Nacionalismo y Teoría Crítica

Nacionalismo y Teoría Crítica

“El nacionalismo, mezcla de odios y vanaglorias, es el morbo máximo de los Estados-nación del último par de siglos, y esa enfermedad ataca preferentemente a los historiadores.”

Luis González y González

De la misma forma en que Luis González en Pueblo en vilo recrea la micro historia regional de San José de Gracia, Michoacán, Martin Jay nos presenta una micro historia filosófica de los inicios de la Escuela de Frankfurt. La lectura es un magnífico ejemplo de historiografía donde el autor nos delimita el espacio temporal a estudiar: las postrimerías de los años 20 y la década de los 30 del siglo pasado. El ensayo nos presenta una genealogía intelectual de la escuela que Max Horkheimer iniciara. 

Se ha mencionado que la Escuela de Frankfurt, agrupación ligada a la teoría crítica, es una asociación caracterizada por el conocimiento de la teoría marxista, pero con el objetivo de superar la misma teoría, a partir de la reflexión sobre sí misma, primero, y, posteriormente, a través de la relación de postulados filosóficos y sociales emanados de esta reflexión a las situaciones mundiales imperantes, sobre todo, las culturales; es decir, la idea del Instituto para la Investigación Social era desarrollar un pensamiento crítico y reflexivo, a partir de los postulados mencionados.

La década de 1930, quizá la más fructífera en la historia del Institut, vio la yuxtaposición de la integración de la teoría racional, la imaginación estética y  la acción humana. A la larga la Escuela de Frankfurt centró sus estudios en la “superestructura cultural de la sociedad moderna” (Jay, 1974: 148)

En relación con el tema del nacionalismo, específicamente del nacionalismo mexicano, y de las perspectivas críticas del Institut, resultan interesantes los enfoques de la crítica de la sociedad capitalista occidental contemporánea y la crítica de la sociedad moderna y de la cultura. Es evidente que conceptos como nacionalismo se encuentran en una relación estrecha con estos enfoques; además, resalta en este aspecto el concepto de la “cultura de masas” definida por la teoría crítica como el ámbito donde el individuo se adhiere acríticamente a los valores impuestos, a partir del conflicto entre impulsos y conciencia. A partir de lo anterior, parece obvio que la idea de nacionalismo tiene una indudable conexión con el concepto de masificación, y, por lo mismo, apunta o incluye una problemática de tipo social, política, étnica y cultural.  

Pese a que, como también se ha mencionado, no ha existido una homogeneidad en  los integrantes de la Escuela de Frankfurt y que a partir de esto las críticas a su pensamiento han sido diversas, la teoría crítica puede ofrecer ciertas perspectivas de interés de un fenómeno como el del nacionalismo. Resulta interesante poder hacer confluir, con todas sus limitaciones, el concepto en cuestión con dos postulados básicos de Horkheimer: primero, la investigación psico-sociológica de la integración social de los individuos y, segundo, el análisis teórico-cultural del funcionamiento de la cultura de masas. No obstante que estas perspectivas se determinan para el pensador alemán a través de un funcionalismo marxista[1] (Honneth, 1990: 452).  

Se mencionó que se considera la teoría crítica como una forma de apertura filosófica, como pensamiento que rechazaba “los sistemas filosóficos cerrados”.  Entonces, de alguna forma, la Escuela de Frankfurt es una respuesta natural a un momento del pensamiento occidental y a una situación ideológica identificada como absoluta: la modernidad. Así, la teoría crítica representa una de los modos de reflexión que intentan llevar a cabo una ruptura con ese momento absolutizador, de dominación e imperativo; y , también por ello, la teoría crítica es, quizá, la corriente de pensamiento más importante de los umbrales de la posmodernidad.

Es aceptado que en la historia de Occidente como civilización, se ha dado preeminencia a la racionalidad sobre cualquier forma de pensamiento. Pero, esta forma de pensamiento lleva en su mismo seno la semilla de la distorsión de la racionalidad justamente construida; es decir, la modernidad como racionalista es el producto del exacerbamiento del concepto de lo racional en el transcurrir del tiempo. Si el ser humano de la modernidad se convence de la primacía de lo racional (o de lo racionalista), ello implica una manera de pensar que en el paso de los siglos se ha ido radicalizando para conformar una ideología, más que una filosofía, que justifica diferentes aspectos integradores de la vida. Y, sobre todo, esta forma de pensamiento ha establecido una forma específica de concebir la realidad, a través de la concepción del yo y del otro; por ello, la mentalidad de la modernidad es solipsista en cuanto individuos y en cuanto culturas; es decir, existe únicamente una conciencia del yo personalizado y una conciencia de cultura única –o, si no, de cultura imperante- que no toma en cuenta, en el primer caso, al otro, al otro hombre; y en el segundo, a las culturas como reales o como producto de otros seres humanos.

