¿Cuál revolución celebramos? Punto # 55 de noviembre 20, 2008

¿Cuál revolución celebramos?

Luis Recillas Enecoiz

            Una mentira repetida millones de veces se convierte en realidad para los receptores de dicha falacia. La mentira a que me refiero es que se considera la revolución de 1910 como un movimiento unificador que aglutinó a todo los grupos sociales para sacar a Porfirio Díaz de la presidencia.

            El movimiento armado que costó la vida a casi un millón de mexicanos y obligó a emigrar, sobre todo a Estados Unidos, a casi el mismo número de habitantes fue magnificado por un gobierno “emanado de la revolución” que tuvo que justificar su génesis.

            En el fondo lo que buscaban todos los involucrados era detentar el poder. La infantil visión que nos endilgan nuestros profesores, en especial los salidos de las inefables normales, es que Carranza, Madero, Villa, Zapata, Obregón, Calles y otros jefes revolucionarios eran unas finísimas personas llenas de buenos modales. Nada más alejado de la verdad, pues eran en su inmensa mayoría personajes bastante rústicos y carentes de educación.

            Fue el cine el primer crítico de la revolución. Las dos obras de Fernando de Fuentes, Vámonos con Pancho Villa y El compadre Mendoza ponen el dedo en la llaga al cuestionar la revolución. La primera humaniza a Pancho Villa, lo vuelve mortal con fobias y filias, pero sobre todo con sus miedos. La segunda, una verdadera obra maestra del cine mexicano, pone en tela de juicio a todos los involucrados en el mito. La traición del hacendado no representa más que a los arribistas que, sin importarles los medios, buscan el poder político y económico. Otra película sobre la revolución que fue enlatada es La sombra del caudillo, basada en una novela Martín Luis Guzmán que deja muy mal parado al régimen.

Vámonos con Pancho Villa

Vámonos con Pancho Villa

            Los cuestionamientos al evento sangriento de la segunda década del siglo pasado tuvieron en Stanley R. Ross y la obra ¿Ha muerto la Revolución Mexicana? editada en 1966, a uno de los primeros intelectuales en plantear que la revolución no había provisto a los mexicanos de una mejor vida. El libro contiene ensayos de los ex presidentes Miguel Alemán, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría; el líder del PRI Jesús Reyes Heroles; intelectuales comos Luis Cabrera, Jesús Silva Herzog, Antonio Díaz Soto y Gama y Heriberto Jara; líderes sindicales como Vicente Lombardo Toledano. Algunos de los académicos más connotados de la época: Daniel Cosío Villegas, Leopoldo Zea, Moisés González Navarro y Pablo González Casanova. Los académicos  americanos fueron los “mexicanistas” Frank Brandenberg, Frank Tannenbaum y Howard F. Cline.

            El guanajuatense Jorge Ibargüengoitia desacraliza la revolución con sus obras, menospreciadas en su momento, pero revaluadas al paso de los años. La obra de teatro El atentado sobre la muerte de Obregón; Los relámpagos de agosto, donde mediante la utilización del diario de un general revolucionario descuartiza el movimiento y por último con Maten al león, parodia revolucionaria que escenifica en una isla caribeña, más bien bananera.

El atentado de Jorge Ibargüengoitia

El atentado de Jorge Ibargüengoitia

            Para inicios del siglo XXI, la revolución esta decrépita, desfasada y francamente olvidada. Los festejos que antaño enorgullecían a la clase política del PRI y a sus adalides, que con acongojada voz, nos hacían saber que todavía la revolución tenía que hacerle justicia a los mexicanos, hoy son evitados bajo argumentos baladíes. El nacionalismo revolucionario que amamantó a varias generaciones de mexicanos ya pasó a mejor vida. El PRI ya le aplicó los santos óleos para convertirse en partido social demócrata. ¡La “chaqueta” ideológica en su máxima expresión!

Los conservadores panistas al único revolucionario que veneran es a Francisco Ignacio Madero, apóstol de la democracia. Al paso que va esta efemérides revolucionaria, no entiendo la razón para celebrar su centenario dentro de dos años. La revolución mexicana (así con minúsculas) más que celebración, requiere un obituario.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

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