Nuestro nacionalismo

 

Nuestro nacionalismo

 

 El nacionalismo es el tema que trataré en este ensayo. La idea central es estudiarlo de acuerdo a los postulados de los filósofos teóricos, comenzando por Martin Jay y el neomarxista Jürgen Habermas y la Escuela de Frankfurt; seguir con Marshall Berman y Ulrich Beck y la modernización reflexiva; en tercer lugar Alberche Wellmer antologado por Josep Picó, Andreas Huyssen también antologado, pero por Nicolás Casullo, así como Scott Lash y David Harvey; por último trataré el tema bajo la óptica de Michael Hardt y Antonio Negri y su visión del “imperio”. Destacar los cambios en la interpretación e importancia del nacionalismo de acuerdo a cada uno de los autores es la finalidad de este trabajo.

Nuestro nacionalismo es enfermo. Enfermo porque no competimos con los otros sino que los descalificamos. Para que nosotros vivamos matamos al otro. Nos encanta decir que los Estados Unidos no tiene Historia mientras que nosotros sí y nos olvidamos que por los pasados 200 años los norteamericanos han sido partícipes importantes en casi todos los eventos mundiales. Nos encanta ser la víctima de los estados poderosos; así nos conquistan los españoles, nos invaden los norteamericanos y los franceses imponen un imperio; mientras nosotros somos moralmente impólutos ya que nunca hemos invadido otro país, salvo Villa con su incursión a Columbus, Nuevo México.

El nacionalismo es un concepto que surgió en el siglo XIX de la burguesía ilustrada  y el cual hasta la fecha es una ideología imperante. Y como dice Luis González de Alba “el nacionalismo es una pasión tóxica. En dosis sanas es fuente de encuentro, pertenencia, identidad, sociabilidad. En dosis locas es garantía de bravata, exclusión, irracionalidad y violencia.” Es la que la le da un sentido de pertenencia a los individuos por un lado y por otro es un medio de control e influencia de las masas por la clase ilustrada y la cual tiene acceso a los niveles de poder y economía más altos.

En relación con el tema del nacionalismo, específicamente del nacionalismo mexicano, y de las perspectivas críticas del Institut, resultan interesantes los enfoques de la crítica de la sociedad capitalista occidental contemporánea y la crítica de la sociedad moderna y de la cultura. Es evidente que conceptos como nacionalismo se encuentran en una relación estrecha con estos enfoques; además, resalta en este aspecto el concepto de la “cultura de masas” definida por la teoría crítica como el ámbito donde el individuo se adhiere acríticamente a los valores impuestos, a partir del conflicto entre impulsos y conciencia. A partir de lo anterior, parece obvio que la idea de nacionalismo tiene una indudable conexión con el concepto de masificación, y, por lo mismo, apunta o incluye una problemática de tipo social, política, étnica y cultural.

Por otro lado, la aplicación de los conceptos que desarrolló el Instituto de Investigación Social (Institut für Sozialforschung) mejor conocido como la Escuela de Frankfurt convertiría a nuestra “historia nacional” (con minúsculas) en Historia Nacional (con mayúsculas). Debemos ser más exigentes y combinar los conceptos filosóficos con los sociales bajo una perspectiva neo marxista de la Historia. Adolfo Gilly lo logra, para gran deleite del lector, en su obra sobre la revolución mexicana. Esta obra, un clásico moderno de la historiografía mexicana, es un excelente ejemplo de crítica neo marxista a la Historia.

De aplicarse la teoría crítica a la historiografía mexicana, sobre todo a los libros de texto, es posible que arribáramos a la conformación de una población mucho más consciente de su pasado y por lo tanto mucho más críticos de ella. De ser cierto que tenemos una historia verídica, objetiva, apartidista, y nada patriótica, ello nos permitiría dar el primer paso para no caer ese nacionalismo peculiar y, muchas veces exacerbado, en el que hemos vivido.  Pero como toda utopía, la reescritura de nuestra Historia, bajo los dogmas que todo historiador debe tener, espera mejores derroteros.

La modernización reflexiva caracteriza el individualismo como un proceso de desvinculación y luego de revinculación a nuevas formas de vida social. Necesitamos sustituir las formas de vida antiguas de la sociedad industrial por unas nuevas que permitan a los individuos producir, representar y combinar por sí mismos sus propias biografías. Esto “presupone al individuo como actor, diseñador, malabarista y director de escena de su propia biografía, identidad, redes sociales, compromisos y convicciones.” Pero cuidado, la individualización no está basada en la libre decisión de los individuos sino que es, en expresión de Giddens, una “biografía reflexiva”. Lo que es difícil de aplicar a nuestro entorno “tercer mundista” es la visión que Beck tiene de la individualización, ya que estos procesos se originan en Europa en un ambiente de prosperidad y seguridad social.

