La educación, problema de seguridad nacional Punto # 11 de enero 10, 2008

La educación, problema de seguridad nacional

 

Luis Recillas Enecoiz

Los resultados de PISA, Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, aplicado por la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a estudiantes de quince años de 57 países y cuyos resultados se publicaron al final del año pasado muestran que México está reprobado en educación. De los países miembros de la OCDE fuimos el último lugar muy detrás de Finlandia, primer lugar. Al menos en los tres rubros que se midieron: comprensión de lectura, razonamiento abstracto y aplicación de conocimientos científicos más de la mitad de los estudiantes evaluados obtuvieron 0 y 1 de un nivel máximo de 6, al cual, por cierto, ningún estudiante llegó. Si ese es el nivel en lectura, aritmética y ciencias, ya me imagino los niveles en historia, arte, literatura, sociología, relaciones internacionales, psicología o geografía.

SEP

Pero quiero ir más allá. Se ha hablado de múltiples causas para tratar de explicar esta debacle educativa. Desde explicaciones económicas, políticas, pedagógicas, culturales y hasta étnicas. Otras causales más específicas son los paupérrimos programas educativos, sindicatos más preocupados por los cotos de poder y apoyos políticos que puedan vender a costa del avance educativo del país o secretarios de educación que antes eran autores de la talla de José Vasconcelos o Agustín Yáñez y ahora publican best-sellers de autoayuda. Creo yo, que la condición de miseria y caos en la que se encuentra la educación mexicana debe ser tomada como problema de seguridad nacional.

El problema no sólo estriba en los maestros y autoridades educativas del país que han hecho de la educación, más una función de homogenización ideológica, sobre todo en los años de primaria, y espíritus acríticos que de seres pensantes y participativos que cualquier sociedad medianamente democrática requiere para ser considerada como tal. Sin menospreciar las aptitudes técnicas y de conocimiento que una fuerza laboral competitiva requiere para integrarse a un mundo globalizado del que, se quiera o no, formamos parte. Nuestros alumnos no han desarrollado las capacidades intelectuales mínimas para comprender la información que recibirán en la preparatoria, ya no se diga la laboral, en sus centros de trabajo si es que algún día consiguen empleo. ¿Por qué nos asombramos que nuestros connacionales efectúen los trabajos “que ni los negros hacen” (Fox dixit) en Estados Unidos? Esto quiere decir que si sumamos a los estudiantes que se ubicaron en los niveles 0, 1 y 2 tenemos un total de casi 84 por ciento que tienen capacidades muy deficientes, deficientes o mínimas necesarias. Partamos de un precepto lógico: si nuestros alumnos carecen en su mayoría de los requerimientos intelectuales mínimos necesarios para efectuar los más elementales razonamientos matemáticos, seguir indicaciones escritas o diferenciar entre astrología y astronomía, qué nos hace pensar o en qué sustentamos que los padres de estos analfabetas funcionales que producimos no estén igual o peor. ¿No son también resultados del mismo sistema? ¿Acaso los padres sí tienen niveles de 4, 5 o 6 en el examen PISA aplicado a sus descendientes? Lo dudo. Les apuesto la quincena que salen peor evaluados que sus hijos. Involucrar a los padres de familia en la educación de sus hijos es francamente inviable. Primero eduquemos a los padres ya que de tener los padres y las madres de los alumnos evaluados las herramientas intelectuales evaluadas por PISA, sus vástagos hubieran salido mucho mejor calificados, pues lo que no recibieron en la escuela tampoco lo aprendieron en casa.

Cisen

Las capacidades intelectuales que la mayoría de los mexicanos logran desarrollar no dan ni para hacer de ellos ciudadanos (ver la Encuesta de Valores del Magisterio Nacional en la revista Este País), ya no se diga individuos que aporten algo a la sociedad. Mientras no aceptemos nuestra realidad no vamos a ir a parte alguna. No por nada las publicaciones periódicas con mayor tiraje en el país son Teleguía y las que publican chismes de la farándula y los programas televisivos con más rating son concursos de baile y canto, que por cierto no han dado ninguna Toña “la Negra”, Pedro Vargas o Miguel Aceves Mejía; programas donde adultos se disfrazan de párvulos y actúan como retrasados mentales; noticieros donde la nota roja predomina sobre el análisis del quehacer nacional o las inefables telenovelas que son responsables de reproducir en la sociedad los más ramplones estereotipos femeninos y masculinos. Tenemos menos librerías como país que las ciudades de Buenos Aires o Barcelona. Nuestros “profesionistas” no saben escribir de una forma adecuada y la “Universidad de Santo Domingo” ya comienza a ser competencia desleal de la UNAM.

Que un puñado de mexicanos, tal vez unos diez o veinte millones, si somos optimistas, tengan el perfil requerido para sacar avante al país, ¿cómo vamos a integrar a los otros ochenta  millones que carecen de él? El promedio educativo del país no llega ni los ocho años de escolaridad, siempre y cuando la educación recibida haya sido de calidad, característica que francamente dudo posea la susodicha. La viabilidad como país esta en riesgo a menos que pongamos remedio a nuestra deficiente educación. Gastar más dinero en educación no es la solución; se trata de saber gastarlo. Chile con un PIB menor al mexicano tiene resultados mucho más positivos. Más importante que la lucha contra el narcotráfico es redefinir nuestro sistema educativo, de lo contrario dudo que tengamos un futuro promisorio. El endémico desprecio por la educación y la cultura que muestra la sociedad, sin dejar de mencionar que en el discurso no es así, me permite reflexionar que para la siguiente década ni a país maquilador vamos a llegar. ¿Cómo queremos que exista IED (inversión extranjera directa) si no podemos garantizar, aparte del abasto energético, un abasto humano de mano de obra capacitada no sólo para el sector obrero sino también para el sector gerencial?

La apología cuya explicación se basa en la desigualdad social-cultural y económica entre países carece de sustento lógico. Supongo que en una escuela mexicana carente de baños multiplicar tres por tres equivale a siete mientras que en Hong Kong sí es nueve o en una primaria que sólo tiene dos profesores para los seis grados el agua se forma de un átomo de hidrógeno y uno de oxígeno, pero en Canadá sí contiene dos átomos de hidrógeno. De no corregir nuestra errática educación dentro de algunos años seremos un país de ignorantes y analfabetas funcionales, sino es que ya estamos próximo a ello.

derchak54@yahoo.com.mx

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