Patrioterismo futbolero Punto # 91 de agosto 20, 2009

Patrioterismo futbolero

Luis Recillas Enecoiz

Aficionados en el Ángel de la Independencia después de golear México a Estados Unidos y ganar la Copa Oro (www.jornada.unam.mx)

Aficionados en el Ángel de la Independencia después de golear México a Estados Unidos y ganar la Copa Oro (www.jornada.unam.mx)

El nacionalismo es algo intrínsecamente malo por dos motivos. Primero por creer que unas personas son, por su pertenencia a un grupo, mejores que otras. Segundo, porque cuando el problema es el otro, la solución implícita de este problema siempre será el otro.
Ryszard Kapuściński

La semana pasada el país entero se cubrió de gloria: los deportistas nacionales se han batido como dignos patriotas para defender el honor mexicano. Se venció a los Estados Unidos de Norteamérica dos goles a uno en partido clasificatorio al mundial de futbol a escenificarse en Sudáfrica el año entrante.

Hace algunas semanas, después de la fenomenal goliza por 5-0 que nuestro equipo B le endilgo al equipo C de los Estados Unidos, no faltaron los patrioteros que envalentonados por unos tequilas repudiaron al diferente o despreciaron la otredad. Formas poco civilizadas para cimentar nuestra endeble falta de legitimidad existencial como nación.

El acoso a que fue sometida una familia holandesa, así como otros turistas, que por curiosidad husmearon por el Ángel de la Independencia después de la victoria futbolera se llevaron una probada de racismo mexicano. Por más que insistieron en que no eran gringos, por el hecho de ser blancos fueron víctimas de la estupidez humana. Insultados, vejados y hasta golpeados – un par de madrazos, diría un chavo – estos extranjeros sufrieron actos, que de haber sucedido al revés, hubieron sido noticia de ocho columnas: “Cinco mestizos mexicanos vejados por turba blanca en Chicago” se leería en Reforma o Milenio, políticamente muy correctos. Acaso esperábamos algo distinto. Por desgracia seguimos creyendo que el nacionalismo y amor a la patria se manifiesta mediante insultos al otro. Peor fue la actitud de los mexicanos en el estadio el domingo: insultando y aventando objetos a los jugadores gringos. Y después nos quejamos de no ser aceptados en los Estados Unidos.

Y la semana pasada fue igual, la glorieta del ángel o el águila en Toluca llena de patrioteros imbéciles que confunden ondear banderas tricolores con amor a la patria y muy machos le escupen y le mientan la madre al blanco en general y al gringo en particular. Recuerda amable lector que nuestro “pueblo” es analfabeto y ágrafo por lo que la xenofobia tiene amplio caldo de cultivo en él. Igual sucede cuando nuestros compatriotas se aventuran por tierras extrañas siguiendo al mediocre equipo nacional de futbol, dando de que hablar en cualquier evento por su mal comportamiento y formas de convivencia bastante ortodoxas, por decir lo menos.

Manejar estereotipos donde todo lo blanco es sinónimo de gringo muestra la ignorancia supina de un pueblo. Esto se llama racismo a la inversa. Justifico mi racismo hacia el blanco, porque el blanco me colonizó y por ende todo blanco es un colonizador. Opuesto, por cierto, lo mestizo es puro y bueno. “Por mi raza hablará el espíritu” reza el lema de la UNAM. ¿Te imaginas esta máxima a la entrada de la Universidad de Berlín?

Pero como pueblo adolescente que somos, tenemos que culpar al otro de las desgracias que nos asolan. El gringo nos explota y discrimina, pero el país que nos vio nacer es incólume y limpio. Que este remedo de país que lo expulsó, un país que no tiene la capacidad si quiera de educar a sus ciudadanos, de cuidar su seguridad y la de sus bienes, de deparar una adecuada atención en servicios de salud, etc. no tenga responsabilidad alguna. Todos odian a los gringos, pero al emigrar en busca de un bienestar que México le negó escogen los Estados Unidos; ¿cuántos mexicanos se van en busca del sueño cubano? Probablemente un puñado y no más. La casi totalidad de los emigrantes mexicanos terminan con el Tío Sam. Al menos que los mexicanos tengan una predisposición al martirio y al masoquismo, su diáspora al norte redunda en una mejor calidad de vida.