Al interpretar la política bajo al análisis de la modernización reflexiva los tres aspectos clásicos del término (polity, policy y politics) se trasladan a la subpolítica, por lo que ésta significa configurar la sociedad desde abajo. En otras palabras son “los grupos ciudadanos, la opinión pública, los movimientos sociales, los grupos de expertos y los trabajadores en su lugar de trabajo los que tienen más oportunidades de tener voz y participación en la organización de la sociedad”. Englobar el nacionalismo dentro de la modernización reflexiva requiere necesariamente un replanteamiento de nuestra historia. Una “historia reflexiva” que erradique los mitos y dé nacimiento a los hechos. De acuerdo con Aguilar Rivera, cuando se ha visto amenazada esa identidad nacionalista como lo fue en la década de los noventas, el poder ha actuado mandando colocar banderas monumentales en diferentes lugares del país como un intento a rescatar ese nacionalismo en peligro: “Algunos mexicanos reconocían que el tamaño de las banderas era inversamente proporcional a un nacionalismo que se encogía día a día.”

El nacionalismo, como cualquier otra religión, apela no sólo a la voluntad, sino también al intelecto, a la imaginación y a las emociones. El intelecto construye una teología especulativa o una mitología del nacionalismo. La imaginación levanta un mundo invisible acerca del pasado eterno y el perpetuo futuro de la propia nacionalidad. Las emociones despiertan alegría y éxtasis en la contemplación de un dios nacional que es bondadoso y protector, anhelo de sus favores, gratitud por sus beneficios, temor de ofenderlo, y los sentimientos de devoción y reverencia ante la inmensidad de su poder y de su sabiduría; estas emociones se expresan de forma natural en el culto, sea privado o público. Porque el nacionalismo, como cualquier otra religión, repito, es social, y sus ritos principales son ritos realizados en el nombre de toda la comunidad y para la salvación de esa comunidad.

Si las sociedades se fragmentan culturalmente cada vez más y están expuestas, al mismo tiempo, a los efectos culturales homogeneizadores del mercado global, entonces parece que las identidades nacionales sólo podrán conservarse mediante el aumento de los medios no liberales. En estas circunstancias, la causa de la nacionalidad empieza a parecer reaccionaria. La respuesta, según el posmodernismo, es celebrar la diferencia, disparar el orgullo étnico, animar a la gente a que pruebe y elija entre la multitud de identidades culturales que ofrece la cultura global. La siguiente descripción, aunque un tanto burlona nos permite entender este argumento esgrimido por David Miller: “Igual que Marx miraba hacia el futuro en el que podríamos cazar por la mañana, pescar por la tarde y criticar tras la cena, el nuevo cosmopolita pone delante de nosotros la imagen de que podremos explorar nuestras raíces celtas el lunes, dedicar el martes a celebrar el cumpleaños de Buda en el templo del barrio, ir el miércoles a una manifestación de Greenpeace contra la pesca internacional de ballenas y participar el jueves en una discusión crítica del imperialismo británico.”

El estado se adueña, propietario ritual y celador inconsecuente, del discurso nacionalista y se considera inconcebible, subversivo, un nacionalismo fuera de los marcos gubernamentales; se concede al patriotismo que a cada etnia le inspiran sus tradiciones; se observa con beneplácito y sorna el regionalismo, y se regula y reglamenta lo que de reacciones nacionalistas se le exige a la colectividad.

En concreto, Hardt y Negri argumentan que se inicia un nuevo período histórico. Resalta la idea de que estamos, de alguna manera, en una etapa de transición que va de la modernidad a la posmodernidad, en el entendido de que es este estadio el que perfila las características principales del Imperio, por lo que domina el concepto de imperio sobre el de estados-nación; el de mercado mundial realizado sobre el de economías nacionales y sus extensiones imperialistas. La posmodernidad es una etapa inevitable y establece características inversas al imperialismo de la modernidad.

