Religión y ciencia

 

RELIGIÓN Y CIENCIA

Luis Recillas Enecoiz

De todas las contiendas espirituales, la más antigua, vasta, profunda e importante es la sostenida entre la religión y la ciencia.

Herbert Spencer 

 

¿Existe en verdad una contradicción insuperable entre religión y ciencia? ¿Puede la ciencia suplantar a la religión? A lo largo de los siglos, las respuestas a estas preguntas han dado lugar a considerables polémicas y, más aún, a luchas denodadas. Sin embargo, no me cabe duda alguna de que una consideración desapasionada de ambas cuestiones sólo puede llevamos a una respuesta negativa. Lo que complica la cuestión es, sin embargo, el hecho de que mientras la mayoría coincide fácilmente en lo que se entiende por «ciencia», suele diferir en el significado de «religión».

Respecto a la ciencia, podemos muy bien definirla para nuestros propósitos como “la ciencia es un intento para descubrir (producir o reproducir), por medio de la observación y el razonamiento basado en la observación, los hechos particulares acerca del mundo que conectan los hechos entre si, y que hace posible predecir los acaeceres futuros” (Russell: 1984). La ciencia produce de modo inmediato conocimiento y de modo indirecto medios de acción. Lleva a la acción metódica si previamente se establecen objetivos definidos. Pero la función de establecer objetivos y de definir juicios de valor trasciende sus funciones. Si bien es cierto que la ciencia, en la medida en que capta conexiones causales, puede llegar a conclusiones importantes sobre la compatibilidad o incompatibilidad de objetivos y valoraciones, las definiciones independientes y fundamentales respecto a objetivos y valores quedan fuera de su alcance.

En el análisis de la ciencia, Malinowski trata de demostrar que los integrantes de las sociedades primitivas tienen un tipo de conducta separada de la magia y basada en el conocimiento científico y en el uso de la lógica, con unas leyes tradicionales conocidas por la comunidad y puestas a menudo a prueba, en contra de aquellos que consideran a la mente primitiva como prelógica e incapaz de distinguir causa de efecto o sustancia de atributo. Así, el éxito de la agricultura, la pesca, la ganadería o el comercio se debe a la combinación del conocimiento de las condiciones naturales necesarias para llevar a buen fin un trabajo adecuado, serio y apoyado en unos métodos. Esto nos lleva a poder afirmar que en la cultura primitiva existe un conocimiento que, aunque rudimentario, puede ser considerado como científico (Malinowski: 1998).

 En lo que respecta a la religión, por otra parte, suele haber acuerdo general de que su campo abarca objetivos y valoraciones y, en general, la base emotiva del pensamiento y las acciones de los seres humanos, en la medida en que no estén predeterminados por la inalterable estructura hereditaria de la especie. La religión aborda la actitud del hombre hacia la naturaleza en su conjunto, estableciendo ideales para la vida individual y comunitaria, y para las mutuas relaciones humanas. Y la religión intenta alcanzar esos ideales ejerciendo una influencia educadora en la tradición por la elaboración y difusión de determinados pensamientos y narraciones fácilmente accesibles (epopeyas y mitos) capaces de influir en la valoración y la acción dentro del marco de los ideales afectados.

Es este contenido mítico, o más bien simbólico, de las tradiciones religiosas el que suele chocar con la ciencia. Ocurre esto siempre que este conjunto de ideas religiosas contiene afirmaciones dogmáticamente establecidas sobre ternas que pertenecen al campo de la ciencia. Es de vital importancia, en consecuencia, para preservar la verdadera religión, que se eviten tales conflictos cuando surjan en temas que, en realidad, no son esenciales para la consecución de los objetivos religiosos.

 En el siglo XVII cuando la ciencia empieza a desarrollarse, muchos científicos (Kepler, Bacon y Newton entre otros) creían que el progreso científico apoyaría el sentimiento religioso del ser humano: efectivamente el conocimiento del Universo ensalza la obra de su creador y por lo tanto el progreso de la ciencia acerca a la humanidad hacia Dios. Newton, por ejemplo estaba convencido que profundizando en la ciencia se conseguía entender mejor a Dios, es decir, no veía conflicto entre la Revelación y la Naturaleza.

