Más vale muertos que pedos Punto # 34 de junio 26, 2008

Más vale muertos que “pedos”

Luis Recillas Enecoiz

            La tragedia que se vivió en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México durante el operativo para detectar venta de alcohol y drogas a menores de edad en el antro llamado New’s Divine durante una tardeada, delata a una sociedad que no asume sus responsabilidades. Aunado a la nula capacidad organizativa policial se agrega la carencia de ética de un “empresario”, la limitada supervisión parental para orientar a los hijos,  las inexistentes políticas gubernamentales para crear lugares de recreación para adolescentes y la comprensible irresponsabilidad juvenil de los asistentes.

Pulquería (Fotografía de la colección particular del Cronista de Tepito, Alfonso Hernández)

Pulquería (Fotografía de la colección particular del Cronista de Tepito, Alfonso Hernández)

            La carencia de un manual para este tipo de operativos es evidente, pues de haber existido se habría evitado el desenlace fatal, tal y como ocurrió. Existe también la tonta idea de que arrestando a los adolescentes se soluciona el problema. Criminalizar el consumo del alcohol o de drogas de menores de edad no es la política adecuada, se les debe de orientar, no reprimir. En una sociedad donde pedir auxilio a un policía, como sucedería en un país del primer mundo donde es natural y comprensible, resulta en México, una odisea desgastante y en muchas ocasiones privativa de la libertad, por lo que la actitud de los jóvenes asistentes a la tardeada tratando de escapar es compresible. Acudir a un ministerio público aún para denunciar algún delito se convierte en un periplo que probablemente se revierta para convertir al denunciante en criminal. De tener una cultura donde las instancias policiales fueran consideradas como reductos para preservar la armonía social no hubiera sucedido lo del viernes pasado, sin embargo teniendo en cuenta el poco respeto que la policía se ha ganado entre la población, la estampida humana no fue casualidad. Parece ser que arrestar adolescentes que han ingerido un par de cervezas o se han dado un “toque” define las prioridades de las fuerzas policiales. La predisposición de las policías a criminalizar el consumo de alcohol entre adolescentes es prioritario por sobre la obligación de preservar la vida de los futuros ciudadanos. Más vale un quinceañero muerto que “pedo”, parece rezar la política de los energúmenos uniformados que integran, la mal llamadas, fuerzas del orden. El uso de la fuerza pública en contra de adolescentes asistentes a una tardeada, por más alcohol que hayan consumido, no justifica la ineficacia, ineficiencia, irresponsabilidad, ineptitud y actitud criminal que, las fotografías y videos del percance muestran. Considerar prioritario impedir la salida de los muchachos para arrestarlos, aglutinando uniformados en una puerta de metro y medio de ancho, en lugar de focalizar el operativo en los adultos, ya sean el dueño o administrador del negocio y los cantineros, resulta en un insulto para nuestra sociedad. Bueno, ¿alguien conoce a un policía inteligente y con criterio, además honorable y honesto? Por favor, de encontrar alguno, presentármelo. Dudo que al final de las investigaciones caiga algún jefe policiaco capitalino o delegacional; a lo mucho algún chivo expiatorio de segundo o tercer nivel, para que las autoridades que gobiernan la ciudad de México sigan en su carrera por la candidatura a la presidencia. Eso sí es prioritario, lo demás, las vidas de adolescentes es intrascendente y hasta trivial.

Tenemos también al miope “empresario restaurantero” que con tal de optimizar sus ganancias, desdeña cualquier ética empresarial. Desde el establecimiento mismo, bodegón decorado con un pésimo gusto; un servicio deplorable y venta de productos de ínfima calidad, sin dejar de mencionar la falta de medidas de seguridad para los parroquianos, aunque sean jovencitos. Permitir el ingreso de los muchachos, sin considerar que el cupo del establecimiento es limitado por el espacio mismo, convierte a los responsables del negocio en negligentes e irresponsables, si no es que en corresponsables de la tragedia.

No se salvan de la tragedia los padres de familia. Permitir a sus vástagos asistir a eventos donde presumiblemente se les servían bebidas embriagantes y, supuestamente drogas, según las denuncias vecinales previas a la tragedia, me indican o que no eran ciertas aquellas, estaban bastante magnificadas o, de plano, los pater familias son unos irresponsables y deberíamos de quitarles la patria potestad que ejercen sobre sus hijos.

Las autoridades de la delegación junto con las del Distrito Federal, incluyendo las federales, no tienen programa alguno para crear sitios especialmente orientados para que los jóvenes exterioricen sus inquietudes y formas de convivencia. Recuerdo durante mi juventud el concierto de Avándaro y las descalificaciones gubernamentales y de asociaciones de padres de familia que lo consideraron la antesala del averno y engendro del demonio. Reprimir a los jóvenes por el simple hecho de serlo muestra una muy limitada visión de las autoridades. Por otro lado la idea bastante extendida entre las autoridades, de que a los dieciocho años ya puedes beber y tener relaciones sexuales, pero un mes antes de cumplir la mayoría de edad eres incapaz de diferenciar entre conductas delictivas y comportamiento social adecuado, es francamente de personas muy limitadas.

El discurso políticamente correcto de que el futuro del país son nuestros jóvenes cae por su propio peso. La saña con que las autoridades civiles, militares y policiacas tratan a los jóvenes ponen en evidencia que en el fondo el mensaje es el opuesto: al futuro ciudadano hay que matarlo porque consume cerveza o se mete una tacha. ¡Haz patria mata un adolescente! No tienen vergüenza nuestras autoridades, pues en lugar de velar por nuestra seguridad, son los primeros en pisotear nuestros derechos. Supongo que a mi padre lo hubieran condenado a diez años de cárcel por perversión de menores, cuando al cumplir dieciséis años me invito un par de cervezas en el Estadio Azteca durante el México 70. Menos mal que no había policías alrededor del “cubetero”.

                                                           derchak54@yahoo.com.mx

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