Una policía estatal única manifiesto # 466 de diciembre 2, 2009

La semana pasada se efectuó una más de las reuniones de seguridad nacional en Palacio Nacional encabezada por Felipe Calderón donde se dieron cita los gobernadores de las 32 entidades, representantes del congreso, secretarios de estado y representantes de la sociedad civil organizada. La insistencia de Felipe Calderón en promover una policía nacional o en su defecto 32 agrupamientos policiacos estatales sigue siendo eje de la política emprendida por este gobierno para enfrentar al crimen organizado.

El rechazo a una policía nacional tipo los carabineros en Chile o la Guardia Civil en España está fuera de cualquier discusión ya que ningún gobernador va a castrar su poder mediante la supeditación policial de índole estatal a una nacional. Y no se digan los municipios.

Además en este país ser policía no da prestigio, más bien devalúa al individuo. Nunca he escuchado a un niño mexicano decir que cuando sea grande quiere ser policía, sueño que en otros países sí es común: pertenecer al FBI en los Estados Unidos, a la Sureté francesa o a Scotland Yard en Gran Bretaña. Aunado a lo anterior el nivel educativo de la inmensa mayoría de nuestros mal llamados protectores o cuidadores del orden raya en el analfabetismo funcional. En México los individuos se convierten en policías para no estar desempleados.

Por lo que respecta a crear agrupaciones de corte policial a nivel estatal nuestro apolíneo gobernador comentó al finalizar la ceremonia del LXVI aniversario de la sección 17 del SNTE que se requieren “explorar modelos policiacos que hay en otras latitudes y que están resultando exitosos, que ese modelo pudiera permear realmente en cómo se instrumentará en nuestro país, entro ellos está la posibilidad, eventualmente, de tener una policía estatal única, que es uno de los modelos que se exploró”. De entrada nuestro gobernador no menciona nada sobre la una policía nacional, pues eso no le conviene y le restaría mucho poder. Por otro lado recupera el discurso presidencial sobre el tema de una policía estatal porque ello le brindaría un mayor poder y control de territorio estatal. ¿Quién va a limitar las actividades de una corporación de esa magnitud si ya fuimos testigos del proceder de la ASE en San Salvador Atenco?

El vergonzoso liderazgo que tiene el Estado de México al ser una de las entidades con mayor índice de delitos cometidos con arma de fuego, así como tener una ciudadanía cuya percepción de la seguridad que vive va en franco decremento son un par de razones para que Peña Nieto le tome la palabra al Presidente.

Interesante la declaración del gobernador, ya que con ello se fortalecería el poder del gobernador a través del control de una policía que reportaría al ejecutivo estatal. Y como consecuencia el monopolio de la fuerza recaería exclusivamente en él. Nuestros gobernadores (no importe su partido o situación geográfica) son reacios a la creación de un ente policial nacional semejante a los que existen ya en varios países: Chile, España o Francia.

Aquí tenemos un ejemplo palpable de la doble moral estatal que caracteriza a nuestros gobernadores: se niegan a crear instrumentos hacendarios para recaudar impuestos estatales; le dejan todo el paquete a la Secretaría de Hacienda federal. Cobrar impuestos no redunda en votos y tiene un costo político que nadie quiere pagar. Sin embargo cuando se trata del elemento de coacción ciudadana y represión gubernamental quieren, basados en la percepción de la sociedad, montarse en caballo de hacienda para crear institutos policiales del ámbito estatal. Aquí en nuestro estado ya tuvimos la oportunidad de presenciar los procedimientos de la Agencia de Seguridad Estatal durante el descontento ciudadano de los pobladores de San Salvador Atenco, al grado que el gobierno mexiquense recibió varias recomendaciones de las comisiones de derechos humanos, estatal y nacional. Dotar de instrumentos de represión social a los gobernadores no redunda en una disminución del fenómeno criminalístico, más bien es una “patente de corzo” para que políticos de la calaña de Ulises Ruiz, Fidel Herrera o Enrique Peña Nieto callen a la ciudadanía.

No tardaron los municipios mexiquenses en rechazar la propuesta. Misma que proviene del secretario de seguridad pública federal Genaro García Luna; ha sido retomada por Felipe Calderón y ahora también por Peña Nieto. A pregunta expresa sobre la viabilidad de una policía estatal, el exabrupto del director de seguridad pública de Toluca, José Vera Monroy es una verdadera perla declarativa, pues consideró “que sería un error eliminar a las corporaciones policíacas municipales, pues son el primer contacto con la ciudadanía”.

No creo que exista persona alguna que viva en Toluca a quien no se le haya presentado uno de esos energúmenos ignorantes exigiendo ‘pa’l chesco, cuando nos estacionamos mal o nos pasamos un alto. En lugar de proceder a levantar la infracción se vuelven sumamente comedidos con el infractor. Todavía no se esclarece el asesinato de un joven en la colonia Seminario de Toluca a manos de policías. La prepotencia de estos tipos es equiparable a su nula capacidad para resolver un crimen o tratar a la ciudadanía, la que en última instancia los mantiene con el pago de impuestos, con un mínimo decoro y decencia. Recordemos el nefasto operativo del New’s Divine en la ciudad de México donde murieron varios adolescentes.

Aparte de que se violaría la constitución en su artículo 115, donde se dota de autonomía a los municipios, los presidentes municipales como Azucena Olivares de Naucalpan y Eruviel Ávila de Ecatepec cuestionaron con diferente matiz la propuesta; la primera la rechazó y el segundo consideró que se debe analizar a fondo. La ASE, a través de su área de comunicación social salió con una verdadera sandez: “la dependencia estatal no podría absorber a todas las corporaciones municipales ya que en su caso tomaría varios años lograrlo”.

Es entendible que de prosperar la idea se tenga que modificar la Constitución Mexicana para adecuarla al nuevo ordenamiento y que cada estado haga lo mismo con la suya, pero de allí a que les tome varios años lograrlo, me suena a un verdadero despropósito.

Lo más probable es que la idea de origen federal, retomada por Peña Nieto no prospere. Más que una policía federal o estatal únicas se requiere cambiar los paradigmas del servicio policial en el país. No queremos corporaciones represoras, prepotentes y al servicio del poder económico y político. A menos que se comience a cambiar radicalmente la formación académicade la policía y la percepción que tiene el ciudadano de ellos, será una labor inviable dotar de cuerpos policiales similares a los del primer mundo.

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