 Sin embargo, en la actualidad a ojos de una gran parte de la población este progreso ha jugado un papel esencial en el olvido creciente de la religión, e incluso algunos científicos señalan también que religión y ciencia son completamente incompatibles e incluso hay quien considera a la religión el enemigo de la ciencia. Evidentemente no existen pruebas de esta aseveración. Probablemente este declive de la religión no sea un problema eminentemente científico sino que responde a diferentes factores entre los que los cambios tecnológicos, económicos, sociales y políticos tienen también un papel importante.

 Ciertos grupos religiosos han sido especialmente críticos con la ciencia e incluso han impedido su avance. Son conocidas las posturas de la Iglesia Católica Romana frente a científicos de la talla de Galileo, Darwin e incluso más recientemente Teillhard de Chardin.

 La religión proporciona tradicionalmente a la humanidad unas comunidades con valores sociales, éticos y morales, como aspectos de la experiencia humana que la ciencia no puede ni debe ofrecer, por lo tanto en un principio religión y ciencia coexisten y han de ser complementarios para el bien de la humanidad; sin embargo esta coexistencia y complementariedad han sido utilizadas por los científicos para tender un puente ente religión y ciencia y hacer una interpretación religiosa de ésta última y en definitiva para integrar una con otra. Todos estos intentos no han conseguido solucionar los tópicos más importantes de la frontera entre religión y ciencia, como por ejemplo en el mundo médico la forma en que las diferentes religiones tratan temas como la clonación, la terapia génica, e incluso la eutanasia o la buena muerte. 

La gente común permanece en su mayoría inconsciente de las teorías y pruebas científicas actuales, y sólo a medias consciente de las justificaciones religiosas de las respuestas a estas cuestiones. La división sigue; el ataque de ambos lados contra la muralla prosigue casi sin espectadores, mientras que de hecho ellos son el almohadón, el amortiguador. Apenas se sienten presionados para cambiar de ideas. La religión significa para la mayoría de ellos simple ritual sin información, y sólo ecos de los argumentos de sus santos líderes les llegan, en un lenguaje que no entienden y que los hace pensar en “cambiar el canal”. La ciencia tiene aún menos alcance, a causa del lenguaje y del tratamiento que generalmente se da a la ciencia en los medios (usualmente una mezcla de sensacionalismo, citas fuera de contexto y malas interpretaciones, salpicadas de comentarios de gente que no sabe nada del tema, incluyendo líderes religiosos). Por lo tanto, la gente queda en el medio, y no les importa.

 Por supuesto que hay mucha gente que realmente sí tiene una posición fuerte de un lado u otro. Muchos están familiarizados con la ciencia, los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos, y pueden ver cuándo algo está siendo exagerado o subestimado. Muchos otros están verdaderamente interesados en su religión, y no encajan en el tipo ritualista; prestan atención durante las discusiones de temas importantes, y frecuentemente opinan. Todos tenemos una opinión; y esta opinión puede ser personal y sin base (aun la de los no religiosos). Pero los no religiosos generalmente no tienen poder para presionar en los medios o en el Congreso; y la opinión personal de los creyentes no cuenta, a menos que refleje la actual interpretación del dogma, en cuyo caso los líderes religiosos los usan como soporte.

 Lo peor de todo esto es que la mayoría de los grupos religiosos parecen interesados no sólo en imponer sus puntos de vista sobre los creyentes reconocidos, sino también sobre el resto de la población. A nadie se le da oportunidad de pensar distinto. A la gente-amortiguador, a los creyentes ritualistas y nominales (es decir, los que pertenecen a la religión únicamente porque fueron criados dentro de ella) no se les ofrece elección ni pruebas. La religión no las tiene, y los grupos antirreligiosos militantes son demasiado bruscos para un público general con un sustrato mayoritariamente supersticioso y religioso.

 Neurocientíficos, como Eugene D’Aquilli y Andrew Newberg, analizando cerebros de monjes con imágenes de resonancia magnética, han llegado a la conclusión de que existe un sistema neurológico cuya función es provocar las creencias religiosas en los seres humanos. Nadie ha podido explicar científicamente, sin embargo, cómo es que ha aparecido la religión en las sociedades humanas y por qué razón está presente en todas las culturas desde los primeros momentos de nuestra especie. Las religiones han aprovechado estas dudas de la ciencia para ofrecer respuestas basadas en los más antiguos sistemas de creencias, a las cuestiones que la ciencia ha renunciado a considerar. Bertrand Russel lo reconocía con esta frase: La actitud religiosa moderna prospera gracias a las confusiones del intelecto.

