejaciones, abusos y humillaciones. Entendámoslo ni somos únicos en el mundo y mucho menos importantes para él. Salvo durante hecatombes somos noticia en otros países y aún seguimos siendo uno de los países donde menos personas quieren inmigrar.

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De la galería de Galtzagorri Mendietan

Nos escudamos en la virgen de Guadalupe con el ramplón argumento que no hay pueblo en el planeta que tenga una deidad semejante y nos enorgullecemos de ondear en todo juego futbolero la bandera nacional. Son dos símbolos que no merecen respeto alguno, pues simbolizan un país en el cual no nos respetamos a nosotros mismos. Somos patrioteros futboleros sin consciencia histórica alguna. Esa famosa película de Sergio Arau, Un día sin mexicanos muestra que nuestra función en la tierra es fungir como sirvientes de los gringos. ¿Acaso los inmigrantes cubanos, indios, vietnamitas o de otros países en los Estados Unidos terminan de sirvientes? Claro que no, pues sus niveles educativos son muy superiores al de los mexicanos. Además, si no hay mexicanos, pues allí están los centroamericanos para hacer los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit). Un pueblo que ovaciona a las estúpidas actrices de telenovelas ordinarias y cursis cual si fueran ganadoras del premio Nobel, lo único que muestra es la deplorable educación que poseemos. Somos los mexicanos, individuos que leemos medio libro al año y como tal deberíamos ser vueltos a conquistar por pueblos cultos y lectores. No es posible que España con 43 millones de habitantes tenga ocho veces más librerías que México. Las ciudades de Barcelona o Buenos Aires tienen más librerías que todo México como país tiene.

Presumimos de nuestras ciudades coloniales – Querétaro, Guanajuato, Zacatecas, etc. – pero recordemos que fueron diseñadas y construidas por españoles. Las ciudades cien por ciento mexicanas son Nezahualcóytl, Chalco y Chimalhuacán y son, verdaderamente una soberana porquería. Hablamos de la belleza femenina mexicana. ¿Existe? Bellas las eslavas, rusas y venezolanas. La casi totalidad de las mujeres mexicanas son una verdadera vergüenza para el sexo femenino: abnegadas y obedientes que se asustan del erotismo. Un minúsculo grupo de ellas es pensante y exige sus derechos. Allí tenemos a las “juanitas” de nuestro poder legislativo, renunciando a sus curules para que el esposo, hermano o padre las sustituya. Vaya desfachatez de género. Siguen pensando que la decencia esta en los órganos genitales. Está prohibido el aborto en 31 estados, salvo el D.F., sin embargo de modo altamente sofisticado matamos de hambre a la cuarta parte de la población nacional y más de la mitad vive en pobreza y con francas carencias de toda índole. ¿Y que hacemos como sociedad para remediar este desatino? Pues nada, ni siquiera nos inmutamos. Los mexicanos ni exigimos y cual cachorritos hacemos cola para recibir unos mendrugos de pan del gobierno en turno. Ni dignidad tenemos como seres humanos, nos la extirparon.

Por mi parte yo no respeto en lo más mínimo íconos como son la virgen de Guadalupe y lo que llamamos bandera nacional. El verde debería representar la marihuana que cosechamos en el país y por la cual es muy bien conocido México en el mundo entero; el blanco el semen del europeo que nos heredó algo de civilización y el rojo la sangre que nosotros, los propios mexicanos, vertemos cuando nos masacramos unos a otros desde que somos país independiente.

S.O.S. pide el planeta. Pidamos ayuda para erradicar y transformar nuestra mentalidad y educar a los cien millones de compatriotas idiotas e ignaros que habitan entre los ríos Suchiate y Bravo y entre los oceános Pacífico y  Atlántico. Debemos aceptar nuestra incapacidad para crear las condiciones que como nación se requieren para sacar al “buey de la barranca”.

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One Comment en “México Punto # 106 de diciembre 4, 2009”

  1. Jazmin Sandoval Says:

    hola soy alumna de la UIEM
    El articulo es interesante porque nos damos cuenta de los origenes de la bandera y por que se utilizaron esos colores y de el himno.
    Entonces Iturbide dio la orden para que la confecionaran y ademas cada color tiene un significado y me parece que eligieron bien el significado de cada color.

    El himno me parece que el que lo escribio mostro todo lo que habia pasado en la lucha de independencia


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