Insisto el amor a la patria se demuestra respetando la legalidad, trabajando, estudiando, pagando impuestos, siendo tolerante con el diferente y sobretodo aportando algo en beneficio de la humanidad. ¿Cuántos mexicanos realmente aman este país? Los mexicanos son como aquellos maridos golpeadores, quienes piensan que entre más maltratan a su mujer más le demuestran su amor. Vejar al extranjero reafirma al mexicano una inexistente base existencial. Además son tan imbéciles que no se dan cuenta que México depende de los Estados Unidos: primero, nos compran la casi totalidad de nuestra producción petrolera; segundo, las remesas que mandan los emigrantes son sostén económico de millones de personas en este país; y tercero, 85% del turismo proviene del país del norte.

Así que en lugar de querer erradicarlos de la faz de la tierra, pongámonos a pensar mejor que vamos a hacer cuando el “imperialismo yanqui” haya desaparecido y no tengamos a quien asirnos para no zozobrar. Pero no creo en ese día: es mucho más probable y posible que México desaparezca del planeta. Un estado que no se preocupa por su gente no tiene razón de ser y sólo se extermina.

Si se trata de demostrar quien es más patriota en un país de patrioteros debemos comenzar por actuar como ciudadanos. Supongo que cuando nos colgamos de la luz somos muy patriotas; cuando le damos una mordida al policía por pasarnos un alto demostramos nuestro amor al país; cuando en lugar de dedicarse a educar, nuestros “maistros” andan más en la grilla sindical, es una forma muy peculiar de mostrar su amor a la cultura; cuando para agilizar algún trámite damos dádivas a los burócratas; cuando actos de corrupción son la gasolina que mueve al país no le hacemos un favor a la nación, vamos paulatinamente socavando su viabilidad. La lista puede llegar a ser interminable de continuar enumerando las taras sociales y culturales que padecemos.

Como colofón la respuesta del crítico literario tijuanense Heriberto Yépez, arquetipo del mexicano post moderno, a una pregunta en la entrevista que Milenio Semanal publica esta semana:

El gran problema de México es que no sabe actualizarse y, en cambio, condena a los que piden el cambio, los ironiza y aplasta. A México no le quedan muchas décadas. Tomó las decisiones equivocadas, es un Estado terminal.

¡Extra! ¡Extra! Todos los elementos que trabajaban en las aduanas del país fueron removidos y sustituidos por nuevos elementos, limpios y profesionales, que ahora sí cumplirán con su deber y, las fronteras del país dejarán de ser un remedo de queso gruyere. ¿No podríamos hacer lo mismo con el país y sustituir a 95% de la población actual por verdaderos ciudadanos?

 

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One Comment en “Patrioterismo futbolero Punto # 91 de agosto 20, 2009”

  1. david garcia sanchez Says:

    Patrioterismo futbolero

    Sumamente cierto, nos comportamos como un pueblo adolescente de ahí a la critica inútil, sin bases bien establecidas y lo peor de todo confundir a el amor por placer, porque eso es, lo que nos causa como mexicanos, humillar a nuestros vecinos los gringos, un gran placer. Y todavía fuese con algo relevante a nivel mundial, no se en tecnología, ciencia, o literatura. Pero no, ganamos una partida de futbol y ya nos sentimos superiores, claro no es malo creer que en algo somos superiores, pero de ahí a comportarnos como un pueblo bárbaro hay mucha diferencia, nos hemos quejado por décadas del racismo que nos practican a nosotros, sin saber que nosotros comemos de lo mismo.

    El amor verdadero a la patria, no es demostrar quién, llena de más cerveza a la bandera, quien humilla pero ya ni eso, quien agrede mejor con vulgaridades que ni razón de ser. El verdadero amor a la patria, es simple es ser siervo de la nación.

    He oído entre compañeros que ser patriota es seguir modelos políticos, y que se piensa de la política? robos fraudes, demagogia etc., la razón de ser patriotas es única, sentir tu bandera, tu himno y tu escudo. Así como dejar huella en el territorio y más allá de sus fronteras.

    Universidad Intercultural del Estado de México
    David García Sánchez
    Edad: 20 años


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