Similitudes y diferencias ágora mexiquense primera quincena septiembre 2009

Similitudes y diferencias

Con tres días de diferencia dos jefes del ejecutivo, uno a nivel federal, Felipe Calderón Hinojosa, y otro en el ámbito estatal, Enrique Peña Nieto, dieron sus respectivos informes de labores de frente a la sociedad. Varias similitudes, así como diferencias hay entre ambos actos republicanos.

 Similares son los dos en varios aspectos. Ambos entregan por escrito a las respectivas legislaturas su informe de labores, no obstante el primero lo hace mediante emisario, aunque sea de lujo. La legislatura federal exige la presencia de Calderón, siendo que el mismo legislativo expulsó al presidente del recinto. La victoria en el Estado de México permite ahora sí medirle el “agua a los camotes”. El gobernador mexiquense comenzó a saborear las mieles del triunfo y a mostrar músculo político para suceder a Felipe Calderón, sabiendo que tiene un peso enorme dentro del PRI.

Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa

Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa

Durante el informe de Peña Nieto destaca la presencia de doce gobernadores del tricolor, su presidenta, el ex candidato a la presidencia y en representación del ejecutivo federal, Fernando Gómez Mont, Secretario de Gobernación. La fuerza mexiquense en la LXI legislatura federal con casi medio centenar de diputados representa 10 por ciento del total de legisladores, fuerza harto significativa si es controlada por el gobernador. Si sumamos un buen número de diputados de otros estados que abiertamente apoyan a Peña Nieto y el apoyo de varios gobernadores, el poder que tendrá nuestro apolíneo gobernador será enorme.

 Además tiene el más preciado de los apoyos que cualquier político quisiera tener: los medios. No es un secreto que Peña Nieto se ha convertido en una más de las estrellas de Televisa. Su noviazgo con una actriz de telenovelas, sus constantes apariciones en programas especiales del consorcio, sus diarias apariciones en los noticieros televisivos no dejan lugar a dudas. Es el candidato de Televisa y de ganar tendrá que corresponder al apoyo recibido, pues no todo se paga con pesos y centavos.

Otra similitud entre ambos informes fue el entorno creado para las dos figuras: Calderón en su búnker, Palacio Nacional; Peña Nieto en el Teatro Morelos. Lo que más me llamó la atención fue la decoración del estrado para los dos. Gigantescas pantallas para seguir el discurso y un tele pronter para poder leerlo sin dejar de ver al respetable. En fin, la escenografía era como para que en su momento saliera con su nívea sonrisa algún presentador de programa dominguero familiar.

La gran diferencia no estriba en lo visual, la parafernalia, los invitados, los medios, o cualquier otro asunto. Si bien los dos mensajes tuvieron más virtudes que defectos, lo esencial radica en los discursos mismos. Utilizo analogías para explicar mi interpretación de ellos: el de Calderón es como el del jugador de poker que apuesta su resto, buscando a toda costa seguir jugando; el de Peña Nieto es como el del pitcher que tira su bola de desperdicio cuando la cuenta va cero bolas, dos strikes. 

Una carta puede cambiar la mano del jugador de poker y su apuesta redundar en una pequeña fortuna; por el otro lado, aún con dos strikes a favor el bateador puede conectar un home run. Claro, las circunstancias del juego cambian conforme avanza y se acerca el final de la confrontación. Calderón va perdiendo y va a empezar el segundo tiempo; Peña Nieto acaba de comenzar el juego y al minuto 5 ya marcó gol.

Con ello no hago más que hacer una lectura actual, septiembre del 2009. Lo paradójico del asunto es que el más fuerte aspirante a ser sucesor de Felipe Calderón tendrá que apoyar muchas de sus políticas, pues de lo contrario, de ganar en tres años, heredará una muy debilitada presidencia, así como un país con problemas tal vez insolubles.

Peña Nieto debe jugar un juego perverso, políticamente hablando. Tiene que seguir el camino marcado por su partido para asegurar la candidatura, pero en el fondo está de acuerdo con muchas de las políticas presidenciales. Además sabe muy bien que boicotear todas las iniciativas panistas no redunda en beneficio político a la larga. Tendrá que ceder y tejer fino si quiere heredar algo de país en el cual gobernar. 

En conclusión: tres años más de statu quo calderonista a nivel nacional, y aquí en Toluca como epicentro, pero de intensidad estatal, el establecimiento oficial del “día del gobernador”. Ambos, Calderón y Peña, invitan a sus cuates y sus funcionarios para tener público ad hoc y cero cuestionamientos. Sé que la mayoría de las plumas locales han enfocado sus baterías a analizar estos dos eventos, que si bien son sumamente importantes para el futuro político del país según analistas y académicos, yo no creo en su trascendencia. Como suele suceder cuando un político da un discurso, todo termina en una alocución sin sustento, llena de buenos deseos, no obstante poseer una tenue autocrítica. Me llama más la atención la forma; sólo faltó que ambos personajes desfilaran en auto convertible bajo una lluvia de confeti multicolor; aquél por avenida 20 de noviembre y éste por avenida Hidalgo.

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