Campeones en pobreza Punto # 98 de octubre 8, 2009

Campeones en pobreza

La semana previa en un artículo firmado por Blanca Valadez en el diario Milenio se constatan los niveles de pobreza del último trienio que tanto el Distrito Federal y el Estado de México comparten: los totales son pavorosos. 

Distrito Federal

2005

2008

Pobreza patrimonial

31.8 %

32.1%

Pobreza de capacidades

10.3%

12.3%

Pobreza alimentaria

5.4%

7.0%

Estado de México

 

 

Pobreza patrimonial

49.9%

48.6%

Pobreza de capacidades

22.4%

23.1%

Pobreza alimentaria

14.3%

14.9%

Fuente: Coneval 

Los números hablan por sí solos. De entrada, el incremento en el rubro de pobreza alimentaria existe en ambas entidades. En el Distrito Federal de 5.4% a 7.0% y en el Estado de México de 14.3% a 14.9% siendo la diferencia en la primera 1.6% y 0.6% en la segunda. El Distrito Federal tiene 8.8 millones de habitantes y el Estado de México 14.8 millones. Eso quiere decir que de la totalidad de habitantes que habitan en el D.F. y el Estado de México, 23.6 millones de seres humanos, 21.9% de ellos están en la miseria. Ello equivale a 5.2 millones de mexicanos, pero si sumamos todos los niveles de pobreza los porcentajes se elevan exponencialmente siendo que en el D.F., 51.4% de su población tiene algún nivel de pobreza y en el Estado de México, 85.6%. A pesar de este panorama, nuestro apolíneo gobernador quiere ser presidente. Primero que erradique o al menos disminuya la pobreza en la entidad, en todos los rubros y luego contienda por la candidatura del PRI a la presidencia. 

Por otro lado el jefe del ejecutivo, con facciones desencajadas, fustigó a los miembros de la Unión internacional cristiana de dirigentes de empresas a solidarizarse para evitar un mayor deterioro en los niveles de vida de casi 20 millones de mexicanos. Durante una alocución ante este organismo lamentó que debido a las crisis (laboral, económica, energética, financiera, de salud, etc.) la cantidad de mexicanos en situación de pobreza alimentaria se incrementó en 6 millones. Esto quiere decir que uno de cada cinco seres que habitan en esta geografía no tiene ni para comer. Están muertos de hambre, ya no se diga sobre sus capacidades. Creo que se quedó corto, pues las estadísticas gubernamentales son francamente engañosas, pues el mismo secretario de economía, Ernesto Cordero,  reconoce que diez millones de niños y jóvenes integran la mitad del escalofriante total. De estar en esta condición, quiere decir que la familia entera carece de lo más elemental para subsistir. ¿Acaso los padres sí comen y los hijos no? Porque yo no entiendo. Si a ello aunamos la pobreza de capacidades y la patrimonial resulta que cuatro de cada cinco mexicanos padece de una limitante: alimentaria, de capacidades o patrimonial. 

Y tenemos a un presidente que se preocupa que la juventud no tenga o no crea en dioses, pero más que dioses, lo que requieren es comer para tener un futuro. Pero siguen los grandes subsidios a sindicatos rateros que no sirven para nada, tal como el de la compañía de luz que abastece al centro del país o se prohíbe el aborto en casi todo el país bajo argumentos teológicos que mantienen que la vida inicia en la concepción. Se les olvida el adjetivo digno, o sea una “vida digna”; sin dignidad la vida no tiene sentido. Vaya incongruencia, que nazcan aunque se mueran de hambre, pues si son famélicos tendrán una entrada segura al cielo. 

También fustiga el priísta mexiquense Luis Videgaray, presidente de la comisión de presupuesto de la cámara de diputados (todo con minúsculas) que el presupuesto debe convertirse “en una palanca de desarrollo que contribuya, de manera importante, a salir del atolladero en el que se encuentra la economía” para tener los recursos que permitan aliviar la pobreza. Como si los veinte millones de muertos de hambre que pululan por el país hayan caído en esa desgracia en los últimos nueve años debido a los problemas que la economía mundial ha propiciado. ¿Por qué no asumen su responsabilidad y reconocen que durante los últimos cien años no se ha hacho absolutamente nada por erradicar esta vergüenza? Nuestros políticos, al igual que los hipócritas curas, siguen pensando que la pobreza es una condición sine qua non para acceder a niveles excelsos de beatitud. Entre más miserable el individuo más barato será obtener su voto. Regalarles una despensa con lo esencial para no ser famélicos durante una semana les redunda en un voto extra. Se ufana nuestra clase política que no somos república bananera, pues no lo somos. Aquí ni bananos tenemos, pues de haberlos no se estarían muriendo de hambre. 

Nuestra muy soberana e indepeniente miseria nacional

Nuestra muy soberana e indepeniente miseria nacional

Somos extremadamente sofisticados para exterminar a nuestra población: prohibimos el aborto, pero los matamos de hambre. Hasta Noam Chomsky, agudo crítico de los métodos occidentales y en especial de los norteamericanos de dominio exterminador, se asombraría de las políticas que el Estado mexicano utiliza para suprimir a su propios habitantes. Porque un niño o joven que no tiene las mínimas necesidades alimentarias satisfechas difícilmente podrá acceder a una vida digna y desarrollarse como ser humano completo. El exterminio se da de forma harto refinada, ya que no te matan, sino te limitan como ser humano a ser un guiñapo motor sin intelecto alguno. Patentemos nuestra forma de exterminio nacional para un futuro aniquilador, heredero y seguidor de Mein Kampf de Adolf Hitler. El futuro de diez millones de niños y jóvenes mexicanos no es halagüeño pues será una serie de carencias en todos los ámbitos: culturales, educativos, laborales y obvio en su salud, los que cargarán sobre sus hombres por el resto de sus vidas. 

El muy bien alimentado secretario de hacienda Agustín Cartens pide más impuestos para canalizarlos a los mexicanos miserables, pero simultáneamente se dilapidan fortunas enteras en subsidios a sindicatos de mafiosos, corruptos, rateros y asesinos, verbigracia el de petroleros, electricistas y “maistros”. Hace años era un pesimista en lo que se refiere al futuro del país, hoy, gracias nuestra lacerante realidad, me he convertido en un catastrofista: este país no tiene solución, ya no se diga futuro. Mexicanos, si quieren subsistir, emigren, este país es una basura que no tiene ni razón de existir. 

Irlanda y España en Europa y Corea de Sur y Malasia en Asia lograron milagros económicos en una generación. Nosotros – como México no hay dos – seguimos después de cien años de ¿revolución? muertos de hambre y sin futuro alguno para la mitad de nuestra población. Somos una fábrica de pobres y lo peor, no hacemos absolutamente nada. Los liderazgos mexicanos a través de un sistema educativo infantiloide han creado una sociedad sumisa, dócil y perfectamente domesticada. Les dan mendrugos para que no se alboroten, siendo que lo primordial sería elevar los niveles de vida con una adecuada alimentación y una educación integral que redundarían en una vida productiva, pues  los habitantes de esta geografía tendrían empleos bien remunerados. 

Veinte millones de mexicanos viven en condiciones características del África subsahariana. Pero eso sí, nuestro presidente se pasea por el primer mundo y pertenecemos al G-20, al grado que pretende para México un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. A eso yo lo llamo cinismo. 

¡Extra! ¡Extra! Brasil obtuvo la sede de los juegos olímpicos del 2016. México retiró su candidatura al mundial de 2022. Y nos creemos líderes de Latinoamérica. Otro cuento infantil que se repite descaradamente.

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