Dos Méxicos, el prehispánico y el actual Punto # 86 de julio 16, 2009

Dos Méxicos, el prehispánico y el actual

Luis Recillas Enecoiz

Portada tomada de Letras Libres

La violencia que cubre la totalidad de nuestra vida cotidiana tiene su origen en nuestra cultura prehispánica, al menos esa la explicación que encuentro tras leer las tesis del antropólogo, filósofo y escritor alemán Horst Kurnitzky. Alguna explicación debe existir para encontrar la génesis de tanta barbarie, que un día sí y otro también, aparece en cuanto medio de difusión existe.

Su obra Extravíos de la antropología mexicana aparecida en Editorial Fineo hace tres años me ilustró en varios aspectos. Toda vez que el país esta inmerso en una violencia posmoderna el autor alemán propone una visión bastante crítica de nuestra antropología e historia, y nuestro México actual puede entenderse, tal vez mejor, leyendo algunas de las ideas de Kurnitzky. A continuación reproduzco varios pasajes del libro:

“El propósito de este ensayo es poner de manifiesto los extravíos de la antropología y la historia mexicanas del siglo XX, que, después de siglos, continúan aceptando acríticamente las valoraciones, descripciones y clasificaciones asentadas en las crónicas españolas…”

“A lo largo del siglo XX, la historia y la antropología mexicanas no procuraron aproximarse científicamente a la realidad pasada, sino que, como ideologías al servicio de la elaboración de la mitología nacional, se entregaron, cargadas de emocionalidad, a cumplir con su objetivo central: confeccionar un valioso y ‘único’ pasado, un pasado que se percibiese como propio y fuese admirado por todos los mexicanos con el fin de cohesionar y uniformar a la sociedad en torno a un mismo centro…”

“[L]a política española, con fines de dominación, unificó a los diversos pobladores designando a todos con el nombre de ‘indios’. Está política indiana fue continuada por el nacionalismo mexicano al hacer caso omiso de las diferencias regionales y locales y poner por encima de ellas a los ‘mexicanos’. En la actualidad, esta tendencia persiste en la antropología y la historia mexicanas, ya que continúan hablando de ‘indios’ e insisten en presentar la historia política, diplomática y militar del Estado mexicano como la historia de todos los mexicanos.”

“[L]os antropólogos mexicanos, apegados a ese mismo sentimiento cristiano que llevó a los españoles del siglo XVI a horrorizarse [de los sacrificios humanos], han minimizado su importancia o lo han constreñido al ámbito puramente religioso.”

“La antropología mexicana no ha entendido que la prohibición de los cultos paganos de sacrificio, incluyendo el sacrificio humano, desestructuró por completo la cultura de los pueblos prehispánicos.”

“Cuando una oligarquía y sus antropólogos e historiadores inventan un mito de origen y pretenden no descender de un pueblo con prácticas de sacrificio humano, de las cuales, en rigor, descendemos todos los seres humanos, lo único que demuestra es ignorancia.”

“’No puede ser lo que no debe ser’. De acuerdo con este principio trabajaron los cronistas españoles y trabajan hoy los antropólogos e historiadores mexicanos que interpretan los hechos conforme a principios morales muy adecuados para confirmar el cristianismo y el nacionalismo, pero estorbosos para la ciencia y el entendimiento de una cultura precristiana.”

“Todos los nacionalismos del mundo excluyen, sin excepción, a la crítica, porque se sustentan en mitos afirmativos y elogiosos al servicio de la cohesión de un pueblo. Por eso, no pueden ser científicas la antropología e historia mexicanas que han sido creadas por los mitólogos como artefactos útiles para defender un nacionalismo anacrónico y para obtener, con ello, empleos y distinciones.”

“El nacionalismo promueve el miedo o el rechazo de los mexicanos hacia lo extranjero y hacia la idea de comparar la cultura mexicana con otras culturas del mundo.”

“La exaltación de México como un país mágico que ‘los extranjeros no pueden entender’ y que produce en todo mexicano que se encuentra en el extranjero la nostalgia por su casa y su terruño, exime de cualquier comparación, porque ‘el hogar propio es siempre el mejor y el más hermoso’. Así, los antropólogos e historiadores mexicanos que no analizan y estudian otras culturas no sólo creen en la unicidad de su propia cultura, sino que esto les impide entenderla. En efecto, entender la propia cultura presupone, como conditio sine qua non, tomar distancia de ella.”

“Miguel León-Portilla ha lamentado la falta de fuentes primarias: ‘Desafortunadamente, ningún libro náhuatl prehispánico de contenido histórico ha llegado hasta nosotros’. Se abre, entonces, la interrogante de si una cultura cuyo concepto del tiempo era cíclico (en clara oposición al concepto de tiempo lineal y la esperanza de un paraíso final del cristianismo) tuvo o no libros de historia. Incomprensión esta que muestra también la incapacidad de los antropólogos de distinguir claramente entre una religión de orígenes históricos, como el cristianismo, y las religiones naturales mesoamericanas, es decir, regidas por el ritmo de las vegetación y las estaciones del año.”

