Conmemoración de la revolución mexicana ágora mexiquense primera quincena de noviembre 2009

Como cada año este 20 de noviembre se celebrarán 99 años del inicio de la revolución mexicana, bueno la revolución maderista porque hubo varias revoluciones que al finalizar la etapa bélica se aglutinaron en sólo una. Nuestros héroes de la gesta en realidad se pelearon entre ellos. El mito que se ha propagado de que todos luchamos contra Porfirio Díaz se cae por su propio peso. Que hoy todos estén enterrados en las columnas del monumento a la Revolución ni significa que fueran amigos, ni siquiera aliados. Carranza mandó asesinar a Zapata y logró que a Felipe Ángeles lo fusilaran en Chihuahua acusado de rebelión. Obregón se peleó con Carranza y Villa; los tres terminaron sus vidas de forma harto violenta. Y así por el estilo es el escenario que vivíamos hace cien años. 

El resultado que nos ha heredado la revolución a un año de su centenario es bastante lamentable. No deja de ser incongruente que los valores y principios en que se sustentó esa confrontación deja mucho que desear a casi 100 años del evento. La violencia, la pobreza, la falta de educación, nuestra dependencia de Estados Unidos, nos dan como resultado un déficit — histórico, social, laboral, educativo, etc. – casi imposible de remontar en las actuales condiciones.

Ahora bien si de festejar se trata pues todo gobierno tiene el derecho de hacerlo, además que es normal que instaure efemérides que justifiquen históricamente su génesis. Pero dudo que tengamos algo que celebrar los habitantes de este país dadas las condiciones en que sobrevivimos. Sin embargo sí existen cuestiones que se deben debatir y analizar, así como celebrar, pues lo que ahora somos no puede explicarse sin la revolución.

No digo que sea bueno, muy al contrario. Es cierto que los resultados no son los esperados y la fórmula está más que comprobada no sirvió y son pocas las metas alcanzadas.

Sin lo que fincó la revolución no existiría el México de hoy; si bien pudimos haber evitado el derramamiento de sangre fraternal que significó la revolución, también es innegable que no existiríamos y seríamos lo que somos. No justifico, pues considero el evento revolucionario una afrente evitable, pero para bien o para mal durante más de 70 años fuimos gobernados por el partido emanado del conflicto; aquí en el Estado de México lo seguimos siendo.

Celebrar, según el diccionario de la Real Academia Española significa: “Conmemorar, festejar una fecha, un acontecimiento”. No habla de si el evento a conmemorar sea positivo o de júbilo. No debemos confundir celebrar con justificar. Pero que algún mexicano se explique su biografía o la historia mexicana actual sin incluir o haber influenciado por alguna institución emanada del ideario revolucionario: desde la UNAM hasta el Seguro Social son ideas llevadas a la práctica y que querámoslo o no dejaron huella en nuestras vidas.

Lo primordial reside no tanto en la celebración, sino en el análisis y lectura que hagamos del evento y la forma en que influyó en el México actual. Yo lo acabo de hacer e invito a mis contados lectores a que volvamos la mirada al futuro y dejemos de vivir del pasado. Importante, vital y de trascendencia histórica es el pasado de cualquier conglomerado humano siempre y cuando sea catapulta para ver hacia delante.

Nuestro mayor reto es cambiar nuestra mirada y dejar de añorar el pasado, que si bien ha sido ambivalente, nunca hemos sufrido como los europeos quienes vieron arrasadas sus ciudades y sobre sus cenizas reconstruyeron su casa, Europa, y actualmente luchan por un ente supranacional donde sus ciudadanos obtengan mayores beneficios.

La diferencia entre ellos y nosotros fue una visión donde el futuro es privilegiado y no el pasado. Sin descontar que existen hondas desconfianzas y muchos rencores a flor de piel – muchos protagonistas de la II Guerra Mundial, en ambos bandos, todavía viven – no sustentan la relación en lo ya sucedido sino en lo que pueda suceder el día de mañana. Hace un poco más de 60 años, alemanes y franceses se masacraban entre sí, hoy los dos países lideran la Unión Europea.

Celebremos sí, pero con la justa dimensión que el tiempo y las condiciones históricas prevalecientes provocaron lo sucedido. Volvamos nuestra mirada al futuro y buscamos un consenso donde podamos ubicar la meta a la que queremos conducir este país.

Seguir con odios históricos ancestrales no nos conducirá a un futuro promisorio para todos los mexicanos.

Son nuestros políticos, partidos, sindicatos, intelectuales, empresarios, todos pues, quienes debemos entender que México es completamente diferente a como era hace cien años y hoy es multicultural, multiétnico, multilingüe, en fin, inserto en un mundo globalizado. Celebremos mirando hacia delante.

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