¿Y el Estado Mexicano? Punto # 47 de septiembre 25, 2008

¿Y el Estado Mexicano?

Luis Recillas Enecoiz

Múltiples voces pertenecientes a posturas disímbolas, en ocasiones encontradas, y actualmente en franca confrontación han exteriorizado su preocupación y en algunos casos alarma sobre la desaparición del Estado Mexicano. A raíz del acto terrorista que sacudió a México el pasado 15 de septiembre durante los festejos patrios en el centro de Morelia se han manifestado en forma crítica sobre la existencia de lo que nos da sustento como nación: El Estado.

En un acertado análisis, Federico Campbell, (Milenio semanal, no. 571, 22/IX/08) nos desglosa a las plumas que “hablan de erosión, debilitamiento, vacío, inexistencia” del Estado para combatir al crimen organizado, sin dejar de lado la absoluta ineficiencia para revertir la pobreza, elevar el nivel educativo de los estudiantes, crear fuentes suficientes de empleo bien remuneradas, otorgar adecuados servicios de salud, combatir el ocosuicidio al que vamos llevando al país. De entre los intelectuales que Campbell destaca se incluyen a José Barragán, Jesús Silva-Herzog Márquez, Porfirio Muñoz Ledo, Rolando Cordera, León Bendesky, Soledad Loaeza, Peter Waldman, el infaltable Carlos Monsiváis y hasta el escritor colombiano Fernando Vallejo. Todos de una forma u otra califican al Estado como quebrado, postrado, disuelto, incapaz, subversivo, deteriorado, a punto de desaparecer, etc.

Pero la culpa es del mismo Estado, pues no supo o no quiso crear cimientos sólidos en que sostenerse. Nunca el Estado Mexicano desde su creación al consumarse nuestra Independencia creyó necesario educar cívicamente a sus gobernados. Y he aquí, que al no existir una sociedad educada y conocedora de sus derechos, la nación está probablemente en una de las encrucijadas más peligrosas. De haberse dado la educación cívica necesaria para crear consciencia no estaríamos padeciendo los horrores que percibíamos como característicos de Irak. Ahora que ya nos llegó la guerra a las calles comenzamos a elevar la voz. La situación de violencia e impunidad, signo cotidiano de nuestra vida actual, rebasó al Estado. Insisto, de haber una base sólida de mexicanos conscientes, hace tiempo se estaría exigiendo a las autoridades municipales, estatales o federales que hicieran su trabajo; y ese tiempo debió haber sido, por lo menos, durante el gobierno de Miguel Alemán. Tuvimos que llegar al estado de putrefacción en que se encuentran un alto porcentaje de nuestras instituciones para, entonces sí, exigir a nuestros gobernantes que hagan valer el monopolio de la fuerza legal. La egregia sentencia Martiana “si no pueden, renuncien” debió haber sido emitida hace varios lustros o décadas. Tenemos, parafraseando el refrán popular, el  Estado que nos merecemos. Y nosotros como sociedad que hacemos para mejorar. Una cultura basada en la tranza, no creo sea óptimo caldo de cultivo para proveer de ciudadanos al país.

¿Es éste el Estado Mexicano que nos merecemos?

¿Es éste el Estado Mexicano que nos merecemos?

La unión de todos los mexicanos que todo político pide continuamente  a los cuatro vientos del espectro político cae por su propio peso. De cuando acá los mexicanos hemos estado unidos si fueron los tlaxcaltecas y demás pueblos sojuzgados por los aztecas los aliados de Cortés en 1521, durante la colonia fueron criollos contra españoles, al inicio de nuestra vida independiente yorkinos contra escoceses, luego centralistas contra federalistas para convertirse en conservadores contra liberales, federales contra revolucionarios, constituyentes contra convencionistas y actualmente derecha contra izquierda, lopezobradoristas contra calderonistas o traidores contra patriotas (AMLO dixit). Cuando la invasión yanqui y la posterior pérdida de la mitad de la nación, los polkos, llamados así por el presidente Polk y en esencia conservadores puros, se amotinaron en la Ciudad de México, al igual que varios estados que se negaron a enviar a sus milicias estatales en defensa de la patria. Entre los estados que se negaron sobresale Oaxaca. Pues con estos antecedentes, cómo quiere el Estado Mexicano unirnos, enarbolando los más preciados valores nacionales, siendo que en la práctica, somos patrioteros de 15 de septiembre y juegos de la selección mexicana de fútbol – en realidad propiedad de Televisa y Televisión Azteca.

¿Y los culpables de esta debacle nacional? ¿Tienen nombre y apellidos los responsables por tener a México postrado? ¿De que nos sirve festejar la Independencia y la Revolución mexicanas con bombo y platillos en sus efemérides centenarias si los habitantes que sobrevivimos en este espacio geográfico llamado México no percibimos futuro alguno, ya no para nosotros, sino para nuestros hijos y nietos? No en balde más de la mitad de los mexicanos están dispuestos a emigrar a Estados Unidos, ya sea por buscar un empleo y mejorar su nivel de vida o por miedo, como en el caso de las familias pudientes y de clase media alta.

                                                           derchak54@yahoo.com.mx

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