El integrismo religioso forma parte de esta reacción religiosa, que ha sido denominada por Gilles Kepel como “La revancha de Dios” título de uno de sus libros. Este integrismo religioso lo encontramos en algunas de las formas del terrorismo actual, así como en las cruzadas para imponer obligatoriamente la oración en las escuelas de Estados Unidos, donde la mitad de la población no cree en la evolución

 Las inteligencias perspicaces, que no los pueblos, percibieron primero la falsedad de la magia, y después la idéntica falsedad de las religiones. Se perdió, pues, fe en la magia cuando la mayoría comprendió que no manejaba a placer las fuerzas de la naturaleza que decía dominar, como se está perdiendo la fe en la religión en Europa, a partir del siglo XVIII, cuando el Estado dejó de ser Iglesia, y ambos de imponer teocracias sagradas. Recuerden que magia y religión han tenido éxito cuando se las creía causas de que soplasen los vientos, relampaguearan los rayos, o retumbaran los truenos; las que habían construido nuestro planeta, y todo el universo; las que alimentaban a hombres, animales y aves; las que fertilizaban el suelo, hacían surgir las selvas, brotar manantiales, infundir vida mediante soplos en las narices de un muñeco de barro, o evitar hambres, pestilencias y guerras.

 Religión y magia han sido siempre sumisión humana a divinidades o conjuros inventados por el hombre, siendo estos inventores sacerdotes o magos. Y ambas se han desprestigiado cuando algunos hombres pensantes descubrieron sus falacias, y la mayoría de los pueblos pasaron de creyentes a críticos, con peligro de muerte para los pensadores, pues en realidad los crédulos pueblos han sido siempre más fanáticos, y numerosos, que las Iglesias y sectas mágicas. Recuerden que incluso los esenios, coinventores del cristianismo, creían ayudar al sol a que saliese con sus oraciones, igual que muchos coetáneos, y posteriores, creían que el sol salía cuando ellos encendían una vela; o que surgía la primavera cuando se vestían de verde.

Una simplificación infantil

Una simplificación infantil

Para finalizar quiero referirlos al debate entre el cardenal alemán Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, el guardián de la fe y uno de los teólogos más importantes dentro de la Iglesia Católica, con uno de los más grandes filósofos seculares de nuestro tiempo, sino es que el más grande, el también alemán Jürgen Habermas que se dio hace un poco más de un año en Baviera, Alemania. A propósito, este episodio es una nueva versión del diálogo que mantuvo en el Siglo de las Luces otro papa, Benedicto XIV, con el filósofo más célebre de su época, el francés Voltaire.

La distancia resulta en apariencia abismal si decimos que Habermas se considera un “ateo metódico” que piensa que el cristianismo y en general la religión no puede ser el fundamento último de la libertad, conciencia, derechos humanos y democracia, elementos fundacionales de la civilización occidental moderna. Además, Habermas ha mostrado su más decidido apoyo a la ratificación de la Constitución Europea y ha expresado en múltiples ocasiones firmes posturas a favor de la libertad de elección en temas relacionados con la manipulación genética, al respecto afirma, por ejemplo, que “los hombres deben decidir”. Por su parte, Ratzinger siempre ha manifestado un total rechazo a estos temas, en especial a la conformación de una Unión Europea no cristiana.

  

Bibliografía y fuentes:

Kepel, Gilles, La Revanche de Dieu: Chrétiens, juifs et musulmans à la reconquête du monde, Paris, Seuil

Malinowski, Bronislaw, Magia, Ciencia y Religión, Planeta-Agostini, Barcelona, 1998

Russel, Bertrand, Religión y ciencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1984

http://www.angelfire.com/ego/pdf/sp/lp/ciencia-y-religion.html

http://www.nouvelobs.com/articles/p2094_95/hebdo.html

http://www.kath-akademie-bayern.de/

Anuncios
Explore posts in the same categories: Publicaciones varias

Etiquetas: ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: