El petróleo no es la nación Punto # 29 de mayo 22, 2008

El petróleo no es la nación

Luis Recillas Enecoiz

                A raíz del debate nacional que todos los mexicanos hemos seguido como testigos sin voz en el Congreso de la Unión nos hemos percatado que es un diálogo de sordos. Considerar que el petróleo es la nación y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos un libro sagrado que no acepta cambios muestra que el susodicho intercambio de ideas realmente es un encontronazo de ideales imposibles de conciliar.

            De los debates de la semana pasada me pareció que las intervenciones de Lorenzo Meyer, Carlos Elizondo Mayer-Serra y Héctor Aguilar Camín son las más realistas. No con ello avalo la totalidad de sus argumentos, pero sí me es interesante escuchar opiniones saludables y poco escuchadas.

            Me es muy difícil entender porque el petróleo mexicano es diferente al de Cuba, Venezuela o Brasil, por mencionar naciones hermanas de Latinoamérica, países en los cuales la industria de los hidrocarburos permite alianzas, sociedades o joint ventures con compañías extranjeras. Nadie niega que nuestra historia es diferente de la de los tres países citados, pero para ese efecto resultaría que cada país tendría industrias petroleras diametralmente distintas, cosa que no sucede. Salvo México y Corea del Norte, que no permiten injerencia alguna de particulares, todos aquellos otros estados con riqueza petrolera han asumido que en un mundo globalizado jugar en solitario no es el mejor camino a seguir.  Aquellos fanáticos del inmovilismo consideran que cambiar las leyes que nos rigen es una traición a la patria. La Constitución de 1917 tiene alrededor de 450 cambios o parches que la han desvirtuado de su génesis original y nadie se desgarra las vestiduras. Artículos de la Constitución hay que nadie obedece o sigue; el tercero es un ejemplo:

Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado – federación, estados, Distrito Federal y municipios –, impartirán educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria

Ahora bien, todos sabemos que el proyecto de preescolar no se va a aplicar sino hasta el año escolar 2009-2010 si bien nos va, pues no hay presupuesto, escuelas ni personal adecuado para esa función. En las secundarias no hay suficiente lugar para que todos los niños y adolescentes de entre 12 y 16 años estudien ese nivel, sin dejar de mencionar que un porcentaje importante de estos muchachos tendrá que dejar sus estudios para trabajar y ayudar a sus familias económicamente. Respecto al nivel de primaria, si bien es el rubro donde más cobertura existe, no todos los niños de México van a la escuela. Mi pregunta: ¿Hay acaso un debate nacional sobre la pertinencia o constitucionalidad del artículo 3º? Estamos violando este artículo y nadie se preocupa. Al grado que le Subsecretario de Educación Básica a nivel federal, Fernando González, yerno de Elba Esther Gordillo, recomendó no publicitar las inscripciones a preescolar para evitar confrontaciones con los legisladores, más sí aceptar a niños sin haber cursado el primer año de ese ciclo.

            Mientras no tengamos una visión realista sobre lo que queremos hacer con nuestros hidrocarburos nos será imposible conciliar intereses que aglutinen la mayoría de las inquietudes que aquejan a las diferentes corrientes ideológicas. “El petróleo no se vende” es el grito de guerra de los nacionalistas recalcitrantes. Pues para su información lo que hacemos es venderlo, pero muy barato a la India o Estados Unidos para después comprarles gasolina cara que el gobierno debe subsidiar. Dentro del territorio nacional Pemex esta impedida de asociarse con empresas privadas, ya sean nacionales o extranjeras, pero en Texas tenemos una refinería donde se les da trabajo a texanos y no a mexicanos. Nuestro nacionalismo “petrolero” basado en el nacionalismo revolucionario no lo podemos erradicar de nuestra idiosincrasia. De continuar con esta política, a mediados de siglo nuestro nacionalismo se basará en que “el uranio no se vende” o, si algún día comenzamos a aplicar tecnologías alternativas, la eólica por mencionar una, para la producción de energía, el slogan será “el viento no se vende”.

            En los debates de la semana pasado me pareció muy inteligente la postura de Carlos Elizondo, quien sustenta que debemos primero saber qué queremos hacer con nuestro petróleo y en consecuencia hacer los cambios necesarios a la Constitución y a las leyes secundarias. Ya en un artículo previo argumenté que sin bienestar, la soberanía es irrelevante. Lorenzo Meyer, sin arroparse en banderas tricolores, expuso con diáfana claridad las lecciones históricas que la industria petrolera nos ha dejado, mostrándose cauteloso respecto a las reformas propuestas, sin embargo no comulga totalmente con los argumentos defendidos por el FAP o sus adalides. Y como corolario, Héctor Aguilar Camín lo escribió y sentenció, el petróleo no es más que una materia prima y Pemex no es más que una empresa y no México.

derchak54@yahoo.com.mx

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