“’Bautizarse entre los indígenas sería, después de la conquista, ser destruído’, escribe Margo Glantz refiriéndose a una nota de Mercedes de la Garza que dice: ‘preparad ya la batalla, si no queréis ser bautizados’, es decir, ser destruídos.”

“La búsqueda de estructuras conocidas, las latinas en este caso, en las lenguas prehispánicas simplemente imposibilitó la comprensión de la otra cultura.”

“Para entender e interpretar las llamadas obras poéticas de los aztecas se requeriría saber cómo sintieron, experimentaron y percibieron e mundo, conocer su propia estética, averiguar cuál era su relación con la naturaleza y conocer su psique.”

“La antropología mexicana se ha extraviado al desconocer o conceder escaso valor a las consecuencias que tuvo el que los españoles del siglo XVI fueran incapaces de comprender o, al menos, de salvaguardar las fuentes prehispánicas.”

“Aparte de la marginación del sacrificio y de la ceguera frente a una cultura teocrática en la cual la religión y sus sacrificiales constituían el centro social a partir del cual se definía todo lo demás, no es posible comprender por qué la antropología mexicana se resiste a investigar la relaciones de parentesco.”

“Los cronistas de la primera época…no percibieron la función económica del culto sacrificial ni su fuerza organizadora dentro de las comunidades prehispánicas.”

“En vez de una cultura real, la antropología ha presentado una cosmogonía fantástica y las relaciones de un mundo imaginado, y se ha olvidado de interpretar la proyección de la vida social prehispánica en la mitología.”

“De la religión surgen las formas de convivencia social entre sacerdote, caudillos religiosos y el común de la tribu; a partir de ella se establece el rol de las mujeres, las formas de relación entre los sexos y las relaciones sexuales prohibidas y permitidas, en especial, el lugar que ocupa la homosexualidad.”

“Si los aztecas tuvieron una estructura matrilineal organizada en gens, es poco probable que vivieran como familias monogámicas. Por eso, tras la conquista, a la iglesia católica le costó mucho trabajo convertir a la monogamia a la población indígena.”

“[S]e ha descartado el papel esencial del sacrificio y, en particular, del sacrificio humano como nudo central de la cultura azteca, pues se lo presenta renombrándolo como ‘ofrenda’ u ‘occisión ritual’, es decir, se vela, se menoscaba el hecho de que los mexicanos provienen de una sociedad que practicaba el sacrificio humano y de que éste es parte de su herencia.”

“Una trampa más que la propia antropología se ha fabricado y que impide la comprensión de las distintas culturas mesoamericanas, es haberlas agrupado y periodizado, a todas, en tres épocas: preclásico, clásico y posclásico. Reunir a culturas tan diversas como la olmeca, la maya, la mixteca, la teotihuacana, la mexica – aun cuando mantenían relaciones entre ellas e incluso algunas eran herederas de otras – y recurrir a una pretendida periodización univoca elimina por completo las diferencias específicas.”

“Cada cultura tiene una lógica propia y sigue su propia racionalidad. La antropología todavía no ha buscado la lógica interna, the inside view, de cada cultura prehispánica, de acuerdo con sus distintos momentos o épocas históricas.”

“Pero lo más preocupante de la antropología mexicana es su mitomanía, su imperturbable tendencia a contribuir al nacionalismo, su mito de origen y una cosmogonía que le permite moverse eternamente por los aires de un pasado pintoresco y heroico.”

“En México – a la manera de los nacionalismos europeos del siglo XIX –, el nacionalismo improvisó su invención con restos fragmentarios de los mitos prehispánicos, pero, sobre todo, fue el continuador de los mitos inventados por los criollos con la intención de apropiarse de los recursos humanos y naturales americanos. De lo indígena, el nacionalismo ha exaltado las creaciones de frailes y criollos de los siglos XVI y XVII: las lenguas, los usos y las costumbres, las fiestas del santo patrono, las indumentaria y aspectos periféricos como la preparación de los alimentos, algunos utensilios de cocina, las flores o adornos… pero se cuida mucho de no hablar de los cultos sacrificiales, del sistema de parentesco o de las prácticas sexuales reprobadas por la moral cristiana, particularmente, de la homosexualidad. Finalmente, el nacionalismo mexicano ha avalado el autoritarismo occidental junto el ‘tlatoanismo’, con ayuda de un mito de origen nacional inventado para unificar a los diversos grupos sociales y culturales en una nueva y alucinada ‘raza cósmica’”.

Tal vez la visión extranjera de este antropólogo alemán, que ve a México desde afuera, aporta respuestas bastante racionales a la idiosincrática violencia del mexicano.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

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