 Derivado de lo anterior, cabe preguntarse cuál es la posición de un concepto como el de nacionalismo en un contexto de la modernidad-posmodernidad y de la teoría crítica, a partir de que, precisamente, esta ideología se muestra, en cierta perspectiva,  como una de las formas más recalcitrantes de solipsismo en cuanto colectividad casi única, a partir de que ese tipo de pensamiento se convierte, de algún modo y en su forma extrema, en pensamiento hegemónico al no otorgar plenamente al otro y a los otros (como cultura, como nación) el derecho a su realización y a la propia interpretación de su mundo. Y de esto, obviamente, el desencanto del otro y la necesidad de reivindicar su derecho a pensar las cosas desde su perspectiva.

  En el contexto del nacionalismo mexicano, el estudio de nuestra historia en el contexto oficial ha sido más una justificación para el status existente que un verdadero análisis historiográfico. Es posible afirmar que la historia oficial de México ha sido emanación del poder, producto de quien ha tenido en sus manos la rectoría del país; por decirlo así, la versión de nuestra historia ha sido la “versión oficial”. 

 No sólo la historia oficial, sino la educación, los mass media, la misma información familiar han creado una manera de ver la conformación de lo nacional de una manera peculiar. Esta peculiaridad ha sido abordada de modo notable en las obras de de intelectuales de diferentes campos, a lo largo de los años, como Octavio Paz, Samuel Ramos, Rodolfo Usigli, Carlos Monsivais, Elena Poniatowska, Luis González y González, Lorenzo y Jean Meyer, Luis González de Alba, entre otros, quienes han realizado un análisis profundo y una fuerte crítica de lo que ha representado la visión de México a través de la  historia y de nuestro nacionalismo.

Interesantes son las interrogantes como ¿qué es ser nacionalista? ¿Por qué ser mexicano es más que la imagen que proyectamos al exterior? Y en la respuesta habrá diferentes tipos de expresiones, pero, siempre a través de ciertas analogías que, conjuntadas, nos dan una aproximación de lo que el ser nacional representa.

El concepto de nacionalismo en México, el Padre Tomás de Híjar Ornelas, Cronista de la Arquidiócesis y Maestro de Historia en el Seminario de Guadalajara, «El nacionalismo mexicano es el apego a la propia nación, a su independencia, territorio y costumbres, especialmente desarrollado durante el siglo XIX, pero que hunde sus raíces desde el siglo XVII, cuando se alcanzó la consolidación del mestizaje y se produjeron sus dos expresiones culturales más importantes: el barroco hispanoamericano (Expresión cultural: ‘Barroco’ europeo con elementos indígenas) y el culto Guadalupano. 

 De esta manera, para analizar la historia no contada en libros de texto gratuito y entender el nacionalismo mexicano es necesario ser objetivos y hacer una reflexión sobre la verdadera naturaleza de este concepto. Para ello, trataremos de replantear los momentos paradigmáticos de la historia nacional y las situaciones socio-culturales actuales.

 Para llevar a cabo lo anterior, debemos sustentar nuestra investigación en el marco teórico de algunas propuestas que realiza la teoría crítica, sobre todo aquellas que están relacionadas con la investigación psico-sociológica de la integración social de los individuos y el análisis teórico-cultural del funcionamiento de la cultura de masas[3], así como las reflexiones de los autores mencionados y que nos aportan un referente teórico directo de lo que el nacionalismo mexicano es y todo lo que comporta. Para ello es menester asumir muchos roles, el de historiador, el del sociólogo, el del filósofo, el de todo aquel que se acerca a los fenómenos culturales[4]. Siempre en una perspectiva crítica que impida llegar a un absoluto teórico, aproximado a la propuesta de la negación de la identidad plena entre objeto y sujeto que la teoría crítica propone.

 Asimismo, existe un enfoque de la teoría crítica que es posible aplicar al análisis del concepto de nacionalismo. 

 Habermas nos hace llegar una extraordinaria crítica filosófico-literaria del libro Dialéctica de la Ilustración debido al intercambio de ideas entre Adorno y Horkheimer. El punto central de la discusión es la relación entre mito e ilustración. La tesis que Adorno y Horkheimer esgrimen cuestiona si la Ilustración tiende a negar el mito o lo reafirma[5]. Habermas parte de la oposición permanente en la que se enfrentan el mito y la ilustración, o el pensamiento mítico y el pensamiento ilustrado, concluyendo que éste es una fuerza completamente contrastante al pensamiento mítico que, de alguna manera, había permeado la comprensión y visión del ser humano: es su antítesis. Sin embargo, argumenta Habermas que tanto Horkheimer como Adorno vislumbran un forma de complicidad entre las dos formas de pensamiento, pues, en algún momento, el pensamiento mítico representa una forma de ilustración y la ilustración comporta elementos míticos.  A través del tiempo, según esta apreciación, ha existido una oscilación o una alternancia entre el concepto de lo mítico y el concepto de lo ilustrado.

 Por lo mismo, señala Habermas, todo el aparente movimiento evolutivo que registra el pensamiento ilustrado, se conforma en una racionalidad determinada, la de la modernidad, que toma a la razón como razón práctica, utilitaria. Es claro que en esta perspectiva, la ilustración es una forma de pensamiento altamente ideologizado al servicio de intereses determinados. En esta percepción la teoría crítica es crítica a la ideología imperante (capitalista), debido a que tal teoría no se ha desligado de una serie de intereses de poder y validez (Habermas, 1985: 146).

 No obstante que Habermas rechazará en cierta forma estos postulados al considerar que la teoría crítica se encerró en sí misma al ser completamente escéptica en el concepto de razón y su relación con el poder, y que, en el aspecto de crítica ideológica, Horkheimer y Adorno permanecieron en una idea purista que contradice esa dialéctica de la ilustración  (Habermas, 1985: 162), se hace necesario hacer confluir lo dicho por los miembros de la Escuela de Frankfurt con el tema base de la investigación, ya que el nacionalismo es un resultado del pensamiento ilustrado, burgués y de la revolución burguesa realizada en Francia. Y por poseer esa naturaleza se constituye en una de las ideologías más importantes  desde el siglo XIX hasta nuestros días, por lo que pocos hechos históricos modernos pueden ser comprendidos si se les depura de este concepto.

 En la perspectiva del pensamiento ilustrado y a partir de la crítica ideológica de la teoría crítica, el concepto de nacionalismo puede ser abordado para analizar los presupuestos que rodean o fundamentan esta ideología, sobre todo en lo referente al papel que la élite intelectual, la ilustrada, desarrolla en la defensa y difusión del nacionalismo; al quehacer que la burguesía, como grupo emergente y hegemónico, tiene en la conformación del mercado nacional; y al rol de las masas que en el concepto de la modernidad se constituyen como parte activa de la historia, y que deben ser dirigidos a través de propaganda nacionalista. De igual modo, puede abordarse el nacionalismo como forma de movimiento sociopolítico cuya matriz es la desintegración de las estructuras de la sociedad tradicional. Pero, también, ya en un plano que forzosamente nos lleva al concepto de lo mítico, el nacionalismo deberá ser abordado con base en la idea  de que cada nación tiene un alma propia (“Volkgeist”, alma de la nación), que le da su propia personalidad y que permanecerá inalterable en el curso de la historia (Herder); a partir de la fuerza o el prestigio nacionales que se convierten en el fin supremo; como un conjunto de valores que identifican la ideología basándose en las afinidades étnicas, religiosas, espirituales, ideológicas, familiares, etc., y que en una perspectiva extrema, tienen como idea culmen el destino colectivo y trascendente, muchas veces casi mesiánico de un pueblo.

 En el caso específico del nacionalismo mexicano, es posible percibir que la aplicación de la oposición mito-pensamiento ilustrado de la teoría crítica, puede enmarcarse en los parámetros críticos ya señalados, ya que el fenómeno social mexicano no escapa a algunas características comunes de todo nacionalismo[6].

 De aplicarse la teoría crítica a la historiografía mexicana, sobre todo a los libros de texto, es posible que arribáramos a la conformación de una población mucho más consciente de su pasado y por lo tanto mucho más críticos de ella. De ser cierto que tenemos una historia verídica, objetiva, apartidista, y nada patriótica, ello nos permitiría dar el primer paso para no caer ese nacionalismo peculiar[7] y, muchas veces exacerbado, en el que hemos vivido.  Pero como toda utopía, la reescritura de nuestra Historia, bajo los dogmas que todo historiador debe tener, espera mejores derroteros.

 Por otro lado, la aplicación de los conceptos que desarrolló el Instituto de Investigación Social (Institut für Sozialforschung) mejor conocido como la Escuela de Frankfurt convertiría a nuestra “historia nacional” (con minúsculas) en Historia Nacional (con mayúsculas). Debe existir cierta exigencia y combinar los conceptos filosóficos con los sociales bajo una perspectiva abierta y dialéctica como, de alguna forma, propone la teoría crítica.