En el aspecto de la deterritorialización y de los nacionalismos, resulta notablemente interesante la parte dos del texto, Pasajes de Soberanía, sobre todo en la sección 2.2. Soberanía del Estado-nación. A partir de lo estipulado por Hardt y Negri, en cuanto las características de los nacionalismos imperantes y subalternos, se hace necesario, sin que específicamente se tenga que realizar una clasificación exacta, tratar de ubicar el nacionalismo mexicano a partir de ciertas características que le son propias. El ímpetu nacionalista, en definitiva, es una respuesta dinámica, no conservadora hacia la pérdida de sentido y de identidad social, al recuperar, reconstruir o generar formas político-culturales comunitarias. La búsqueda de la utopía comunitaria es la que sustenta la lucha de individuos y grupos desarraigados o amenazados de serlo.

De ahí se puede entender por qué el nacionalismo, desde la perspectiva de Montserrat Guibernau, pueda ser considerado mucho más que una simple alternativa o reacción a la globalización. Es más bien un elemento constitutivo, una faceta, una parte integrante y complementaria de la misma. No es una opción prescindible o sustituible, es una necesidad inherente del sistema global. A pesar de la aparente paradoja de que produce la crisis y la marginación del Estado nacional, la globalización es responsable, al mismo tiempo, del éxito creciente que tienen los impulsos nacionalistas que observamos ahora en todo el planeta. Éstos comienzan a cobrar fuerza desde fenómenos en pequeña escala (etnias periféricas, minorías, regiones, estados marginales), que son favorecidos por la extensión y densificación de las redes comunicativas; en una segunda etapa afectarán a grupos mayores y a Estados-naciones de gran tamaño.

Como conclusión afirmo que el nacionalismo, como cualquier otra religión, apela no sólo a la voluntad, sino también al intelecto, a la imaginación y a las emociones. El intelecto construye una teología especulativa o una mitología del nacionalismo. La imaginación levanta un mundo invisible acerca del pasado eterno y el perpetuo futuro de la propia nacionalidad. Las emociones despiertan alegría y éxtasis en la contemplación de un dios nacional que es bondadoso y protector, anhelo de sus favores, gratitud por sus beneficios, temor de ofenderlo, y los sentimientos de devoción y reverencia ante la inmensidad de su poder y de su sabiduría; estas emociones se expresan de forma natural en el culto, sea privado o público. Porque el nacionalismo, como cualquier otra religión, repito, es social, y sus ritos principales son ritos realizados en el nombre de toda la comunidad y para la salvación de esa comunidad.

Como mencioné al inicio de este trabajo la finalidad era destacar las características de cada período y bajo ellas elaborar una perspectiva que las relaciona con el nacionalismo. Desde la perspectiva de la Teoría Crítica hasta la del Imperio el nacionalismo al igual que la soberanía son fundamentales para la comprensión del mundo moderno.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Aguilar Rivera, José Antonio, “Diatriba del mito nacionalista” en Nexos # 309 septiembre 2003.

Beck, Ulrich; Giddens, Anthony, Modernización reflexiva, Alianza Editorial, España.

Berman, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire, Siglo XXI, México.

Guibernau, Montserrat, Los nacionalismos, Barcelona, Ariel, 1996.

Gilly, Adolfo, La revolución interrumpida. México, Era, 1971.

González de Alba, Luis, “Diatriba de la soberanía” en Nexos # 309 septiembre 2003.

González y González, Luis, Obras Completas, Vol. 1 El oficio de historiar. México, El Colegio Nacional y Editorial Clío, 1995.

Habermas,  Jürgen, El discurso filosófico de la modernidad. Madrid, Taurus, 1985.

Hardt, Michael; Negri, Antonio, Imperio, Cambridge, Harvard University Press, 2000

Harvey, David, La condición de la posmodernidad, Madrid, Amorrortu, 1998

Jay, Martin, La imaginación dialéctica. Madrid, Taurus, 1974.

Lash, Scott,  Sociología del posmodernismo, Madrid,  Amorrortu, 1997.

Meyer, Lorenzo, “La construcción histórica de la soberanía y del nacionalismo mexicanos” en    Ilán Bizberg (compilador), México ante el fin de la guerra fría, El Colegio de México, 1998.

Miller, David, Sobre la nacionalidad, Editoral Paidós, Barcelona, 1997.

Picó, Josep,  Modernidad y Posmodernidad, Alianza Editorial, 1994.

Anuncios
Explore posts in the same categories: Nacionalismo

Etiquetas: , , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

One Comment en “Nuestro nacionalismo”

  1. Akasha Says:

    ¿Cómo dosificar el nacionalismo?

    En un instante se comprende como sentido de identidad y de buenas a primeras pasa a ser una amenaza arrogante.

    Si una dosis se puede convertir en una pasión tóxica, quizá mataríamos a muchos mexicanos (tal vez lo merezcan)


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: