Una nueva historia nacional ágora mexiquense segunda quincena septiembre 2009

Una nueva historia nacional 

El año próximo celebraremos nuestros doscientos años de los inicios de la independencia y los cien de la revolución. Bueno, ¿y qué significan estas efemérides? El ritualismo del cuales somos rehenes nos ha impedido tener una verdadera historia crítica y creadora de ciudadanos pensantes. Somos infantiloides históricos: nuestros héroes son impolutos y cuidado con aquel que cuestione sus virtudes. Por algo tenemos un altar a la patria que no deja lugar a dudas del tufo religioso que invade continuamente nuestra historia.

Hidalgo

Nuestros héroes tienen aspectos sumamente cuestionables empezando por el padre de la patria, pues de haber realizado Miguel Hidalgo la toma de la alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, no en 1810 sino en 2010, éste sería acusado y juzgado por crímenes de lesa humanidad. Recomiendo dos obras para entender a este ínclito héroe: una del liberal José María Luis Mora, los tres tomos de México y sus revoluciones; otra del conservador Lucas Alamán, testigo del evento, Historia de Méjico (con jota).

Contrario a ello, para nuestras “águilas caídas” como los llama Héctor Aguilar Camín a los antihéroes, la historiografía nacional no permite otra lectura salvo aquella que los denosta y envía al cadalso de la historia. Enemigos por antonomasia de la nación, tales como Hernán Cortés, Antonio López de Santa Anna o Porfirio Díaz, por mencionar tres de los arquetipos indignos de una memoria áurea. 

Hern%C3%A1n+Cort%C3%A9s

Para mostrar nuestra mayoría de edad histórica debería develarse una estatua de Hernán Cortés en el paseo de la Reforma de la ciudad de México, dado que en 1821, cuando nace este país de forma independiente, no se regresó a vivir como en 1521. México no es la continuación del mundo prehispánico, sino fusión de éste con el español. Cuando se fueron los europeos continuamos hablando castellano, orando a un dios traído por ellos y llamándonos García, Sandoval, Peña o Hidalgo. Tan hijos del Popol Vuh y del Chilam Balam, como de las Cántigas de Alfonso X y el poema del Mío Cid. Pero como nos gusta sentirnos conquistados, continuamos con el mito de que “España conquistó México”. Recordemos que sin la ayuda de los miles de indígenas sojuzgados por los aztecas, los cerca de quinientos españoles hubiesen sucumbido ante el embate de los nativos. El enemigo de mi enemigo es mi amigo reza un antiquísimo proverbio, situación que Cortés aprovecho a las mil maravillas. No fue gratuito que los tlaxcaltecas fueran los primeros a quienes se les recompensó al respetar su terruño y dotárlos de célula real, y hasta la fecha es el patronímico de uno de nuestros estados de la república. Para una mejor comprensión de Hernán Cortés remito a mis lectores a sus extraordinarias Cartas de relación y a la excelente biografía escrita por José Luis Martínez. 

antonio_lopez_de_santa_anna

Otro de nuestros “judas” por antonomasia es Antonio López de Santa Anna, que si bien era un acomodaticio político, estuvo en la presidencia del país poco menos de ¡cinco años! Así es, si sumamos la totalidad de meses que ocupo la silla presidencial durante sus once presidencias. Si bien es responsable de muchos males durante la guerra contra Estados Unidos, no debemos soslayar las rencillas internas y casi nulo apoyo que tuvo por parte de varios estados, entre ellos el de México, que negó el envío de tropas en defensa de la geografía nacional. Para entender a este personaje del México decimonónico recomiendo la monumental obra de Enrique González Pedrero, País de un solo hombre: el México de Santa Anna editada por el FCE, de la cual ya se pueden consultar los primeros dos tomos. 

Porfirio_Diaz

Una tercer “águila caída” de nuestra historia es sin duda Porfirio Díaz, personaje harto difícil de calificar ya que fue héroe de la Reforma y estuvo en Puebla bajo las órdenes de Ignacio Zaragoza. Seguimos manejando el mito de que la revolución fue para acabar con la dictadura del oaxaqueño, sin embargo para el momento en que inicio el período de mayor lucha, el octogenario estadista ya vivía en Francia y Madero era Presidente. La realidad es que ni fue tan malo, como tampoco fue un santo. Para este personaje recomiendo los dos volúmenes de la obra Hacia el México moderno: Porfirio Díaz de Ralph Roeder también editado por el FCE. 

En conclusión, utilicemos el año 2010 no para inaugurar y bautizar viaductos, puentes, arcos, parques, hospitales, escuelas, estadios, libramientos y cuanta edificación se construya con el apelativo de bicentenario, sino para repensar nuestro pasado y dejar de transmitir mitos y leyendas a nuestros niños y jóvenes estudiantes. Asumamos nuestra mayoría de edad histórica con una nueva interpretación de nuestro pasado. Ni todos los héroes son níveos, ni todos los enemigos son infaustos. Como todo ser humano, están dentro del rango de los grises, poseedores de virtudes y defectos.

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