 

 

 BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA

-Argüelles, Juan Domingo. 1990. Lo que leen los que no leen. México. UNAM

-Dussel, Enrique. 1982. Filosofía de la liberación. México, Edicol.

-Eliade, Mircea.  1998. El mito del eterno retorno. Madrid, Alianza,

–  1999. Historia de las creencias y las ideas  religiosas Vol I. De la edad de piedra a los misterios de Eleusis, Madrid. Paidós.

-Gilly, Adolfo, 1971. La revolución interrumpida. México, Era.

-González de Alba, Luis. 2002. Las mentiras de mis maestros. México, Ediciones Cal y  Arena.

-González y González, Luis. 1995. Obras Completas, Vol. 1 El oficio de historiar. México,  El Colegio Nacional y Editorial Clío.

-Habermas,  J. 1985. El discurso filosófico de la modernidad. Madrid, Taurus.

-Honneth, Axel. “Teoría crítica”. 1990, en La teoría social, hoy (comp. A. Giddens). México, CONACULTA, Grijalbo.

-Jay, M. 1974. La imaginación dialéctica. Madrid, Taurus

-Marx, C; Engels, F. 1968. La ideología alemana. Montevideo. Ed. Pueblos Unidos.

-Vattimo, G. (1991). Ética de la interpretación. Madrid., Paidós.

-Wolf, M. 1987. La investigación de la comunicación de masas. Barcelona, Paidós.


[1] Conviene aclarar que un proyecto de investigación como el presente no puede basarse en un método a partir de criterios únicos y, sobre todo, en muchos aspectos rebasados. Sin embargo, una crítica de la cultura y de la ideología, a partir de algunas perspectivas de la Escuela de Frankfurt, parecería no estar imposibilitada del todo, sobre todo si se realiza una discriminación de lo que realmente puedan ser postulados vigentes.  

[2]  El economista Luis Pazos comenta que las palabras «soberanía» y «nacionalismo» han sido manipuladas y prostituidas por ideólogos que buscan disfrazar sus teorías. También el Dr. Ricardo Pérez Montfort, expone en la «Red de Investigadores Latinoamericanos por la Democracia y la Autonomía de los Pueblos» que hace algunas décadas referirse al «gusto y sentir del pueblo mexicano» era más un pretexto para incrementar poderes económicos, que una preocupación por la cultura nacional. Ejemplo del falso nacionalismo, manipulado para fines ideológicos, podría ser el nazismo. Donde se eliminaban sujetos ajenos al ideal nacionalista. El nacionalismo extremo y mal encauzado es un peligro.

[3] Es en este contexto donde la Teoría Crítica debe ser aplicada. La llamada cultura de masas o “industria cultural”, que en México ha creado individuos sin conciencia crítica que confunden los valores impuestos por la sociedad con la verdad absoluta, es la responsable de fomentar el analfabetismo funcional. Para este aspecto de la cultura nacional hay que referirse al estudio Lo que leen los que no leen.

[4]  Luis González y González describe en su obra El oficio de historiar que un verdadero profesional de la Historia debe de poseer ciertas características, entre las cuales se encuentran la objetividad y la veracidad. Así mismo deben los historiadores mantenerse a distancia de los nacionalismos radicales.

[5] En ésta cuestión los estudios de Mircea Eliade nos dan una rica veta a donde acercarnos.

[6]  González de Alba enuncia una serie de mitos históricos que, según el autor,  nos encanta repetir y memorizar sin el más mínimo análisis intelectual, a la par que no tienen el mínimo sustento histórico:                             

  • Mito 1: Que las culturas americanas fueron tan grandes como las de Asia, Noráfrica y Europa del Sur.
  • Mito 2: Que los españoles destruyeron al imperio maya.
  • Mito 3: Que los españoles conquistaron a los aztecas.
  • Mito 4: Que durante 300 años de gobierno español el pueblo mexicano estuvo oprimido por un poder extranjero.
  • Mito 5: Que la independencia fue la recuperación, por parte de los mexicanos, de su nación, perdida 300 años atrás con la conquista española.
  • Mito 6: Que la independencia la debemos al cura Hidalgo.
  • Mito 7: Que el presidente Antonio López de Santa Anna vendió Texas, California,  Arizona, Nuevo México, etcétera.
  • Mito 8: Que la revolución de 1910 fue para derrocar a Porfirio Díaz.
  • Mito 9: Que Zapata se levantó en armas por “Tierra y Libertad”.
  • Mito 10: Que somos un país pobre porque Estados Unidos nos tiene las venas abiertas.

[7]  Identificado muchas veces como decimonónico, ultramontano, anacrónico, etc.

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