La guerra contra el narcotráfico Punto # 31 de junio 5, 2008

La “guerra” contra el narcotráfico

Luis Recillas Enecoiz

            La “guerra contra el narco” que lleva a cabo el gobierno federal liderando a los estados y municipios tiene de por sí varios aspectos cuestionables. Cuando el procurador del país Medina Mora espeta “aunque no lo parezca, vamos ganando” a los ciudadanos de este país nos resulta, mínimamente, insultante a nuestra inteligencia. Antes de cualquier declaración de guerra es necesario, por obvio que parezca, saber quién es el enemigo, con cuánto armamento cuenta, cuántos “soldados” tiene, cuánta capacidad económica posee, de dónde provienen sus pertrechos, etc. ¿El “estado” mexicano sabe a ciencia a quien está combatiendo? ¿Tiene acaso el estado un plan, una logística, el armamento requerido, los hombres necesarios para enfrentar al “enemigo”?

La guerra contra el narcotráfico

La "guerra" contra el narcotráfico

Antes que nada, nuestras autoridades nos deben explicar qué se entiende por “guerra”. La “guerra”, según el sentido común, es una lucha entre dos enemigos, ya sean países o coaliciones en contra de otro país u otra coalición. Ejemplos sobran: los agrupados en las potencias del eje. Alemania, Italia y Japón por un lado y los aliados entre los que estaban Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y aunque usted no lo crea, México con el escuadrón 201, ganaron la guerra cuando la Alemania nazi se rindió en 1945. Antes que nada creo que utilizar el término “guerra” implica que a quien combatimos es nuestro “enemigo” y no alguien que violó la ley. Los narcotraficantes y el crimen organizado no son un enemigo en el sentido estricto de una situación bélica, ya que cuando los detectamos, los arrestamos como delincuentes y no como prisioneros de guerra. Los trasgresores de la ley son considerados violadores de nuestras leyes y llevados a juicio civil y juzgados como criminales. No hemos considerado a los miembros de los cárteles como criminales, sino como “enemigos” que hay que matar, pues en una guerra, de lo que se trata es de matarlo y entre más enemigos mates más bajas le causas al bando contrario. En el caso de México utilizar el término de “guerra” creo que es bastante desafortunado ya que el zeta, el narcomenudista, el lavador de divisas, el tratante de personas o cualquier otro que viole las leyes mexicanas no es un “enemigo” de la patria, sino un criminal y a los criminales se les juzga y encarcela, no se les extermina, pues de no ser así, para qué queremos una Constitución. De considerar a todo trasgresor de nuestras leyes como “enemigo” al que hay que erradicar de la faz de la tierra, pues entonces comencemos a exterminarlos y evitémonos juzgarlos, construir cárceles y readaptarlos a la sociedad. Cuando arrestamos a un narco no lo mandamos a “campos de prisioneros” sino a la cárcel. Considero también el discurso presidencial engañoso. Calderón nos espeta que la guerra que todos, mexicanas y mexicanos, estamos confrontando contra el crimen organizado es contra individuos de otro país, sin tomar en cuenta que la mayoría de los criminales son mexicanos; ¿acaso por violar la ley de forma artera y ser apologistas de la violencia perdieron la nacionalidad? De ser así cualquier estafador, violador, ladrón o difamador no tiene nacionalidad. Ahora resulta que los trasgresores de la ley ni siquiera son mexicanos, son extranjeros o apátridas.

Cuando se declara la guerra es necesario considerar varios aspectos antes de iniciar la ofensiva. Nadie en su sano juicio, salvo George W. Bush, declara la guerra sin haber hecho un trabajo de inteligencia para saber con cuánto armamento y soldados cuenta el enemigo. En un artículo en Milenio diario Héctor Aguilar Camín preguntaba cómo se puede saber si la guerra se va ganando o no, mediante una serie de indicadores que al medirse, nos podrían dar una idea, más o menos clara, de cómo va nuestro periplo bélico. Ni el Procurador Medina Mora ni el Secretario de Seguridad Pública Federal García Luna nos han informado acerca de las debilidades y fortalezas del enemigo después de año y medio de guerra. ¿Cuántos desertores del ejército, conocidos como zetas, engrosan las filas del crimen organizado? Se arrestan decenas de individuos que son etiquetados de zetas, pero resulta que nunca se acaban. Un día sí y otro también los periódicos nacionales nos informan de cuantiosos decomisos de todo tipo de drogas o precursores químicos, materia prima de las drogas sintéticas. ¿Qué porcentaje de la producción total corresponde a los decomisos? ¿A cuánto ascienden las pérdidas económicas de los cárteles? Cuando se entra a una guerra hay información que los encargados de la inteligencia gubernamental deben de analizar, si bien no debe ser divulgada por razones obvias, es inobjetable el pedido de la sociedad de saber con qué logística cuenta el estado para encarar esta “guerra”. Cuando vemos a 400 o 500 elementos de la policía o el ejército enfrentarse a cinco o seis “soldados” del otro bando, me pregunto cuántos millones de defensores de la patria deberemos de capacitar para enfrentar al “enemigo”. Considerando que el crimen organizado cuenta con cien mil efectivos a nivel nacional, requeriríamos entre 40 y 50 millones de soldados para ganar la “guerra”.

Cuando el “enemigo” se rinde sacando la bandera blanca, los vencedores imponen sanciones al perdedor y reparación de daños. ¿Cuándo vamos a saber si ganamos la “guerra”? Cuando no exista narcomenudista ni consumidor de droga alguno en territorio nacional y todos estén encarcelados resulta inviable, pues las cárceles mexicanas están saturadas, y no hay cupo para alrededor de tres millones de mexicanos que consumen algún tipo de droga ilegal, aparte de que es francamente estúpido pensar en ello. La sistemática violación de las leyes por parte del crimen organizado no se detendrá con una “guerra”, pues es del ámbito judicial, los narcos violan leyes establecidas, no buscan gobernar, sino hacer negocios. Cuando entendamos que el narcotráfico debe ser entendido como un fenómeno de oferta y demanda y no como una trasgresión con tufo moralista estaremos más cerca de volver al redil de una aceptable civilidad social en el país. El discurso calderoniano de pensar que el narco y los narcóticos desaparecerán es francamente una utopía.

Enfrentar al trasgresor de la ley con toda la fuerza de la legalidad que ostenta el Estado Mexicano es una cosa, pero considerarlo un “enemigo” de México, es francamente inaceptable en un sociedad que se rige por leyes. El crimen organizado es un flagelo de la sociedad y debe ser combatido, pero con la ley en la mano y sin darle tintes sensacionalistas o amarillistas.

                                                           derchak54@yahoo.com.mx

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